Educación Cristiana Alternativa

Educación es algo muy diferente de lo que usted piensa …

Que no gobierne la iniquidad en nuestras familias y escuelas

El apóstol Pablo nos advierte acerca de la venida de un “hombre del pecado”, al que también llama “hombre de iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:3-10). Dice que él “se sienta en el templo de Dios, como si fuera Dios”.

No es solamente una predicción acerca del futuro, porque dice también: “El secreto de la iniquidad ya está obrando.” Esta advertencia tiene sus aplicaciones para el presente, en nuestra práctica educativa.

La palabra “iniquidad”, en estas citas, es una traducción imperfecta de la palabra griega “anomía”. Significa literalmente “sin ley”. O sea, el apóstol nos está advirtiendo en contra de un gobierno sin ley.
Eso es algo cualitativamente diferente de la simple “maldad”. No es simplemente hacer algo que la ley prohíbe. Es una actitud de rechazo fundamental contra la ley. Su objetivo es que ni siquiera exista una ley.

Tenemos que entender que en el contexto bíblico, “ley” se refiere al orden de Dios, no del hombre. La “ley” es la definición de lo que es bueno y lo que es malo. A esta ley tienen que someterse aun los gobernantes más poderosos. Por eso dice en Deuteronomio 17:18-20:

“Y cuando (el rey) se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley (…); y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento por la derecha ni por la izquierda (…)”

Este es el principio fundamental del estado de derecho, que fue redescubierto recién en los tiempos de la Reforma. A consecuencia de las ideas de la Reforma, basadas en la Biblia, se formó en Inglaterra el primer estado de derecho constitucional moderno. En un estado de derecho, el poder del gobierno está limitado. La ley sirve para proteger al pueblo contra los excesos y abusos que podrían cometer los gobernantes.

Este mismo principio vale también para el “gobierno” de nuestros ambientes educativos: la familia y la escuela. Tienen que existir unas “leyes”, unas reglas que nos dicen qué es permitido y qué no. Estas reglas no pueden ser arbitrarias: tienen que expresar adecuadamente lo que es bueno y lo que es malo. No pueden cambiarse según el capricho de los padres o profesores. Y tienen que valer para todos; no se puede hacer “acepción de personas”.
Para que la convivencia funcione aun en momentos de conflictos, tienen que aplicarse unos principios fundamentales del derecho. Por ejemplo:
Nadie puede ser castigado por algo que la ley no prohíbe; y nadie puede ser obligado a hacer algo que la ley no manda. O sea, no se pueden aplicar medidas o incluso castigos de manera arbitraria; tienen que ser fundamentadas en la ley.
Toda persona acusada tiene derecho a un proceso justo. O sea, tiene derecho a defenderse, a explicar su punto de vista y sus razones, a exigir pruebas que justifican la acusación, y a presentar pruebas a su favor, si considera que la acusación no es justificada.

A algunos lectores les parecerá extraño, hablar de estos principios en el contexto de una familia o escuela. Si soy padre, madre, o profesor(a), ¿no puedo tratar a los niños como a mí me parece bien?

Pero en nuestro pequeño ambiente educativo, tenemos que encontrar soluciones a los mismos problemas como la sociedad en lo grande: ¿Cómo mantenemos la armonía y la justicia en la convivencia unos con otros? ¿Y cómo protegemos a los que no tienen poder, contra excesos y abusos de parte de quienes lo tienen?
Si en nuestro ambiente pequeño no sabemos solucionar adecuadamente estos asuntos, ¿cómo esperamos que nuestros hijos o alumnos los solucionen más adelante en la “sociedad grande”?

En el presente puedo observar dos formas de “anomía”. Una de ellas es obvia: la actitud de que “todo es permitido”. O sea, el libertinaje y la educación antiautoritaria, donde no se impone ningún límite, y cada uno puede hacer lo que le da la gana. – En realidad, ninguna sociedad puede vivir de esta manera, porque muy pronto se produciría una guerra de todos contra todos. Pero como actitud, esta forma de “anomía” existe en muchas personas.

La segunda forma de “anomía” es más difícil de detectar. A menudo pasa incluso por “disciplina” o “respeto”. Me refiero a las formas de gobierno arbitrario, donde padres, profesores, o gobernantes dan órdenes arbitrarias, y esperan que se les obedezca inmediatamente y sin cuestionar. Por ejemplo, un niño pequeño derrama accidentalmente un montón de piezas diminutas de un juego sobre el piso, y aparentemente no puede o no quiere recogerlas. Entonces el padre o el profesor señala arbitrariamente a algún otro niño: “¡Levántaselo!” – Y si al niño se le ocurre preguntar: “¿Por qué yo?”, se le acusa de “desobediente” o “irrespetuoso”.

En realidad, las dos formas de “anomía” están estrechamente relacionadas entre sí. En ambas gobierna la arbitrariedad. Ambas producen una permanente inseguridad en las personas que están sujetas a un tal sistema. Nunca se puede saber qué consecuencias tendrá una acción. Desde la perspectiva de un niño: Si derramo mi leche, ¿qué va a pasar? Un día me pegan; el otro día llaman a mi hermana para que lo limpie; el tercer día nadie dice nada. – Si quiero salir a jugar en la tarde, ¿qué pasa? Un día me dicen que no, que tengo que ayudar a mamá. El otro día no dicen nada, y puedo quedarme afuera hasta tarde en la noche. Y el tercer día me dejan salir, pero después de media hora viene a buscarme papá y me dice enojado, por qué no he regresado antes.

Aunque algunas personas llamen a eso “disciplina”, en realidad produce lo contrario de una vida disciplinada. Destruye todo sentir de orden y justicia. Produce desorientación y conflictos. Si la única norma de lo bueno y lo malo es “si me van a castigar o no”, no puede desarrollarse una conciencia saludable. Aun menos, si los castigos son imprevisibles y no siguen reglas establecidas. (En un ambiente de libertinaje, oficialmente no existen “castigos”. Pero las reacciones, a veces violentas, de los hermanos y compañeros serán percibidas como “castigos”.)

Para tener un “buen gobierno”, deben existir unas reglas claras acerca de la convivencia, acerca de lo que se permite y lo que no se permite, y acerca de los derechos y deberes de cada uno. Y las reglas deben aplicarse de manera consecuente y justa. Así creamos una “seguridad jurídica”, lo cual es importante para una convivencia armoniosa y para desarrollar un sentido sano de lo que es bueno y de lo que es malo. Especialmente los niños necesitan un ambiente previsible, donde pueden entender cómo está estructurado el día, cómo se siguen los sucesos unos a otros, y cuáles serán los resultados (positivos o negativos) de sus actos.

Acerca de la implementación práctica de este principio, habría mucho que decir. Deseo añadir solamente unos cuantos pensamientos:

“La ley” no es igual a “legalismo”. La idea no es que nuestras familias tengan que convertirse en “instituciones” donde cada detalle de la vida está reglamentado. La base siempre debe ser la relación de confianza entre todos. Cuánto más confianza hay, menos leyes se necesitan. Donde abunda la desconfianza, allí abundan las leyes y los reglamentos.
Pero cuando la confianza mutua está establecida, entonces las reglas nos dan un marco de seguridad que nos dice cómo proceder en casos de conflicto. Y a la vez podemos saber que dentro de este marco existe libertad. Por ejemplo, si hay reglas que establecen las obligaciones de los niños, ellos pueden también saber que nadie interrumpirá su tiempo de juego para imponerles algún deber que no figura entre sus obligaciones.

“La ley” es para proteger a los débiles contra los fuertes. Tristemente, este hecho se ha olvidado hoy en día, aun en la “sociedad grande”, y especialmente en el contexto latinoamericano. Más común es la creencia de que la ley es un instrumento en las manos de los gobernantes, para asegurarles su poder sobre el pueblo. Como diagnostica el evangelista argentino Alberto Mottesi:

“En general el gobernante hispanoamericano no se sujeta a la ley, particularmente si es una ley de su propia hechura. Nuestra filosofía de gobierno es de corte maquiavélico: el gobernante es el que hace la ley. Se inspira en el iluminismo francés que cambia el absolutismo de la monarquia (“l’Etat c’est moi”, el Estado soy yo) por el de la rebelión contra el orden establecido. La Revolución Francesa no reconocía, según Bakunin, “ni Dieu ni maitre”, ni Dios ni amo.
Aunque nuestros países usan la forma constitucional norteamericana, no se ha comprendido el espíritu que la anima. Por eso nuestras imitaciones no han funcionado. (…) Entre nosotros tanto los gobernantes como los gobernados suelen violar la ley si no hay una vigilancia y una amenaza de castigo de por medio. Es que creemos que la ley es de hechura humana, que el gobierno otorga derechos. No debe extrañar que veamos al gobernante como a un potentado que debe aprovecharse lo más posible de la oportunidad, mientras la tenga.”
(Alberto Mottesi, “América 500 años después”)

Quizás por eso dificultamos tanto en el “gobierno” de nuestras familias: porque aun la “sociedad grande” no nos da ningún ejemplo bueno. Estamos rodeados de arbitrariedades, de injusticias, y de apariencias falsas. Creo que la única salida consiste en adentrarnos en la palabra de Dios, especialmente el Nuevo Testamento. Observemos cómo se practicaron allí la sinceridad y transparencia, la imparcialidad, la protección de los débiles, etc. Observemos también las palabras fuertes con las que Jesús y los apóstoles denunciaron las prácticas de aplicar la ley según su forma, pero no según su espíritu; poniéndola al servicio de los intereses de los poderosos, en contra de su intención verdadera. Fijémonos en el contraste entre lo que enseñaron y practicaron los hombres de Dios, y lo que se considera “normal” en nuestras sociedades (inclusive en nuestras iglesias). Dejémonos capacitar por Dios para dejar atrás las “normalidades” de este mundo (aun de las iglesias), y para entender la clase de vida que él quiere darnos. Así podremos establecer una verdadera alternativa a esta sociedad.

No creamos que “la ley” pueda producir personas buenas. Con todos los beneficios que tiene una vida ordenada con reglas, no debemos pensar que ése sea el medio para que los niños lleguen a ser “personas buenas”. “La ley” puede solamente ordenar nuestro ambiente externo, y nuestro comportamiento visible; pero no nuestras actitudes, no nuestro “corazón”. Como dijo Heinz Etter: “Lo bueno se puede hacer sólo voluntariamente”. Leyes y reglas pueden frenar la maldad; pero no pueden producir bondad. Eso lo puede hacer sólo Dios, cuando él mismo toca la conciencia y el corazón de una persona. (Eso se refiere no solamente a los niños. ¡Nosotros también necesitamos el toque de Dios para ser buenos educadores!)
Por eso no sirve establecer como “regla”, por ejemplo, que hay que saludar amablemente, que hay que decir “gracias”, o que hay que ayudar al hermanito pequeño a guardar sus juguetes. Con eso no produciremos ni amabilidad, ni gratitud, ni solidaridad; solamente la hipocresía de aparentarlo con actos externos.
Reglas útiles son las que nos ayudan a estructurar nuestra vida, y las que nos protegen contra los peligros que nosotros mismos podemos causar, y contra las maldades de otras personas. En cambio, los asuntos de las actitudes y del corazón se manejan mejor en el contexto de una relación personal de confianza mutua, y buscando juntos a Dios. Es la bondad de Dios, no la ley ni el castigo, que nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4).

Deja un comentario »

Por qué renunció a su fe ese mega-pastor de fama internacional

Esta es la historia triste de un joven muy sumiso. Su padre es un promotor de la educación en casa, pero, desafortunadamente, de la corriente autoritaria extrema que describí en este artículo. Así creció nuestro joven en la creencia de que nunca se puede cuestionar a los padres o a los líderes religiosos; que ellos pueden castigar arbitrariamente a sus “súbditos” y siempre tienen la razón; y que sus enseñanzas y prácticas tienen la misma autoridad como los mandamientos de Dios mismo.

Nadie le dijo que era malo
lo que le habían hecho.

Cuando de niño fue abusado sexualmente, nadie lo defendió; nadie le dijo que eso se llamaba “abuso sexual”; nadie le dijo que era malo lo que le habían hecho, y que él no tenía la culpa. Quizás le dijeron incluso que examinase su propio corazón, si él mismo había actuado de alguna forma indecente; o si había en él alguna actitud de rebeldía, lo cual habría causado que él estuviera afuera de la “cobertura de protección” de Dios. Es que así lo enseñan Bill Gothard, el gran gurú del autoritarismo, y sus seguidores.

Por el otro lado, nuestro joven era muy hábil en expresarse verbalmente y en convencer a la gente. Al mismo tiempo era muy fiel y obediente hacia todo lo que sus padres y líderes exigían de él. Por eso, desde su adolescencia lo pusieron en puestos prominentes en su entorno religioso, y pronto llegó a ser muy conocido dentro de su rama particular del evangelicalismo.

Su padre es también un líder conocido, pero a la vez controvertido. Recibió un testimonio devastador de parte de su primer empleador, el Dr.Raymond Moore, quien fue el pionero del moderno movimiento de la educación en casa (junto con John Holt). Moore lo describe como el hombre quien le engañó, aprovechándose de los buenos contactos que Moore tenía con los líderes de la educación en casa, para levantar y promover su propia organización. Moore lo señala también como el hombre que dividió el movimiento de la educación en casa por todos los Estados Unidos.

Pero aun más conocido es ese hombre, Gregg Harris, como el padre del famoso Joshua Harris, autor del libro “I Kissed Dating Goodbye” (“Dije adiós a las citas amorosas”). En ese libro dice que un joven no puede salir a solas con una joven, a menos que los dos se hayan formalmente comprometido a casarse. Y que no pueden besarse antes del matrimonio. La única manera aprobada por Dios de comenzar una relación amorosa, consistiría en que el joven se presente a los padres de la joven y pida permiso de ellos para “cortejar” a la joven, y que eso conduzca lo más pronto posible a un compromiso formal. En el fondo está además la idea muy difundida en aquellos círculos, de que los adultos solteros (y más todavía las solteras) tengan que seguir viviendo con sus padres, sometiéndose a ellos como si fueran todavía niños, hasta el momento de casarse.
(Varios pasajes bíblicos contradicen esa última idea. Por ejemplo el hecho de que Jesús llamó a jóvenes, en su mayoría solteros, a seguirle como discípulos, sin pedir permiso de sus padres. En un caso concreto, ni siquiera le permitió despedirse de su familia, Luc.9:61-62. En aquel tiempo, los jóvenes judíos alcanzaban la mayoría de edad a los 13 años, con la ceremonia de Bar Mitzwa.)

El libro – según lo que el autor mismo admitió más tarde – es principalmente fundamentado en el miedo. El miedo de que los jóvenes podrían caer en pecado sexual. El miedo de que podrían “hacer quedar mal” a su familia y su iglesia. O sea, promueve una desconfianza hacia los jóvenes cristianos, como si todo el tiempo estuvieran pensando solamente en cometer pecados sexuales. Eso es en última consecuencia una desconfianza hacia Dios mismo: como si Él no fuera capaz de cuidar a los suyos; como si Él no fuera capaz de darnos un corazon fiel a Él.

Pero volvamos a Joshua Harris. Por ser siempre sumiso y obediente, era el discípulo ideal de C.J.Mahaney, el fundador de una nueva denominación independiente. A los 30 años ya fue hecho pastor principal de una mega-iglesia con varios miles de miembros. Durante muchos años, todo parecía andar bien.

El primer choque llegó cuando se hizo público que en aquella denominación sucedían muchos casos de abuso sexual, y los líderes colaboraban para encubrir esos casos, en vez de reportarlos a las autoridades como exige la ley en los EEUU. Ya que los líderes importantes de la denominación no estaban dispuestos a enmendar esa situación, Harris comenzó a distanciarse de ellos. En ese contexto también hizo público que él mismo había sido una víctima.

Unos años más tarde comenzó a tener las primeras dudas respecto al valor de su libro (que entretanto ya había vendido más de un millón de ejemplares). Empezó a encontrarse con personas que testificaron que ese libro, en lugar de ayudarles, les había hecho daño: les había impedido cultivar amistades normales con el sexo opuesto; y les había causado problemas sexuales, matrimoniales, y espirituales. Se enteró de matrimonios que habían comenzado su relación, siguiendo sus consejos al pie de la letra, y habían terminado en divorcio. Alguien le escribió: “Tu libro fue usado como un arma en mi contra.”

Entonces, Joshua dio un paso muy valiente: Invitó públicamente por internet a los lectores de su libro a que compartiesen con él sus experiencias. Y señaló que estaba particularmente interesado en dialogar con aquellos lectores que habían hecho experiencias malas, porque él se encontraba en un proceso de reevaluar sus enseñanzas. Producto de esos diálogos es la película documental “I survived ‘I Kissed Dating Goodbye’ “, en la cual Joshua Harris pide perdón, se retracta públicamente de sus enseñanzas, y las reconoce como dañinas. Él da ahora la razón a sus críticos quienes dijeron que él básicamente predicaba un “evangelio de la prosperidad sexual”: Su libro da la impresión de que solamente hay que seguir sus consejos al pie de la letra, y entonces uno tendría la garantía de un matrimonio feliz y de una vida sexual fantástica. Igual como el “evangelio de la prosperidad” material, tiene una base legalista, y se enfoca principalmente en las recompensas de esta vida terrenal. Y como aquél, en muchos casos sus promesas no se cumplen.

“A los 21 años, yo pensaba tener todas las respuestas.
Ahora sé que no las tengo.”

De hecho, en las iglesias que adoptaron sus enseñanzas como “política oficial”, se observaron dos efectos:
1. que el número de casamientos disminuyó drásticamente; y
2. que las parejas se casaron sin haber tenido la oportunidad de realmente conocerse y edificar una relación personal, lo cual produjo matrimonios frágiles y conflictivos.

En el documental, él también admite que sus escritos contribuyeron a crear “una cultura donde no se permitía tener una opinión diferente, y de luchar uno mismo con la Biblia … si no estabas de acuerdo, [se asumía que] habías rechazado a Dios.” – En una conversación habla acerca de los fariseos y Jesús. Su interlocutora le pregunta: “Piensas que tú mismo eres uno de los líderes religiosos con quienes Jesús estaba enojado?” – Joshua: “Sí.”

– No por último, hay que señalar que Harris escribió su libro cuando tenía 21 años. No es de esperar que a esa edad uno tenga suficiente experiencia para dar consejos respecto al matrimonio. Él simplemente había reproducido, sin reflexionar, lo que le habían enseñado sus padres y otros líderes. Dice en el documental: “A los 21 años, yo pensaba tener todas las respuestas. Ahora sé que no las tengo.” – Y también: “Yo simplifiqué las cosas demasiado … pero eso es lo que la gente quiere.”

Me hubiera gustado terminar la historia en este punto con un final feliz. Las iglesias y familias que siguieron las enseñanzas de Joshua Harris, tienen ahora la oportunidad de recapacitar, y de volver a actitudes más sanas respecto a la vida de los jóvenes, y la preparación para el matrimonio.

“No soy un cristiano,
según todos los criterios que tengo para definir lo que es un cristiano.”

Pero desafortunadamente, la historia no termina aquí. Harris renunció a su pastorado, aparentemente porque se dio cuenta de que en realidad no estaba calificado para ello. Y este año (2019) escandalizó al mundo evangélico con tres anuncios sucesivos: que se había divorciado de su esposa; que él no era cristiano “según todos los criterios que tengo para definir lo que es un cristiano”; y que su participación en una marcha de “orgullo gay” había sido “una experiencia emocionante”.

¿Cómo llegó hasta este punto? – Sus comunicados no son claros respecto a lo que motivó sus decisiones. Según todo lo que leí acerca de su historia, me imagino lo siguiente:

– Ese hombre, a sus 44 años, recién está comenzando a hacer lo que debería haber hecho en su adolescencia o juventud: Reflexionar acerca de sus creencias y convicciones, abandonar la posición de “Creo en eso porque así me enseñaron”, y llegar a “Creo en eso porque lo evalué y soy convencido de ello”. Pero en su tiempo, ni su entorno ni él mismo le permitieron hacer eso.

– Él pasó toda su vida en un entorno socialmente aislado que identifica su interpretación particular de la Biblia como “la fe cristiana”. Ahora que llegó a entender que esa forma de enseñar y de vivir es errónea y dañina, aparentemente no puede ver que “cristianismo” podría significar algo diferente. En este encierro mental le queda una única salida: abandonar el cristianismo por completo, y asumir que lo contrario del cristianismo es la verdad. En este contexto, es significativo este pasaje en su declaración pública: “Mucha gente me dice que existen otras maneras de practicar la fe, y quisiera permanecer abierto hacia eso, pero no estoy allí ahora.”

– Habiendo crecido en un ambiente autoritario y opresivo, Harris debe tener diversos recuerdos negativos reprimidos, que nunca se le permitió verbalizarlos ni sentirlos. Ya que ese ambiente tenía la etiqueta de “cristiano”, esos recuerdos deben en su mente estar asociados con el “cristianismo”. No sorprende mucho si eso en algún momento repercute en un rechazo emocional contra todo lo que tiene el nombre de “cristiano”.

– Es posible que intervenga también su reconocimiento de que él mismo no es capaz de vivir según sus propios estándares. No pudo cumplir sus propias expectativas respecto al pastorado, ni respecto al matrimonio. Su declaración “No soy un cristiano …” suena no tanto como una decisión consciente de abandonar la fe, sino más como un diagnóstico sobrio de su estado actual. “Según todos los criterios que tengo para definir lo que es un cristiano” – ¿quizás Harris debería preguntarse si los criterios que le enseñaron son equivocados? ¿o si las expectativas que él impuso a sí mismo y a otros eran equivocadas? ¿Le enseñaron a vivir una imitación de una vida cristiana, de apariencia no más y en sus propias fuerzas, sin realmente conocer la gracia y el poder renovador de Dios? Eso es lo que efectivamente sucede en muchas iglesias evangélicas. Se aplaude al que mejor sabe dar la apariencia de un cristiano exitoso; y se menosprecia al que es honesto y transparente respecto a sus debilidades y luchas.
Si este es el caso de Harris, quién sabe si a Dios le agrada más su rebeldía honesta actual, que su cristianismo “de pantalla” de sus años pasados. Si él es realmente honesto ahora (no puedo juzgar sobre eso), entonces yo creo que tiene todavía la posibilidad de volver, y de llegar a un reconocimiento de Dios tal como Él es en verdad, después de desechar los falsos conceptos que le enseñaron. Pero queda también la triste posibilidad de que él se convierta en un enemigo completo de Cristo, y en un dolor de cabeza para los cristianos, no solamente los falsos sino también los verdaderos.

¿Cuántos otros pastores
están vacíos por dentro?

¿Qué concluimos? – Las formas aberrantes del cristianismo hacen más daño a la reputación de Dios, que la oposición directa. “Por causa de ustedes es blasfemado el nombre de Dios entre las naciones”, dice Pablo (Rom.2:24), no a los ateos ni a los paganos, sino a los judíos que no viven según lo que predican. Lo mismo vale para aquellos cristianos que definen su fe según la conformidad exterior con las exigencias de unos líderes autoritarios. Aun más, si usan eso como pretexto para cometer y encubrir crímenes tales como el abuso sexual. ¿Cuántos otros pastores están todavía muy activos en sus púlpitos, pero vacíos por dentro? ¿Cuántos de ellos, si fueran sinceros, también tendrían que decir: “No soy un cristiano”?

No demos a nuestros hijos la impresión de que la vida cristiana consista en el cumplimiento de reglas externas, o en la obediencia ciega hacia algún líder. En cambio, animémoslos a buscar a Dios mismo, y la relación personal con Él, quien es capaz de renovarnos desde adentro.

Y alejémonos de las corrientes autoritarias en las iglesias.

Deja un comentario »

Retos y ventajas del método de unidades temáticas y proyectos

En el artículo anterior he descrito unas experiencias prácticas con dos implementaciones del método de unidades temáticas, o aprendizaje por proyectos, con la vida de David Livingstone como tema central. Una de las implementaciones fue con nuestros propios hijos a quienes educamos en casa; la otra fue con 20 alumnos de edades variadas, en un programa vacacional.

A continuación describiré, a manera de evaluación, unas ventajas manifiestas de este método, y unos desafíos que se nos presentaron en el camino.

Motivación intrínseca de los niños

Al elegir temas que corresponden a los campos de interés de los niños, aseguramos que ellos estén motivados por sí mismos a participar en los proyectos, y a alcanzar las metas propuestas. Lo perciben como una necesidad propia, no solamente un deber (quizás de poca utilidad) impuesto desde afuera.

Obviamente, para que eso funcione, los niños deben tener la oportunidad de una elección voluntaria. La motivación intrínseca no puede actuar cuando hay un único tema, o un único proyecto, obligatorio para todos. Por tanto, nosotros como educadores estamos ante el reto de proveer opciones diversificadas (en el caso de un grupo grande de niños), o de reconocer acertadamente los campos de interés de los niños (en el caso de una familia, o de pocos alumnos individuales).

Conocimiento integrado

Una unidad temática permite percibir todas las materias escolares como partes de un todo mayor, que da significado a las partes. Los alumnos pueden ver, por ejemplo, como ciertas leyes matemáticas permitieron a Livingstone orientarse en el interior de África; o como sus conocimientos médicos y su aprendizaje de idiomas contribuyeron al cumplimiento de su llamado misionero. El tema entero se ubica en un contexto histórico específico (el siglo 19), con sus problemáticas específicas que Livingstone tuvo que enfrentar (por ejemplo el tráfico de esclavos). Aun unos detalles de la ortografía y gramática tuvieron su aplicación natural al revisar y corregir los textos producidos por los “periodistas”. Este método provee un entendimiento más amplio que cuando cada parte se estudia como una asignatura aparte, aislada de las demás.

Desde una perspectiva cristiana podemos decir además, que es el mismo Dios quien creó el universo, estableció sus leyes, y creó nuestras mentes con las que podemos descubrir esas leyes y reflexionar sobre ellas. Así, una cosmovisión cristiana nos confirma que efectivamente el universo y los conocimientos acerca del universo conforman una unidad con sentido y propósito, no un conglomerado de “materias” desconectadas entre sí.

Como educadores, somos desafiados a ver el “cuadro grande” para poder señalar estas conexiones a los niños, y a no encerrarnos dentro de una sola especialidad.

Aprendizaje activo

Los proyectos prácticos, tales como hacer expediciones, practicar procedimientos médicos, producir una revista, etc, proveen todas las ventajas de una pedagogía activa:

  • El aprendizaje por experiencia propia, no solamente de segunda mano.
  • El involucramiento de todos los sentidos: vista, oído, tacto, etc.
  • Incentiva la creatividad, al permitir a los niños realizar ideas propias.
  • Provee oportunidades para el movimiento físico, que es una necesidad muy grande en la niñez.

Grupos heterogéneos

Las unidades temáticas y los proyectos prácticos son ideales para grupos heterogéneos, tales como familias educadoras con niños de diversas edades, o escuelas alternativas resp. escuelas multigrado. En nuestro programa vacacional, alumnos desde los 6 hasta los 14 años trabajaron juntos en los proyectos. Todos encontraron oportunidades para participar de una manera significativa, y de acuerdo a sus conocimientos y capacidades. Para dar unos ejemplos:

En el grupo de “médicos”, para los pequeños fue un reto contar el pulso correctamente, determinar cuándo había pasado un minuto, y ubicar el corazón o los pulmones en el cuerpo humano. Los que eran un poco más avanzados, practicaron leer correctamente los instrumentos de medición para la temperatura y la presión sanguínea, y aprendieron acerca de las funciones básicas del corazón o de los pulmones. Los alumnos de secundaria pudieron ocuparse de preguntas más avanzadas, por ejemplo cómo se relaciona la actividad del corazón con la presión sanguínea; o estudiaron detalles anatómicos como los nombres y la ubicación de diversos huesos, etc. Todos estos conocimientos y capacidades encajaron de manera natural dentro de las mismas actividades.

En el grupo de “traductores” se habían inscrito alumnos que no sabían quechua; de manera que todos, pequeños o grandes, eran principiantes por igual.

En el grupo de los “geógrafos”, todos pudieron participar por igual en la observación de plantas y animales. Los que tenían un interés o talento artístico, hicieron dibujos. Los interesados en lenguaje y comunicación escribieron reportajes, o hicieron entrevistas. Algunos practicaron contar pasos. Los que tenían conocimientos matemáticos un poco más avanzados, pudieron posteriormente convertir esos datos proporcionalmente en metros. Un alumno de secundaria aprendió un método para medir el ancho de un río sin tener que cruzar al otro lado, usando mediciones con la brújula y leyes de la trigonometría.

Para los educadores, eso crea el desafío de identificar las posibles contribuciones o aprendizajes que cada alumno individual puede realizar. Muchas actividades pueden realizarse con el grupo en conjunto; pero el rol individual de cada alumno dentro del grupo puede variar.

En el ejemplo concreto de nuestro programa vacacional, la gama de edades fue muy amplia. Es entendible que algunos educadores tienen dificultades con una situación así, porque no se sienten capacitados o aptos para tratar con todos los grupos de edad. En situaciones con un mayor número de alumnos, se pueden diversificar los proyectos y actividades, de manera que ciertas actividades atraerán mayormente a alumnos de primaria, y otras mayormente a los de secundaria. También en nuestro programa, algunas actividades requirieron una separación de un grupo por “principiantes” y “avanzados”, por ejemplo en los grupos de matemática y de ajedrez. En matemática, la separación se dio de manera natural entre primaria y secundaria; mientras que en ajedrez no hubo una correspondencia exacta con el nivel escolar.

– El sistema escolar convencional intenta crear grupos homogéneos, al separar los niños por grados y por edad cronológica. Detrás de eso está la idea de que los niños de la misma edad deberían estar “al mismo nivel”. Pero eso es una ilusión, como documenta por ejemplo la siguiente cita:

“La Investigación Medford de Crecimiento y Desarrollo del Niño, llevada a cabo durante doce años por la Universidad de Oregon (1957-1969), demostró que entre los ‘alumnos de séptimo grado’ existe una variación fisiológica de seis años: Algunos niños de una edad cronológica de 12 años, tienen fisiológicamente sólo 9 ó 10 años, mientras que otros tienen un desarrollo correspondiente a los 14 ó 15 años. (…) La variación ‘académica’ entre los ‘alumnos de séptimo grado’ refleja una gama de diez años en el rendimiento – desde puntajes correspondientes al tercer grado hasta el décimo­tercer grado, según exámenes tradicionales estatales. No puede existir una clasificación de ‘séptimo grado’ [basada en la edad cronológica], sin embargo, sigue persistiendo hasta hoy como si fuera un edicto de los dioses.”
Don Glines, “100 years war against learning” (“Cien años de guerra contra el aprendizaje”), Educational Futures Project.

En realidad, un grupo de alumnos de un mismo grado es también un grupo heterogéneo. Solamente que los alumnos y profesores se encuentran adicionalmente bajo la presión de que “todos tienen que estar al mismo nivel”. Eso produce unos patrones de comportamiento que dificultan el aprendizaje para la mayoría de los alumnos: Se enfatiza la competencia de todos contra todos, en vez de la colaboración; de ahí surgen agresividad y el “bullying”; se marginan los que de alguna manera son “diferentes”; se produce desánimo en los que quedan “atrás”, y un orgullo malsano en los pocos que quedan “adelante”. Son notorias las dificultades del sistema convencional para acomodar adecuadamente a aquellos alumnos que no se dejan “nivelar” fácilmente: por un lado los que tienen problemas de aprendizaje, y por el otro lado los superdotados (que no siempre son los que sacan las mejores notas).

Por tanto, es más saludable si admitimos de antemano que todo grupo de niños es heterogéneo, y en consecuencia permitimos que lo sea también respecto a características más visibles, como por ejemplo la edad. De esta manera les quitamos de encima la presión psicológica de tener que “ser como los demás”, o de “ser mejor que los demás”. En cambio, permitimos a cada uno participar tal como es, con sus puntos fuertes y sus debilidades particulares.

Los grupos heterogéneos permiten practicar interacciones sociales más diversas y más naturales que los grupos homogéneos. En la vida real (familia, trabajo, amistades, vecindario, etc.) no limitamos nuestros contactos sociales a personas de la misma edad. Por tanto, un ambiente que limita a los niños en este aspecto, no es una buena preparación para la vida real. En un grupo heterogéneo, los participantes menores o menos avanzados pueden aprender de los demás; y los mayores o más avanzados aprenden a ayudar a los demás, a ejercer consideración hacia los más débiles, y a desarrollar cualidades de un liderazgo responsable. Todos aprenden a respetar sus diferencias individuales respecto a conocimientos, habilidades, preferencias, etc.

Aprendizaje personalizado

Los métodos descritos se acercan al ideal de proveer a cada alumno una experiencia educativa de acuerdo a sus necesidades individuales, porque le dan la oportunidad de elegir entre distintos grupos de interés, y entre actividades de distintos niveles de dificultad.

Por el otro lado, eso requiere un mayor número de educadores en proporción al número de alumnos. Es difícil que un único adulto, sin ayuda adicional, atienda a 25 a 30 alumnos en esta modalidad.

En el caso de nuestro programa descrito, éramos de 3 a 5 adultos (dependiendo de las circunstancias) para atender a los 20 participantes. Esa fue una proporción bastante elevada de adultos, debido a las circunstancias particulares:
– La amplia gama de edades (desde los 6 hasta los 14 años).
– Casi todos los participantes eran alumnos del sistema escolar convencional. Como tales, no estaban acostumbrados a una pedagogía libre y activa, y necesitaban un mayor acompañamiento para adaptarse a nuestra forma de trabajar.
– También varios de los adultos tenían poca experiencia con este método, y colaboraban en calidad de practicantes o ayudantes voluntarios.

En un ambiente educativo permanente (escuela alternativa; familia educadora), la necesidad de acompañamiento adulto disminuye con el tiempo, porque tanto educadores como alumnos adquieren experiencia y se adaptan mejor al método. Por ejemplo en nuestra familia, nuestros hijos alrededor de los 10 años de edad ya habían adquirido la costumbre de poder ocuparse de una actividad por un tiempo prolongado, con muy poco incentivo o instrucción de nuestra parte. En un grupo mayor, con el tiempo los alumnos mayores empiezan a asumir una parte de la responsabilidad por los menores. Por tanto, en un ambiente permanente, la proporción de adultos no necesita ser tan alta como en el caso aquí descrito.

Deja un comentario »

Un peligro para el movimiento de la educación en casa

Corrientes autoritarias y abusivas en el movimiento de la educación en casa

Durante varias décadas, el movimiento de la educación en casa en Estados Unidos ha disfrutado de muchas libertades. Tiene ahora bastante prestigio ante la sociedad y ante las instituciones y autoridades del sistema escolar y universitario, debido a sus éxitos en el rendimiento académico y la madurez emocional y social de la mayoría de los estudiantes educados en casa. Diversas investigaciones profesionales testifican de estos éxitos.

Sin embargo, durante los últimos años han aumentado también las críticas contra la educación en casa en aquel país. Eso se debe en gran parte a unos escándalos de maltrato infantil y abuso sexual dentro de algunas familias educadoras. Salieron a la luz un número considerable de testimonios de hijos de tales familias, ahora adultos, quienes relatan cómo en sus familias se cultivaba una “cultura del encubrimiento” respecto a esos delitos. En su mayoría se trata de familias que se identifican como cristianas, pero practican una forma aberrante, muy autoritaria del cristianismo. Tristemente, eso ha hecho que muchos de sus hijos rechazaran no solamente el ambiente autoritario de su familia, sino la fe cristiana en general, como se puede notar en diversos artículos y comentarios en internet.

Se enseña también un concepto extremista de “obediencia” y “sumisión”: una obediencia inmediata, sin cuestionar, sin tomar en cuenta si una orden es irrazonable, moralmente mala, o dañina. (Vea el artículo anterior.) Aun peor es cuando ese concepto errado de “obediencia” se lleva a la esfera de las relaciones entre personas adultas; por ejemplo entre los miembros de una iglesia y sus líderes; en contradicción contra Hechos 5:29: “Hay que obedecer a Dios más que a los hombres”.
Los casos de maltrato y abuso sexual que fueron conocidos en los EEUU, tienen una característica particularmente escandalosa en común: Las víctimas y sus familiares, amigos, y líderes religiosos hicieron todo lo posible para encubrir los abusos, y para evitar que el culpable tuviera que asumir las consecuencias de sus actos. Es que el autoritarismo enseña también que “nunca debes hablar mal de tus autoridades” (donde “autoridades” incluye también padres, líderes de iglesias, y otros). Así que en esos círculos, los hijos nunca se atreverían a hablar de un delito cometido por sus padres, una esposa de su esposo, o un miembro de una iglesia respecto a un líder en la iglesia. Si pusieran una denuncia o siquiera hablasen con alguien más, se sentirían culpables ante Dios por “haber hablado mal de una autoridad”.
Este es un terrible abuso del nombre de Dios y de la Biblia. Dios manda que los pecados y delitos deben exponerse y confrontarse (Ef.4:11); y es irrelevante si el culpable es a la vez una “autoridad” de alguna clase. Sin embargo, parece que un segmento considerable de quienes se identifican como “cristianos”, creen en esas doctrinas aberrantes, de que ellos serían obligados a encubrir los pecados y delitos de quienes llaman “autoridades”.
Los documentos enlazados al final de este artículo proveen un poco más de trasfondo acerca de este tema.

Este es entonces el trasfondo ideológico detrás de muchos de los casos deplorables, dentro de una corriente marginal, pero que actualmente amenaza con desprestigiar el movimiento de la educación en casa en los EEUU. Observo con mucha preocupación, que esta misma corriente está ganando terreno también en América Latina. Si eso se extiende más, pronto tendremos los mismos escándalos como en los EEUU. Y eso a su vez podrá causar que los representantes del gobierno y de los sistemas escolares, que actualmente proveen bastante apertura para la educación en casa, podrían cambiar su opinión y podrían empezar a restringir, o incluso prohibir, la educación en casa.

Por supuesto que el mismo autoritarismo existe también en los sistemas escolares. América Latina, por su trasfondo histórico y cultural colonial, es particularmente influenciada por el autoritarismo; de manera que muchos lo consideran “normal”, en todas las esferas de la sociedad, y ni siquiera están conscientes de que tienen una mentalidad autoritaria. Pueden incluso mostrarse preocupados porque “en la sociedad ya no se respeta la autoridad”. (Eso puede ser cierto para la cultura europea y norteamericana. Pero todavía no he visto eso en América Latina.)
Al contrario, un problema mucho mayor es que mucha gente está demasiado dispuesta a someterse bajo autoridades falsas y corruptas. El famoso experimento de Stanley Milgram demostró que entre 60 a 70% de la población están dispuestos a maltratar, torturar, hasta poner en peligro de muerte a sus prójimos, si una “autoridad” se lo ordena – únicamente con órdenes verbales, sin que la autoridad tenga alguna medida de presión a su disposición. Y un problema complementario, no menor, de la sociedad actual es el abuso de poder por parte de las autoridades.

La Homeschool Legal Defense Association (HSLDA) es una organización estadounidense bastante conocida, que provee apoyo legal a familias educadoras. Esta organización tiene bastante cercanía con las corrientes autoritarias arriba descritas. Sin embargo, incluso el fundador y presidente de esa organización, Michael Farris, se vio obligado a pronunciarse respecto a los excesos que salieron a la luz en los últimos años:

“Algunos jóvenes que fueron educados en hogares patriarcales y/o legalistas están ahora contando sus historias. Por sus historias me he enterado de que las enseñanzas de esos hombres están siendo aplicadas de maneras que son claramente faltos de sabiduría y dañinas desde cualquier punto de vista razonable, sea cristiano o secular. La gente está siendo herida.”
“En la vista de esos escándalos recientes, creo que es ahora tiempo de pronunciarnos – no acerca de los pecados individuales de esos hombres, pero acerca de sus enseñanzas. Sus pecados han dañado las vidas de sus víctimas, y deben investigarse por quienes tienen la autoridad legal y espiritual apropiada; pero sus enseñanzas siguen amenazando la libertad e integridad del movimiento de la educación en casa. Es por eso que HSLDA tiene que ponerse de pie y pronunciarse.”
“Francamente, deberíamos habernos pronunciado más antes. Cuánto más antes, es difícil de decir. Hay una diferencia sutil entre enseñanzas con las que simplemente no estamos de acuerdo, y enseñanzas que son realmente peligrosas.”
“Como un líder de la educación en casa por 30 años, y canciller del Colegio (Universidad) Patrick Henry, he entrado en contacto con muchos jóvenes que fueron educados en hogares patriarcales o legalistas. Casi ninguno de ellos sigue estas filosofías hoy en día. Algunos rechazaron el cristianismo por completo. Con todo, si fueron criados con una idea equivocada de Dios, no debe sorprender a nadie cuando ellos se van – están rechazando algo que no es el Dios de la Biblia. Pero aquellos que siguen siendo cristianos, en su mayoría, rechazaron los puntos de vista extremos de su niñez, y asumieron un punto de vista más equilibrado.”
“En este sentido, el legalismo sucede cuando alguien eleva su punto de vista personal de lo que es una conducta sabia, a un nivel donde reclama que las opiniones propias de esa persona son los mandamientos universales de Dios. Debemos tener sospechas acerca de maestros que pretenden hablar por Dios acerca de asuntos [que dependen] de opiniones personales.”

Michael Farris, “A Line in the Sand” (Una línea en la arena), Circular para los miembros de HSLDA, agosto de 2014

Hasta donde veo, la mayoría de las familias educadoras decidieron educar en casa, porque llegaron a la convicción de que eso es lo mejor para sus hijos; sea desde el punto de vista psicológico, académico, ético, o religioso. Pero en las corrientes autoritarias hay una motivación adicional, que a menudo opaca y anula la preocupación por el bienestar de los niños: el deseo de producir más “soldados” para el “ejército” propio. El autoritarismo no respeta la autonomía de cada familia en cuanto a la educación de sus hijos. Prescribe a los padres cómo deben tratar con sus hijos, y a qué “principios” deben someterlos; no a manera de simples consejos, sino como órdenes no-opcionales; ya que según las enseñanzas del autoritarismo, también los padres de familia deben “sumisión” y “obediencia” hacia sus “superiores”. A menudo, esos “superiores” son líderes eclesiásticos que difunden las doctrinas autoritarias, porque eso beneficia su propia posición de poder. De esta manera, las familias educadoras son instrumentalizadas para aumentar el poder y la influencia de un líder en particular.

Quiero aclarar en este momento que no tengo nada en contra de la autoridad paterna en sí. En una familia funcional, los niños por sí mismos respetarán esa autoridad, a base de una relación de confianza, y porque reciben muestras del amor, de la sabiduría, justicia, provisión y protección de sus padres. Es legítimo que los padres ejerzan autoridad, por tener mayor experiencia y madurez que los niños. Pero que lo hagan en amor e integridad, velando primeramente por el bienestar de los niños, y respetando que Dios tiene un diseño individual para cada niño, que solamente el niño mismo puede descubrir. La autoridad paterna no es para presionar a los niños dentro de un molde prediseñado por el padre o por algún “superior”, ni para “someterlos” bajo un principio teorético de autoridad.

Siempre existirán diferencias entre una familia y otra. Unos enfatizarán más la autoridad; otros más la libertad y el respeto mutuo. Es legítimo que exista esta diversidad; que cada familia elija el estilo de educación que encaja mejor con su situación particular.

Pero no es legítimo interpretar el concepto de “autoridad” de una manera que justifica abusos, maltratos, y el encubrimiento de delitos.

Y no es legítimo que unos líderes, maestros o escritores se aprovechen de la afiliación religiosa de muchas familias educadoras, para propagar un modelo autoritario como si fuera el único compatible con dicha afiliación religiosa. (Respecto a la validez de alternativas, vea “Educadores alternativos aplicando principios bíblicos“.)
En el pasado, la gran mayoría de los líderes evangélicos que conocí, estaban muy en contra de la educación en casa. (Probablemente no estaban conformes con la gran autonomía de las familias individuales, que la educación en casa promueve.) Pero ahora, unos pastores parecen haber descubierto los modelos autoritarios de la educación en casa, los cuales permiten a los pastores controlar y dirigir directamente lo que las familias hacen en casa, aun más de lo que podrían hacerlo en el caso de una escuela eclesiástica.

Así que hay que ejercer discernimiento también respecto a los grupos de apoyo para familias educadoras. Por un lado, es legítimo que se formen grupos con inclinaciones pedagógicas o religiosas particulares, ya que una razón importante por educar en casa es el derecho de educar a los niños de acuerdo a los valores y convicciones propias de cada familia. Solamente que esos grupos deberían declarar su inclinación abiertamente; por ejemplo: “Somos un grupo que promueve el método Charlotte Mason” (o cualquier otro). – O: “Somos un grupo de cristianos evangélicos.” – O: “Somos un grupo que promueve un estilo de vida vegano.” – O lo que sea.
Por el otro lado, hay que tener cuidado con aquellos grupos que pretenden ser grupos de apoyo entre familias, pero que en realidad son “anexos” de alguna otra organización que está detrás, por ejemplo una escuela a distancia, o una iglesia. En este caso hay una gran probabilidad de que las familias miembros sean sutilmente instrumentalizadas para avanzar los propósitos económicos, religiosos, o ideológicos de la organización que está detrás. Cuando es una escuela o una iglesia que “dirige” a las familias, se desvirtúa la idea fundamental de que los padres son los encargados de educar a sus hijos. Un grupo genuino de apoyo para familias es uno que es gestionado por las mismas familias, y que cuenta con mecanismos internos para asegurar que se elijan como “dirigentes” a familias educadoras con experiencia, y que respeten la autonomía de cada familia, dentro del marco de la inclinación particular del grupo que se ha declarado abiertamente.

Investigando, descubrí que por el lado evangélico, fue mayormente un único hombre de tremenda influencia (y sus seguidores), quien jaló a muchos evangélicos hacia el lado del autoritarismo. Por eso, dos de los tres documentos enlazados abajo se refieren específicamente a sus enseñanzas y prácticas; y los tres documentos se enfocan principalmente en la situación y teología de las iglesias evangélicas. Sin embargo, sé por experiencia que las enseñanzas y prácticas descritas en estos documentos, son representativas de prácticamente todas las corrientes autoritarias y abusivas. – No estoy bien informado acerca de la situación por el lado católico; pero la jerarquía católica romana tiene una larga historia de exigir “sumisión” y de reclamar infalibilidad, así que no me sorprendería si esas mismas corrientes se encontraran también en diversas organizaciones católicas.

Una señal del autoritarismo es que los líderes autoritarios no toleran ningún desacuerdo con sus enseñanzas y prácticas. A menudo siguen a algún líder o maestro, a una organización, o a unos “principios”, con una lealtad esclavizante que bordea a idolatría. Cuando se trata de líderes evangélicos, eso debería denunciarse como una desviación de su propia fe. Es que todas las denominaciones evangélicas afirman, por lo menos en teoría, que las Sagradas Escrituras son la máxima autoridad sobre la enseñanza y práctica cristiana. En consecuencia, todo maestro o líder que pretende ser evangélico, debe estar dispuesto a ser evaluado a la luz de la Biblia. Si no está dispuesto a una discusión abierta, basada en la Biblia, acerca de lo que enseña y practica, entonces no es un evangélico genuino; es un seguidor del autoritarismo.

Documentación:

Firmes en la libertad con la que Cristo nos hizo libres. Un análisis bíblico y pastoral de las enseñanzas del autoritarismo.

¿Principios bíblicos? Artículos que examinan las enseñanzas típicas de una corriente representativa del autoritarismo.

Estrategias de un manipulador. Testimonios de personas que experimentaron por experiencia propia las artimañas astutas de un líder autoritario y manipulador.

.

PS: Unas notas acerca de la sección de comentarios:
1. Si alguien desea enviar una pregunta o consulta muy personal acerca de sus experiencias con el autoritarismo, respetaré la privacidad de la persona y no publicaré el comentario, excepto si la persona misma lo pide explícitamente.
2. No podré entrar en correspondencia acerca de los artículos en los últimos dos documentos enlazados, ya que no son de mi autoría.
3. No admitiré comentarios contenciosos en defensa del autoritarismo. Quien desea eso, que por favor lleve su contienda a los sitios web indicados como fuentes en los últimos dos documentos enlazados; esos sitios son administrados por personas especializadas en los asuntos.

2 comentarios »

La obediencia de los niños

Todo padre, toda madre se alegra cuando sus hijos son obedientes. Y muchos se ponen como meta, educar a sus hijos para la obediencia. Pero ¿qué entendemos con “obediencia”? ¿Y es toda obediencia buena? Es allí donde las opiniones difieren.

Observo con preocupación que dentro del mundo evangélico están ganando popularidad ciertos libros sobre educación que promueven un concepto extremista de “obediencia”. Los autores de esa corriente enseñan que los niños deban obedecer a cualquier orden que les dan sus padres, sin tomar en cuenta la situación donde un padre puede dar una orden irrazonable, dañina, o moralmente mala. Así dice uno de esos autores: “¿Qué es obedecer? – (…) Obedecer es hacer lo que se dice: Sin desafíos; sin excusa; sin demora.”

Ya que estamos hablando del mundo evangélico, es legítimo examinar este concepto a la luz de la Biblia. ¿Es éste el concepto bíblico de “obediencia”?

“Pero ¿qué piensan? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero dijo: ‘Hijo, anda hoy a trabajar en mi viña.’ Pero él respondió: ‘No quiero.’ Pero más tarde, arrepentido, se fue. Y acercándose al otro, dijo de la misma manera. Y él respondió: ‘Yo, señor[, iré].’ Y no se fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” – Le dicen: “El primero.” (Mateo 21:28-31)

Jesús usa este ejemplo para enseñar a los sacerdotes y ancianos que “los cobradores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios” (v.31). El hijo obediente contradijo a su padre, y demoró en cumplir la orden. Sin embargo, Jesús lo presenta como un ejemplo de obediencia. ¡El concepto de Jesús acerca de la obediencia es mucho más benigno que el de muchos autores de libros sobre educación cristiana!

Además, existen situaciones donde no hay que obedecer en absoluto. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). No hay que obedecer cuando los padres ordenan a los hijos a mentir, a engañar, a hacer daño a alguien, o a dañarse a sí mismos. Una orden que contradice a lo que Dios dijo, no hay que obedecer.
El apóstol Pablo escribe acerca de ciertos líderes, “a los que ni por una hora cedimos en sumisión” (Gálatas 2:5). Hay “autoridades” a quienes no hay que obedecer, porque exigen cosas contrarias a la voluntad de Dios.

La única persona en el mundo que podría exigir una obediencia “inmediata y sin cuestionar”, es Dios mismo. Solamente él es infalible; solamente él es digno de nuestra confianza ilimitada. ¡Pero ni siquiera Dios exige una tal obediencia! – De Moisés dice que él fue “el hombre más manso de todos los que había sobre la tierra” (Números 12:3). Pero cuando Dios lo llamó para ir a hablar con el Faraón, Moisés le cuestionó y le contradijo durante más de un capítulo entero (Éxodo, capítulos 3 y 4): “¿Quién soy yo para que yo vaya al Faraón …?” – “…si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” – “Pero ellos no me creerán …” – “…Pero yo soy tardo en hablar y torpe de lengua.”
Dios responde pacientemente a cada uno de estos cuestionamientos, y da a Moisés unas señales sobrenaturales para validar su llamado. Solamente al final, cuando Moisés sigue negándose a ir, dice que “Dios se enojó”. Pero aun en ese punto, Dios le hace una concesión: le libra de la carga de tener que hablar al pueblo y al Faraón directamente. En su lugar, le permite ir acompañado por Aarón quien iba a ser su portavoz.

Si Dios permitió al “hombre más manso de todos”, discutir de esta manera con él, y le hizo concesiones, ¿quiénes somos nosotros, meros humanos, para exigir de nuestros hijos una obediencia “inmediata y sin cuestionar”?

La obediencia de por sí misma no es ningún valor bíblico. La Biblia valora la obediencia hacia Dios, y la obediencia reflexionada, la obediencia responsable, la obediencia por el bien de otra persona, la obediencia de fe (=confianza) … pero no la obediencia “por obedecer” y nada más.

Es natural que los niños analicen, cuestionen, hagan preguntas. Eso es una parte normal y necesaria del desarrollo de su razonamiento. Así es también normal que cuestionen algunas de las órdenes que reciben. Si los amedrentamos para que ya no hagan preguntas ni discutan, dañamos su desarrollo intelectual y espiritual.

Para un niño puede ser un proceso bastante largo y difícil, llegar a entender por qué queremos mantener nuestra casa limpia y ordenada, por qué hay que cepillarse los dientes, por qué es necesario que todos ayuden en los quehaceres de la casa, etc. Es natural que en el transcurso de este proceso surjan preguntas, dudas, cuestionamientos. Entonces es necesario ayudar al niño a resolver esas dudas, para que llegue a una mayor comprensión. Cuando se reprime todo cuestionamiento, el niño no puede completar este proceso de razonamiento y maduración. No llega a ser una persona responsable y capaz de hacer buenas decisiones; solamente aprende a ser una ruedita en una maquinaria.

Una gran ayuda en este proceso consiste en permitir que los niños sean “dueños” de ciertos proyectos o trabajos del hogar. Por ejemplo, ¿por qué deben siempre los niños “ayudar a mamá” a cocinar? ¿Por qué no permitir que un día a la semana los niños decidan acerca del menú, qué quieren cocinar, que hagan la lista de compras, vayan a comprar los ingredientes, organicen los trabajos ellos mismos, etc? Mamá estará allí para dar consejos si los niños llegan a un punto donde no pueden seguir por sí solos. Mamá también decidirá cuáles son los trabajos que ella tendrá que hacer: “Sé que ustedes todavía no saben limpiar el pescado. Yo haré eso, y ustedes pueden mirar cómo se hace.” Así los niños aprenden algo más que la mera obediencia: aprenden a ser responsables, a organizar y a decidir, y a colaborar entre ellos.

Cuando los niños se acomodan a un concepto extremista de obediencia, pierden su capacidad de razonar, analizar, y ejercer discernimiento. Se vuelven vulnerables ante las artimañas de cualquier manipulador e impostor, porque aprendieron a “hacer caso” a todo, sin cuestionar.
Nunca hubo tantas enseñanzas y prácticas aberrantes dentro del mundo evangélico, como en el presente. Hay grupos evangélicos que enseñan que dentro de su local de reunión hay un “lugar santísimo”, y que uno debe purificarse de una manera especial para poder entrar allí. Hay grupos evangélicos que enseñan que los padres cristianos deben hacer circuncidar a sus bebés varones. Hay pastores evangélicos que enseñan que Dios les permite tener una amante y concubina, y que si él elige a una joven como su concubina, ella debe “obedecerle” y hacerle caso. Hay grupos evangélicos que hacen peregrinajes a las tumbas de predicadores eminentes, y enseñan que echándose encima de la tumba recibirán el poder del predicador difunto. Hay grupos evangélicos que enseñan que la víctima de una violación tiene la culpa de lo que le hicieron. Etc. etc.
¿Por qué el pueblo evangélico acepta tales monstruosidades sin protestar? – Mucho tiene que ver con el concepto errado de “obediencia” que se les ha enseñado. Muchos evangélicos creen que deben a sus “pastores” la misma clase de “obediencia” como la que se enseña en los libros arriba mencionados acerca de la educación de niños. Por eso no usan su Biblia para examinar lo que un líder les dice, no se atreven a cuestionar y a ejercer su discernimiento, no se atreven a buscar a Dios por sí mismos. El resultado es esa proliferación de enseñanzas y prácticas antibíblicas, porque el pueblo lo acepta todo “obedientemente”.
En realidad, quienes hacen eso están traicionando la Reforma. El principio fundamental de la Reforma es que las Sagradas Escrituras son la máxima autoridad sobre las enseñanzas y prácticas de los cristianos. Eso significa que cada cristiano puede y debe examinar a la luz de la Biblia, todo lo que sus líderes enseñan y hacen. Cuando el pueblo evangélico ya no hace esa evaluación, o se le niega el derecho de hacerlo, entonces los evangélicos desecharon sus propias raíces espirituales.

¿Es esta la clase de niños que queremos criar? ¿susceptibles a cualquier engaño y a cualquier práctica extraña que se les presenta con algún aire de “autoridad”? ¿o preferimos a niños capaces de razonar y de discernir?

En algunos círculos existe una tremenda presión sobre los padres, de tener “hijos que se comportan bien”. Cuando un niño hace algo que los adultos consideran “inapropiado”, sus padres se sienten avergonzados. Por ejemplo si el niño se ríe a voz alta, o si dice abiertamente lo que piensa (“¡Mira cuán gorda es esa mujer!”), o si juega con el barro, o si por descuido hace caer un pedazo de su comida – todo eso y un millón de otras situaciones puede causar que los padres sientan vergüenza, y que busquen una oportunidad para reñir y hasta castigar a sus hijos. Esa vergüenza dice más acerca de los mismos padres, que acerca del comportamiento del niño. Los padres dan más importancia a la apariencia exterior, que a un desarrollo sano de sus hijos. Están dispuestos a enemistarse con sus hijos y a echar a perder su buena relación con sus hijos, solamente para evitar que “alguien podría pensar mal” acerca de ellos como padres. Se sienten obligados a castigar un comportamiento infantil normal, como si fuera el peor pecado. Todo eso indica que sus valores están muy fuera del equilibrio:

Qué es más importante: ¿dar la apariencia de un buen padre, o realmente ser un buen padre para sus hijos?

Qué es lo que queremos reforzar en los niños: ¿su transparencia y sinceridad, o su capacidad de fingir y de aparentar algo que no son?

Qué es una motivación correcta por lo que hacemos: ¿lo que otras personas podrían pensar de nosotros, o la determinación de elegir lo bueno y no lo malo?

El “evitar la vergüenza” ciertamente no es un buen criterio para hacer nuestras decisiones. Es el camino más seguro para criar a unos pequeños hipócritas que aparentan un buen comportamiento hacia afuera, pero sin tener ninguna integridad personal. Ese es también un concepto muy errado de “obediencia”.

Es algo muy diferente si enseñamos a los niños a hacer o a evitar ciertas cosas por amor al prójimo. Por ejemplo, si les explicamos que la abuela está sufriendo por tener una joroba, y por tanto se pondrá triste cuando un niño la pregunta: “¿Por qué no te enderezas al caminar?” Así los niños pueden aprender a no hablar de manera desconsiderada acerca de la joroba de la abuela, no para evitar una “vergüenza”, sino por una consideración genuina por los sentimientos de la abuela. Ahora ya no es una cuestion de “obediencia” o de “mantener la apariencia”; es ahora una cuestión del amor que el niño tiene por su abuela. Y la mamá o el papá ya no necesita sentir vergüenza si el niño a pesar de todo hace un comentario inapropiado: eso es ahora un asunto entre el niño y la abuela.

Un último punto: Un niño que tiene plena confianza en sus padres, va a estar mucho más inclinado a obedecerles. Va a sentirse seguro en saber que sus papás no le van a ordenar nada malo. Va a estar más dispuesto a ayudar a sus padres cuando ve que lo necesitan. Va a obedecer no por miedo a un castigo, sino por amor a sus padres y porque se siente amado por ellos. Eso es una motivación mucho mejor.
Los padres pueden ganar esta confianza cuando demuestran que ellos mismos son honestos, que no mienten o engañan a sus hijos, que hacen lo que es lo mejor para los niños; cuando escuchan a sus hijos y les permiten hablar de sus problemas, dudas, aun quejas, y los toman en serio; cuando no dan órdenes innecesarias o irrazonables.

3 comentarios »

¿Por qué hay pocos educadores cristianos alternativos?

Advertencia: Este artículo puede tocar sensibilidades y abrir heridas. Deseo aclarar de antemano que mi objetivo no es ofender, es señalar posibles soluciones. Pero como un cirujano necesita realizar una operación (tal vez dolorosa) para que el paciente pueda sanar, los problemas del pasado histórico no se resuelven excepto si uno tiene primero la valentía de enfrentarse con ellos y nombrarlos.

En el artículo anterior he señalado una discrepancia extraña que observo entre quienes buscan una educación alternativa: Hay quienes desarrollan modelos pedagógicos distintos a lo tradicional, más de acuerdo a las necesidades de los niños, y que en diversos detalles concuerdan con principios bíblicos – pero muchos de ellos están ajenos a una fe bíblica. Y por el otro lado hay quienes se identifican como cristianos y abren escuelas que se llaman cristianas, pero su modelo pedagógico se orienta en las escuelas estatales, tradicionales, y no se preocupan por aplicar principios bíblicos como los que he señalado en el artículo anterior. ¿Cómo podemos entender esta situación?

En cuanto a las escuelas cristianas, pienso que la mayoría de ellas deberían más correctamente llamarse “escuelas eclesiásticas”. Fueron fundadas como extensión de una iglesia determinada y para seguir la tradición de esa iglesia en particular. Pero la mayoría de las iglesias existentes en la actualidad tienen una tradición que se asemeja más al sistema escolar que a la nueva vida que trajo Jesús. (Vea “Iglesias y escuelas – los mismos problemas”.) Hasta ahora he conocido una sola escuela donde por lo menos los fundadores tenían la idea de fundamentar toda su enseñanza y práctica sobre lo que enseña el Señor Jesús en la Biblia. Pero también en esa escuela, después de algunos años de existencia, los usos del sistema escolar tradicional y la visión eclesiástica comenzaron a desplazar la visión bíblica. Eso no fue una escuela católica; fue de los evangélicos quienes dicen no ser tradicionalistas y dar preeminencia a la palabra de Dios. Pero encontré que muchos evangélicos en el fondo mantienen la mentalidad católica de seguir a una tradición y de someterse a una jerarquía de líderes humanos, en vez de evaluar ellos mismos lo que dice el Señor. Y si esa jerarquía está encasillada en los moldes del sistema tradicional y no conoce otra escuela que la tradicional, entonces sus súbditos tampoco se atreven a salirse de este molde; diga la Biblia lo que diga.

El problema de fondo, según mi parecer, es este: Cuando la gente escucha “Jesús”, “Cristo”, “Dios”, inmediatamente piensan: “Iglesia”. Aquellos que pertenecen a una iglesia y se identifican con ella, piensan que Jesús es como su iglesia, que Jesús mismo instituyó y avala todo lo que se hace en su iglesia, y no analizan lo que Jesús dijo en realidad, ni se les ocurre la idea de que su iglesia podría haberse apartada de la voluntad del Señor en ciertos puntos. – Por el otro lado, aquellos que no pertenecen a una iglesia o que han percibido el lado oscuro de las iglesias, piensan: “Si Dios es como las iglesias, entonces no quiero saber nada de él.”

Y en este punto tenemos que retroceder a la época más oscura en la historia del Perú y de toda América Latina. El primer encuentro de América Latina con el nombre del Dios cristiano fue sumamente traumático, marcado de abusos, robos, asesinatos, y crueldades indescriptibles. Cuando Francisco Pizarro llegó al reino de los Incas, trajo consigo a un sacerdote y un decreto del papa, del supuesto “vicario de Cristo”, según el cual todas esas tierras pertenecerían al rey de España. De manera similar procedieron otros conquistadores. Así abusaron del nombre de Dios para sojuzgar un continente entero.
Hubo muy pocos españoles que se atrevieron a confrontar estos abusos con lo que Jesús realmente había dicho. Uno de ellos, Bartolomé de las Casas, por lo menos logró que el rey lo escuchara; pero el daño ya estaba hecho. Se encontró también el testamento del conquistador Manco Sierra Lejesema, quien aparentemente antes de su muerte se arrepintió de haber participado en la conquista, y se sintió obligado por su conciencia a pedir perdón públicamente. Él lamenta no solamente las crueldades cometidas, sino más que todo la corrupción moral que los españoles trajeron a América, muy en contradicción contra el evangelio de Cristo. (Vea las citas en la Nota 1 al final.) Solamente gracias a estas pocas voces que se atrevieron a ir en contra de la corriente, podemos formarnos una idea de lo que realmente sucedió en la conquista.

Ante esta historia es entendible que hay personas que no quieren saber nada del Dios de la Biblia. Tanto más necesidad hay para aclarar que la conquista no fue culpa de Dios; fue culpa de hombres codiciosos y crueles que nunca fueron autorizados por Dios para hacer lo que hicieron.

Contrastemos esta historia con el efecto que la Biblia tuvo en aquellos países donde su mensaje se tomó en serio – los que son mayormente los países de la Reforma. Los ingleses aprendieron de la Biblia que todas las personas son iguales ante Dios, y que aun los reyes no pueden gobernar según su antojo, sino que tienen que rendir cuentas a Dios. En consecuencia, fueron la primera nación en establecer un estado de derecho constitucional, en 1688. Estas ideas comenzaron a extenderse a otros países, mayormente países reformados (mientras p.ej. España tardó hasta 1977 en conceder a sus ciudadanos los mismos derechos y libertades). – En el siglo 18, la base cristiana de Inglaterra fue profundizada por la influencia del predicador Juan Wesley y sus seguidores, quienes lograron una transformación moral y espiritual de la nación entera. Entre las personas profundamente influenciados por la predicación bíblica de Wesley, se encontró el parlamentario William Wilberforce. En consecuencia dedicó su vida entera a luchar por la abolición de la esclavitud, hasta que en el año 1807 alcanzó esta meta.
Voltaire, el filósofo francés, vivió en Inglaterra de 1726 a 1729 y se impresionó mucho de las libertades, del orden y de la paz que disfrutaban los ingleses. Escribió: “Los ingleses son la única nación en la tierra que ha logrado limitar el poder de los reyes, oponiéndose a ellos; y que en una serie de disputas establecieron por fin un gobierno sabio donde el rey tiene todo el poder de hacer lo bueno, pero se le impide hacer lo malo … y donde el pueblo participa en el gobierno sin que esto lleve a la confusión.” (Voltaire, Cartas acerca de la nación inglesa.)

Este es el verdadero fruto de una cultura influenciada por la palabra de Dios. Lo que hicieron los conquistadores, en cambio, fue un abuso que no se puede justificar con lo que Jesús enseñó. Por tanto es necesario aclarar lo siguiente:

  • Dios no es un conquistador español.
  • La religión de los conquistadores no es lo que trajo Jesús.

Jesús no vino para robar ni para quitar vidas. Él vino para dar Su propia vida por nosotros. Si alguien tuviera dudas acerca de la integridad de Jesús, si alguien quisiera creer que Jesús es cómplice de opresores y conquistadores, que mire no más el ejemplo de Su vida y muerte. Si alguien no quiere creer Sus palabras, que por lo menos crea Su ejemplo.

A los puntos mencionados tenemos que añadir el siguiente:

  • La gran mayoría de las iglesias actuales, tanto católicas como evangélicas, no funcionan según el modelo de la comunidad cristiana fundada por Jesús y sus discípulos.

Acerca de eso habría que decir muchas cosas, más de lo que cabe en un artículo como este. Pero bastaría con leer el Nuevo Testamento sin tener en la mente ya una imagen preconcebida de lo que es “iglesia”, y contrastarlo con las prácticas de las “iglesias” actuales. Refiero al lector interesado p.ej. al Evangelio según Mateo, capítulos 5 a 7 y capítulo 23; y al libro de los Hechos de los apóstoles, capítulos 1 a 5 (o si desean, el libro entero).

Si hoy en día hay personas que creen que Dios es un déspota sin misericordia, partidario de dictadores y delincuentes, entonces las “iglesias” llevan una buena parte de la culpa. El apóstol Pablo dice a los que conocen la palabra de Dios, pero no le hacen caso: “Tú que enseñas a otro, ¿a ti mismo no enseñas? Tú que anuncias que no hay que robar, robas? Tú que dices que no hay que adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas en la ley, cometes transgresión la ley y así menosprecias a Dios. Porque ‘el nombre de Dios es difamado entre las naciones por causa de ustedes’, como está escrito.” (Romanos 2:21-24)

También hoy, el nombre de Cristo está siendo difamado en el mundo, por causa de los que dicen ser Sus seguidores, pero que no hacen lo que Él dice. Aunque hoy en día ya no se cometen las atrocidades que se cometían en los tiempos de la conquista; pero hay quienes se dicen cristianos y son mentirosos, estafadores, traidores, codiciosos, …

Según el Nuevo Testamento, el proceso de volverse cristiano comienza con que uno reconozca su culpa y se arrepienta de su pecado; y entonces puede confiar en Jesús quien le dará una vida renovada. Si eso es así, ¿sería pedir demasiado que los representantes de las iglesias reconozcan su culpa y se arrepientan por no haber vivido de la manera como Jesús manda, y por haber dado un mal ejemplo a sus súbditos y al mundo?
(Vea Nota 2 al final.)

Por el otro lado, el llamado de Dios sigue en pie, independientemente de lo que hagan o no hagan los que usan Su nombre. Él no exige que reconozcamos a alguna iglesia que le desobedece; solamente exige que le reconozcamos a Él mismo. Los Incas reconocieron al Dios Creador, simplemente a base de sus observaciones de la naturaleza. (Este hecho es poco conocido porque lo mantuvieron como un secreto entre la clase sacerdotal; pero es testificado en diversas crónicas antiguas.) No hay razón para excluir a Dios de nuestras vidas, solamente porque Él ha sido mal representado por las iglesias. “Dios no hace acepción de personas; sino que en cada nación le es bienvenido el que le teme y obra justicia.” (Hechos 10:34-35).

Por eso, yo creo en la posibilidad de una educación que es “cristiana” y “alternativa” a la vez. Pero para realizar esta posibilidad, tal vez será necesario que algunos de los que se identifican como educadores alternativos, reevalúen su concepto de Dios; y que algunos de los que se identifican como cristianos, reevalúen su concepto de iglesia y de la educación.

.


Nota final 1: Citas acerca de la conquista española:

“Todas estas universas e infinitas gentes de todo género creó Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven; (…) Son asimismo de limpios y de vivo entendimiento, muy capaces y dóciles para toda buena doctrina, aptísimos para recibír nuestra santa fe católica …
En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Creador así dotadas, entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos y tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, y hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas y varias y nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad.
(…) Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranías e infernales obras de los cristianos, injusta y tiránicamente, más de doce cuentos (millones) de almas, hombres y mujeres y niños …”
(Bartolomé de las Casas: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, 1552. Ligeramente modernizado.)

” … que entienda su Majestad Católica que los dichos Incas los tenian gobernados de tal manera, que en todos ellos no habia un ladrón ni hombre vicioso, ni hombre holgazán, ni una mujer adúltera ni mala; ni se permitia entre ellos ni gente de mal vivir en lo moral; (…) y que entienda su Majestad que el intento que me mueve a hacer esta relación, es por descargo de mi conciencia, y por hallarme culpado en ello, pues hemos destruido con nuestro mal ejemplo gente de tanto gobierno como eran estos naturales, y tan quitados de cometer delitos ni excesos así hombres como mujeres, tanto por el indio que tenia cien mil pesos de oro y plata en su casa, y otros indios dejaban abierta y puesta una escoba o un palo pequeño atravesado en la puerta para señal de que no estaba allí su dueño, y con esto según su costumbre no podía entrar nadie adentro, ni tomar cosa de las que allí había, y cuando ellos vieron que nosotros poníamos puertas y llaves en nuestras casas, entendieron que era de miedo de ellos, porque no nos matasen, pero no porque creyesen que ninguno tomase ni hurtase a otro su hacienda; y así cuando vieron que había entre nosotros ladrones, y hombres que incitaban a pecado a sus mujeres e hijas, nos tuvieron en poco, y han venido a tal rotura en ofensa de Dios estos naturales por el mal ejemplo que les hemos dado en todo, que aquel extremo de no hacer cosa mala se ha convertido en que hoy ninguna o pocas hacen buenas, y requieren remedio, y esto toca a su Majestad, para que descargue su conciencia, y se lo advierte, pues no soy parte para más; y con esto suplico a mi Dios que me perdone …”
(Extracto del testamento del conquistador Manco Sierra Lejesema, 1589. Ligeramente modernizado.)

Nota 2: El papa Juan Pablo II pidió perdón públicamente por las crueldades cometidas por los conquistadores. Pero no revocó aquel infame decreto que repartía el entero continente americano entre los reyes de España y Portugal, a pesar de haber sido peticionado acerca de ello repetidamente. Esta petición sigue pendiente con el papa actual. Mientras este decreto sigue en pie, todo “arrepentimiento” del papa carece de credibilidad.

Deja un comentario »

Educadores alternativos aplicando principios bíblicos

Recientemente tuve la oportunidad de participar en una conferencia donde pude conocer diversas iniciativas de educación alternativa. Los trasfondos y métodos de estas iniciativas son diversos, pero coinciden en que desean ofrecer una educación más de acuerdo a las necesidades de los niños. En su mayoría coinciden también en que desean tratar a los niños con respeto y darles un rol protagónico en su propia educación – a diferencia del sistema tradicional que ve a los niños mayormente como “objetos” que deben ser moldeados según los propósitos y deseos de sus educadores.

Ninguna de esas iniciativas educativas se identificó como “cristiana”. Y sin embargo me quedé impresionado al ver que muchas de ellas, quizás sin estar conscientes de ello, aplican principios bíblicos en su modelo educativo. Por ejemplo:

El respeto hacia los niños.

Es un principio bíblico importante que los niños tienen valor como personas y por tanto debemos valorarlos. Recordamos que los discípulos de Jesús no querían permitir que los niños se acercasen a Él: “¡El maestro está demasiado ocupado!” – Pero Jesús se enojó con ellos y dijo: “¡Dejen a los niños venir a mí, porque de los tales es el reino de Dios!” (Marcos 10:13-16 y paralelas.)
Ya en el Antiguo Testamento dice: “Una herencia del Señor son los hijos; digno de estima es el fruto del vientre.” (Salmo 127:3)
Jesús dijo también: “Si ustedes no se arrepienten y se vuelven como los niñitos, no entrarán en absoluto al reino de los cielos. (…) Y cualquiera que recibe a uno de estos niñitos en mi nombre, me recibe a mí.” (Mateo 18:3.5)
Incluso dice a continuación, siempre hablando de los niños: “Pero el que hace tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, le conviene que le sea colgada una piedra de molino al cuello y que sea hundido en la profundidad del mar.” (Mateo 18:6) Esta es una de las palabras más radicales que habló Jesús, y lo dijo contra aquellos que hacen tropezar a un niño.

Así que una educación que enfatiza el trato respetuoso hacia los niños, está cumpliendo con estas palabras del Señor. Muchas escuelas alternativas y otras formas de educación alternativa dan importancia a que se debe permitir a los niños expresar sus opiniones libremente; que no se debe gritarles; que hay que darles opciones para que ellos mismos elijan sus actividades; etc.

En cambio, algunas corrientes de educación cristiana se enfocan excesivamente en la necesidad de corregir y “disciplinar” a los niños. ¡Pero ese no es el orden bíblico de las prioridades!

La preeminencia del amor

En las prioridades de Dios, el amor es lo primero. Así declaró Jesús – en concordancia con los maestros de su tiempo – que los dos mandamientos más importantes son: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente”; y: “Ama a tu cercano como a ti mismo”. (Lucas 10:27 y paralelas; vea Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18).

También el apóstol Pablo dice enfáticamente que “si no tengo amor, no soy nada” (1 Corintios 13:1-7). Y el apóstol Juan dice: “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.” (1 Juan 4:7-8)

En la conferencia participé en una actividad donde se juntaban las opiniones de todos los presentes acerca de lo que es lo más importante en la educación. Y resultó en el consenso común que algo de lo más importante y esencial en la educación es el amor. Esto es muy llamativo cuando vemos que esta es efectivamente la prioridad bíblica – y cuando lo comparamos con el sistema escolar tradicional, donde (según mi conocimiento) nunca se capacita a los profesores para amar a sus alumnos.

Solución de conflictos

Los representantes de una escuela alternativa me explicaron su sistema de solución de conflictos: En primer lugar se alienta a los niños a solucionar sus conflictos entre ellos, conversando y llegando a un acuerdo. Pero también encargan a algunos de los niños con la responsabilidad de ser conciliadores. Si unos niños involucrados en un conflicto no logran solucionarlo entre ellos, entonces tiene que intervenir un(a) conciliador(a) para ayudarles a llegar a una solución. Los casos graves, los que no se pueden solucionar con la ayuda de los conciliadores, se llevan a la asamblea general donde se reúnen una vez por semana todos los que son parte de la escuela, adultos y niños. Allí se busca una solución del conflicto con la ayuda de todos (y por supuesto tomando en cuenta las normas y reglas de conducta de la escuela). – La asamblea sirve también para planificar actividades, dar anuncios importantes, acordar normas de conducta, etc.

Este procedimiento para resolver conflictos corresponde exactamente a las instrucciones que Jesús dio a sus discípulos:

“Si tu hermano peca contra ti, anda, amonéstale entre tú y él solo. Si te escucha, ganaste a tu hermano. Y si no escucha, lleva contigo a uno o dos otros, para que ‘por la boca de dos o tres testigos sea confirmado todo asunto.’ Y si no los quiere escuchar, dilo a la asamblea (…)” (Mateo 18:15-17)

En sus instrucciones a los discípulos, Jesús no hace ninguna diferencia entre “líderes” y “miembros comunes”. No hay posiciones jerárquicas cuando se trata de resolver conflictos entre hermanos. Y así también en la mencionada escuela no se hace diferencia entre adultos y niños en este respecto. Si un adulto ha tratado mal a un niño, tiene que rendir cuentas de ello y enmendar el asunto, igual como cuando un niño trata mal a otro niño o a un adulto.

Todavía no he encontrado a ninguna iglesia institucional que haya puesto en práctica estas instrucciones de Jesús, tales como están escritos. En particular, parece que no entienden lo que significa la palabra “asamblea” – mayormente traducida como “iglesia” – en la Biblia; y no entienden el dicho de Jesús de que “uno solo es vuestro maestro, y ustedes todos son hermanos” (Mateo 23:8).
¡Pero unos educadores alternativos que no se identifican como cristianos, y que quizás ni siquiera conocen estas palabras de Jesús, las están poniendo en práctica!

La importancia de la familia y de estructuras familiares

Escuelas alternativas buscan diversas maneras de valorar la vida familiar, y/o de organizarse en la escuela con estructuras que se asemejan a una familia. Practican diversas maneras de involucrar a los padres en la vida de la escuela: Teniendo las puertas abiertas para que los padres puedan visitarlos en cualquier momento que desean. – Invitando a los padres para que ofrezcan talleres acerca de áreas de su conocimiento, para los niños interesados de la escuela. – Hacendo frecuentes reuniones de padres donde los padres tienen la libertad de expresar sus opiniones y de hacer cualquier pregunta.
En una de las escuelas hay clases solamente cuatro días a la semana. En el quinto día laborable, los niños están con sus padres o pasan un tiempo de tutoría personal con uno de los educadores de la escuela. En ese día, los educadores dedican también tiempo a visitar a aquellos padres que lo desean, para aconsejarlos acerca de la educación de sus hijos.

De estas y otras maneras, muchas escuelas alternativas demuestran que dan importancia a la vida en familia. Así coinciden con el principio bíblico de que la educación es en primer lugar un asunto de la familia.

Muchas escuelas alternativas tratan de proveer la atención personal que cada niño necesita, al tener clases más pequeñas que las escuelas tradicionales. Algunas pedagogías alternativas (por ejemplo la pedagogía Montessori) mezclan conscientemente a niños de diferentes edades, para que cada niño pueda experimentar tanto el rol de hermano mayor como el rol de hermano menor. Con todo eso, sus estructuras se acercan más a la estructura de una familia que de una escuela tradicional.

Educación para la tierra nueva

Otro momento revelador fue cuando una representante de cierta escuela alternativa dijo: “Nuestra meta es educar a los niños para la vida en una tierra nueva. Queremos darles también suficientes herramientas para la vida en esta tierra porque tendrán que relacionarse con la sociedad de esta tierra; pero sabemos que tiene que venir una tierra nueva, y lo más importante es que los niños estén preparados para eso.”

¿No es esto lo que dice también el apóstol Pedro? “Pero esperamos cielos nuevos y una tierra nueva según su promesa, donde habita justicia. Por eso, amados, esperando esto, sean diligentes para ser encontrados por él sin mancha e impecables, en paz.” (2 Pedro 3:13-14). Un verdadero cristiano nacido de nuevo sabe que esta tierra no es su hogar; que vendrá una tierra nueva que requiere una manera diferente de vivir, y que su tarea más importante es entrenarse en esta nueva manera de vivir. Y si toma la palabra de Dios en serio, entonces dará más importancia a educar a sus hijos para esa vida nueva, en vez de educarlos según las costumbres de esta tierra.

Ahora, la educadora que dijo eso no se identifica como cristiana, y su concepto de la tierra nueva probablemente difiere del bíblico en varios puntos. Y sin embargo, ella está consciente de que algo está fundamentalmente mal en esta tierra presente y en la sociedad actual; y está anhelando algo diferente y está preparando a los niños para eso. Mientras que muchas personas que se llaman “cristianos” y que han leído en la Biblia acerca del cielo nuevo y la tierra nueva, no lo están tomando en serio y nunca lo relacionan con la educación de sus hijos. Muchos “cristianos” que conocí, nunca podrían identificarse con estas palabras del gran predicador Juan Wesley del siglo 18: “¿Para qué fin envías a tus hijos a la escuela? – ‘Qué, para que sean preparados para vivir en el mundo.’ – ¿De qué mundo hablas, de este o del por venir? Quizás pensaste solo en este mundo, y te olvidaste de que hay un mundo por venir; sí, ¡y uno que durará eternamente!”

Conclusión

Las verdades del Dios Creador son universales y eternas. Por eso pueden ser descubiertas por cada persona que le busca – aun por aquellos que ni siquiera están conscientes de que están buscando a Dios. Al pensar acerca de ello, recordé que está escrito:
“Porque no los que oyen la ley [de Dios] son justos ante Dios, sino los que hacen [lo que dice] la ley serán justificados. Porque cuando gente de las naciones que no tienen la ley, por naturaleza hacen lo que dice la ley, estos, aunque no tienen la ley, son ley para ellos mismos; los que demuestran que la obra de la ley está escrita en sus corazones, y junto con ella testifica su conciencia …” (Romanos 2:13-15)
Por eso, las pedagogías alternativas nos presentan muchos ejemplos a seguir, incluso ejemplos “cristianos”, aunque provienen de personas que no se identifican como cristianos.

Por el otro lado, me entristece ver que tales ejemplos están prácticamente ausentes entre aquellos que se llaman cristianos, y entre aquellas escuelas que se llaman escuelas cristianas. Estas, hasta donde pude ver, se orientan según el sistema tradicional, según los usos de “este mundo” (que enfatiza los conocimientos y la “competitividad” más que la formación de la persona y el amor); y no según la cultura del “mundo por venir”. Yo desearía que los educadores que se llaman cristianos, puedan descubrir cuál fue realmente la idea de Dios acerca de la educación. Y que los educadores alternativos que ya ponen en práctica tales principios, puedan descubrir al Dios Creador detrás de estos principios – no el Dios de las iglesias e instituciones religiosas, sino el Dios vivo que cambia vidas. Pero temo que los mismos que se llaman cristianos, hayan sido obstáculos en este camino, impidiendo que los que le buscan encuentren a Dios. Esto será otro tema profundo y difícil; espero poder abordarlo en otro artículo.

2 comentarios »

Protestas contra el currículo estatal

En las últimas semanas aumentaron en el Perú las protestas contra el nuevo currículo estatal. Aunque el currículo no lo dice claramente, una guía para maestros publicada por el ministerio de educación (y retirada pocos días después) reveló que por detrás había una agenda de promover la ideología de género y las relaciones homosexuales en las escuelas.

Entiendo la preocupación de las familias que mantienen valores cristianos y no quieren que sus hijos sean expuestos a estas influencias en las escuelas. Sin embargo, me parece que los organizadores de estas protestas no están considerando lo suficientemente el cuadro grande.

En una democracia, los órganos del gobierno representan (o deben representar) la voluntad de la mayoría de la población. Mientras esta mayoría mantiene valores cristianos, tales protestas todavía podrían tener éxito. Pero como en el entero mundo occidental, también en el Perú los valores cristianos están decayendo rápidamente. Dentro de unos años ya no habrá ninguno mayoría que los apoye.
Las protestas políticas no van a revertir este proceso
, porque se trata de un asunto espiritual. Mientras las personas no se encuentran en una relación personal y comprometida con Jesucristo, sus “valores cristianos” no son nada más que un adorno exterior que se desvanece, tan pronto como cambien los vientos de los tiempos. Y a menudo son los mismos que se llaman “cristianos”, que por su estilo de vida dan un mal ejemplo a los demás, y así causan un rechazo contra los valores cristianos. Los valores cristianos se recuperarán solamente si somos un testimonio creíble para Jesucristo mismo.

Pero volviendo a la educación: El problema de fondo no es este o aquel punto en el currículo. El problema de fondo es que hace mucho tiempo ya, la sociedad parece haber aceptado la idea de que la educación debe ser estatal, y que el gobierno debe reglamentar la forma y los contenidos de la educación de nuestros hijos. Todo el que apoya esta idea, consecuentemente tendrá que aceptar las interferencias del estado en la educación de los niños. Tener un sistema de educación estatal único y uniforme, siempre significará que el estado impone su ideología sobre las minorías que piensan diferente. Y los que somos cristianos de corazón y no solamente de nombre, tenemos que reconocer que somos una minoría.

Según la Biblia, Dios encargó la educación de los niños a los padres, no al estado. Una posición coherente con la Biblia consistiría entonces en independizar la educación frente al estado. Si el estado ofrece una educación que va en contra de nuestros valores, la solución no consiste en hacer más exigencias al estado. La solución consiste en ofrecer nosotros mismos una educación mejor a nuestros hijos y a todos los interesados. La educación estatal no va a mejorar, ni con todas las protestas; pero nosotros podemos mejorar.
Eso cuesta más que la participación en unos eventos esporádicos de protesta. Significa perseverar en un proyecto educativo durante muchos años; estudiar a fondo lo que significa educar niños según la voluntad del Señor; ser fiel en lo pequeño; nadar contra la corriente diariamente – hasta ver el buen fruto en los niños educados en este proyecto alternativo. Y si alguien desde un tal proyecto desea adicionalmente involucrarse en la política, le recomendaría no dirigir sus esfuerzos hacia el currículo estatal, porque así solamente avala la uniformidad que exige el currículo. Mucho más importante es que haya más libertad para alternativas al sistema estatal.

Deja un comentario »

Desiglesianizar nuestra propia mente

En una primera parte he explicado lo que entiendo con “des-iglesianizar”. En paralelo a un artículo anterior sobre desescolarización, enumeraré ahora algunos elementos de una “mentalidad iglesianizada”, y los contrastaré con su contraparte de una vida cristiana más auténtica. Solamente que en este caso, una vida cristiana más auténtica equivale a un regreso a lo que se describe en el Nuevo Testamento, y por eso tomaré mis ejemplos y sustentaciones de preferencia del Nuevo Testamento.

La mentalidad iglesianizada dice: Una vida cristiana más auténtica dice:
“Vida cristiana es igual a ir a la iglesia.”

Casi todo el mundo cree esto, pero es muy equivocado. La expresión “ir a la iglesia” ni siquiera se encuentra en la Biblia. La mentalidad iglesianizada ve a “la iglesia” como una institución impersonal con vida propia, que se interpone entre los cristianos individuales y Dios.
Pero en el Nuevo Testamento, “iglesia” significa “el conjunto de todos los que siguen a Jesucristo”. Entonces, si sigues a Jesús, ya eres “iglesia”. Si no le sigues, no eres iglesia, por más que frecuentes una institución que se hace llamar “iglesia”.

La vida cristiana sucede en cada momento de tu vida diaria, si la vives conscientemente con el Señor.

Cuando Jesús llamó a los doce discípulos, no los llamó para que “asistiesen a una iglesia”. Los llamó, en primer lugar, “para que estuviesen con él” (Marcos 3:13). Todo lo demás fluía desde allí.
Eso es lo que Jesús quiere también hoy en día: tener una comunión diaria, cercana, con cada uno de Sus discípulos. Déjate guiar por Él en todo lo que haces y decides durante el día; entonces vivirás una vida cristiana.

“La comunión entre cristianos sucede asistiendo a las reuniones de una iglesia.”

A los líderes religiosos les gusta citar Hebreos 10:25 para sostener este punto: “… no abandonando nuestra reunión, según una costumbre de algunos…”. Pero este verso se encuentra en un contexto que nos dice para qué se reunían los primeros cristianos: “Estén atentos unos a otros para estimulación al amor y a las buenas obras, (…) animándonos ….” O sea, se estimulaban y animaban mutuamente; cada uno de ellos contribuía a eso. La gran mayoría de las iglesias contemporáneas no practican eso en sus reuniones, sino que solamente unas pocas personas “dirigen” o “predican”. Por tanto, sus reuniones no son reuniones cristianas en el sentido de Hebreos 10:24-25.

La comunión entre cristianos sucede al compartir la vida diaria y familiar, y al compartir cada uno lo que Dios le dio para la edificación mutua.

El patrón bíblico para reuniones entre cristianos lo encontramos en 1 Corintios 14:26: “Cuando se reúnen, cada uno de ustedes tiene una canción, tiene una enseñanza, tiene algo que Dios le descubrió, tiene un [mensaje en un] lenguaje, tiene una interpretación …” Cada cristiano que es realmente unido a Jesús, puede compartir “alimento espiritual” con sus hermanos.
Leemos también en Colosenses 3:16: “…con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros …” – El contexto de este pasaje no habla de “reuniones”, sino de la convivencia diaria. Comunión cristiana puede suceder en cualquier encuentro entre hermanos, sea en la calle, en el lugar de trabajo, en la casa de un hermano que estoy visitando, y entre los miembros de mi propia familia.

“Para saber de Dios se necesita un sacerdote o pastor.”

1 Juan 2:27 refuta esta noción: “Pero la unción que ustedes recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que alguien les enseñe; así como la unción misma les enseña todas las cosas …”
– Cuando Pablo se despidió de los ancianos de Éfeso, dijo: “Y ahora les encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder de edificarles y darles la herencia entre los santificados a todos.” (Hechos 20:32) No dijo: “Les encomiendo a mi sucesor, el apóstol fulano.” Tampoco dijo: “Les encomiendo al pastor tal.” Es Dios mismo, y Su palabra, que permite a un cristiano conocerle y permanecer en Su camino.

¡Busca tú mismo a Dios!

Dios llama repetidamente a Su pueblo a buscarle:
“¡Busquen al Señor mientras puede encontrarse; llámenle, mientras está cercano!” (Isaías 55:6)
“Pidan y les será dado, busquen y encontrarán, toquen [la puerta] y les será abierto. Porque todo el que pide [constantemente] recibe, y el que busca [constantemente] encuentra, y al que toca [constantemente] le será abierto.” (Lucas 11:9-10)

Esto corresponde al concepto del aprendizaje activo en la pedagogía: Dios no quiere que asimilemos pasivamente las informaciones que otra persona nos da. Él quiere que le busquemos activamente, que investiguemos, que hagamos nuestras experiencias con Él.
La información básica que necesitamos para eso está accesible a todos en la Biblia.

“Sólo los pastores y teólogos saben hacer la obra de Dios.”

La mayoría de las iglesias han instituido un sistema clerical con una clase particular de “sacerdotes” o “pastores ordenados”, y los miembros de esta clase particular controlan quiénes pueden hacer “obras de Dios”, tales como anunciar el evangelio públicamente, repartir la cena del Señor, o bautizar a nuevos cristianos. Pero en el Nuevo Testamento no encontramos ninguna distinción entre cristianos “autorizados” y “no autorizados” para hacer estas cosas.

La iglesia del Nuevo Testamento no distingue entre “clérigos” y “laicos”. Todos los cristianos verdaderos son “sacerdotes”.

“… ustedes mismos también, como piedras vivientes sean edificados como un hogar espiritual, para ser un sacerdocio santo … Y ustedes son un linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, para que anuncien las virtudes del que les llamó de la oscuridad a su luz asombrosa…” (1 Pedro 2:5.9-10).
Éste es el llamado de todo cristiano que verdaderamente ha nacido de nuevo. El llamado de “hacer discípulos” (Mateo 28:18-20) se dirige a todos los que ya son discípulos. El Espíritu Santo vino para que recibiésemos poder para ser Sus testigos (Hechos 1:8). Esta promesa es “para ustedes y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, a cuantos el Señor nuestro Dios hará venir [a él].” (Hechos 2:39).

“Crecer en la fe cristiana es llenarse de conocimientos acerca de Dios.”

Los programas de muchas iglesias se basan en el aprendizaje intelectual de contenidos bíblicos (o extrabíblicos). Pero en el cristianismo del Nuevo Testamento, los conocimientos son algo secundario:
“El conocimiento hace presumir, pero el amor edifica.” (1 Corintios 8:1)
“Lo que les hablé y anuncié no [fue] con palabras persuasivas de educación humana, sino demostrando el espíritu y el poder [de Dios], para que ustedes no pusieran vuestra confianza en la educación de hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:4-5)
Las iglesias del Nuevo Testamento no tenían “reuniones de escuchar prédicas”, excepto cuando un apóstol o maestro eminente llegaba de visita; y eso sucedía con muy poca frecuencia.

Se crece en la fe, viviéndola.

Según Hebreos 5:14, los maduros en la fe son “los que por medio de la práctica tienen los sentidos entrenados para distinguir entre lo bueno y lo malo.” – El fundamento firme de una vida cristiana es el “oir y hacer” las palabras del Señor (Mateo 7:24).
En el Nuevo Testamento, “conocer a Jesús” no equivale a “saber muchas cosas acerca de Él”, sino a “guardar Sus mandamientos” (1 Juan 2:3) y “andar como Él anduvo” (1 Juan 2:6).
Cierto, Dios ha puesto a unos cuantos como “maestros”; pero a la vez advierte que no deben ser muchos (Santiago 3:1). Y también la enseñanza de estos maestros debe ser dirigida hacia la práctica; no debe ser mera teoría.

 

“Para que un niño actúe de manera cristiana, hay que obligarlo.”

La verdad es, que nadie puede actuar consistentemente como cristiano, mientras no es cristiano; o sea, mientras no recibió la vida nueva que Jesucristo da. No sirve entonces presionar o manipular a un niño para que “actúe de manera cristiana”. Al contrario, eso hace que el niño perciba la vida cristiana como un conjunto de obligaciones y prohibiciones, en vez de una oportunidad de una vida diferente que Jesús ofrece.

La vida cristiana fluye de manera natural de la nueva vida que Jesús mismo da a los que le siguen.

Por el otro lado, si alguien es cristiano, nacido de nuevo, entonces no necesita ninguna motivación o presión externa para hacer lo que agrada a Dios. Su corazón renovado ya está por sí mismo inclinado hacia eso. Solamente puede necesitar de vez en cuando una pequeña ayuda o una palabra de ánimo para hacer lo que ya está inclinado a hacer para Dios.
Donde esta inclinación del corazón hacia lo bueno no está presente, no se trata de un verdadero cristiano, y no podemos convertirlo en un cristiano mediante la manipulación o la obligación. Pero si alguien es un verdadero cristiano, entonces confiemos en el Espíritu Santo que obra en él.

“Educación cristiana es la educación que da la iglesia.”

Muchas iglesias tienen programas que se dirigen exclusivamente a los niños. Entonces la gente piensa que “educación cristiana” es lo que se hace en esos programas. Pero la iglesia del Nuevo Testamento no tenía programas infantiles. No existían separaciones por edades. Padres e hijos estaban juntos.

La educación cristiana se da en familia, por padres cristianos.

En la Biblia, la educación de los niños se encomienda exclusivamente a los padres. Los padres son los encargados de hablar la palabra de Dios a sus hijos, y de ser para ellos un ejemplo de vida cristiana. No los profesores, tampoco los representantes de la iglesia.
Esta educación cristiana se da mayormente mediante el ejemplo vivencial de los padres. Si los padres reflejan la vida de Cristo en su propio vivir diario, los niños se interesarán también en recibir esta vida.

Padres y madres de mayor edad y más experimentados pueden ayudar a las familias jóvenes en la educación de sus hijos. Pero eso sucederá no tanto educando ellos mismos a los niños, sino más frecuentemente aconsejando a los padres y madres jóvenes (Tito 2:4).

“Hay que hacer las cosas como siempre se hizo en la iglesia.”

Cuando Jesús entraba en las sinagogas de los judíos, Él no hizo “como siempre se hizo”. Él hizo muchas cosas que escandalizaron a los líderes de las sinagogas.
Y si examinamos las cosas que “siempre se hicieron” en las iglesias, descubrimos que muchas de estas cosas en realidad no son “desde siempre”, porque no corresponden a lo que se hizo en el Nuevo Testamento. Las costumbres y tradiciones de las iglesias no son ninguna norma de lo que es correcto ante Dios.

Dios es creativo e innovador.

Desde el inicio del universo, Dios es el Creador. O sea, Él es el más creativo de todos. Si Él nos creó a Su imagen, entonces Él quiere que también nosotros usemos nuestra creatividad.
“Miren, yo hago una cosa nueva …” (Isaías 43:19)
“El vino nuevo hay que echar en odres nuevos …” (Lucas 5:38)
También a lo largo de la historia, Dios hizo cosas nuevas. Él estableció ciertos principios eternos; pero dentro del marco de estos principios, nosotros también tenemos la libertad de hacer cosas nuevas.

1 Comentario »

Desiglesianizar la vida cristiana

Al hablar de “educación cristiana”, muchos piensan en “educación eclesiástica”, o sea, entrenar a los niños a que se adapten a las costumbres de una iglesia determinada, o incluso hacerlos educar directamente por líderes o “funcionarios” de dicha iglesia. Pero no se trata de eso. De hecho, en mi opinión (aunque esta opinión pueda ofender a algunos lectores), las iglesias como instituciones están tan alejadas de una verdadera vida cristiana, como las escuelas están alejadas de una verdadera educación. (Vea “Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones”.)
Muchos de nosotros tenemos una mente “escolarizada” y tenemos dificultad de imaginarnos una educación diferente al sistema escolar, porque hemos crecido dentro de ese sistema. Necesitamos entonces desescolarizar nuestra mente.
De la misma manera, muchos de los que nos identificamos como cristianos, tenemos una mente “iglesianizada”. Hemos conocido la fe cristiana en una iglesia institucionalizada, nos hemos adaptado a las costumbres y tradiciones de esa iglesia, y llegamos a creer que la vida cristiana “es” lo que se hace en esa iglesia. Tenemos dificultad de imaginarnos una vida cristiana diferente del sistema eclesiástico, o afuera de este sistema. Entonces necesitamos “des-iglesianizar” nuestra mente.

La vida cristiana no comenzó con ninguna institución que se hubiera llamado “iglesia”. Comenzó con una persona – la persona más fascinante que alguna vez vivió sobre esta tierra, la persona de Jesús de Nazaret. Su vida fue tan extraordinaria que dentro de solamente tres años de actividad pública, muchas personas llegaron a reconocer que Él no era un hombre común; debía ser el Hijo de Dios mismo, enviado a esta tierra desde otro mundo, desde la esfera de Dios.

Después, Él hizo algo aun más extraordinario: sacrificó Su vida por nosotros. Los relatos del Nuevo Testamento lo hacen muy claro que Él lo hizo voluntariamente, por puro amor a nosotros. Él no fue una víctima indefensa de unos opresores poderosos; Él hubiera tenido todo el poder de liberarse, si hubiera querido. Tampoco lo hizo obligado por un dios tiránico, como algunos se imaginan. No, Él dijo muchas veces a Sus discípulos que iba a dar Su vida por ellos, simplemente porque Él les amaba.

Posteriormente, Sus discípulos dejaban muy claro que ellos dependían completamente de esa vida sobrenatural que Jesús les había dado, en todo lo que ellos hacían en el nombre de cristianos. Ellos nunca se consideraban “señores” de alguna institución llamada “iglesia”. Al contrario: Trabajaban para que toda persona pudiera alcanzar esta misma vida sobrenatural y esta misma relación directa con Dios que ellos mismos tenían.

Jesús había dicho: “Pero ustedes no se hagan llamar ‘Rabí’; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos ustedes son hermanos. Y no llamen vuestro padre a nadie sobre la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Tampoco se hagan llamar maestros, porque uno es vuestro maestro, el Cristo. Pero el mayor de ustedes sea vuestro siervo.” (Mateo 23:8-11)
En otras palabras: “La iglesia, eso son todos ustedes que me siguen. Ninguno de ustedes es más que el otro. Todos ustedes son como hijos de un mismo Padre, Dios. La hermandad de todos quienes me siguen, eso es la iglesia.” Eso es lo que deberíamos entender, cada vez que leemos la palabra “iglesia” en el Nuevo Testamento.

¿Cómo entonces pudieron surgir “iglesias” institucionalizadas en forma jerárquica, donde un “sacerdote” se interpone entre los hombres y Dios, o donde un “pastor” exige sumisión bajo su propia persona? Aun más escandaloso: ¿Cómo pudieron los conquistadores españoles usar el nombre de Jesús y la institución de la (supuesta) “iglesia” para sojuzgar a los pueblos de América? – Hay una sola respuesta: Todo eso sucedió en directa desobediencia contra lo que Jesús había enseñado a Sus discípulos.

La “desiglesianización” no es entonces ninguna rebelión contra un orden legítimo. Al contrario: La “desiglesianización” es un regreso a lo que Jesús y los apóstoles enseñaron e hicieron en el principio. En primer lugar es un regreso a la relación personal con Jesús mismo. Es hacerse completamente dependiente de Jesús – y hacerse independiente de las instituciones guiadas por hombres.

En mi propio caso, después de que encontré la nueva vida en Jesús, durante veinte años he colaborado con iglesias evangélicas de las más diversas corrientes y denominaciones. Me uní a los evangélicos porque vi que ellos, por lo menos en teoría, mantenían ese principio de que la Biblia, y especialmente las enseñanzas y prácticas originales de Jesús y de Sus primeros apóstoles, son la norma para la vida cristiana en todos los tiempos, y que es allí donde debemos regresar. Sin embargo, siempre percibí que aun las prácticas de los evangélicos en muchos aspectos no coincidían con la vida de Jesús y de los apóstoles. Durante muchos años intenté adaptarme, siempre esperando que su propio principio iba a guiarles de regreso a sus orígenes. Pero sucedió lo contrario: Los líderes evangélicos con quienes intenté conversar, reaccionaron con una hostilidad creciente, cada vez que les señalé sus propios principios que confesaban en la teoría, pero que raras veces pusieron en práctica.

Así que llegó el momento de salir. Frente a nuestros amigos evangélicos siempre intentábamos aclarar que nos estábamos distanciando de la institución, pero no de ellos como personas; y que nos gustaría seguir teniendo con ellos una comunión personal basada en la vida cristiana. Pero descubrimos que muy pocos de ellos eran realmente interesados en una amistad o “hermandad” personal. Para la mayoría de ellos, nosotros éramos interesantes solamente como miembros de la institución que contribuían al crecimiento de la institución, pero no como amigos o “hermanos” verdaderos.

Hicimos otra experiencia difícil, igual como con la desescolarización: Es fácil que tú salgas del sistema, pero es mucho más difícil que el sistema salga de ti.

Por años nos habíamos acostumbrado a que una “reunión cristiana” consistía en que una persona hablaba y los demás escuchaban pasivamente. Encontramos en el Nuevo Testamento que “en el principio eso no fue así”. Leíamos como los primeros cristianos compartían sus vidas, participaban en las alegrías, tristezas, problemas y necesidades de sus hermanos, y como “cada uno” de ellos tenía algo para edificar a sus hermanos. Pero ponerlo en práctica nos costaba, y ahora todavía a veces nos cuesta.

Nos habíamos acostumbrado a hacer un “programa”, a planificar “eventos” y “reuniones”, aun a exigir de otras personas el “compromiso” de participar (aunque sea pasivamente) en todos estos programas. Leíamos como en el Nuevo Testamento, en cambio, casi todo sucedía por la iniciativa y el poder del Espíritu Santo. Nos costaba dejar de un lado nuestra forma de planificar las cosas humanamente y de hacer que “algo suceda”, y en vez de ello depender de que Dios haga algo, de manera soberana y sin dejarse controlar por nosotros.

También nos habíamos acostumbrado a que el “cristianismo” era mayormente algo intelectual: Conocimientos acerca de Dios; la capacidad de explicar pasajes de la Biblia; decir en el momento apropiado las palabras religiosas apropiadas. O a veces era algo emocional; por ejemplo la emoción que se siente al ser parte de una gran reunión de alabanza y música. Encontramos que en el Nuevo Testamento estos aspectos sí existen, lo intelectual y lo emocional, pero que no son lo más importante. Lo más importante es lo vivencial: el vivir cada día conscientemente en la presencia de Jesús; dejarnos inspirar por Él a ver y hacer las buenas obras que Él preparó para que las hagamos (Ef.2:10), a ser sensibles a las necesidades de nuestros prójimos, a dejarnos guiar por Él en cada decisión grande o pequeña que hacemos. La vida cristiana no se basa en “reuniones” o “eventos”, ni en “enseñanzas”; se basa en la vida misma. Solamente el que recibió esta vida de Jesús mismo, puede vivirla.

Así continuamos en nuestro camino hacia una vida cristiana más auténtica, más cercana al original, y menos “iglesianizada”. La educación cristiana alternativa es parte de este camino: es una educación “fuera del sistema” de la escuela y de la iglesia.

Deja un comentario »

¿”Escuela en casa” o educación en familia? – Dos aspectos adicionales

Lo siguiente son dos puntos complementarios al artículo anterior:

1. Usted mismo/a debe elaborar una perspectiva cristiana.

Familias cristianas desearán que sus hijos reciban una formación cristiana, donde todos los contenidos se presentan bajo una perspectiva cristiana. Y quizás se sienten incapaces de transmitir ellos mismos una tal perspectiva cristiana a sus hijos; entonces buscan una escuela cristiana a distancia que lo hace en lugar de ellos.

Pero eso es otra vez el mismo prejuicio escolar, de que “solamente los profesores profesionales son capaces de educar bien.” Usted mismo/a puede estudiar la Biblia y aplicarla a los contenidos que sus hijos estudian. Usted mismo/a puede recibir sabiduría y entendimiento por el Espíritu Santo (Santiago1:5-6, 1 Juan 2:27). Usted mismo/a puede “examinar todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Si usted y sus hijos siguen ciegamente a las enseñanzas que otra persona ha elaborado, ¿no están en peligro de convertirse nuevamente en “ciegos guiados por ciegos”?

El material escolar, por más que sea elaborado con un trasfondo cristiano, no es la palabra de Dios. Lo único que debemos recibir al pie de la letra y aceptar sin cuestionar, es la palabra de Dios. Todas las otras enseñanzas (inclusive enseñanzas cristianas) deben examinarse a base de la palabra de Dios, para que retengamos solamente lo que es bueno. Un material escolar que exige memorizar o repetir al pie de la letra sus contenidos sin analizar ni expresar opiniones propias, pasa por alto este proceso importante de la “re-interpretación” bíblica. ¿Qué pasará más adelante si un joven educado con tales materiales cae bajo la influencia de un líder ideológico, o de un predicador de una secta? Ya que no aprendió a ejercer su discernimiento, ¿no aceptará ciegamente sus enseñanzas falsas, de la misma manera como aprendió a aceptar ciegamente las enseñanzas del libro escolar?
Un buen programa de educación cristiana intelectual incentiva a los estudiantes a razonar por sí mismos, a usar su juicio propio, y a elaborar ellos mismos su punto de vista a base de la palabra de Dios. Si usted desea brindar un tal programa a sus hijos, primero usted mismo tendrá que hacer este trabajo de re-interpretación bíblica en cuanto a los contenidos que estudian juntos. Y a medida que usted y sus hijos maduran juntos, podrá enseñarles a que ellos hagan lo mismo.

Si Ud. no tiene ninguna idea de cómo aplicar principios bíblicos a los temas que estudia, aquí y en los artículos siguientes hay unas ideas de cómo empezar. Un buen material es también la “Enciclopedia de verdades bíblicas para materias escolares” por Ruth C.Haycock (Asociación Internacional de Colegios Cristianos, http://www.acsilat.org). No es un “material de enseñanza” ya preparado; es una colección de citas y principios bíblicos, ordenados según las asignaturas escolares usuales, para que usted los pueda aplicar en los estudios que usted mismo prepara.

John Hay, un profesor de la Facultad de Educación de una universidad cristiana y fundador de escuelas cristianas, una vez fue preguntado por qué no publicaba los materiales educativos de sus escuelas en forma de libros que otras escuelas podrían usar. Su respuesta fue:

“El valor de los materiales que usamos en nuestra escuela, consiste en que nosotros mismos los hemos elaborado. Si los profesores de otra escuela simplemente copiaran estos materiales para su propio uso, se perderían todo el proceso de reflexionar sobre estos asuntos, de pensar y re-pensar y re-interpretar bíblicamente todas las materias de enseñanza, y de llegar a conclusiones y materiales adecuados para su propia escuela en su propia situación. Es necesario que los profesores de cada escuela pasen por este proceso ellos mismos.”

Lo mismo se aplica a los padres educadores. Si queremos educar a los niños según principios bíblicos, nosotros mismos tenemos que conocer y aplicar los principios bíblicos primero. Eso no sucede cuando simplemente agarramos un material que otra persona ha preparado. Eso sucede solamente cuando nosotros mismos estudiamos la Biblia y la aplicamos a nuestra vida y a los contenidos de nuestros estudios.


2. El problema de la pantalla

Hoy en día, las escuelas a distancia se apoyan fuertemente en las posibilidades de la internet. Entonces, para ser atractivas, llenan sus programas con mucho contenido multimedia y con evaluaciones computarizadas, lo cual requiere la presencia del alumno ante la computadora por mucho tiempo.

Ahora, el potencial de la educación por internet es realmente enorme. Las familias educadoras se benefician mucho por la accesibilidad de materiales educativos por internet. Y por el otro lado, una educación en casa, si promueve la capacidad de hacer decisiones y el aprendizaje autogestionado, puede ser una preparación ideal para la educación superior del futuro, que dependerá mucho de materiales ofrecidos por internet. He escrito en otra oportunidad acerca de este tema.

Pero hay un detalle importante aquí. La educación por internet es una herramienta excelente para adultos y para adolescentes maduros y responsables; pero no para niños. La exposición prolongada a la pantalla hace daño a los niños de diversas maneras. Por eso, durante la edad de primaria deberían ser los padres quienes buscan ideas y materiales en internet, de preferencia ideas para proyectos prácticos, creativos y “movidos”. Entonces, ellos pueden llevar a cabo esas ideas con sus hijos, haciendo experiencias prácticas como corresponde a las necesidades de los niños. – Por eso, mi curso por internet de Matemática Activa para familias educadoras se dirige a los padres y les da ideas de actividades que pueden practicar con sus hijos.
Durante los últimos años de la primaria podemos poco a poco enseñar a los niños cómo buscar información por internet y cómo escoger aquella información que es buena y apropiada (ejercer discernimiento), y así guiarlos poco a poco hacia un aprendizaje responsable y autogestionado usando recursos de internet. Pero no recomiendo aquellos programas computarizados que exigen “seguir el hilo” al pie de la letra, y que no permiten al niño explorar un tema libremente, ni escoger entre diversos contenidos y diversas maneras de aprender. Tales programas son aun peores que el sistema escolar tradicional, en cuanto inducen a los niños a asimilar pasivamente cualquier enseñanza sin ejercer su juicio propio.

Pasar varias horas diarias ante la pantalla puede causar problemas serios de salud y de desarrollo mental en los niños. La Alianza por la Niñez dice: (en “La ilusión educativa”, capítulo 2: “Los peligros de las computadoras en la niñez”)

“Hacer hincapié en el uso de las computadoras en la infancia puede exponer a los niños a un mayor riesgo de sufrir lesiones repetitivas por estrés, tensión visual, obesidad, y otras consecuencias dañinas de un estilo de vida sedentario. Algunos expertos en desarrollo advierten también que, el aumento del tiempo que los niños pasan frente a una computadora, (…) puede contribuir a los retrasos en el desarrollo de la habilidad para coordinar impresiones sensoriales y de movimiento y darse cuenta de los resultados. Ello podría llevar a su vez a retrasos en el habla y a otros problemas del aprendizaje.”

“La psicóloga educacional y antes maestra Jane Healy, apunta que la creatividad involucra la habilidad para generar ‘imágenes personales y originales, visuales, físicas o auditivas- imágenes de la mente, a decir de las propias palabras de un niño’. Sin embargo, ella agrega: ‘Los maestros encuentran hoy en día que los niños inmersos en los videos no pueden formar en sus mentes imágenes originales, o desarrollar representaciones imaginativas. Los maestros de niños pequeños lamentan el hecho de que muchos niños deben ser enseñados a jugar simbólicamente o a pretender – un síntoma que antes se daba solo en jóvenes con desórdenes emocionales o mentales.”

Acerca de este último punto, Healy enfatiza desde sus investigaciones que la capacidad de crear sus propias imágenes mentales es esencial para comprender lo que uno lee: (Vea también “La importancia de las letras sin imágenes”.)

“Una de las críticas más serias contra el mirar televisión (o programas de computadora basados fuertemente en imágenes y videos) es que así los niños son privados de la oportunidad de crear imágenes en su propia mente. Pero esta capacidad importante es una piedra fundamental de la buena lectura; no solamente porque mantiene al lector conectado al texto, sino también porque es una manera muy práctica de organizar mentalmente y recordar lo que uno leyó. Es una característica de aquellos niños que dificultan en la lectura y en la solución de problemas, que cuando escuchan o leen palabras, no pueden proyectar nada sobre la pantalla de su propia imaginación.”
(Jane Healy, “Endangered Minds” (Nueva York, 1990), Capítulo 11)

Particularmente en los videos y dibujos animados, las imágenes y secuencias a menudo se siguen tan rápidamente que el cerebro del niño no tiene tiempo para procesarlos. Eso produce un “cortocircuito mental”: El niño se acostumbra a prestar atención solamente a aquellos imágenes o sonidos que son sorpresivos y llamativos, pero sin procesar o analizar lo que ve; y por lo demás recae en la pasividad mental. Como resultado, su capacidad de atención y de observar detenidamente se deteriora cada vez más.

También, el uso frecuente de la computadora distancia a los niños del mundo real y de las otras personas. Los niños necesitan la cercanía de papá y mamá que juegan con ellos, trabajan junto con ellos, conversan con ellos. También necesitan muchas experiencias prácticas haciendo cosas con sus manos, ejercitando su cuerpo, estando en contacto con la naturaleza, etc. Sólo así puede desarrollarse su cerebro de manera sana, y su capacidad de interactuar con otras personas. El desarrollo de un niño está en riesgo cuando su “educación” consiste mayormente en manejar un mundo virtual apretando unas teclas, o en mirar en la pantalla a una profesora virtual.

La Alianza por la Niñez (op.cit.) resume en la siguiente tabla los riesgos que conlleva la exposición prolongada de los niños a la pantalla:

Riesgos físicos
• Daños osteomusculares
• Fatiga visual y miopía
• Obesidad y otras complicaciones de un estilo de vida sedentario
• Posibles efectos colaterales por emisiones tóxicas y radiación electromagnética
Riesgos emocionales y sociales
• Aislamiento social
• Lazos débiles con los maestros
• Falta de autodisciplina y automotivación
• Separación emocional de la comunidad
• Explotación comercial
Riesgos intelectuales
• Falta de creatividad
• Imaginación poco desarrollada
• Lenguaje y habilidades alfabetizadoras empobrecidos
• Pobre concentración, déficits de atención
• Demasiada poca paciencia para el trabajo duro del aprendizaje
• Plagio
• Distracción del significado
Riesgos morales
• Exposición a la violencia en línea, la pornografía, fanatismo y otros materiales inapropiados
• Énfasis en la información desviada de su contexto ético y moral
• Falta de propósito e irresponsabilidad en la búsqueda y aplicación del conocimiento

Es preferible que los niños preescolares todavía no usen televisores, celulares o computadoras; y que hasta los diez años de edad (o aun más allá) su “tiempo de pantalla” se limite a una hora por día. Más adelante habrá todavía suficiente tiempo para que se ocupen de los dispositivos electrónicos, con una mayor madurez.

Deja un comentario »

“Niños protestantes en las escuelas y los conventos de Roma”

Los párrafos que siguen, son otro extracto del libro “Cincuenta años en la iglesia de Roma”, por Charles Chiniquy (vea el artículo anterior). El autor escribió estas palabras como advertencia a aquellos padres evangélicos que piensan en mandar a sus hijos a una escuela católica. Eso es es quizás menos frecuente en el mundo de habla hispana. Pero la crítica de Chiniquy es igualmente válida para toda familia evangélica que manda a sus niños a una escuela estatal, o a una escuela privada que se somete a los principios del estado secular. Esas escuelas tampoco enseñan de acuerdo a la palabra de Dios, y tampoco respetan las convicciones de una familia cristiana. Entonces, una familia evangélica que manda a sus niños a una escuela alineada con el sistema estatal, traiciona sus “principios religiosos” de la misma manera como si los enviase a una escuela católica.


Leemos en la historia del paganismo que en aquellas épocas oscuras, padres sacrificaban a sus hijos sobre los altares de sus dioses, para apaciguar su ira o conseguir sus favores. Pero ahora vemos una cosa extraña: ¡Padres cristianos obligan a sus hijos a entrar en los templos y a postrarse a los pies de los ídolos de Roma, bajo la noción errónea de darles educación! Mientras el padre pagano destruyó solamente la vida temporal de su hijo; el padre cristiano, en la mayoría de los casos, destruye su vida eterna. El pagano era consistente: creía en el poder y la santidad de sus dioses, pensaba sinceramente que ellos gobernaban el mundo, y que ellos bendecían tanto a las víctimas como a aquellos que las ofrecían. ¿Pero dónde está la consistencia del protestante que arrastra a su hijo y lo ofrece como sacrificio sobre los altares del papa? ¿Cree él en su santidad o en su poder supremo e infalible para gobernar la inteligencia? ¿Entonces por qué no va él mismo y se echa a sus pies y aumenta el número de sus discípulos? Los protestantes que son culpables de este gran error dicen como excusa, que los superiores de los colegios y conventos les habían asegurado que sus convicciones religiosas serán respetadas, y que nada será dicho o hecho para quitar o sacudir la religión de sus hijos.
Nuestros primeros padres no eran más cruelmente engañados por las palabras seductoras de la serpiente, que los protestantes lo son hoy en día por las promesas engañosas de los sacerdotes y monjas de Roma.

Yo mismo había sido testigo de la promesa dada por nuestro superior a un juez del Estado de Nueva York, cuando unos días después este mismo superior, el Rev.Leprohon, me dijo: “Tú sabes algo de inglés, y este joven sabe el francés lo suficiente para que ustedes dos se entiendan. Intenta hacerte su amigo y atraerlo a nuestra santa religión. Su padre es un hombre de mucha influencia en los Estados Unidos, y éste, su único hijo, es el heredero de una fortuna inmensa. Grandes resultados para el futuro de la iglesia en la república vecina podrían seguir a su conversión.”
Yo respondí: “Se olvidó Ud. de la promesa que Ud. hizo a su padre, de nunca decir o hacer algo que sacudiera o quitara la religión de este joven?”
Mi superior sonrió de mi ingenuidad, y dijo: “Cuando tú hayas estudiado teología, entonces sabrás que el protestantismo no es una religión, sino la negación de la religión. La protesta no puede ser la base de ninguna doctrina. Entonces, cuando yo prometí al juez Pike que se respetarán las convicciones religiosas de su hijo, y que yo no haría nada para cambiar su fe, yo prometí lo más fácil del mundo, puesto que prometí a no interferir con una cosa que ni siquiera tiene existencia.”
Convencido, o mejor dicho cegado por el razonamiento de mi superior, el cual es el razonamiento de cada superior de un colegio católico, me puse a trabajar a partir de este momento para convertir a mi amigo joven en un buen católico romano, y probablemente hubiera tenido éxito, si una enfermedad seria no lo hubiera obligado a regresar a casa unos meses después, donde murió.

Los protestantes que leen estas palabras quizás se indignarán por el engaño cometido por el superior del colegio de Nicolet. Pero yo les digo a estos protestantes, que no es sobre este hombre, sino sobre ellos mismos que tienen que derramar su desprecio. El Rev.Leprohon era honesto. El actuaba conforme a los principios que él creía buenos y legítimos, y por los cuales él hubiera dado alegremente hasta la última gota de su sangre. El creía sinceramente que vuestro protestantismo es nada más que una negación de toda la religión, digno del desprecio de todo verdadero cristiano. No era el sacerdote de Roma quien era despreciable, deshonesto y un traidor de sus principios, sino que era el protestante quien traicionó su Evangelio y su propia conciencia al haber hecho educar a su hijo por los siervos del papa. Además, ¿no podemos decir de verdad que un protestante que desea que su hijo sea educado por un jesuita o una monja, es un hombre de ninguna religión? y que nada es más ridículo que escuchar a un tal hombre pedir respeto por sus principios religiosos. El deseo de un hombre de que se respeten sus principios religiosos, se nota de la mejor manera cuando él mismo los respeta.


Deja un comentario »

El concepto católico romano y el concepto reformado acerca de la educación

Las citas que siguen a continuación son extraídas del libro “Cincuenta años en la iglesia de Roma” (publicado 1886), por Charles Chiniquy, un ex sacerdote canadiense. Provienen entonces de un entorno histórico y geográfico distinto del nuestro – y a algunos lectores quizás no les guste el tono polémico de Chiniquy. Pero al fijarnos en la esencia de lo que este autor quiere decir, encontramos un análisis sorprendentemente actual del sistema escolar del Perú, y probablemente de todos los países que alguna vez eran colonias españolas. Estos sistemas se remontan a las escuelas coloniales, auspiciadas y controladas por la iglesia católica romana.

A los lectores evangélicos les pido: No usen este escrito en primer lugar para criticar a la iglesia católica, sino para evaluar la clase de educación que ustedes mismos dan a sus hijos en sus familias y en sus escuelas. Ha sido mi triste observación que en muchas escuelas evangélicas reina el mismo espíritu de sumisión ciega y esclavitud, la misma supresión de la creatividad y del razonamiento propio, como en las escuelas católicas y estatales. Todavía no encontré a ninguna escuela evangélica en el Perú que hubiera mostrado las características positivas que Chiniquy resalta respecto a las escuelas reformadas que él encontró en Canadá y en los Estados Unidos. Claro, las escuelas evangélicas no enseñan sumisión ciega al papa; pero hasta donde he visto, se someten con la misma ceguera a la pedagogía oficial del estado, o a las tradiciones de su propia iglesia. El análisis de Chiniquy podría ayudar a los educadores evangélicos a evaluar si realmente fueron liberados por el evangelio, o si en el fondo están todavía influenciados por una mentalidad romanista.

He aquí lo que dice este autor sobre “Roma y la educación”:


La palabra “educación” es una palabra hermosa. Se deriva del latín “educare” que significa levantar, tomar de los grados más inferiores y llevar a las esferas más elevadas del conocimiento. El objetivo de la educación es entonces, alimentar, expandir, levantar, iluminar, y fortalecer la inteligencia.

Escuchamos a los sacerdotes católicos hacer uso de esta palabra hermosa, “educación”, con la misma o más frecuencia que los protestantes. Pero la palabra “educación” tiene un significado muy diferente entre los seguidores del papa que entre los seguidores del Evangelio. Y esta diferencia, la cual ignoran los protestantes, es la causa de los errores extraños que cometen los protestantes cada vez que intentan legislar sobre este asunto aquí, como también en Inglaterra o Canadá.

El significado de la palabra “educación” entre los protestantes es tan distante del significado de la misma palabra entre católicos romanos, como lo es el polo sur del polo norte. Cuando un protestante habla de educación, usa y entiende la palabra en su sentido verdadero. Cuando envía a su hijo pequeño a una escuela protestante, él desea honestamente que su hijo sea levantado hacia las esferas del conocimiento, hasta donde le permita su inteligencia. Cuando este niño va a la escuela, pronto siente que ha sido levantado a cierta medida, y experimenta una alegría sincera, un orgullo noble, por este nuevo levantamiento, aunque muy modesto; y naturalmente entiende que este levantamiento nuevo es solamente una grada para pararse encima y levantarse a un grado más elevado de conocimiento, y rápidamente dará este segundo paso con un placer indecible. Cuando el hijo de un protestante ha adquirido un poco de conocimiento, quiere adquirir más. Cuando ha aprendido lo que significa esto, también quiere saber qué significa aquello. Como una pequeña águila, alista sus alas para un vuelo más alto, y levanta su cabeza para subir más en la atmósfera del conocimiento. Una ambición noble y misteriosa cogió repentinamente su alma joven. Entonces empieza a sentir algo de esta sed insaciable del conocimiento, que Dios mismo puso en el pecho de cada hijo de Adán; una sed de conocimiento, sin embargo, que nunca será perfectamente saciada excepto en el cielo.

El objetivo de la educación es entonces, capacitar al hombre para cumplir esta misión real de gobernar y sojuzgar la tierra, bajo los ojos de su Creador.

Recordemos que no es de sí mismo, ni de un ángel, sino de Dios mismo que el hombre recibió esta misión sublime. Sí, es Dios mismo quien implantó en el pecho de la humanidad el conocimiento y la aspiración de estas destinaciones espléndidas que pueden alcanzarse solamente por medio de la “educación”.

¡Qué impulso glorioso es este, que toma en sus manos la mente recién despertada, y guía la inteligencia joven para subir más alto y penetrar las nubes que esconden de su mirada los esplendores de conocimiento que están encubiertos más allá de las sombras de esta esfera baja! Este impulso es una ambición noble; es parte de la humanidad que se asemeja a la imagen del gran Creador. Este impulso, el cual dirigir en su marcha adelante y hacia arriba es la misión de la educación, es una de las dádivas más preciosas de Dios para el hombre. Una vez más, es la misión gloriosa de la educación, fomentar esta sed de conocimiento y guiar al hombre a cumplir su alto destino.

Debería ser el deber tanto de los católicos romanos como de los protestantes, asistir al alumno en su vuelo hacia las regiones de la ciencia y del aprendizaje. ¿Pero es esto así? – No. Cuando ustedes, los protestantes, envían a sus hijos a la escuela, ustedes no imponen trabas a su inteligencia; ellos suben con las alas extendidas día tras día. Aunque su vuelo es al inicio lento y tímido, ¡cuán felices se sienten con cada nuevo aspecto de su horizonte intelectual! ¡Cómo laten sus corazones con gozo indecible cuando empiezan a escuchar voces de aplauso y ánimo de cada lado que les dicen: “¡Más alto, más alto, más alto!” – Cuando sacuden sus alas jóvenes para alzar un vuelo más alto, quién puede expresar su gozo cuando escuchan de nuevo las voces de una madre amada, un padre querido, un pastor venerable, que les aplauden y dicen: “¡Bien hecho! ¡Más alto todavía, mi hijo, más alto!”
Levantándose con más confianza en sus alas, entonces se levantan más alto todavía, en medio del concierto unánime de las voces de su nación entera que los anima al vuelo más alto. Es entonces cuando el joven siente que su fuerza intelectual se multiplica diez veces más. Se levanta sobre sus alas de águila, con una confianza y un poder renovados, y vuela todavía más alto, su corazón latiendo con un gozo noble y santo. De norte y sur, de este y oeste, el eco trae a sus oídos las voces de las multitudes: “¡Sube más alto, más alto todavía!”
El ha alcanzado ahora, lo que él pensaba primero que eran las regiones más elevadas del pensamiento y conocimiento; pero de nuevo oye los gritos estimulantes de abajo, que lo animan a volar más alto todavía hacia el dominio más elevado del conocimiento, hasta entrar en las regiones donde se encuentra la fuente de toda la verdad, y de la luz, y de la vida. Porque él también escuchó la voz de su Dios quien le habla a través de Su Hijo Jesucristo, llamando: “¡Ven a mí! ¡No temas! ¡Ven a mí! ¡Yo soy la luz, el camino! ¡Ven a esta región más elevada donde el Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, gobiernan en una luz infinita!”
De esta manera, el erudito protestante, haciendo uso de su inteligencia como el águila de sus alas, procede de debilidad a fuerza, del aleteo tímido al vuelo audaz y confiado, de una región de conocimiento a otra más alta, hasta que se pierde en este océano de luz y verdad que es Dios.
En las escuelas protestantes no se ponen trabas a las alas del joven águila; nada le hace parar en su progreso, ni paraliza sus movimientos y su vuelo hacia arriba. Al contrario, recibe toda clase de ánimo en su vuelo.
¡Es por eso que las únicas naciones realmente grandes en el mundo son protestantes! ¡Es por eso que las naciones realmente poderosas en el mundo son protestantes! ¡Es por eso que las únicas naciones libres en el mundo son protestantes! Las naciones protestantes son las únicas que cumplen su deber como hombres en el escenario de este mundo; solo las naciones protestantes marchan como gigantes a la cabeza del mundo civilizado. Por todas partes son ellas la vanguardia del progreso, de la ciencia y de la libertad, dejando muy atrás a las naciones desafortunadas cuyas manos están atadas por las cadenas de hierro del papado.

Después de haber visto al erudito protestante levantándose, en sus alas de águila, a las esferas más elevadas de la inteligencia, felicidad y luz, y marchando sin impedimento hacia sus destinaciones espléndidas, volvamos ahora nuestros ojos hacia el estudiante católico romano, y considerémosle y compadezcámonos de él en la degradación a la cual es sujeto.
Este joven estudiante católico romano ha nacido con la misma inteligencia brillante como el protestante; es provisto por su Creador con los mismos poderes de la mente como su vecino protestante; tiene los mismos impulsos, las mismas aspiraciones nobles implantadas por la mano de Dios en su pecho. Se lo envía a la escuela, aparentemente, como al niño protestante, para recibir lo que se llama “educación”. Primero entiende esta palabra en su sentido verdadero; va a la escuela en la esperanza de ser levantado, tan alto como le permitirán su inteligencia y sus esfuerzos personales. Su corazón late de alegría, cuando de repente le tocan los primeros rayos de luz y conocimiento; siente un orgullo santo y noble con cada nuevo paso en su progreso; anhela aprender más, quiere subir más alto; también levanta sus alas, como el joven águila, y vuela más alto.
Pero aquí empiezan las desilusiones y tribulaciones del estudiante católico romano; porque se le permite levantarse, sí, pero cuando se haya levantado lo suficientemente alto para estar al nivel de los dedos gordos de los pies del papa, entonces escuchará gritos penetrantes, enojados, amenazantes de cada lado: “¡Alto! ¡detente! ¡No te levantes más alto que los dedos de los pies del Santo Papa! … Besa estos pies santos, y deja de volar más alto! ¡Recuerda que el Papa es la única fuente de ciencia, conocimiento y verdad! El conocimiento del Papa es el último límite del aprendizaje y de la luz que la humanidad puede alcanzar. No se te permite saber y creer lo que Su Santidad no sabe ni cree. ¡Detente! ¡detente! No subas ni una pulgada más alto que el horizonte intelectual del Pontífice Supremo de Roma, en quien solo está la plenitud de la verdadera ciencia que salvará el mundo.”

Algunos quizás me responderán aquí: “¿No ha producido Roma hombres grandes en cada departamento de las ciencias?” – Yo respondo, Sí; como dije antes. Roma puede mostrarnos una larga lista de nombres que brillan entre las luces más brillantes del firmamento de la ciencia y filosofía. Nos puede mostrar sus Copérnicos, sus Galileos, sus Pascales, sus Bossuets, sus Lamenais, etc. Pero fue a su propio riesgo y peligro que estos gigantes se han levantado a las regiones más altas de la ciencia y filosofía. Es a pesar de Roma que estas águilas han alzado vuelo por encima del horizonte oscuro donde el papa ofrece los dedos de sus pies para ser besados y adorados como el non plus ultra de la inteligencia humana; e invariablemente han sido castigados por su audacia.
El 22 de junio de 1663, Galileo fue obligado a postrarse de rodillas para escapar de la muerte cruel a la cual iba a ser sentenciado por la orden del papa; y firmó con su propia mano la siguiente retractación: “Yo abjuro, maldigo, y detesto el error y la herejía del movimiento de la tierra”, etc. etc.
Este hombre erudito tuvo que degradarse a jurar una mentira inaudita, esto es, que la tierra no se mueve alrededor del sol. De esta manera, las alas de este águila gigante de Roma fueron cortadas con las tijeras del papa. Esta inteligencia poderosa fue quebrantada, atada, y hasta donde fue posible para la iglesia de Roma, degradada, silenciada, y matada. Pero Dios no iba a permitir que un intelecto tan gigante iba a ser completamente estrangulado por las manos de este enemigo implacable de la luz y de la verdad, el papa. Suficiente fuerza y vida permanecieron en Galileo para decir, al levantarse: “¡Esto no impedirá a la tierra seguir moviéndose!”
El decreto infalible del papa infalible, Urbano VIII, contra el movimiento de la tierra, es firmado por los cardenales Felia, Guido, Desiderio, Antonio, Bellingero, y Fabriccioi. Dice así:
“En el nombre y por la autoridad de Jesucristo, la plenitud del cual reside en Su Vicario, el Papa, que la proposición de que la tierra no es el centro del mundo, y que se mueve con un movimiento diario, es absurda, filosóficamente falsa, y errónea en fe.”
¡Qué cosa gloriosa para el papa de Roma ser infalible! ¡El sabe infaliblemente que la tierra no se mueve alrededor del sol! Y qué bendición para los católicos romanos ser gobernados y enseñados por un tal ser infalible. (…)

Si los Newtons, los Franklins, los Fultons, los Morses hubieran sido romanistas, sus nombres se hubieran perdido en la oscuridad que es la herencia natural de los esclavos de los papas. Habiendo escuchado desde su niñez que nadie tenía derecho de hacer uso de su “juicio privado”, inteligencia y conciencia en la investigación de la verdad, ellos hubieran permanecido en silencio a los pies del terrible dios moderno de Roma, el papa. ¡Pero ellos eran protestantes! Este es el secreto de los descubrimientos maravillosos, con los cuales ellos habían leído un libro que les dijo que ellos eran creados en la imagen de Dios, y que este Dios grande había enviado a Su hijo eterno Jesucristo para hacerlos libres de las ataduras de los hombres. Ellos habían leído en este libro protestante (porque la Biblia es el libro más protestante en el mundo) que el hombre no solamente tiene una conciencia, sino también una inteligencia para guiarle; ellos habían aprendido que la inteligencia y la conciencia no tienen ningún dueño aparte de Dios, ningún otro guía aparte de Dios, ninguna otra luz aparte de Dios. En las paredes de sus escuelas protestantes, el Hijo de Dios había escrito las palabras maravillosas: “Vengan a mí; Yo soy la Luz, el Camino, y la Vida.”
Pero mientras las naciones protestantes marchan con pasos tan gigantes a la conquista del mundo, ¿por qué las naciones católicas romanas no solamente se estancan, sino que dan evidencia de una decadencia que aumenta cada día? Visite sus escuelas y preste un momento de atención a los principios que se siembran en las inteligencias jóvenes de sus esclavos desafortunados, y usted tendrá la clave de este misterio triste.

¿Cuál es no solamente la primera lección, sino la lección diaria que se enseña al alumno católico romano? ¿No es esta: que uno de los crímenes más grandes que un hombre puede cometer es el seguir su “juicio privado”? – lo que significa que tiene ojos pero no puede ver; oídos, pero no puede oír; e inteligencia, pero no puede utilizarla en la investigación de la verdad y de la luz y del conocimiento, sin el peligro de ser eternamente condenado. Sus superiores, o sea el sacerdote y el papa, tienen que ver por él, oír por él, y pensar por él. Sí, al católico romano se le dice constantemente en su escuela que el crimen más imperdonable y condenable es el hacer uso de su propia inteligencia y el seguir su propio juicio privado en la investigación de la verdad. Constantemente se le hace recordar que el juicio propio de un hombre es su enemigo más grande. Entonces, todos sus esfuerzos de la inteligencia y conciencia tienen que unirse para combatir, silenciar y matar su “juicio privado”. Es por el juicio de sus superiores, el sacerdote, el obispo y el papa, que uno tiene que ser guiado.
Ahora, ¿qué es un hombre que no puede hacer uso de su “juicio personal privado”? ¿No es un esclavo, un idiota, un burro? ¿Y qué es una nación compuesta de hombres que no hacen uso de su juicio personal privado en la investigación de la verdad y de la felicidad, sino una nación de brutos, esclavos e idiotas despreciables?

Pero puesto que esto parecerá una exageración de mi parte, permítanme obligar a la iglesia de Roma a venir a hablar por ella misma. Por favor esté atento a lo que ella dice acerca de las facultades intelectuales del hombre. Estas son las mismas palabras de Ignacio de Loyola, el fundador de la Sociedad Jesuita:

“En cuanto a la obediencia santa, esta virtud tiene que ser perfecta en cada punto de su ejecución, en la voluntad, en el intelecto; lo cual debe hacerse con toda celeridad, gozo espiritual y perseverancia; persuadiéndonos que todo es justo, suprimiendo todo pensamiento repugnante y juicio propio en una obediencia cierta; y que cada uno se persuada a sí mismo, que el que vive bajo obediencia debe ser movido y dirigido, bajo la Providencia Divina, por su superior, tal como si fuera un cadáver que permite ser movido y guiado en cualquier dirección.

Alguien me preguntará, ¿cuál puede ser el objetivo de los papas y sacerdotes de Roma al degradar a los católicos romanos de una manera tan extraña que los convierten en cadáveres morales? ¿Por qué no dejarlos vivir? – La respuesta es muy sencilla. El único y gran objetivo de los pensamientos y las obras del papa y de los sacerdotes es levantarse a sí mismos por encima del resto del mundo. Ellos quieren estar ¡alto!, alto por encima de las cabezas no solamente de la gente común, sino de los reyes y emperadores del mundo. Ellos quieren ser no solamente tan altos, sino más altos que Dios. Es hablando del papa cuando el Espíritu Santo dice: “…el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios …, haciéndose pasar por Dios.” (2 Tes. 2:4)
– Para alcanzar su objetivo, los sacerdotes persuadieron a sus millones y millones de esclavos que no son nada más que cadáveres; que no deben tener voluntad, ni conciencia, ni inteligencia propia, “como un cadáver que permite ser movido y guiado en cualquier dirección, sin resistencia”. Una vez que esto se ha logrado, ellos construyen una pirámide de todos estos cadáveres inmóviles que es tan alta hasta los cielos, y poniéndose a sí mismos encima de esta pirámide maravillosa, los sacerdotes dicen al resto del mundo: “¿Quién de ustedes es tan alto como nosotros? ¿Quién ha sido levantado por Dios como sacerdote y papa? ¿Dónde están los reyes y emperadores cuyos tronos sean tan elevados como los nuestros? ¿No somos la verdadera cumbre de la humanidad?” ¡Sí! ¡sí! … ¡¡¡pero es un trono de cadáveres!!!

… Pero para que Ud. entienda mejor las tendencias degradantes de los principios que son la piedra fundamental de la educación moral e intelectual de Roma, déjeme exponer ante sus ojos otro extracto de la enseñanza jesuita, tomado de los “Ejercicios espirituales” por Ignacio de Loyola:

“Debemos siempre tener para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina.”

(…) Pero algunos pensarán que estos principios degradantes se enseñan solamente por los jesuitas; que no son las enseñanzas de la iglesia, y que yo estoy cometiendo una injusticia al presentar como una iniquidad general lo que es solamente la culpa de los jesuitas. Escuche las palabras de aquel papa infalible Gregorio XVI, en su célebre encíclica del 15 de agosto de 1832:

“Si la Santa Iglesia lo requiere, sacrifiquemos nuestras propias opiniones, nuestro conocimiento, nuestra inteligencia, los sueños espléndidos de nuestra imaginación, y los logros más sublimes del entendimiento humano.”

(…) Ahora, protestantes, ¿empiezan a ver la diferencia entre el objetivo de la educación entre una escuela protestante y una escuela católica? ¿Empiezan a entender que la distancia entre la palabra “educación” entre ustedes, y el significado de esta misma palabra en la iglesia de Roma, es tan grande como la distancia entre el polo norte y el polo sur? Para ustedes, “educación” significa levantar al hombre a la esfera más elevada de la hombría. Para Roma significa rebajarlo por debajo de los más brutos. Para ustedes, educar significa enseñar al hombre que él es un agente libre, que la libertad dentro de los límites de las leyes de Dios y de su nación es una dádiva asegurada para todos; ustedes quieren grabar en cada persona el pensamiento noble que es mejor morir como hombre libre que vivir como esclavo. Roma quiere enseñar que hay un solo hombre libre, el papa, y que todos los demás nacieron para ser sus esclavos entregados en pensamiento, voluntad y acción.

Ahora, para que Ud. entienda más todavía el abismo de degradación y corrupción moral al cual estos principios anti-cristianos y anti-sociales de Roma llevan a sus pobres esclavos ciegos, lea lo que dice Liguori (Teólogo moral católico reconocido del siglo XVIII) en su libro “La monja santificada”:

“El medio principal y más eficaz de practicar la obediencia debida a los superiores, y de hacerla meritoria ante Dios, consiste en considerar que al obedecer a ellos obedecemos a Dios mismo, y que al despreciar sus órdenes despreciamos la autoridad de nuestro Maestro Divino. Cuando, entonces, una religiosa recibe un precepto de su prelado, superior o confesor, debe ejecutarlo inmediatamente, no solamente para complacer a ellos, pero principalmente para complacer a Dios, cuya voluntad le es dada a conocer por medio de su orden. Al obedecer su orden, ella obedece más ciertamente la voluntad de Dios que si un ángel viniera del cielo para manifestarle Su voluntad. Tenga esto siempre en mente, que la obediencia que usted practica hacia su superior, es rendida a Dios mismo. Si entonces usted recibe una orden de alguien que ocupa el lugar de Dios, usted debe observarla con la misma diligencia como si viniera de Dios mismo. El bendito Egidio solía decir que es más meritorio obedecer a un hombre por el amor de Dios, que obedecer a Dios mismo. Se puede añadir que hay más certeza de hacer la voluntad de Dios al obedecer a nuestro superior, que al obedecer a Jesucristo en el caso que El apareciera en persona y diera sus órdenes. San Felipe de Neri solía decir que las religiosas pueden estar muy seguras de que no tendrán que rendir cuentas por las acciones hechas por obediencia; de estos actos solo los superiores que los ordenaron serán tenidos responsables. El Señor dijo una vez a Catalina de Siena: “Las religiosas no serán obligadas a rendirme cuentas por lo que hicieron por obediencia; de esto yo demandaré cuentas de parte del superior.” Esta doctrina se conforma a la Sagrada Escritura: ‘He aquí, dice el Señor, como es el barro en la mano del alfarero, así eres tú en mis manos, ¡O Israel!’ (Jeremías 18:6). Un hombre religioso tiene que estar en las manos de sus superiores para ser moldeado como ellos quieren. ¿Debe el barro decir a El que lo forma: Qué estás haciendo? El alfarero debe responder: ‘Cállate, no es tu negocio inquirir lo que yo hago, sino obedecer y recibir cualquier forma que me agrada darte.’ “

Yo les pregunto, protestantes americanos, ¿qué será de vuestro país hermoso si ustedes son lo suficientemente ciegos para permitir que la iglesia de Roma enseñe a los niños? ¿Qué clase de hombres y mujeres pueden salir de tales escuelas? ¿Qué futuro de vergüenza, degradación, y esclavitud preparan ustedes para su país si Roma tiene éxito en obligarles a apoyar tales escuelas? ¿Qué clase de mujeres saldrán de la escuela de monjas que les enseñan que la máxima perfección en una mujer es cuando obedece a su superior, el sacerdote, en todo lo que le ordena? ¿y que su hija nunca tendrá que rendir cuentas ante Dios por los actos que cometerá para complacer y obedecer a su superior, el sacerdote, el obispo, o el papa? ¿Que los asuntos de su conciencia se arreglarán entre Dios y este superior, y que a ella nunca se le preguntará por qué hizo esto o aquello, cuando será hecho para gratificar al superior y obedecer su mandamiento? Y otra vez, ¿qué clase de hombres y ciudadanos saldrán de las escuelas de estos jesuitas que creen y enseñan que un hombre ha alcanzado la perfección de la hombría solamente cuando es un cadáver espiritual perfecto ante su superior, cuando obedece al sacerdote con la perfección de un cadáver que no tiene vida ni voluntad dentro de sí?


Comentario:

Observo que esta misma enseñanza falsa de la “sumisión” está actualmente difundida en muchas iglesias evangélicas también; particularmente en América Latina. Muchos pastores evangélicos usan exactamente los mismos argumentos como el católico Liguori en la cita arriba, diciendo que “al pastor hay que obedecer, aun cuando esté equivocado.” Pero esta enseñanza contradice a la Palabra de Dios que dice: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29) – esto lo dijo Pedro exactamente a sus superiores religiosos a los cuales estaba desobedeciendo. Aquellas iglesias evangélicas que mantienen esa enseñanza de la “sumisión bajo los pastores”, tienen en realidad una mentalidad católica romana y se han alejado de los principios de la Reforma y de la palabra de Dios. Por tanto, tampoco podrán educar a sus niños en la libertad del evangelio.

Y por supuesto, esta misma mentalidad esclavizante está todavía muy vigente en las escuelas estatales, aunque ya no se encuentran bajo la autoridad directa de la iglesia católica. Esta es, por ejemplo, una de las raíces profundas de por qué el Perú está tan atrasado en “comprensión de lectura”: El peruano promedio, desde su niñez, está siendo condicionado por esta mentalidad romana, a creer que no se puede ni se debe entender lo que uno lee; que hay que esperar a que la autoridad (eclesiástica o escolar) le dé a uno la interpretación “oficial” de lo que está escrito; y que entonces hay que creer esta interpretación oficial, por más que contradiga el sentido natural y obvio de las palabras. Esta misma mentalidad es la que sigue penetrando el sistema escolar desde la época colonial hasta hoy; y de ahí la gran dificultad que tiene mucha gente para poder entender por sí mismos lo que leen.

Por último, será importante entender que los países que eran “protestantes” (reformados) en los tiempos de Chiniquy, en la actualidad ya no lo son. Por eso, las escuelas estadounidenses hoy en día ya no son ningún ejemplo a seguir. Están ahora dominadas por el mismo espíritu esclavizante, aunque no en el nombre del catolicismo, pero en el nombre del gobierno secular, del “ateísmo científico”, y de la industria y economía. Cómo sucedió esta transformación espantosa de las escuelas americanas durante el siglo pasado, lo describe con mucho detalle John Taylor Gatto en su obra monumental “Historia secreta de la educación americana“.

Deja un comentario »

Se busca: Espíritu pionero

Buscar y aplicar alternativas educativas es un gran desafío. Es mucho más fácil hacer lo que hacen todos los demás.

Cuando una expedición camina por la jungla, por donde no hay camino, alguien tiene que caminar adelante con un machete y abrir paso para que los demás puedan seguir. Eso es un trabajo duro. A veces también tiene que espantar víboras y otros animales peligrosos. Los que siguen detrás lo tendrán más fácil.

Ser el primero que se aventura a una alternativa educativa, es como abrir un camino por la jungla. Sería más fácil seguir a alguien que ya hizo este trabajo. Pero si queremos que haya un camino nuevo, alguien tiene que ser el primero.

Con mi familia, durante muchos años nos hemos visto en el papel del pionero con el machete. No conocíamos a ninguna otra familia en el Perú que hubiera educado a sus hijos en casa. Recibimos bastantes críticas y ataques por causa del camino que habíamos elegido. Aun cuando nuestros hijos ya eran más grandes y todo el mundo podía ver sus progresos, no encontramos a nadie quien hubiera tenido comprensión por lo que es la educación en casa. Cuando hablábamos de ello, la gente nos miraba como si hubiéramos caído de la luna.

Tuvimos unos pocos contactos por e-mail con familias educadoras que vivían a miles de kilómetros de distancia; sobre todo con la Fundación Moore que nos animó y nos asesoró en cuanto a métodos educativos. Cuando nos enterábamos de alguna asociación de familias educadoras en México, en Chile, en Argentina, … siempre preguntábamos si tenían algún contacto en el Perú, y siempre la respuesta era que no. Así que tuvimos que encontrar nuestro camino a solas, sólo con un poco de apoyo a distancia.

Una de las pruebas de fe más fuertes fue en cuanto al permitir a los niños desarrollarse de manera natural. Habíamos leído de las muchas investigaciones que demostraban que no hay que apurar a los niños intelectualmente, que su cerebro necesita tiempo para madurar, que es mejor esperar con la lectura, la escritura y la matemática hasta que los niños están listos por sí mismos. (Vea “Mejor tarde que temprano” y “Esas neuronas mal conectadas“.) Así pasaron los años de primaria de nuestros hijos, felices para ellos porque tenían la libertad de jugar, de hacer muchas experiencias prácticas, de hacer sus propios experimentos, etc … a diferencia de los niños escolares. Pero siempre había momentos cuando nos acechaban las dudas: ¿No están “atrasados” académicamente en comparación con los otros niños de su edad? ¿No será eso una desventaja para ellos?

Entonces, ellos empezaron a entrar a su adolescencia, y se cumplió lo que Raymond Moore y otros investigadores afirmaban: En esa edad, donde muchos niños escolares ya están agotados y no tienen fuerzas ni ánimo para estudiar más, el aprendizaje de nuestros hijos literalmente se disparó, y comenzaron a cubrir en cada año el equivalente de dos años escolares. Ahora, ellos y nosotros estamos muy agradecidos por haberlos educado de esta manera. Pero tuvimos que pasar la prueba, a pesar de todas las voces en contra.

* * *

Creo que los tres ingredientes más importantes para proveer a nuestros hijos una alternativa educativa, son: La información correcta; amor por nuestros hijos; y un espíritu pionero.

La información es fácil de conseguir en nuestros tiempos de internet; solamente hay que saber evaluar si es confiable, y (para cristianos) si es de acuerdo a la palabra de Dios.

El amor a los hijos es algo natural, y doblemente así para cristianos que experimentaron el amor de Dios en sus vidas. Solamente que no caigamos en la trampa del amor propio disfrazado como amor a los hijos. Padres que dicen: “Yo quiero que mi hijo llegue a ser un gran profesional”, probablemente hablan desde ese amor propio: “Quiero ser orgulloso de los logros de mi hijo”. O sea, piensan en lo que les parece bueno para ellos mismos, y no tanto en lo que es bueno para los niños.

Pero tengo la impresión de que muchas familias que están bien en los primeros dos puntos, fallan en el tercero: el espíritu pionero. O con una palabra más “cristiana”: la fe. Se han informado acerca de alternativas educativas; quieren lo mejor para sus hijos; pero después no se atreven a hacerlo. En los últimos años (quizás debido al ejemplo de nuestros hijos) ya no escucho a casi nadie decir que “la educación en casa es mala para los niños”. Con mucho más frecuencia escucho a padres decir: “Sí, sería interesante … pero no se puede.”

Hace unos años nos juntábamos con siete familias en el marco de un curso sobre alternativas educativas. Compartimos informaciones acerca del desarrollo del niño, las características y necesidades del niño, los problemas del sistema escolar, pedagogías alternativas – incluso visitamos una escuela alternativa con algunos de ellos -, educación en casa. Varios padres expresaban cómo sus hijos estaban sufriendo en sus escuelas y no aprendían mucho, y cuánto deseaban para ellos algo mejor. Considerábamos la fundación de una escuela alternativa, o de un servicio de asesoramiento para familias educadoras. Terminó el curso – y seis de las siete familias volvieron a mandar a sus hijos a las escuelas estatales. Una de las madres comentó: “Lo que ustedes hacen es todo tan lindo … pero salimos de vuestra casa y afuera es otra realidad.”
Esto es lo contrario de un espíritu pionero – es un espíritu de derrota y de incredulidad. Un espíritu pionero dice: “Somos llamados a forjar la realidad. Los desafíos son para emprenderlos; los problemas son para solucionarlos.” – Un espíritu de incredulidad dice: “Así es la realidad, no la podemos cambiar.” Y así he visto a diversas familias que nos admiraban con sus palabras, reconocieron la necesidad de sus hijos, pero nunca se atrevieron a intentarlo ellos mismos. ¿Dónde están las familias con espíritu pionero?

* * *

Como cristiano me quedo avergonzado al ver cuántas familias no cristianas demostraron espíritu pionero. En el Perú ya existe un número considerable de escuelas alternativas que desafían toda pedagogía tradicional y estatal. Todas – hasta donde sé – fundadas por personas no cristianas; y varias por padres que deseaban en primer lugar proveer una mejor alternativa para sus propios hijos. Los cristianos, en cambio, hacen solamente copias de las escuelas estatales …

En una oportunidad, Jesús dijo a un paralítico: “Levántate y camina.” – Ponte en la situación del paralítico. ¿Cuál hubiera sido su reacción más natural? – “Pero Jesús, ¿no ves que soy paralítico? No puedo levantarme y caminar. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Esta es efectivamente la reacción de la mayoría de los evangélicos actuales frente a algunos mandamientos importantes del Señor. Cuando el Señor les dice que deben dar a sus hijos una educación conforme a la palabra de Dios, ellos responden: “Pero Señor, esto es imposible. ¿No ves que todo el mundo manda a sus hijos a las escuelas que siguen los métodos estatales? No tengo suficiente dinero. No he estudiado educación. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Pero la palabra de Dios dice: “Sus mandamientos no son pesados.” (1 Juan 5:3). Dios no nos da mandamientos imposibles. Aunque desde la perspectiva humana pueden parecer imposibles – tan imposibles como mandar a un paralítico que camine. Pero cuando es DIOS quien lo manda, ¡nada es imposible! De hecho, el paralítico se levantó y caminó.

Entonces, un cristiano verdadero tendría posibilidades mucho mayores para desarrollar un espíritu pionero. Un cristiano verdadero es un seguidor del Dios “quien hace vivos a los muertos, y llama a lo que no es, para que sea.” (Romanos 4:17). Un cristiano verdadero no está sujeto a los “rudimentos de este mundo”. Un cristiano verdadero vive por fe, no según lo que sus ojos ven (2 Corintios 4:18, 5:7). Entonces, ¡cuánto mayores serían las posibilidades de un cristiano verdadero, para crear una alternativa educativa que todavía no existe! ¿Dónde están los cristianos con espíritu pionero?

* * *

Aun dentro del movimiento de la educación en casa, hay caminos “pioneros” y caminos “fáciles”. El camino más fácil – elegido por un buen número de familias – consiste en simplemente seguir el programa de una escuela a distancia. Así no hay preocupación por los materiales, y también la certificación oficial de los estudios viene automáticamente. Puedo caminar tranquilamente por un camino que otros han abierto hace tiempo.
El problema con este camino es: El que camina delante de mí con el machete, ¡no es alguien que educó a sus hijos en casa! ¡Tampoco es alguien que hubiera investigado acerca de los métodos más adecuados a las necesidades de los niños! Una escuela a distancia con todos sus materiales ya preparados, representa el sistema escolar tradicional. ¿De verdad vale la pena salirse del sistema escolar, enfrentándose con tantas críticas, dificultades y desafíos, solamente para después volver a traer este mismo sistema a nuestra propia casa? – Quizás algunos dirán que sí, pero yo por mi parte quiero algo mejor para mis hijos. El que sigue un programa fijo a distancia, en el fondo dice lo mismo como tantos padres que mandan a sus hijos a la escuela: “Yo soy incapaz de educar a mis hijos. Solamente la escuela con sus profesores profesionales puede hacerlo.” ¡Y eso es una gran mentira!

Sé que para muchas familias, una escuela a distancia puede facilitar el inicio de una educación en casa. Entiendo que al inicio uno puede quedarse intimidado ante la idea de “tener que hacerlo todo solo”, y un programa a distancia provee un alivio. Pero después de uno o dos años de experiencia, ¿por qué no empezar a mejorar? ¿Por qué no empezar a volar con nuestras propias alas, y animar a nuestros hijos a hacer lo mismo? Actualmente, en internet ya se puede encontrar bastante información acerca de métodos más creativos, más prácticos, más adaptados al ambiente de la vida familiar; métodos que no “exasperan” ni “desaniman” a los niños (Col.3:21) como lo hacen los métodos escolares.

Entiendo que no todos los padres tienen el tiempo o la creatividad necesaria para elaborar materiales para sus hijos. Pero por lo menos podemos informarnos acerca de una variedad de materiales disponibles, y elegir sabiamente. Por ejemplo, en vez de libros escolares con su secuencia rígida, podemos usar libros que tratan específicamente de los temas que interesan a nuestros hijos. O si usamos un libro escolar, podemos añadir métodos prácticos y creativos, y en cambio dejar de lado las partes innecesarias del libro. Todo eso ya es mucho mejor que seguir como esclavos a un único programa rígido.
(He escuchado también de familias que pudieron acordar con una escuela a distancia una mayor libertad y flexibilidad, por ejemplo sustituyendo ciertos materiales y métodos por otros, o adaptando el cronograma a las necesidades de los niños. Cuando una escuela a distancia toma en cuenta las necesidades de las familias de esta manera, y las familias hacen un uso sabio de esta libertad, eso también podría ser un sistema bueno.)

Es también una gran ayuda intercambiar ideas y materiales entre varias familias educadoras. Nosotros hubiéramos deseado eso mientras nuestros hijos eran más pequeños; desafortunadamente en aquel tiempo estábamos solos. Pero ahora que ya hay un buen número de familias, ¡hagan uso de estas posibilidades! Tener espíritu pionero no equivale a aislarse. Si son varios que se turnan con el machete, se cansan menos. Estar completamente solo es difícil. Pero por el otro lado, yo preferiría abrir un nuevo camino junto con algunos otros pioneros que tienen las mismas metas como yo, que seguir un camino ya preparado, pero por alguien que no comparte mis metas.

¿Te atreves a tener espíritu pionero?

2 comentarios »

La educación no es un factor económico

Hace algún tiempo ya, el gobierno peruano designó al “ministro de educación” actual – un economista. Eso es quizás la expresión más reveladora de la mentalidad actual que considera la educación como un “factor económico” – un medio para impulsar el desarrollo económico de un país.

Si consultamos a los educadores de renombre, desde los antiguos hasta un pasado bastante reciente, aunque muchos de ellos propusieron teorías con las que no estoy de acuerdo, por lo menos en un punto concuerdan todos: El propósito de la educación es, de una forma u otra, el desarrollo de la persona humana. Y esto implica que la educación es un asunto de las relaciones personales y del “corazón”. Sólo en las últimas dos o tres décadas se comenzó a divulgar esa noción materialista de que el propósito de la educación sea el desarrollo económico.

Como ya señalé en otra oportunidad, esa noción prepara el camino para una nueva forma de explotación y abuso infantil. Como escribí allí:

¿Dónde está entonces la diferencia con los niños de los tiempos de la Revolución Industrial, que fueron obligados a trabajar doce horas diarias en las fábricas, en nombre del “progreso”? Los niños de hoy son obligados a pasar doce horas diarias estudiando, supuestamente porque tienen un “derecho a la educación” – pero si examinamos el asunto de cerca, vemos que el único objetivo sigue siendo el trabajo. En realidad es la misma explotación de los niños que ha regresado bajo un disfraz distinto. ¿Qué diferencia hace para un niño si lo obligamos a trabajar todo el día en una fábrica ahora, o si lo obligamos a estudiar todo el día para que trabaje en la fábrica cuando sea adulto? Así o así, se pasan por alto las necesidades características del niño: La necesidad de jugar; la necesidad de vivir en el ambiente conocido, protegido y cariñoso de una familia sana; la necesidad de no tener que “rendir” como un adulto. Así o así, no se permite al niño ser niño. Esto no es educación; es explotación.

Quizás alguien me contestará que “las estadísticas demuestran que los países con un mayor nivel educativo tienen efectivamente un mayor desarrollo económico”. Puede ser, pero eso todavía no demuestra el punto. Al interpretar estadísticas, siempre hay que estar conscientes de que una correlación no fundamenta una causalidad. O sea, si observamos una correlación entre el nivel educativo y el desarrollo económico, todavía no está demostrado que la educación sea la causa de este desarrollo. Puede ser también al revés: que el desarrollo económico es la causa, y la educación es el efecto. Una sociedad altamente desarrollada dispone de más recursos y de más tiempo libre para poder proveer una mejor educación a sus niños. Pero si una sociedad menos desarrollada intenta hacer lo mismo, su sistema escolar puede incluso convertirse en un “factor económico negativo”: un gigantesco aparato burocrático que consume los recursos del estado sin producir resultados tangibles. Hay indicios de que exactamente eso está pasando actualmente en el Perú y en otros países.

– Volviendo a la estadística, existe aun otra posibilidad: que ambos factores en correlación son efectos de un tercer factor que no aparece en la estadística. Si estudiamos la historia, podemos suponer que éste es el caso en la mayoría de los países que ahora son “desarrollados”; y que ese tercer factor es la ética del trabajo.
En muchos de los países que lograron un alto nivel de desarrollo y una alta calidad de vida, encontramos que históricamente eran los países más influenciados por la Reforma: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Suiza, Holanda, los países de Escandinavia (Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) – todos estos países fueron profundamente moldeados por los principios y valores bíblicos, en consecuencia de la Reforma. Estos países desarrollaron una cultura de honestidad, de responsabilidad, y de trabajo con calidad, porque cada trabajador estaba consciente de que Dios mismo le iba a pedir cuentas por la manera cómo hacía su trabajo. Todavía hasta bien entrado al siglo 20, la corrupción en aquellos países era prácticamente nula. (Actualmente esto está cambiando porque los países mencionados han desechado su herencia reformada y se han vuelto mayormente ateos.) Aun historiadores no cristianos han señalado que “la ética protestante del trabajo” fue un factor decisivo en el desarrollo de los países mencionados.
– En otro grupo de países está sucediendo lo mismo, no desde la Reforma, pero por un fuerte aumento de un cristianismo bíblico en tiempos más recientes. Aquí podemos mencionar más notablemente a China (a pesar de las persecuciones que existen allí) y Corea del Sur. – Una excepción notable que confirma la regla es Japón, que logró desarrollar su propia ética del trabajo sin ninguna relación con la fe cristiana; pero sin una tal ética, Japón tampoco hubiera logrado el nivel de desarrollo que tiene.

Por lo expuesto, veo con mucha preocupación como la “educación” actual pretende convertir a los niños en meras máquinas de producción. No se educa su corazón, y en consecuencia tampoco pueden desarrollar una ética. Sí, se habla de “valores” en las escuelas, pero eso no es nada más que retórica. ¿Qué le sirve a un niño repetir como un loro “La honestidad es un valor”, mientras no hay honestidad en su propia vida? ¿y mientras experimenta diariamente que su profesora tampoco es honesta, y que su escuela castiga a los honestos y premia a los deshonestos?
Los verdaderos cambios empiezan en el corazón; y el corazón empieza a cambiar cuando el hombre reconoce su responsabilidad ante Dios. Esto no es un factor económico, y por eso el sistema escolar no está interesado en ello. Pero es lo único que ayudaría a restaurar la sociedad; y con eso a largo plazo también la economía.

1 Comentario »