Educación Cristiana Alternativa

Educación es algo muy diferente de lo que usted piensa …

¿”Escuela en casa” o educación en familia? – Dos aspectos adicionales

Lo siguiente son dos puntos complementarios al artículo anterior:

1. Usted mismo/a debe elaborar una perspectiva cristiana.

Familias cristianas desearán que sus hijos reciban una formación cristiana, donde todos los contenidos se presentan bajo una perspectiva cristiana. Y quizás se sienten incapaces de transmitir ellos mismos una tal perspectiva cristiana a sus hijos; entonces buscan una escuela cristiana a distancia que lo hace en lugar de ellos.

Pero eso es otra vez el mismo prejuicio escolar, de que “solamente los profesores profesionales son capaces de educar bien.” Usted mismo/a puede estudiar la Biblia y aplicarla a los contenidos que sus hijos estudian. Usted mismo/a puede recibir sabiduría y entendimiento por el Espíritu Santo (Santiago1:5-6, 1 Juan 2:27). Usted mismo/a puede “examinar todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Si usted y sus hijos siguen ciegamente a las enseñanzas que otra persona ha elaborado, ¿no están en peligro de convertirse nuevamente en “ciegos guiados por ciegos”?

El material escolar, por más que sea elaborado con un trasfondo cristiano, no es la palabra de Dios. Lo único que debemos recibir al pie de la letra y aceptar sin cuestionar, es la palabra de Dios. Todas las otras enseñanzas (inclusive enseñanzas cristianas) deben examinarse a base de la palabra de Dios, para que retengamos solamente lo que es bueno. Un material escolar que exige memorizar o repetir al pie de la letra sus contenidos sin analizar ni expresar opiniones propias, pasa por alto este proceso importante de la “re-interpretación” bíblica. ¿Qué pasará más adelante si un joven educado con tales materiales cae bajo la influencia de un líder ideológico, o de un predicador de una secta? Ya que no aprendió a ejercer su discernimiento, ¿no aceptará ciegamente sus enseñanzas falsas, de la misma manera como aprendió a aceptar ciegamente las enseñanzas del libro escolar?
Un buen programa de educación cristiana intelectual incentiva a los estudiantes a razonar por sí mismos, a usar su juicio propio, y a elaborar ellos mismos su punto de vista a base de la palabra de Dios. Si usted desea brindar un tal programa a sus hijos, primero usted mismo tendrá que hacer este trabajo de re-interpretación bíblica en cuanto a los contenidos que estudian juntos. Y a medida que usted y sus hijos maduran juntos, podrá enseñarles a que ellos hagan lo mismo.

Si Ud. no tiene ninguna idea de cómo aplicar principios bíblicos a los temas que estudia, aquí y en los artículos siguientes hay unas ideas de cómo empezar. Un buen material es también la “Enciclopedia de verdades bíblicas para materias escolares” por Ruth C.Haycock (Asociación Internacional de Colegios Cristianos, http://www.acsilat.org). No es un “material de enseñanza” ya preparado; es una colección de citas y principios bíblicos, ordenados según las asignaturas escolares usuales, para que usted los pueda aplicar en los estudios que usted mismo prepara.

John Hay, un profesor de la Facultad de Educación de una universidad cristiana y fundador de escuelas cristianas, una vez fue preguntado por qué no publicaba los materiales educativos de sus escuelas en forma de libros que otras escuelas podrían usar. Su respuesta fue:

“El valor de los materiales que usamos en nuestra escuela, consiste en que nosotros mismos los hemos elaborado. Si los profesores de otra escuela simplemente copiaran estos materiales para su propio uso, se perderían todo el proceso de reflexionar sobre estos asuntos, de pensar y re-pensar y re-interpretar bíblicamente todas las materias de enseñanza, y de llegar a conclusiones y materiales adecuados para su propia escuela en su propia situación. Es necesario que los profesores de cada escuela pasen por este proceso ellos mismos.”

Lo mismo se aplica a los padres educadores. Si queremos educar a los niños según principios bíblicos, nosotros mismos tenemos que conocer y aplicar los principios bíblicos primero. Eso no sucede cuando simplemente agarramos un material que otra persona ha preparado. Eso sucede solamente cuando nosotros mismos estudiamos la Biblia y la aplicamos a nuestra vida y a los contenidos de nuestros estudios.


2. El problema de la pantalla

Hoy en día, las escuelas a distancia se apoyan fuertemente en las posibilidades de la internet. Entonces, para ser atractivas, llenan sus programas con mucho contenido multimedia y con evaluaciones computarizadas, lo cual requiere la presencia del alumno ante la computadora por mucho tiempo.

Ahora, el potencial de la educación por internet es realmente enorme. Las familias educadoras se benefician mucho por la accesibilidad de materiales educativos por internet. Y por el otro lado, una educación en casa, si promueve la capacidad de hacer decisiones y el aprendizaje autogestionado, puede ser una preparación ideal para la educación superior del futuro, que dependerá mucho de materiales ofrecidos por internet. He escrito en otra oportunidad acerca de este tema.

Pero hay un detalle importante aquí. La educación por internet es una herramienta excelente para adultos y para adolescentes maduros y responsables; pero no para niños. La exposición prolongada a la pantalla hace daño a los niños de diversas maneras. Por eso, durante la edad de primaria deberían ser los padres quienes buscan ideas y materiales en internet, de preferencia ideas para proyectos prácticos, creativos y “movidos”. Entonces, ellos pueden llevar a cabo esas ideas con sus hijos, haciendo experiencias prácticas como corresponde a las necesidades de los niños. – Por eso, mi curso por internet de Matemática Activa para familias educadoras se dirige a los padres y les da ideas de actividades que pueden practicar con sus hijos.
Durante los últimos años de la primaria podemos poco a poco enseñar a los niños cómo buscar información por internet y cómo escoger aquella información que es buena y apropiada (ejercer discernimiento), y así guiarlos poco a poco hacia un aprendizaje responsable y autogestionado usando recursos de internet. Pero no recomiendo aquellos programas computarizados que exigen “seguir el hilo” al pie de la letra, y que no permiten al niño explorar un tema libremente, ni escoger entre diversos contenidos y diversas maneras de aprender. Tales programas son aun peores que el sistema escolar tradicional, en cuanto inducen a los niños a asimilar pasivamente cualquier enseñanza sin ejercer su juicio propio.

Pasar varias horas diarias ante la pantalla puede causar problemas serios de salud y de desarrollo mental en los niños. La Alianza por la Niñez dice: (en “La ilusión educativa”, capítulo 2: “Los peligros de las computadoras en la niñez”)

“Hacer hincapié en el uso de las computadoras en la infancia puede exponer a los niños a un mayor riesgo de sufrir lesiones repetitivas por estrés, tensión visual, obesidad, y otras consecuencias dañinas de un estilo de vida sedentario. Algunos expertos en desarrollo advierten también que, el aumento del tiempo que los niños pasan frente a una computadora, (…) puede contribuir a los retrasos en el desarrollo de la habilidad para coordinar impresiones sensoriales y de movimiento y darse cuenta de los resultados. Ello podría llevar a su vez a retrasos en el habla y a otros problemas del aprendizaje.”

“La psicóloga educacional y antes maestra Jane Healy, apunta que la creatividad involucra la habilidad para generar ‘imágenes personales y originales, visuales, físicas o auditivas- imágenes de la mente, a decir de las propias palabras de un niño’. Sin embargo, ella agrega: ‘Los maestros encuentran hoy en día que los niños inmersos en los videos no pueden formar en sus mentes imágenes originales, o desarrollar representaciones imaginativas. Los maestros de niños pequeños lamentan el hecho de que muchos niños deben ser enseñados a jugar simbólicamente o a pretender – un síntoma que antes se daba solo en jóvenes con desórdenes emocionales o mentales.”

Acerca de este último punto, Healy enfatiza desde sus investigaciones que la capacidad de crear sus propias imágenes mentales es esencial para comprender lo que uno lee: (Vea también “La importancia de las letras sin imágenes”.)

“Una de las críticas más serias contra el mirar televisión (o programas de computadora basados fuertemente en imágenes y videos) es que así los niños son privados de la oportunidad de crear imágenes en su propia mente. Pero esta capacidad importante es una piedra fundamental de la buena lectura; no solamente porque mantiene al lector conectado al texto, sino también porque es una manera muy práctica de organizar mentalmente y recordar lo que uno leyó. Es una característica de aquellos niños que dificultan en la lectura y en la solución de problemas, que cuando escuchan o leen palabras, no pueden proyectar nada sobre la pantalla de su propia imaginación.”
(Jane Healy, “Endangered Minds” (Nueva York, 1990), Capítulo 11)

Particularmente en los videos y dibujos animados, las imágenes y secuencias a menudo se siguen tan rápidamente que el cerebro del niño no tiene tiempo para procesarlos. Eso produce un “cortocircuito mental”: El niño se acostumbra a prestar atención solamente a aquellos imágenes o sonidos que son sorpresivos y llamativos, pero sin procesar o analizar lo que ve; y por lo demás recae en la pasividad mental. Como resultado, su capacidad de atención y de observar detenidamente se deteriora cada vez más.

También, el uso frecuente de la computadora distancia a los niños del mundo real y de las otras personas. Los niños necesitan la cercanía de papá y mamá que juegan con ellos, trabajan junto con ellos, conversan con ellos. También necesitan muchas experiencias prácticas haciendo cosas con sus manos, ejercitando su cuerpo, estando en contacto con la naturaleza, etc. Sólo así puede desarrollarse su cerebro de manera sana, y su capacidad de interactuar con otras personas. El desarrollo de un niño está en riesgo cuando su “educación” consiste mayormente en manejar un mundo virtual apretando unas teclas, o en mirar en la pantalla a una profesora virtual.

La Alianza por la Niñez (op.cit.) resume en la siguiente tabla los riesgos que conlleva la exposición prolongada de los niños a la pantalla:

Riesgos físicos
• Daños osteomusculares
• Fatiga visual y miopía
• Obesidad y otras complicaciones de un estilo de vida sedentario
• Posibles efectos colaterales por emisiones tóxicas y radiación electromagnética
Riesgos emocionales y sociales
• Aislamiento social
• Lazos débiles con los maestros
• Falta de autodisciplina y automotivación
• Separación emocional de la comunidad
• Explotación comercial
Riesgos intelectuales
• Falta de creatividad
• Imaginación poco desarrollada
• Lenguaje y habilidades alfabetizadoras empobrecidos
• Pobre concentración, déficits de atención
• Demasiada poca paciencia para el trabajo duro del aprendizaje
• Plagio
• Distracción del significado
Riesgos morales
• Exposición a la violencia en línea, la pornografía, fanatismo y otros materiales inapropiados
• Énfasis en la información desviada de su contexto ético y moral
• Falta de propósito e irresponsabilidad en la búsqueda y aplicación del conocimiento

Es preferible que los niños preescolares todavía no usen televisores, celulares o computadoras; y que hasta los diez años de edad (o aun más allá) su “tiempo de pantalla” se limite a una hora por día. Más adelante habrá todavía suficiente tiempo para que se ocupen de los dispositivos electrónicos, con una mayor madurez.

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¿”Escuela en casa” o educación en familia?

Después de muchos años como pioneros solitarios en cuanto a la educación en casa en el Perú, pudimos en los últimos años conocer a diversas familias peruanas que también se están iniciando en esta aventura. Encontramos que un buen número de estas familias tienen sus hijos matriculados en alguna escuela o colegio a distancia.

Eso tiene sus ventajas, sin duda. La escuela provee todos los materiales de estudio ya preparados; entonces los padres no necesitan invertir tiempo ni ideas propias para buscar o fabricar materiales educativos. Además, la certificación oficial de los estudios está asegurada desde el principio. Y en el caso de familias cristianas, podrían incluso encontrar una escuela cristiana que incluye puntos de vista cristianos en sus materiales; entonces dejan también esa preocupación en las manos de la escuela.

A pesar de estas ventajas, nosotros nunca consideramos eso como una opción para nuestros hijos. He aquí nuestras razones:

Toda escuela a distancia se basa en los principios y métodos del sistema escolar. Una familia que sigue el programa de una tal escuela, está prácticamente trayendo el sistema escolar a su casa. Pero para nosotros, una de las razones más importantes para no enviar a nuestros hijos a la escuela, fueron precisamente las fallas pedagógicas de este sistema.

Por ejemplo, el sistema escolar no toma en cuenta la manera como los niños piensan y aprenden. Su fundamento no es la pedagogía ni la comprensión por los niños; su fundamento es la administración masiva de los niños. Por eso, este sistema somete a los niños a un currículo rígido, preprogramado, que no es adecuado para la mayoría de los niños. Y los enseña de manera rutinaria, repetitiva, sin dejar lugar para el razonamiento propio ni para la creatividad. También, la enseñanza abstracta los confunde y los acostumbra a repetir mecánicamente unos procedimientos cuyo sentido no entienden. No los incentiva a pensar por sí mismos, ni les ofrece oportunidades para elegir y decidir. En consecuencia, los alumnos de este sistema no aprenden a razonar, evaluar y hacer decisiones; y no desarrollan su creatividad. Solamente aprenden a repetir lo que dice el profesor, o lo que dice el libro de la escuela a distancia.

“Si traemos el sistema escolar a nuestra casa, traemos también todos sus problemas a nuestra casa.”
También, los conocimientos que exige el sistema escolar a menudo son demasiado avanzados para el nivel de comprensión de los niños. Eso es reforzado todavía por las ambiciones de muchos padres que desean jactarse de que “mi hijo tiene cinco años y ya sabe leer”; “mi hija tiene seis años y ya sabe multiplicar”; etc. Tal vez creen que si apresuran y presionan a sus hijos de esta manera, serán también “más avanzados” en los años posteriores. Pero ya hace años, esta falsa creencia fue refutada por Raymond y Dorothy Moore en su libro “Mejor tarde que temprano“; y las investigaciones más recientes solamente confirman sus hallazgos: Esos niños “apurados” en sus años tempranos, sufren estrés y agotamiento en los años posteriores, de manera que su desarrollo intelectual se estanca y se quedan por detrás de aquellos niños que iniciaron su formación académica más tarde.

Si traemos este sistema a nuestra casa, traemos también todos sus problemas a nuestra casa. Efectivamente he conocido a algunos niños y jóvenes educados en casa que sufrieron del mismo agotamiento y “entumecimiento mental” como los alumnos del sistema escolar, porque fueron sometidos a un programa escolarizado.

Estoy convencido de que nuestros hijos merecen algo mejor. Si ya tenemos la oportunidad de educarlos en casa, usemos esta libertad para ofrecerles una mejor manera de aprender, tomando en cuenta su nivel de desarrollo individual, su manera particular de aprender, y sus campos de interés. Sé que eso requiere una mayor flexibilidad y creatividad de parte de nosotros como padres, y por tanto entiendo que muchos padres educadores prefieren la comodidad de un programa donde todos los materiales ya están preparados. En nuestro caso también fue un paso de fe, comenzar con un método más libre, más flexible y más creativo, y mi esposa y yo nos dimos cuenta en ese camino de cuan “escolarizadas” estaban todavía nuestras propias mentes.

Pero mirando atrás vemos que fue una experiencia muy gratificante. Nuestros hijos, en sus años de primaria, tuvieron muy poca necesidad de “hacer tareas” abstractas con libros y cuadernos. Aprendieron mucho más mediante las experiencias de la vida diaria, los trabajos prácticos y manuales, los juegos, y el ejercicio de sus propios intereses y talentos. Pasamos unas aventuras increíbles como familia; y encontramos que este método fue mucho más eficaz: Al fin de cuentas, nuestros hijos habían aprendido lo mismo como los niños escolares, pero con mucho menos estrés y con una sola “hora académica” al día; y además habían hecho muchas experiencias prácticas que los niños escolares nunca hacen, y recordaron muchas cosas de manera más intensa por haber vivido lo que los niños escolares solamente leen en sus libros. Por eso prefiero esta forma de aprender por encima de todo material pre-programado.

La esencia de la educación en casa consiste en que nosotros, los padres, asumimos la responsabilidad por la educación de nuestros hijos. Entonces, ¿por qué entregar esta responsabilidad nuevamente en las manos de una escuela, aunque sea “a distancia”? Los profesores de estas escuelas, y los autores de sus materiales, en su gran mayoría fueron formados en los caminos del sistema escolar, no en la educación en casa. Son capaces de trasladar el aula escolar a la casa, eso sí. Pero no pueden realmente comprender lo que es la educación en casa, ni mucho menos asesorar a padres educadores – a menos que ellos mismos se hayan desprendido radicalmente de los principios, caminos y métodos del sistema escolar. Y quienes dificultan más con eso, son precisamente los profesores profesionales. (Vea también: “Desescolarizar nuestra mente”.)

Raymond Moore, uno de los grandes pioneros de la educación en casa en los Estados Unidos, en un momento se vio obligado a pronunciar la siguiente advertencia a los padres educadores:

“Los líderes del movimiento de educación en casa, al igual como los líderes de movimientos anti-aborto, anti-pornografía, etc, caen en dos categorías:
1) Laicos y profesionales desinteresados que sacrifican dinero y tiempo para elevar la educación en casa a nuevas alturas, y
2) Algunos que no tienen trasfondo o ética profesional (o ambos), que apresuran a los padres no precavidos para que compren materiales educativos estresantes y caros; en consecuencia los padres sufren un quebrantamiento y odian la educación en casa. – Algunos de ellos combatieron la educación en casa hasta la década de los ’80.
Algunos autores, editores y expositores saben poco de investigación, y de manera persuasiva abusan de las Escrituras para transmitir una imagen de un Cristo santurrón a sus amigos seculares. Ellos son la influencia más divisiva en el movimiento de la educación en casa. Por el bien de usted y de sus amigos, estudie para conocer la diferencia.”

Este comentario se refiere a los Estados Unidos. Sin embargo, veo que lo mismo ya está empezando a suceder también aquí en América Latina. Tan pronto como el movimiento de la educación en casa está adquiriendo cierta fuerza, surgen también aquellos productores, editores, y directores de escuelas que ofrecen a las familias educadoras sus materiales y programas en venta – pero a menudo estos programas se basan en los mismos métodos que ya han fracasado en el sistema escolar.
¡Cuidado con los materiales de estudio estresantes y caros!

De todos modos, si usted considera usar un programa a distancia que se dirige explícitamente a familias que educan en casa, recomiendo como mínimo averiguar de antemano en qué experiencias y en qué pedagogía y métodos se basa. Por ejemplo:

  • ¿En qué modelo pedagógico se basa este programa? ¿y qué investigaciones y resultados apoyan este modelo?
  • ¿Existen diferencias significativas y sustanciales entre los métodos empleados por este programa, y los métodos del sistema escolar?
  • Por ejemplo, ¿se deja a los padres y alumnos en la libertad de elegir temas, contenidos, materiales, y actividades a realizar, según el nivel de comprensión, los intereses, y el estilo de aprendizaje individual de cada alumno? ¿O es un programa secuenciado y preprogramado igual como en la escuela?
  • ¿El programa anima a los padres a usar como sus principales oportunidades educativas las experiencias de la vida diaria, trabajos manuales y prácticos, juegos, material manipulable, y otras experiencias que concuerdan con las características de los niños? ¿O se basa mayormente en el trabajo abstracto con libros y cuadernos – o material de instrucción por internet – como el sistema escolar?

Desafortunadamente, todavía no encontré a ninguna “escuela a distancia” o “escuela para familias educadoras” que satisface estos criterios. Todas, de las que encontré información, se basan en los métodos del sistema escolar, y así echan a perder las mejores posibilidades de una educación en casa. Por eso, en vez de apoyarme en uno de estos programas, prefiero hacerlo yo mismo. Requiere más trabajo, más iniciativa, más flexibilidad y más creatividad; pero los resultados serán mucho mejores. No sólo para los niños; también para nosotros como padres.

Por supuesto que existen también escuelas a distancia que no se dirigen explícitamente a familias educadoras; en esos casos no podemos exigir que tengan conocimiento de una pedagogía distinta del sistema escolar. Pero en este caso habrá que estar consciente de que se trata de una extensión del sistema escolar; y la pregunta sería en este caso, cuánta libertad nos deja esa escuela para modificar sus programas y adaptarlos a las necesidades de nuestra familia y a la pedagogía que consideramos la mejor para nuestros hijos. Yo haría uso de una escuela a distancia solamente si existe esta libertad.

En el idioma inglés se estableció la palabra “homeschooling” (“escuela en casa”) para hablar de la educación en casa. Así que yo también he usado ocasionalmente esta expresión; pero pensándolo bien, ya no me parece tan buena. Una buena educación en casa es algo diferente, y algo mucho mejor, que traer el aula escolar a casa. Como padres educadores tenemos la oportunidad de establecer una alternativa, de liberar a nuestros hijos para que desarrollen los talentos únicos que Dios les dio, de incentivarlos a ser creativos, investigativos, pensadores… Si hemos sacado a nuestros hijos del enjaulamiento de una escuela tradicional, ¡no les construyamos una nueva jaula en casa!

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Educación de niños con síndrome de Asperger

Para información acerca de las características del síndrome del Asperger y el espectro autista, vea los artículos anteriores.

En este artículo me refiero principalmente al trato con autistas de “alto funcionamiento” (o síndrome de Asperger). Para autistas de “bajo funcionamiento” pueden aplicar pautas similares, pero mi experiencia personal se limita a personas con síndrome de Asperger, por lo cual prefiero no afirmar nada acerca de las otras manifestaciones del autismo.

Veamos primero qué posibilidades existen para que un autista mejore su condición y sus relaciones con otras personas.

Tenemos que estar conscientes de que el autismo y el síndrome de Asperger es una condición innata, de origen genético; por tanto es un rasgo inherente de la personalidad (más exactamente, de la estructura de su cerebro) y no puede ser “curado”, ni con medicamentos ni con terapias. Reportes o sugerencias que hablan de una supuesta “sanidad” del autismo, carecen de fondo. Primeramente, esa idea presupone que el autismo es una enfermedad, lo que no es cierto. Es una forma distinta de cómo el cerebro procesa las impresiones y las ideas, la cual ciertamente trae sus problemas, pero tiene también sus ventajas, como hemos visto en “Otras características de las personas en el espectro autista“. Si un autista efectivamente perdiese sus características autistas, sufriría una alteración existencial de su personalidad entera; y además perdería también las capacidades intelectuales particulares que son características del autismo. Aun si un tal tratamiento existiera, habría que preguntarse entonces si eso realmente sería deseable.

No puede entonces ser una meta de la educación que un autista “deje de ser autista”. Mas bien, el autista debe aprender a usar sus puntos fuertes para compensar sus debilidades.
Por ejemplo, nunca será capaz de entender señales no-verbales de la misma manera intuitiva como las personas neurotípicas. Pero donde le falla su intuición, puede en su lugar usar sus capacidades de análisis y sistematización. Puede aprender a analizar la comunicación no-verbal de las personas, comparando mentalmente situaciones anteriores que experimentó, dejarse explicar verbalmente lo que una persona quiere comunicar, etc. Como me dijo una educadora terapéutica: “Un autista tiene que memorizar el significado de las distintas expresiones faciales, de la misma manera como aprendemos un idioma extranjero memorizando el significado de sus palabras.”
Por supuesto que este proceso es mucho más lento y tedioso que la forma intuitiva como las personas neurotípicas comprenden la comunicación no-verbal al instante. Pero es el único camino que le queda al autista, y le ayuda cuando está consciente de que él debe emprender este aprendizaje. Más fácil es para los autistas de “alto funcionamiento” (síndrome de Asperger) por causa de sus capacidades intelectuales superiores, pero aun ellos generalmente tienen que llegar a los treinta años o más, hasta que pueden relacionarse con otras personas y moverse en la sociedad con suficiente facilidad.

De manera similar, un autista puede aprender a comprender las emociones y los puntos de vista de otras personas, no intuitivamente como una persona neurotípica, pero analizando intelectualmente: ¿Cómo me sentiría yo si estuviera en tal situación? o si yo hubiera experimentado esto o aquello?

En la práctica, un autista necesita sobre todo lo siguiente para poder relacionarse mejor con su entorno:

Comprensión de parte de su entorno.
Las personas que tratan con autistas, deben entender que su frecuente comportamiento inadecuado no es por motivos malignos. Si un autista interrumpe a los demás en la conversación, o expresa de manera muy directa, brusca y ofensiva lo que piensa, no es porque quiere ofender o provocar; es porque no puede expresarse de otra manera. Cuando un autista ignora o hiere los sentimientos de otras personas, no es porque quiere herir; es porque no puede percibir la existencia de estos sentimientos. Cuando un niño autista se descontrola en una situación estresante, es porque no puede tranquilizarse ante una sobrecarga de impresiones sensoriales. Cuando muestra una reacción excesiva al dolor o a un alimento nuevo, no es porque exagera; es porque efectivamente percibe estas impresiones de una manera mucho más intensa que una persona neurotípica.
Por tanto es algo de lo más dañino cuando a un niño autista se le reprocha constantemente que esté haciendo estas cosas por maldad, por “majadero”, etc. Con eso se desanima, empieza a pensar que nunca puede satisfacer a sus educadores, y pierde la motivación por contribuir de su parte a una mejora de su situación.
(En este aspecto es bueno tomar en cuenta los principios de la pedagogía de la confianza.)

Los servicios de un(a) mediador(a) o “traductor(a)” en sus relaciones con otras personas.
Para un autista es de mucha ayuda cuando tiene cerca de sí una persona de confianza que le ayuda a orientarse en la “jungla” de las relaciones interpersonales, y que ayuda también a las otras personas a comprender mejor al autista. Durante la niñez, lo más lógico es que sus propios padres asuman esta tarea. Si asiste a una escuela, allí puede ser un(a) profesor(a) o psicólogo(a) entendido en los problemas del autismo.
Esta persona, cuando se da cuenta de posibles malentendidos o conflictos, puede por ejemplo explicar al autista: “Mira, fulano te ha dicho así y así, pero lo que quiso decirte en realidad fue …”. O: “¿Te das cuenta cómo te está mirando la vecina? Se siente ofendida por lo que le has dicho.” – Y también puede explicar a los neurotípicos: “A … tienes que decirle las cosas como son; no va a entender tus indirectas.” O: “Saben, … tiene muchas ganas de jugar con ustedes, solamente que no sabe cómo decirlo.”
En una etapa posterior, se puede enseñar al autista a evaluar las situaciones y considerar alternativas a sus reacciones acostumbradas: “Vamos a pensar juntos cómo podrías decir eso de una manera que suene más amable.” – “Cuando te irrita la bulla que hace tu hermanito, ¿qué otra cosa podrías hacer en vez de pegarle?” – Etc.

Si se considera buscar ayuda psicológica profesional, lo más indicado sería una terapia cognitivo-conductual. Una tal terapia hace básicamente lo mismo como lo que acabo de describir, solamente con mayor profesionalismo: Ayuda al autista a analizar conscientemente las situaciones que enfrenta, su manera de pensar acerca de estas situaciones, y sus reacciones; y lo anima a buscar y practicar alternativas más adecuadas. En el caso ideal se involucran también las personas más cercanas al autista, para que ellos también puedan mejorar su manera de relacionarse con el autista.

Existe una razón adicional para involucrar a la familia entera y posiblemente a otros familiares: Ya que el autismo es una condición genética y hereditaria, existe una alta probabilidad de que otros familiares también tengan rasgos autistas. Los conocimientos acerca del síndrome de Asperger o autismo de “alto funcionamiento” comenzaron a difundirse ampliamente recién a partir de la década de los 90. Por eso deben existir todavía muchos adultos autistas que nunca fueron diagnosticados. El diagnóstico de un niño autista puede contribuir al descubrimiento del autismo de parientes adultos.

La comunicación entre autistas y neurotípicos es comparable a la comunicación entre personas de distintas culturas: Surgen muchos malentendidos porque las dos partes enfrentan la situación desde suposiciones y valores muy distintos. Por ejemplo, en la cultura peruana es muy importante saludar amablemente; mientras el llegar tarde a una reunión no se considera ninguna ofensa grave. En cambio, en muchos países europeos la puntualidad es sumamente importante, mientras al saludo no se le da mucha importancia. Entonces, si un peruano en Europa llega media hora tarde a una reunión y saluda muy amablemente a todos los presentes, se puede quedar sorprendido de que ellos califiquen su comportamiento como ofensivo y desvergonzado, si él (desde su propia perspectiva) se esforzó tanto por ser amable.
Los malentendidos y conflictos entre autistas y neurotípicos a menudo son de la misma naturaleza: Cada uno se esfuerza por hacer lo que le parece normal y correcto (desde su propia perspectiva), y no entiende que eso mismo es ofensivo en la perspectiva de la otra persona. De ahí la gran utilidad de un mediador o “traductor” que tiene conocimiento de ambas culturas.

Por el otro lado, algunos artículos en internet sugieren “terapias” inadecuadas. Particularmente dañinas me parecen los métodos conductistas, los cuales intentan acondicionar al autista mediante recompensas y castigos, para que se comporte de una manera no-autista. Así encontré p.ej. el consejo de premiar al niño cuando nos mira a los ojos y a ignorarlo cuando no lo hace, y cosas similares. Pero eso solamente causará que el niño asuma un comportamiento artificial, en contra de su naturaleza, y que constantemente se sienta culpable por algo que no es ninguna culpa. Tales métodos desprecian la dignidad humana del autista, y no ayudan para edificar relaciones honestas y de confianza.

Acerca de las “terapias” con medicamentos también hay que tener ciertas dudas. Ya que el autismo está relacionado con la estructura innata del cerebro, ningún medicamento puede realmente alterar o incluso “sanar” las características autistas. Algo que se puede lograr con medicamentos, es controlar ciertas condiciones que a veces se asocian con el autismo, tales como depresiones, ansiedad, estrés, o hiperactividad. Pero en estos casos no se trata entonces de un tratamiento del autismo en sí, sino de otras condiciones que están sólo indirectamente relacionadas con el autismo. Y aun en estos casos habría que preguntarse si los medicamentos son realmente la mejor opción, o si no sería mejor ocuparse de las causas de fondo (ambientales o psicológicas) que provocan estas condiciones.

– Algunos otros puntos que pueden ser de ayuda en la educación de niños autistas:

Acostumbrar al autista a que pregunte si no entiende algo o si tiene un problema; y responder sus preguntas con paciencia.
Muchos autistas no se atreven a hablar si no han entendido una cosa o si no saben cómo llevar a cabo un encargo. Prefieren fabricar sus propias hipótesis, e intentar resolver el problema a su propia manera (o no resolverlo en absoluto), en vez de pedir ayuda. Tienen que aprender que no es una vergüenza pedir ayuda; y en consecuencia no debemos hacerlos sentir mal cuando vienen con muchas preguntas o piden ayuda para asuntos que nos parecen triviales.
Por la misma razón, debemos animar mucho al autista a que nos hable cuando tiene un problema con otra persona, o cuando fue maltratado o ridiculizado de alguna forma; y no debemos defraudar su confianza cuando nos habla de sus problemas. Los autistas pueden a menudo convertirse en víctimas del maltrato, abuso o “bullying”; y dificultan más que los neurotípicos en hablar acerca de tales experiencias.

Proveer un ambiente ordenado y estructurado.
Ya que los autistas pueden dificultar mucho en estructurar su propio mundo, como educadores tenemos que proveerles esa estructura. Por ejemplo, el encargo “Ordena tu cuarto” puede ser difícil o imposible de cumplir para muchos niños autistas. Tenemos que asegurar primero que el niño sepa de cada cosa dónde es su lugar, para poder guardarlo donde corresponde.
De la misma manera hay que proveer una estructura fija para la rutina diaria: a qué hora levantarse, a qué hora comer, cuáles son las responsabilidades de cada miembro de la familia en los quehaceres de la casa, etc. En lo posible, cualquier cambio importante debe anunciarse con anticipación para que el niño autista tenga suficiente tiempo para adaptarse.
Por el otro lado, se puede acostumbrar al niño autista a adquirir poco a poco una mayor flexibilidad, introduciendo cambios pequeños no anunciados y así obligándolo a improvisar un poco, justo en la medida que está todavía dentro de sus capacidades. Así el niño aprende a desarrollar estrategias para tratar adecuadamente con situaciones imprevistas.

Comunicar de manera clara y directa, no asumir que algo “se entiende por sí mismo”.
Un autista generalmente no entiende significados implícitos; tenemos que decirle todo explícitamente. Retomando un ejemplo del artículo anterior: No es suficiente decirle: “Fíjate si el agua está hirviendo”; tenemos que añadir: “… y si está hirviendo, apaga la hornilla” (o lo que sea necesario hacer en este caso).

Estructurar tareas y encargos complejos, mediante una secuencia de pasos sencillos.
Ya que los autistas generalmente se concentran completamente en una sola actividad, dificultan con encargos complejos que requieren considerar varios aspectos a la vez. Les facilitamos la vida si dividimos tales encargos en varios pasos sencillos que se pueden cumplir uno tras otro.

Estar dispuestos a dar explicaciones lógicas por lo que exigimos o decidimos.
Ya hemos visto que los autistas generalmente son personas muy “lógicas” y “sistemáticas”. A veces se niegan a cumplir mandatos o reglas cuando éstas les parecen arbitrarias o no entienden su utilidad. Entonces hay que estar preparados para darles una razón lógica por qué se debe hacer esto o aquello. Y si no encontramos ninguna razón lógica, quizás tenemos que preguntarnos si realmente necesitamos exigirlo.

En cuanto al aprendizaje intelectual, los niños con síndrome de Asperger no necesitan ninguna ayuda especial; a menudo tienen mayores capacidades que los neurotípicos. Aun donde parecen tener problemas de aprendizaje o de comprensión, al analizar la situación a menudo resultará que en el fondo no se trata de problemas de aprendizaje, sino de problemas relacionales. Por ejemplo, un niño en la escuela es constantemente el blanco de las burlas de sus compañeros, y por tanto no puede concentrarse en lo que lee y escucha. O un niño no puede responder a las preguntas del profesor, no porque no supiera las respuestas, sino por sus características autistas. O un niño se niega a aceptar algún dato o contenido, no porque no lo comprendiera, sino porque le fue comunicado de una manera inadecuada para él (en desorden, o de una manera que transmitió rechazo personal), y por tanto el contenido le parece ilógico u ofensivo y lo rechaza.

Los “aspies” pueden hacer progresos enormes en el aprendizaje cuando tienen la posibilidad de estudiar algo que está relacionado con sus intereses especiales. Con un poco de experiencia y creatividad se pueden encontrar diversas actividades de lenguaje, matemática, artes, ciencias, etc, relacionadas con estos intereses especiales; y estas actividades a su vez pueden ayudar a ampliar estos intereses poco a poco. Se recomienda aquí el método de las unidades temáticas, individualizado para las necesidades del autista.

Para niños autistas, la educación en casa es una opción preferible si es que los padres son comprensivos y están dispuestos a invertir el tiempo necesario. Aunque algunos piensan que es mejor que asistan a la escuela “para que aprendan a socializar” – pero eso es como decir a un paralítico que se siente en una bicicleta “para que aprenda a pedalear y a mantener su equilibrio”. Para aprender a relacionarse con otras personas, un autista necesita un ambiente de confianza, con unas pocas personas comprensivas, de preferencia una sola persona a la vez. A causa de sus intereses especiales y a menudo intelectualmente exigentes, muchos niños autistas prefieren la compañía de adultos en vez de otros niños de su edad. Pero en una escuela se ve confrontado con un grupo grande de niños de su edad, y donde reina un ambiente de competencia unos contra otros, envidia, y luchas por el poder – todo lo cual es muy desfavorable para el desarrollo de cualidades interpersonales en un autista. (Encuestas han revelado que aproximadamente la mitad de las personas con síndrome de Asperger consideraron seriamente suicidarse alguna vez durante su adolescencia. Eso es a menudo relacionado con el rechazo que sufren por parte de sus compañeros de escuela.)
Otra opción sería una escuela de educación especial; pero esas escuelas generalmente están diseñadas para las necesidades de niños con baja inteligencia y/o problemas de aprendizaje. Por tanto, los niños con síndrome de Asperger se sentirán aburridos y no recibirán los estímulos intelectuales necesarios en una tal escuela.

Educar a un niño con síndrome de Asperger puede ser difícil, pero tiene también su recompensa. Estos niños pueden sorprendernos con ideas y talentos insospechados. Y confiemos en que Dios no comete errores. Él creó a cada niño de manera única y especial, con un propósito a cumplir en este mundo. Si hay un niño “Asperger” en la familia, eso no es ningún desastre; este niño está aquí para un propósito especial.


Fuentes y recursos en internet:

Nota: La intención de esta serie de artículos es más práctica que científica. Por eso no he incluído referencias exactas a mis fuentes, solamente menciono a continuación las más importantes:

Ramón Cererols, “Descubrir el Asperger”
Autobiografía de un “aspie” adulto, con explicaciones detalladas acerca del síndrome de Asperger. El libro es un poco largo, pero es la mejor descripción que pude encontrar, y es escrito desde la óptica de alguien personalmente afectado. Contiene una extensa bibliografía al final.

http://espectroautista.info/
Un sitio con muchos artículos informativos y tests para evaluación.

“Un acercamiento al sindrome Asperger”
El punto fuerte de este libro es la descripción de las características (tanto positivas como negativas) y necesidades que los “aspies” tienen comúnmente durante las diferentes etapas de su vida. Solamente que la sección acerca de la niñez está escrita mayormente desde la perspectiva del ambiente escolar y no contempla la alternativa de una educación en casa (lo cual sería lo mejor en muchos casos).

– Para quienes prefieren un acercamiento un poco más “relajado” a la problemática del síndrome de Asperger, les recomiendo la película hindú “Mi nombre es Khan”. Retrata la vida (ficticia) de un joven “aspie”, con todas las dificultades que enfrenta al relacionarse con la sociedad neurotípica, pero también con las oportunidades de demostrar sus cualidades.

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Se busca: Espíritu pionero

Buscar y aplicar alternativas educativas es un gran desafío. Es mucho más fácil hacer lo que hacen todos los demás.

Cuando una expedición camina por la jungla, por donde no hay camino, alguien tiene que caminar adelante con un machete y abrir paso para que los demás puedan seguir. Eso es un trabajo duro. A veces también tiene que espantar víboras y otros animales peligrosos. Los que siguen detrás lo tendrán más fácil.

Ser el primero que se aventura a una alternativa educativa, es como abrir un camino por la jungla. Sería más fácil seguir a alguien que ya hizo este trabajo. Pero si queremos que haya un camino nuevo, alguien tiene que ser el primero.

Con mi familia, durante muchos años nos hemos visto en el papel del pionero con el machete. No conocíamos a ninguna otra familia en el Perú que hubiera educado a sus hijos en casa. Recibimos bastantes críticas y ataques por causa del camino que habíamos elegido. Aun cuando nuestros hijos ya eran más grandes y todo el mundo podía ver sus progresos, no encontramos a nadie quien hubiera tenido comprensión por lo que es la educación en casa. Cuando hablábamos de ello, la gente nos miraba como si hubiéramos caído de la luna.

Tuvimos unos pocos contactos por e-mail con familias educadoras que vivían a miles de kilómetros de distancia; sobre todo con la Fundación Moore que nos animó y nos asesoró en cuanto a métodos educativos. Cuando nos enterábamos de alguna asociación de familias educadoras en México, en Chile, en Argentina, … siempre preguntábamos si tenían algún contacto en el Perú, y siempre la respuesta era que no. Así que tuvimos que encontrar nuestro camino a solas, sólo con un poco de apoyo a distancia.

Una de las pruebas de fe más fuertes fue en cuanto al permitir a los niños desarrollarse de manera natural. Habíamos leído de las muchas investigaciones que demostraban que no hay que apurar a los niños intelectualmente, que su cerebro necesita tiempo para madurar, que es mejor esperar con la lectura, la escritura y la matemática hasta que los niños están listos por sí mismos. (Vea “Mejor tarde que temprano” y “Esas neuronas mal conectadas“.) Así pasaron los años de primaria de nuestros hijos, felices para ellos porque tenían la libertad de jugar, de hacer muchas experiencias prácticas, de hacer sus propios experimentos, etc … a diferencia de los niños escolares. Pero siempre había momentos cuando nos acechaban las dudas: ¿No están “atrasados” académicamente en comparación con los otros niños de su edad? ¿No será eso una desventaja para ellos?

Entonces, ellos empezaron a entrar a su adolescencia, y se cumplió lo que Raymond Moore y otros investigadores afirmaban: En esa edad, donde muchos niños escolares ya están agotados y no tienen fuerzas ni ánimo para estudiar más, el aprendizaje de nuestros hijos literalmente se disparó, y comenzaron a cubrir en cada año el equivalente de dos años escolares. Ahora, ellos y nosotros estamos muy agradecidos por haberlos educado de esta manera. Pero tuvimos que pasar la prueba, a pesar de todas las voces en contra.

* * *

Creo que los tres ingredientes más importantes para proveer a nuestros hijos una alternativa educativa, son: La información correcta; amor por nuestros hijos; y un espíritu pionero.

La información es fácil de conseguir en nuestros tiempos de internet; solamente hay que saber evaluar si es confiable, y (para cristianos) si es de acuerdo a la palabra de Dios.

El amor a los hijos es algo natural, y doblemente así para cristianos que experimentaron el amor de Dios en sus vidas. Solamente que no caigamos en la trampa del amor propio disfrazado como amor a los hijos. Padres que dicen: “Yo quiero que mi hijo llegue a ser un gran profesional”, probablemente hablan desde ese amor propio: “Quiero ser orgulloso de los logros de mi hijo”. O sea, piensan en lo que les parece bueno para ellos mismos, y no tanto en lo que es bueno para los niños.

Pero tengo la impresión de que muchas familias que están bien en los primeros dos puntos, fallan en el tercero: el espíritu pionero. O con una palabra más “cristiana”: la fe. Se han informado acerca de alternativas educativas; quieren lo mejor para sus hijos; pero después no se atreven a hacerlo. En los últimos años (quizás debido al ejemplo de nuestros hijos) ya no escucho a casi nadie decir que “la educación en casa es mala para los niños”. Con mucho más frecuencia escucho a padres decir: “Sí, sería interesante … pero no se puede.”

Hace unos años nos juntábamos con siete familias en el marco de un curso sobre alternativas educativas. Compartimos informaciones acerca del desarrollo del niño, las características y necesidades del niño, los problemas del sistema escolar, pedagogías alternativas – incluso visitamos una escuela alternativa con algunos de ellos -, educación en casa. Varios padres expresaban cómo sus hijos estaban sufriendo en sus escuelas y no aprendían mucho, y cuánto deseaban para ellos algo mejor. Considerábamos la fundación de una escuela alternativa, o de un servicio de asesoramiento para familias educadoras. Terminó el curso – y seis de las siete familias volvieron a mandar a sus hijos a las escuelas estatales. Una de las madres comentó: “Lo que ustedes hacen es todo tan lindo … pero salimos de vuestra casa y afuera es otra realidad.”
Esto es lo contrario de un espíritu pionero – es un espíritu de derrota y de incredulidad. Un espíritu pionero dice: “Somos llamados a forjar la realidad. Los desafíos son para emprenderlos; los problemas son para solucionarlos.” – Un espíritu de incredulidad dice: “Así es la realidad, no la podemos cambiar.” Y así he visto a diversas familias que nos admiraban con sus palabras, reconocieron la necesidad de sus hijos, pero nunca se atrevieron a intentarlo ellos mismos. ¿Dónde están las familias con espíritu pionero?

* * *

Como cristiano me quedo avergonzado al ver cuántas familias no cristianas demostraron espíritu pionero. En el Perú ya existe un número considerable de escuelas alternativas que desafían toda pedagogía tradicional y estatal. Todas – hasta donde sé – fundadas por personas no cristianas; y varias por padres que deseaban en primer lugar proveer una mejor alternativa para sus propios hijos. Los cristianos, en cambio, hacen solamente copias de las escuelas estatales …

En una oportunidad, Jesús dijo a un paralítico: “Levántate y camina.” – Ponte en la situación del paralítico. ¿Cuál hubiera sido su reacción más natural? – “Pero Jesús, ¿no ves que soy paralítico? No puedo levantarme y caminar. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Esta es efectivamente la reacción de la mayoría de los evangélicos actuales frente a algunos mandamientos importantes del Señor. Cuando el Señor les dice que deben dar a sus hijos una educación conforme a la palabra de Dios, ellos responden: “Pero Señor, esto es imposible. ¿No ves que todo el mundo manda a sus hijos a las escuelas que siguen los métodos estatales? No tengo suficiente dinero. No he estudiado educación. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Pero la palabra de Dios dice: “Sus mandamientos no son pesados.” (1 Juan 5:3). Dios no nos da mandamientos imposibles. Aunque desde la perspectiva humana pueden parecer imposibles – tan imposibles como mandar a un paralítico que camine. Pero cuando es DIOS quien lo manda, ¡nada es imposible! De hecho, el paralítico se levantó y caminó.

Entonces, un cristiano verdadero tendría posibilidades mucho mayores para desarrollar un espíritu pionero. Un cristiano verdadero es un seguidor del Dios “quien hace vivos a los muertos, y llama a lo que no es, para que sea.” (Romanos 4:17). Un cristiano verdadero no está sujeto a los “rudimentos de este mundo”. Un cristiano verdadero vive por fe, no según lo que sus ojos ven (2 Corintios 4:18, 5:7). Entonces, ¡cuánto mayores serían las posibilidades de un cristiano verdadero, para crear una alternativa educativa que todavía no existe! ¿Dónde están los cristianos con espíritu pionero?

* * *

Aun dentro del movimiento de la educación en casa, hay caminos “pioneros” y caminos “fáciles”. El camino más fácil – elegido por un buen número de familias – consiste en simplemente seguir el programa de una escuela a distancia. Así no hay preocupación por los materiales, y también la certificación oficial de los estudios viene automáticamente. Puedo caminar tranquilamente por un camino que otros han abierto hace tiempo.
El problema con este camino es: El que camina delante de mí con el machete, ¡no es alguien que educó a sus hijos en casa! ¡Tampoco es alguien que hubiera investigado acerca de los métodos más adecuados a las necesidades de los niños! Una escuela a distancia con todos sus materiales ya preparados, representa el sistema escolar tradicional. ¿De verdad vale la pena salirse del sistema escolar, enfrentándose con tantas críticas, dificultades y desafíos, solamente para después volver a traer este mismo sistema a nuestra propia casa? – Quizás algunos dirán que sí, pero yo por mi parte quiero algo mejor para mis hijos. El que sigue un programa fijo a distancia, en el fondo dice lo mismo como tantos padres que mandan a sus hijos a la escuela: “Yo soy incapaz de educar a mis hijos. Solamente la escuela con sus profesores profesionales puede hacerlo.” ¡Y eso es una gran mentira!

Sé que para muchas familias, una escuela a distancia puede facilitar el inicio de una educación en casa. Entiendo que al inicio uno puede quedarse intimidado ante la idea de “tener que hacerlo todo solo”, y un programa a distancia provee un alivio. Pero después de uno o dos años de experiencia, ¿por qué no empezar a mejorar? ¿Por qué no empezar a volar con nuestras propias alas, y animar a nuestros hijos a hacer lo mismo? Actualmente, en internet ya se puede encontrar bastante información acerca de métodos más creativos, más prácticos, más adaptados al ambiente de la vida familiar; métodos que no “exasperan” ni “desaniman” a los niños (Col.3:21) como lo hacen los métodos escolares.

Entiendo que no todos los padres tienen el tiempo o la creatividad necesaria para elaborar materiales para sus hijos. Pero por lo menos podemos informarnos acerca de una variedad de materiales disponibles, y elegir sabiamente. Por ejemplo, en vez de libros escolares con su secuencia rígida, podemos usar libros que tratan específicamente de los temas que interesan a nuestros hijos. O si usamos un libro escolar, podemos añadir métodos prácticos y creativos, y en cambio dejar de lado las partes innecesarias del libro. Todo eso ya es mucho mejor que seguir como esclavos a un único programa rígido.
(He escuchado también de familias que pudieron acordar con una escuela a distancia una mayor libertad y flexibilidad, por ejemplo sustituyendo ciertos materiales y métodos por otros, o adaptando el cronograma a las necesidades de los niños. Cuando una escuela a distancia toma en cuenta las necesidades de las familias de esta manera, y las familias hacen un uso sabio de esta libertad, eso también podría ser un sistema bueno.)

Es también una gran ayuda intercambiar ideas y materiales entre varias familias educadoras. Nosotros hubiéramos deseado eso mientras nuestros hijos eran más pequeños; desafortunadamente en aquel tiempo estábamos solos. Pero ahora que ya hay un buen número de familias, ¡hagan uso de estas posibilidades! Tener espíritu pionero no equivale a aislarse. Si son varios que se turnan con el machete, se cansan menos. Estar completamente solo es difícil. Pero por el otro lado, yo preferiría abrir un nuevo camino junto con algunos otros pioneros que tienen las mismas metas como yo, que seguir un camino ya preparado, pero por alguien que no comparte mis metas.

¿Te atreves a tener espíritu pionero?

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Educación en casa: la preparación ideal para la educación superior del futuro

Ponencia en la conferencia HASTAC 2014, Lima, abril de 2014

En la actualidad vemos como están apareciendo nuevas formas de educación superior: cursos masivos abiertos por internet (MOOCs); aprendizaje colaborativo; currículos abiertos y flexibles; etc. Se están vislumbrando posibilidades para adquirir una educación universitaria aun sin asistir físicamente a una universidad. Desde las alturas de la sierra peruana puedo llevar cursos de las mejores universidades en el mundo entero. Y en vez de tener que completar un programa prescrito y rígido, surge la posibilidad de recibir una educación personalizada, al elegir entre una oferta amplia exactamente aquellos cursos que corresponden a las necesidades profesionales de uno. Estas posibilidades y perspectivas me entusiasman; pero al mismo tiempo hago unas preguntas:

¿Qué capacidades requieren estas nuevas formas de educación, de parte de los estudiantes que participan?

¿y están nuestros estudiantes preparados para ello?

Las nuevas formas de educación superior requieren del estudiante un alto grado de independencia, de capacidad de decisión, de disciplina propia, y de creatividad. Todas estas son capacidades y actitudes que no se cultivan en el sistema escolar existente.

Agradezco a los organizadores de esta conferencia por brindarme la oportunidad de presentar aquí un modelo educativo “novedoso” – aunque en realidad muy antiguo -, un modelo educativo que cuenta ya con varios millones de estudiantes en países como Estados Unidos y Canadá, pero que es todavía virtualmente desconocido en América Latina. Estoy hablando de la educación en casa o “homeschooling”.

Cuando hablo de ello en mi entorno, la gente todavía me mira de una manera muy extraña, y algunos hasta sugieren que podríamos estar haciendo “daño” a nuestros hijos, al educarlos nosotros mismos. Todavía existen muchos prejuicios al respecto, y mucha gente simplemente no puede imaginarse una educación sin escuela. Pero en realidad, todos los prejuicios ya han sido refutados hace mucho tiempo, mediante los éxitos de la educación en casa, en los países donde se practica desde hace décadas. Las investigaciones demostraron que los resultados de la educación en casa son superiores a la escuela, en todos sus aspectos. (Vea por ejemplo: “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”.)

Vemos los resultados en nuestra propia familia: Mi hijo mayor de 15 años, en el año pasado concluyó exitosamente dos cursos por internet al nivel universitario, en inglés (un idioma que él empezó a aprender hace solamente tres años). Yo mismo participé en algunos MOOCs, y en uno de ellos, un curso de física, se presenta un estudiante en el foro: “Soy de la India, tengo trece años, y mis padres me educan en casa.” Está allí, estudiando un curso universitario en física. Hemos descubierto que efectivamente, nuestra forma de educar prepara mejor a los alumnos para esta forma de educación superior.

Ahora, deseo aclarar que nuestro método no es exactamente una “escuela en casa”. Algunas familias educan a sus hijos en casa, pero lo hacen con los mismos métodos como el sistema escolar, con los mismos libros de texto que cortan el conocimiento en trocitos pequeños, con el mismo currículo rígido que no les deja libertad … – Ellos también tienen resultados bastante buenos, pero todavía reproducen en sus casas muchos de los problemas del sistema escolar. Yo diría que ellos aprovechan una parte del potencial que tiene la educación en casa, pero solamente una parte.

Nosotros usamos un método donde el currículo se construye mayormente a partir de los propios intereses de los niños, y el aprendizaje sucede mayormente mediante actividades prácticas. Los ingredientes de este método son la “Fórmula Moore”, desarrollada por Raymond y Dorothy Moore; las ideas de la “desescolarización” popularizada por John Holt, y la “Escuela Activa” como la practica por ejemplo Rebeca Wild en Ecuador.
Por ejemplo, hubo una etapa cuando nuestros hijos se interesaron por la astronáutica. Entonces, como padres buscamos informaciones en internet: ¿Cómo vive un astronauta? ¿Qué requisitos hay para ser astronauta? Encontramos unos videos de astronautas flotando en su estación espacial donde no hay gravedad. Construimos un modelo del sistema solar a escala. Allí entraron los nombres de los planetas, sus medidas, el cálculo proporcional de las distancias, etc.
Así es como aprendieron nuestros hijos. Lo que expondré a continuación, se refiere a este modelo educativo, donde cada niño participa activamente en la construcción de su propio currículo individualizado.

Las universidades en EEUU. reconocen el potencial de la educación en casa.

Ya antes del auge de la educación por internet, muchas universidades estadounidenses descubrieron que los alumnos educados en casa son buenos estudiantes. Por eso, la mayoría de las universidades ya no exigen certificados de estudios. Si un estudiante fue educado en casa, es suficiente que apruebe un examen, y que presente un portafolio de trabajos realizados a lo largo de sus estudios en casa. Así dijo Jon Reider, un oficial de admisión en la Universidad de Stanford, en el año 2000: “(Los estudiantes educados en casa) pueden ofrecer ciertas aptitudes – motivación, curiosidad, la capacidad de responsabilizarse de su educación -, que las escuelas secundarias no inducen muy bien.” (1)
– Y Marlyn McGrath de la Universidad de Harvard dijo que en vez de estudiantes con buenas notas escolares, ellos prefieren estudiantes con “un historial de distinción”, con habilidades especiales: que comenzaron un negocio propio; que fundaron una organización caritativa; que caminaron a pie a lo largo de todo el continente americano desde Tierra del Fuego hasta Alasca; que saben desarmar un tractor completamente y después armarlo de nuevo; etc. Esas son las cosas que valoran las universidades de élite; ellas no valoran tanto los certificados de estudios. (2)

Motivación interna para el estudio independiente

investigan

Los niños educados en casa investigan muchas cosas por sí mismos, porque les interesa. Ellos tienen una curiosidad realmente “científica”. Así dice el investigador chileno, Dr. Carlos Calvo Muñoz:

“Observando como actúan los niños, descubrimos que usan todos los criterios de un investigador dotado, exactamente los mismos. (…) No hay niño que no sea sistemático en la observación. No hay niñita pequeña que no esté observando, que no esté generando experimentos. Si siguen haciéndolo, mañana van a ser científicos, mañana van a ser artistas. Hay que dejarlos.” (3)

Ni siquiera hay que hacer mucho para incentivar esta curiosidad científica; es innata en los niños. Lo único que hay que hacer, es no destruir esta motivación.

Por ejemplo, allí está ese niño observando hormigas en el patio. Desea descubrir de dónde vienen las hormigas, adónde van, donde viven, qué cosas transportan, de qué se alimentan. Tal vez descubre el nido de las hormigas y lo escarba un poco para ver como está organizado por dentro. En este proceso aprende un montón de ciencias naturales.
Pero si este niño está en una escuela, no le dejan hacer sus observaciones: “¡Entra al aula, es hora de clase!” Hay que estudiar “ciencia y ambiente”, hay que copiar de la pizarra un montón de palabras que el niño no entiende, hay que memorizarlo … O sea, la escuela primero apaga la motivación natural del niño; y después intenta artificialmente motivarlo para algo diferente que no le interesa. Como resultado, los niños ya no aprenden por querer saber algo. Solamente aprenden para sacar una buena nota o para evitar el castigo; el contenido ya no les interesa.

En la educación en casa, queremos mantener intacta la motivación propia del niño. Y la educación superior del futuro requiere mucho de esta motivación propia. Esta educación del futuro ya no sucede en un aula donde un profesor dice: “Ahora copien esto, ahora memoricen aquello…” La educación del futuro sucede ante una amplia oferta de informaciones y conocimientos – la mayor parte en internet -, y el estudiante tiene que traer su motivación propia para averiguar, investigar y saber.

Hacer elecciones sensatas de cursos y contenidos

Justo ante esta amplia oferta de conocimientos, el estudiante necesita escoger lo que necesita para su carrera. La educación superior del futuro ya no es un “camino único”. El sistema actual es lineal: tiene un solo currículo, un único programa de estudios, un currículo rígido. Todos tienen que hacer lo mismo, al mismo tiempo, de la misma manera. Este sistema no toma en cuenta que cada alumno es diferente y tiene necesidades diferentes.
¿Cómo queremos entonces que aprendan a hacer decisiones? – ¡si nunca tuvieron la opción de elegir!

lineal

Yo trabajo también con niños escolares, y a veces les pregunto: “¿Qué te gusta hacer?”, o “¿Sobre qué te interesaría saber más?” – Muchos niños no saben responder a estas preguntas. Una vez pregunté así a un grupo de niños que habían asistido a nuestro programa por un buen tiempo. Mi esposa estaba sentada atrás y escuchó como uno de los niños – uno de los mejores alumnos de su escuela – preguntó a voz baja a su vecino: “¿Qué tenemos que decir? ¿Cuál es la respuesta?” – Cuan triste es eso. Esos niños han perdido su personalidad, se han olvidado de que tienen intereses y opiniones, de que son únicos. Solamente tratan de adivinar cuál es la respuesta que el profesor quiere escuchar.

arbol

La educación del futuro, en cambio, es como un árbol. Hay muchas ramificaciones, muchas posibilidades y alternativas. Como al navegar por internet: Cada página tiene muchos enlaces, y estos enlaces llevan a nuevos enlaces, y constantemente tengo que decidir a cuáles quiero seguir. Y para hacer una elección sensata, tengo que saber quien soy, qué me interesa, y adónde quiero llegar.

La educación en casa ya es así desde el inicio. Proveemos un ambiente donde los niños tienen acceso a una gran diversidad de informaciones y materiales interesantes, y ellos eligen. Así se preparan para la educación del futuro.

Respetamos también la individualidad de cada niño. Si observamos el crecimiento de las plantas, vemos que no todas crecen al mismo ritmo.

Maiz

Estas plantas de maíz se sembraron todas al mismo día. Unas están altas y ya producen choclos, otras están todavía bajas y recién empiezan a florecer. Así son también los niños. Cada uno tiene su propio ritmo de desarrollo; no podemos exigirles que florezcan todos al mismo día. Hay un dicho: “Dios no hace copias, solo originales.”

Maiz2

Pero ¿qué hace el sistema escolar? – Con su currículo traza una línea y dice: “A esta edad, todos los niños tienen que aprender a leer.” ¿Y qué pasa con los niños que todavía no están en este punto en su desarrollo? – “Hay que nivelarlos.” O sea, hay que aplicar la fuerza y hay que jalar esta pobre plantita de maíz hasta que tenga el mismo tamaño como las grandes. Inténtelo con unas plantas de maíz, a ver qué pasa…

Nosotros permitimos a los niños que sean niños todavía. No queremos que algún día nos digan: “Papi, mami, ustedes nos han quitado nuestra niñez, nunca nos han permitido jugar, todo el tiempo nos hicieron estudiar no más” – no queremos que tengan que decir eso. El tiempo de ser adultos ya llegará suficientemente rápido.

Aprendizaje activo e innovador

En el sistema escolar, los alumnos tienen que asimilar pasivamente lo que el profesor les pone delante. Podemos decir que están siendo alimentados con cucharita, como bebés – y así los alumnos permanecen todo el tiempo en una etapa infantil.

bebe

La educación del futuro es más como un restaurante: hay un menú, el cliente escoge y pide. O sea, al estudiante se le toma en serio como un cliente, como una persona que tiene derecho a elegir. El estudiante, por su parte, tiene que ser activo, tiene que averiguar, investigar y buscar información; hasta tiene que crear información.

restaurante

Este mismo ambiente es lo que las familias educadoras ofrecen ya en sus casas. Ofrecen oportunidades, y cuando surge un nuevo interés de los niños, los padres tenemos que buscar información relacionada para ofrecer nuevas oportunidades. O sea, nosotros como padres somos los primeros en convertirnos en aprendedores activos. La educación en casa nos cambia a los padres también. Como padre, yo primero me vi obligado a volver a “aprender a aprender”. Y después los niños empiezan a hacer lo mismo.

Por ejemplo, encuentro a mi hijo menor de 13 años ante la computadora, estudiando un manual en inglés. Ahora, en nuestra familia, el inglés es un idioma extranjero, y mi hijo nunca había tenido clases de inglés. Pero aquí está él leyendo este manual en inglés, y me dice: “Es que quiero saber como funciona este nuevo programa que he encontrado, pero su manual viene solamente en inglés.” – “¿Y entiendes lo que lees?” – “Casi todo.” (No puedo dudarlo, porque él logró efectivamente hacer funcionar el programa.) Así que él aprendió inglés por sí mismo. Solamente me queda una duda: ¿y la pronunciación? El ve las palabras escritas, pero como el inglés tiene una pronunciación tan ilógica, ¿acaso va a entender cuando alguien le hable? – Bien, en otro día le veo otra vez en la computadora, esta vez con un videotutorial sobre diseño gráfico, también en inglés. Y el video tiene subtítulos, también en inglés. ¡Mi hijo ha encontrado el método audiovisual ideal! Puede escuchar las palabras y a la vez ver como se escriben, y todo en el contexto de un tema que le interesa. El también se comunica en inglés en foros de internet, y nunca ha tenido ni una sola clase formal. ¡Esta es la actitud que necesita un estudiante para tener éxito en la educación superior!

Como padres educadores, también tenemos que ser innovadores todo el tiempo. Tenemos que buscar constantemente nuevas informaciones, nuevas ideas, nuevos métodos. Así nuestros hijos también se convierten en innovadores. Y tenemos la libertad de hacerlo.

Podemos preguntar en este punto: ¿no se podría hacer lo mismo también en una escuela? – Yo creo que sí. Conozco unas cuantas escuelas que lo hacen. Son unas escuelas alternativas, privadas, pequeñas; la clase de escuelas que los demás miran como “medio raras”. Yo estoy dispuesto también a ayudar a escuelas que quieren ser más activas y más innovadoras. Pero una tal escuela tendrá que estar dispuesta a ir más allá del marco de sus tradiciones y reglamentos. Y tendrá que estar dispuesta a defender su libertad para hacerlo. De otro modo, nadie en el mundo les podrá ayudar a innovar.
Un gran problema del sistema escolar es que es muy reglamentado y muy uniformado. Es como un tremendo bloque de piedra uniforme, que no se deja mover. Los funcionarios controlan todo el tiempo si los profesores siguen haciendo lo mismo como siempre. ¡Así no se puede innovar! Este sistema tendrá que decidirse: ¿queremos ser reglamentados, o queremos innovar? Es que no se puede reglamentar la innovación. Por definición, innovar es salirse del marco de lo conocido.

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Las escuelas privadas tienen un poco más de libertad, y por eso unas cuantas de ellas son innovadoras. Pero están como atadas con cadenas a este gran bloque del sistema estatal, y por eso no pueden moverse muy lejos. Y muchas escuelas privadas no tienen ninguna intención de innovar, que solamente quieren ganar plata con imitar las escuelas estatales.
Pero las familias educadoras son como estas aves que tienen libertad para volar. Constantemente buscan nuevos horizontes, nuevos caminos. Tenemos que innovar todo el tiempo. Y no estamos volando todos por los mismos caminos, hay una gran diversidad en el movimiento de la educación en casa. Por eso yo creo, por lo menos en la situación actual, que este es el movimiento con las mejores posibilidades de producir innovaciones educativas.

Seguridad emocional y un ambiente de confianza para compartir

En la educación del futuro se ve que hay mucha interacción entre estudiantes, mucho aprendizaje colaborativo, retroalimentación mutua, intercambio de informaciones, evaluaciones entre pares … son oportunidades donde el estudiante tiene que ejercer su propio juicio.

Ahora, uno pensaría que eso debería darse en las escuelas también. Pero yo veo que la realidad es otra, por lo siguiente:
La enseñanza escolar – particularmente en América Latina – está muy centrada en el profesor. La única comunicación que sucede es entre el profesor y los alumnos; no hay casi nada de comunicación de los alumnos entre sí. Y especialmente la evaluación es hecha únicamente por el profesor.
También, los alumnos están en una constante competencia unos contra otros: quién es el mejor, quién saca mejores notas, quién alcanza el primer puesto y se gana una beca. Este ambiente de competencia genera el bullying, y mucha inseguridad emocional. – También los padres y los profesores, todos hablan de competitividad; no quieren la colaboración, quieren la competencia. Por eso, los alumnos que salen de este sistema no están preparados para el aprendizaje colaborativo.

En la familia no estamos en competencia. Los hermanos no están en una carrera unos contra otros. La familia es una comunidad colaborativa – por lo menos si los padres la dirigen en este sentido.
En la familia hay un ambiente de confianza, un ambiente emocionalmente seguro. Así es más fácil para los niños hacer preguntas, expresar su opinión, expresar también dudas y críticas. Hay mucho más comunicación individual. En la familia, el niño puede recibir asesoría personal e individual; eso es la forma de instrucción más eficaz, pero en la escuela es prácticamente imposible hacerlo, la interacción es casi siempre entre el profesor y los alumnos en conjunto, como grupo, pero no individual.

Por eso, muchos jóvenes educados en familia tienen una seguridad interior que les permite con más facilidad interactuar también en un ambiente online, participar en un foro de discusión o en un grupo de estudios virtual, se atreven a expresarse y hacer preguntas, eso no es ningún problema para ellos, mis hijos ya lo están haciendo.

Conclusiones y deseos

La educación en casa es entonces una preparación ideal para la educación superior del futuro. Y estoy hablando particularmente de un modelo que es flexible, que permite a los niños elegir según sus intereses y su nivel de comprensión; un modelo sin currículo rígido. Y yo veo que las familias educadoras, sobre todo en EEUU, están muy interesadas en las nuevas formas de educación virtual y libre. Ellas son probablemente el grupo más interesado en estos nuevos desarrollos.

Lo que deseamos entonces es, que se nos reconozca, también aquí en América Latina, como un modelo educativo válido, un modelo que puede existir independientemente de las escuelas, que no debe someterse a las escuelas, y que en muchos aspectos es incluso mejor que las escuelas. En EEUU, en Canadá, y en diversos otros países avanzados ya existe este reconocimiento.

Deseamos también que nuestros hijos tengan la oportunidad de certificar oficialmente sus estudios y sus conocimientos, sin que se les impongan trabas burocráticas. (Esta es una mayor inquietud del grupo peruano al que consulté previo a la conferencia.) Un buen ejemplo es Colombia, donde el ministerio de educación ha declarado oficialmente que la educación en casa es una opción válida:

“La alternativa de una educación sin escuela, no corresponde a una opción de mayorías (…); y por ello no está legislada por el MEN de manera explícita; y esto es entendible, porque las políticas públicas por su misma naturaleza, están diseñadas y tienden a ocuparse de las mayorías.
No obstante, como las leyes claramente responsabilizan de manera primaria a los padres de la educación de sus hijos, (…) la educación sin escuela puede ser una opción posible, siempre y cuando los papás garanticen al Estado que los niños están recibiendo una educación de calidad.
¿Y a través de qué mecanismos pueden llevarse a cabo estas opciones?, mediante los exámenes de validación que los niños y jóvenes pueden realizar. (…)” (4)

Aquí en el Perú, la situación legal es muy similar, también existe un reglamento acerca de la convalidación de estudios independientes; pero los funcionarios a menudo no quieren aplicar esta posibilidad, o solamente con muchas restricciones; muchos tienen todavía la idea de que los conocimientos no se pueden certificar, que solamente se pueden certificar las horas de estar sentados en clase. ¡Pero lo que importa son los conocimientos! Todavía falta mucha concientización en este sentido, los funcionarios del sistema escolar deben entender que se puede aprender también sin escuela, incluso mejor que en la escuela. En la educación superior, eso ya se está convirtiendo en una tendencia mundial. Hace falta que lo mismo se reconozca también en la educación básica.


 

Notas bibliográficas:

(1) Patrick Basham, John Merrifield y Claudia R.Hepburn, “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”, Instituto Fraser, Vancouver 2007

(2) John Taylor Gatto, “Weapons of Mass Instruction”, New Society Publishers, Canadá 2009

(3) German Doin y otros, “La educación prohibida”, película documental

(4) Heublyn Castro Valderrama, Subdirectora de Referentes y Evaluación de la Calidad Educativa, Ministerio de Educación Nacional de Colombia. Ponencia en el congreso “Un mundo por aprender”, Bogotá 2009-2010.

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Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 3)

Esta es la continuación de un artículo que describe las paralelas entre iglesias institucionales y escuelas, y los problemas que resultan en estas instituciones.

Procedimientos prescritos desplazan el cumplimiento de la tarea verdadera.

Varias veces me llamó la atención el hecho de que los profesores profesionales raras veces están interesados en saber cómo aprenden los niños en realidad. Claro que hay excepciones. Pero por lo general, encontré que son exactamente los profesores quienes tienen mayores dificultades en aceptar y asimilar datos acerca de los procesos de aprendizaje en los niños, y acerca de los ambientes más propicios al aprendizaje. Ellos están tan llenos de procedimientos, currículos y métodos prescritos por el estado, que ya no preguntan si estos procedimientos y métodos sirven efectivamente para su supuesto propósito, de que los niños aprendan algo. – En cambio, encontré que exactamente aquellas personas que demostraban tener un talento natural para la enseñanza, eran los menos interesados en estudiar la carrera de “educación”.
Los directores de escuelas, funcionarios escolares del estado, etc, se encuentran aun más alejados de la realidad pedagógica. Muchos de ellos se limitan a seguir ciegamente las órdenes del estado, sin preguntar si algo de esto es realmente bueno para los niños.

Mis propios hijos han adquirido la mayor parte de sus conocimientos en las actividades menos “escolares”: Descubriendo juntos cómo se puede programar un juego de computadora. Buscando imágenes y descripciones de animales y plantas en la internet. Viajando a otra región del país. Leyendo espontáneamente un libro que les interesaba, sin tener que dar un examen sobre ello.

Algo muy parecido observo en las iglesias institucionales. Las iglesias y los pastores se interesen raras veces en saber cómo crece un cristiano en su fe, cómo obra Dios en una conversión verdadera, o si los miembros de sus iglesias realmente nacieron de nuevo. En cambio, están llenos de estrategias evangelísticas y tradiciones eclesiásticas que copiaron de otras personas. Estas estrategias y tradiciones producen miembros adaptados y conformistas; pero ¿producen también verdaderos creyentes en Jesucristo? Los pastores raras veces se hacen esta pregunta. Mayormente se contentan con que alguien haya sido “alcanzado” por la estrategia de moda (evangelización masiva, prédica al aire libre, célula, evangelización personal, o lo que sea), y que haya pasado por los pasos prescritos (“oración de entrega”, bautismo, curso bíblico, etc.). Se da más importancia a la ejecución correcta de los procedimientos y rituales, que a la pregunta si existe todavía alguna realidad espiritual detrás de estos rituales.

Los tiempos de oración más intensa, y el interés más vivo en cuestiones de la fe, los encontré normalmente en ambientes muy alejados de las “iglesias”: en reuniones y viajes misioneros juveniles “inoficiales” que no estaban bajo la “cobertura” de ninguna iglesia institucional.

Este principio se aplica tanto a la escuela como a la iglesia: Cuanto más institucionalizada es, menos cumple su tarea verdadera.

Toda institución tiende a producir una cantidad excesiva de reglamentos, formularios, organigramas, etc. Pero todo eso sirve solamente para la apariencia exterior, para satisfacer el deseo de los líderes y burócratas de sentirse importantes, y para impresionar a los miembros y observadores. El exceso de reglamentos no contribuye en nada para alcanzar los objetivos que oficialmente se declaran. Solamente sirve para establecer procedimientos protocolarios que nadie puede cumplir al pie de la letra. Por tanto, hay una manera fácil de acusar y eliminar a cualquier miembro cuya presencia incomoda a los líderes: Puesto que nadie puede evitar romper alguna vez uno de los infinitos reglamentos y procedimientos, se rebuscan sus fallas formales que cometió, y éstas sirven como una razón cómoda para expulsarlo y para encubrir los verdaderos motivos de su expulsión. Los gobiernos políticos demuestran diariamente cómo se hace eso. Pero las escuelas y las iglesias no son mejores.

Se institucionalizan las relaciones personales.

Tanto las escuelas como las iglesias institucionales nos engañan en cuanto a la calidad de las relaciones personales. La escuela dice ser necesaria para la “socialización” de la próxima generación. En discusiones acerca de la educación en casa se pregunta a menudo: “¿Cómo aprenderán los niños a integrarse en un grupo, si no van a la escuela?” – “¿Cómo aprenderán a tratar bien a los que tienen opiniones distintas?” – etc. – Y de manera muy parecida dicen los representantes de las iglesias institucionales que un cristiano necesita estas instituciones para aprender y practicar la comunión cristiana.

Pero su práctica es muy distinta. En la realidad, ambas instituciones priorizan sus metas institucionales. Las relaciones personales tienen que servir estas metas, y así se distorsionan. En vez de juntar a las personas, las instituciones los enajenan unos de los otros. Conozco solamente dos lugares en el mundo donde las personas están durante horas sentados juntos en la misma banca sin tener la oportunidad de intercambiar una sola palabra: en la escuela y en la iglesia. (Bien, existe un tercer lugar con la misma característica: un concierto clásico. Pero nadie pretende que la asistencia a conciertos clásicos sea necesaria para tener comunión unos con otros.)

¿Qué clase de relaciones personales existen entre los alumnos de una escuela? No llegan a conocerse entre sí como humanos, solamente como competidores. Establecen un “orden de picoteo” donde decide la ley del más fuerte. No se practican virtudes como la ayuda mutua, la sinceridad o la compasión. Como dijo John Taylor Gatto después de treinta años de experiencia como profesor:

“Los niños que yo enseño, son crueles entre ellos. No tienen compasión con el desafortunado, se ríen de la debilidad, y desprecian a sus prójimos necesitados de ayuda. – Los niños que yo enseño, se sienten incómodos frente a la intimidad personal y la honestidad. Ellos se parecen a muchos niños adoptados que conocí: no pueden manejar la intimidad personal, porque se han acostumbrado a mantener su verdadero yo en secreto, escondido detrás de una personalidad exterior artificial…”
(John Taylor Gatto en “Por qué las escuelas no educan”.)

¿Y qué del buen trato con los que tienen opiniones distintas? El alumno que no piensa igual como el profesor, no tiene oportunidad de pronunciarse. Y donde el profesor no tiene ninguna opinión, la clase establece prontamente su “opinión oficial”, basada en el “orden de picoteo”. El que no apoya la opinión oficial, será marginado – aun si se trata de asuntos tan triviales como la opinión acerca de la mejor telenovela, el mejor deportista o el mejor grupo musical.

Y en cuanto a las relaciones entre profesor y alumnos: éstas no pueden ser honestas y verdaderamente humanas, mientras el profesor con su poder sobre las notas mantiene un control absoluto sobre la posición social y el futuro profesional de sus alumnos. Aun si el profesor realmente valora a sus alumnos y se esfuerza por comprenderlos – el sistema lo obliga a descalificar a aquellos que “rinden” menos.

¡Cuán diferente era esto en los tiempos cuando la enseñanza y el aprendizaje eran todavía libres! Un futuro artesano o estudiante universitario podía personalmente escoger a su maestro. Averiguaba acerca de la personalidad y las cualidades del maestro, y decidía estudiar con uno que le convencía. Ninguna institución le obligaba a estudiar con un determinado maestro, o según un método determinado. Tampoco hubo calificaciones mediante notas.
Un antiguo filósofo griego con sus alumnos, un profeta o rabino israelí con sus discípulos, un maestro medieval con sus aprendices – seguramente se relacionaban con más confianza y sinceridad que un profesor actual con sus alumnos, o un pastor actual con los miembros de su iglesia. Es que antiguamente, las relaciones entre maestro y discípulo se basaban en una elección voluntaria. Pero a medida que la institucionalización avanzó, las relaciones personales se deterioraron.

Miremos lo que sucede en las iglesias institucionalizadas. En sus reuniones sucede muy poca “comunión”. No es comunión, estar sentados en la misma banca, cantar las mismas canciones y escuchar la misma prédica. – Muchas iglesias hoy en día tienen “células”. Esto es un paso en la dirección correcta. Pero demasiado a menudo, estas células son programadas y controladas de manera centralizada. Entonces tienen que cumplir con un programa prescrito, el cual impide una comunión realmente transparente. O se encuentran bajo una presión de ganar a nuevos miembros, y entonces hacen esfuerzos enérgicos para parecer “atractivas” – lo que normalmente tiene el efecto contrario. – Iglesias en casa, independientes, tienen más libertad en este respecto. Pero ¿realmente harán uso de esta libertad?

En el libro “¿Asi que ya no quieres ir a la iglesia?”, un visitante de una iglesia en casa desafía a los participantes con los siguientes comentarios y preguntas:

“En vez de intentar levantar una iglesia en casa, aprendan a amarse unos a otros, y a compartir el viaje unos de los otros. ¿A quién quiere Jesús que acompañes ahora mismo, y cómo puedes animar a esa persona? Entonces, sí, experimenten con la comunión juntos. Aprenderán mucho. Solo eviten el deseo de hacerlo artificial, exclusivo o permanente. Las relaciones no funcionan de esta manera.
La iglesia es el pueblo de Dios que aprende a compartir su vida juntos. Es Marvin allá y Diana aquí. Cuando pregunté a Ben acerca de vuestra vida juntos, me contó mucho acerca de vuestras reuniones, pero nada acerca de vuestras relaciones. Esto me indicó algo. ¿Conoces siquiera la esperanza más grande de Roary, o la lucha actual de Jacob? Estas cosas raras veces salen a la luz en reuniones. Salen en relaciones naturales que suceden durante la semana.”

En las relaciones entre pastores y miembros de iglesias observamos los mismos problemas como en las relaciones entre profesores y alumnos. Aunque un pastor no tiene poder sobre el futuro profesional de los miembros (con excepción de los colaboradores de la iglesia a tiempo completo); pero tiene – supuestamente – poder sobre el futuro eterno. Esto coloca una presión insoportable sobre los miembros, especialmente sobre los más entregados y sensibles. Y demasiados pastores se aprovechan de ello sin vergüenza, para manipular a los miembros a su antojo.

En general: Cuanto más institucionalización, menos comunión auténtica. En un tal ambiente institucionalizado mueren las amistades sinceras. En cambio, la gente establece supuestas “amistades”, solamente para alcanzar determinadas metas. Las personas no se valoran entre ellos como personas en sí; se valoran solamente a medida que contribuyen a las metas institucionales. Superficialmente muestran comprensión, ayuda mutua y amor al prójmo – pero solamente mientras el prójimo se deja institucionalizar también. Tan pronto como ya no tienen metas institucionales comunes, revienta la burbuja de la supuesta “amistad”.

Esta institucionalización de las relaciones personales tiene consecuencias fatales en el caso de conflictos: Estos se inflan para convertirlos en “casos disciplinarios institucionales”. En casos extremos, un tal conflicto institucional puede arruinar todo el futuro profesional y personal de los afectados. En cambio, en un entorno no-institucionalizado, los conflictos personales se pueden tratar en el nivel personal, y así son mucho más fáciles de solucionar. Lo ilustraremos con un ejemplo del Nuevo Testamento:

Pablo y Bernabé eran colaboradores y amigos en su primer viaje misionero. Uno de sus acompañantes era Juan Marcos; pero él los dejó en medio camino por razones desconocidas. Al alistarse para el segundo viaje misionero, Bernabé quiso llevar otra vez a Juan Marcos; pero Pablo no estaba de acuerdo. El desacuerdo entre ellos era tan fuerte que se separaron. Entonces Bernabé emprendió su propio viaje con Juan Marcos a Chipre, mientras Pablo buscó a otro acompañante y se fue a Asia. (Vea Hechos 15:36-40).

Según el relato bíblico, se trataba de un asunto personal entre ellos, y no hubo mayores consecuencias. Su desacuerdo no era acerca de cuestiones esenciales de la fe, y por tanto no había razón para ocuparse más del asunto. Supongo que la relación entre Bernabé y Pablo quedó afectada por un buen tiempo. Pero ninguno de ellos fue dañado en cuanto a su ministerio espiritual. Muchos años más tarde leemos que aun Pablo reconoció otra vez la utilidad de Juan Marcos (2 Timoteo 4:11). No fue para poco: se trata del autor del Evangelio según Marcos.

¿Cómo hubiera terminado esta historia en una iglesia o sociedad misionera actual? – Puesto que tengo mis experiencias al respecto, me lo puedo imaginar vivamente. El conflicto personal se hubiera llevado al nivel institucional: Puesto que Pablo era el líder de la “empresa misionera”, él hubiera emitido una declaración oficial de que Juan Marcos era incapaz para el trabajo misionero. Esta decisión se hubiera comunicado inmediatamente a los líderes más importantes. Bernabé, aunque originalmente fue el líder principal de la misión, hubiera perdido su “cobertura espiritual” al separarse de Pablo. Posiblemente lo hubieran acusado de “rebeldía” y de “dividir la iglesia”. Tanto Bernabé como Juan Marcos se hubieran visto impedidos de seguir colaborando con las iglesias fundadas por Pablo. Hubieran dejado el ministerio, o hubieran fundado una nueva denominación. – ¡Qué bueno que Pablo no actuó como un líder institucional!

Podríamos fácilmente encontrar ejemplos parecidos del entorno escolar.

Los conflictos personales deben solucionarse al nivel personal. Pero un entorno institucionalizado no permite eso. Los implicados no pueden simplemente enfrentarse como personas humanas. Su comunicación está constantemente afectada por sus rangos respectivos en la jerarquía institucional. Un solo líder, o un pequeño grupo de líderes, institucionaliza su opinión personal y la promulga como verdad absoluta. El conflicto personal se convierte en una demostración de poder de parte del líder. O se provoca una lucha por el poder entre los líderes.

Conclusión

Tanto las iglesias como las escuelas se han institucionalizado de maneras similares. Esto causa problemas muy similares en ambas instituciones.

En consecuencia, durante las últimas décadas se han formado movimientos contrarios en ambos ámbitos: El movimiento de la educación en casa como alternativa a la escolarización; y el movimiento de las iglesias en casa, “iglesias sencillas”, etc, como alternativa a las iglesias institucionalizadas. (Aunque algunos grupos de iglesias en casa son igual de institucionalizados como las iglesias tradicionales; éstas no serían una alternativa verdadera.)

En esta serie de artículos intenté mostrar las paralelas entre iglesia y escuela. Quise demostrar que los dos “movimientos no-institucionalizados” – en cuanto agrupan a cristianos – tienen la misma esencia y pueden aprender el uno del otro. “Iglesia en casa” y “educación en casa” tienen mucho en común. Ambos – si se entienden de la manera correcta – colocan la familia nuevamente en el centro de la vida diaria. Ambos trabajan por una restauración de las relaciones interpersonales que fueron distorsionadas por la institucionalización. Y yo creo que ambos están más cerca del cristianismo original que cualquier otro movimiento del presente.

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Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 1)

Observo en mi entorno que a la palabra “institucionalizar” se le atribuye generalmente un significado positivo. En el pensamiento popular, “institucionalización” se asocia con “orden”, “legalidad” y “calidad”. Poco se considera la otra cara de la moneda: “Institucionalizar” significa destruir un orden natural, para establecer un orden artificial. Y el orden artificial trae consigo la burocratización de la vida, la corrupción, y la destrucción de los lazos humanos y afectivos.

El teólogo y primer ministro holandés Abraham Kuyper entendió bien esta distinción entre el orden natural y el orden artificial. El fue un líder político profundamente comprometido con el orden constitucional de su país. Sin embargo dijo:

“… Es sumamente importante tener en mente la diferencia entre la vida orgánica (natural) de la sociedad y el carácter mecánico del gobierno. Cualquier cosa entre los hombres que se origina directamente de la Creación, contiene todos los datos para su desarrollo en la naturaleza humana como tal. Uds. pueden ver esto en la familia y en la conexión de los lazos sanguíneos. De la dualidad de hombre y mujer surge el matrimonio. De la existencia original de un solo hombre y una sola mujer, surge la monogamia. Los niños existen a causa del poder innato de reproducción. Naturalmente, los niños están conectados entre ellos como hermanos y hermanas. Y cuando estos hijos, con el tiempo, se casan también, todas estas conexiones surgen de la relación de sangre y otros lazos que dominan la entera vida familiar. En todo esto no hay nada mecánico. El desarrollo es espontáneo, como el del tronco y las ramas de una planta.

De hecho, sin el pecado no hubiera habido ni un gobierno ni un orden de estado; sino la vida política entera se hubiera evolucionada de forma patriarcal, desde la vida de la familia. Ni jueces ni policía, ni ejército ni marina, son concebibles en un mundo sin pecado; y por tanto toda regla y ordenanza y ley desaparecería, así como todo control y poder del magistrado, si la vida se desarrollara de manera normal y sin obstáculo desde su impulso orgánico. ¿Quién venda, donde nada es fracturado? ¿Quién usa muletas, cuando sus miembros están sanos?

Por tanto, toda formación de Estado, todo poder del gobierno, todo medio mecánico de forzar un orden y de garantizar un rumbo sano de la vida es siempre algo poco natural, algo contra lo cual las aspiraciones más profundas de nuestra naturaleza se rebelan; y que en este mismo momento podría convertirse en la fuente de un terrible abuso de poder por parte de aquellos que lo ejercen, y de una revolución continua de parte de las multitudes.

(…) Aunque podemos admitir que aun sin el pecado, hubiera sido necesario combinar las muchas familias en una unidad superior, esta unidad hubiera sido internamente envuelta en el Reino de Dios, quien hubiera gobernado directa y armoniosamente en los corazones de todos los hombres. Entonces no hubieran existido estados, sino un solo imperio mundial orgánico, con Dios como su Rey; exactamente lo que es profetizado para el futuro que nos espera, cuando todo pecado haya desaparecido.

Pero es exactamente esto lo que el pecado ahora ha eliminado de la vida humana. Esta unidad ya no existe. Este gobierno de Dios ya no prevalece. Un imperio mundial no puede ni debe establecerse. Este mismo deseo contumaz llevó a la construcción de la torre de Babel. Así surgieron pueblos y naciones. Estos pueblos formaron estados. Y sobre estos estados, Dios puso gobiernos. Y así, si me permiten la expresión, no es una cabeza natural que haya crecido orgánicamente desde el cuerpo de los pueblos, sino una cabeza mecánica, que desde afuera fue puesta sobre el tronco de la nación. Solo un remedio para una condición equivocada. Un palo puesto al lado de la planta para mantenerla parada, porque sin este palo caería al suelo por su debilidad.”

(Abraham Kuyper, “El calvinismo y la política”)

Ahora, existen dos órdenes de la sociedad que hasta hoy debían desarrollarse de forma natural, según la voluntad de Dios: la familia y la comunidad de los cristianos. (De hecho, la estructura de la comunidad cristiana debería ser la misma como la estructura de la familia, como describí en “La iglesia cristiana se centra en las familias”.) Dios nunca quiso que las familias o las comunidades cristianas sean “institucionalizadas” de la misma manera como los gobiernos estatales. Las familias y la comunidad de los cristianos son estructuras basadas en la relación con Dios, el amor, la ayuda mutua, la comprensión humana, y todo lo que da valor a las relaciones interpersonales. En estos ambientes no debería haber lugar para reglamentos y trámites burocráticos, ni para el trato frío que caracteriza las relaciones de funcionarios gubernamentales con sus súbditos.

Sin embargo, la sociedad actual ha institucionalizado y despersonalizado aun estos ámbitos sagrados. La familia – y especialmente su propósito central, la educación de los niños – ha sido remplazada por la escuela. Y la comunidad de los cristianos ha sido remplazada por la iglesia institucional. No nos extraña, entonces, que ambas instituciones – las escuelas y las iglesias institucionales – estén causando la misma clase de problemas en las vidas de quienes las integran. Efectivamente hay un gran paralelismo entre las formas como ambas instituciones destruyen las relaciones interpersonales, y el orden divino acerca de la convivencia humana. En consecuencia, ambas instituciones atentan aun contra sus propios propósitos declarados. Demostraré algunas de estas paralelas.

Ambas instituciones atentan contra la familia.

Como padres deseamos brindar a nuestros hijos una vida familiar sana. Esto implica en primer lugar pasar mucho tiempo juntos con ellos. Hemos experimentado que tanto la escuela como la iglesia institucional impiden alcanzar esta meta.

La mayoría de las iglesias cristianas, en la mayoría de sus eventos y reuniones, separan a los niños de sus padres. Conocí a muchas iglesias donde las reuniones de los niños se llevan a cabo no solamente en ambientes distintos, sino también en horarios distintos de las reuniones de adultos. De esta manera, las familias ni siquiera pueden “ir a la iglesia” juntas. Una familia que es miembro de una tal iglesia, ya no puede pasar tiempo juntos en los días de reunión.

Investigaciones en los Estados Unidos descubrieron que la tasa de divorcios entre cristianos evangélicos es la misma, o aun más alta, que en el resto de la población. Obviamente, las iglesias no contribuyen en nada a fortalecer las familias.

En la mayoría de las iglesias, sus reuniones de niños se llaman “Escuela dominical”. Con esto expresan claramente que fueron inspiradas por el sistema escolar secular, y no por algún orden de Dios.

De hecho, esta administración de los miembros de iglesias por edades contradice la palabra de Dios. En la iglesia original, la familia era el centro de la comunidad cristiana, y todo lo demás giraba alrededor de la familia. Pero las iglesias institucionales actuales separaron su “vida eclesiástica” de la vida familiar, y trasladaron sus reuniones a un edificio impersonal dedicado a eventos al estilo de una escuela.

En los últimos años se fundaron “iglesias en casa” en distintos lugares, con la meta de acercarse más al modelo original del Nuevo Testamento. Tales “iglesias en casa” tienen la gran oportunidad de redescubrir la familia como núcleo de la comunidad cristiana, y de deshacerse de las formas institucionales y “escolares”. La gran pregunta es, si de verdad harán uso de esta oportunidad. (Puesto que todavía no pude conocer a ninguna iglesia en casa en mi país, no conozco la respuesta a esta pregunta.)

Ahora, si hablamos de la escuela, allí la separación y destrucción de las familias es aun más obvia. Los niños son separados de sus padres por cada vez más horas al día, y a una edad cada vez más temprana. Hace cien años, los niños entraron a la escuela alrededor de los ocho años de edad, y asistieron solamente por unas pocas horas al día. Pero hoy en día, en muchos países se obliga a los pequeños de tres años a que vayan a la escuela, y en la primaria las clases ya pueden durar hasta siete horas al día. Y aun cuando están en casa, no están realmente libres. Tienen que hacer tareas, en algunos casos hasta las altas horas de la noche, y a menudo en grupos, de manera que aun este tiempo no lo puede pasar con sus familias. ¿Qué tiempo queda todavía para cultivar una vida familiar?

Pero según la voluntad de ciertos políticos, la vida familiar debería desaparecer por completo. Así se pronunció por ejemplo el Consejo Educativo de Alemania, ya hace treinta años:

“El Consejo Educativo Alemán recomienda como objetivo del quehacer pedagógico en la educación elemental, ‘minimizar la dependencia de los niños de sus personas de referencia’ – ¡esto se refiere en primer lugar a los padres! (Según estos políticos), los niños pertenecen a la sociedad, la cual generosamente reparte ciertas tareas educativas entre padres e instituciones estatales.”
(Eberhard Muhlan, “Kinder in der Zerreissprobe”, 1985)

Desde entonces, este objetivo se ha cumplido. Hoy en día es casi imposible encontrar a alguna familia funcional. Esta es la consecuencia de la extrema escolarización e institucionalización de nuestra sociedad. Y esto a su vez tiene como consecuencia, que aumentan constantemente los problemas de la juventud: desorientación, delincuencia, alcoholismo y drogadicción, relaciones sexuales prematuras y perversiones sexuales, suicidios.

(Continuará)

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¿Aprenden profesores cómo aprenden alumnos, o solamente aprenden a enseñar? (Parte 1)

Durante los últimos años tuve la oportunidad de observar a docenas de alumnos que no aprenden casi nada en sus escuelas. Estos no son alumnos excepcionalmente “bajos”; son alumnos de inteligencia normal, e incluso algunos de ellos están entre los mejores de su sección. Tampoco es solamente mi impresión subjetiva; esto ha sido comprobado estadísticamente:

“En México, la OCDE – Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico – dió a conocer hace unas semanas que el 66% de los jóvenes de 15 años tienen competencias insuficientes en matemáticas, y el 52% las tienen para leer textos. La Tarea, revista de educación y cultura, publicó el siguiente reportaje: “En torno a la educación primaria, se cita la cifra de 31.1% de niños con rendimiento nulo o mínimo aprobatorio, se da aquí una relación inversa entre el grado y el nivel de aprovechamiento que se explica porque el niño avanza grado a grado con enormes carencias que se complican conforme avanza. En evaluaciones posteriores se encontró que en sexto año se encuentran los niveles más bajos de toda la primaria…”
(Kathleen McCurdy, “Las neuronas que el colegio olvidó”, 2006)

O sea: Un tercio de los alumnos de primaria, y más de la mitad de los alumnos de secundaria, no aprendieron prácticamente nada. Y esto a pesar de que completaron toda la carrera escolar. (¿O podemos decir: a causa de la escuela?)

¿Por qué sucede esto? La estadística no nos lo dice. Pero quizás nos ayudará la observación de algunos casos particulares.

Un alumno de cuarto grado viene con una lista de diez palabras en su cuaderno. Tiene como tarea, buscar en el diccionario las definiciones de estas palabras y copiarlas en su cuaderno. (Una tarea frecuente y rutinaria en las escuelas primarias.) Le pregunto si sabe lo que significan las palabras. No, solamente tiene una idea borrosa de una o dos de ellas; las otras le son completamente desconocidas. La primera palabra es “fenómeno”. En el diccionario dice: “Toda manifestación de la materia o de la energía. – Cosa extraordinaria o sorprendente.” – El alumno, obedientemente, copia esta definición. Después le pregunto: “¿Puedes ahora decirme qué es un fenómeno?” – “Mm… algo como un fantasma.” – Obviamente, el alumno no comprendió la definición que acaba de copiar. Esto no me extraña, pues la definición contiene por lo menos tres palabras que mi alumno tampoco conoce. Intento explicarle lo que significa, pero el alumno no tiene paciencia conmigo: “Continuemos rápido, quiero terminar esta tarea, después tengo todavía una tarea de matemática.”

Así gasta el alumno una tarde entera en tareas que no le ayudan a aprender nada en absoluto. Podría igualmente copiar unos signos chinos. El pensamiento de los niños en edad de primaria se enfoca todavía completamente en lo concreto. Ellos no pueden aprender palabras nuevas por medio de definiciones abstractas. Tienen que familiarizarse con ellas en el contexto de una experiencia concreta, o de un relato que está al nivel de comprensión de ellos. Me pregunto ¿si la profesora sabe esto?

Muchos alumnos de primaria relatan que su profesora los pega cuando no tienen las tareas hechas, o cuando sacan una mala nota en un examen. (Aquí en la sierra peruana, esto se considera todavía normal. No sé cómo es en otras regiones o países; todavía no recibí ninguna reacción a mi artículo correspondiente. Pero aun donde los profesores no pegan a sus alumnos, con seguridad conocen otros métodos de humillarlos.) No extraña entonces, que los alumnos tienen miedo ante cada examen – o incluso ante cada mañana escolar. Pero un alumno con miedo rinde aun menos de lo que podría. ¿A algún profesor le preocupa esto?

La jornada escolar aumenta continuamente. Ya son cinco a seis horas cada mañana – casi sin interrupción, excepto un recreo de media hora. Y este año las escuelas empezaron a hacer regresar a los alumnos también en las tardes por dos o tres horas – y a esto se añaden todavía dos a cuatro horas de tareas en casa. Los alumnos que dificultan con algún tema, necesitan aun más tiempo. (Vea “Más cárcel para los niños”.)
Y esto con que ya se sabe que el cerebro humano – aun en estudiantes adultos – después de cuatro horas de estudio ya no es capaz de asimilar más, y entonces necesita una pausa prolongada. Aun sin investigaciones científicas, el sentido común debería decirnos que un niño no es una máquina de aprendizaje que podríamos forzar continuamente. Un niño necesita también tiempos de descanso, de movimiento físico, de trabajo práctico y de juego. Si les quitamos estos tiempos (con la suposición errónea de que así aprendería más), entonces logramos lo contrario: los niños quedan agotados y aprenden menos. ¿Alguna vez alguien dijo esto a los profesores y a los planificadores escolares?

Después de hacer muchas observaciones parecidas a estas, se impone la pregunta que hice en el título: ¿Escuchan los profesores en su formación profesional alguna vez cómo aprenden los niños? ¿O se les enseña solamente cómo deben enseñar según los reglamentos de los planificadores escolares estatales?

He preguntado a algunos profesores: “¿Cuánto tiempo se invirtió durante su formación profesional en estudiar cómo aprenden los niños?” – En su mayor parte ni siquiera entendieron la pregunta. Ellos aprendieron mucho acerca de la planificación de la enseñanza, preparación de lecciones, didáctica, métodos de enseñanza, y cómo llenar todos los formularios y trámites burocráticos. Todas estas son cosas que hace el profesor y que se exige que un profesor las haga. Pero no aprendieron casi nada acerca de lo que pasa en los niños: cómo funciona el proceso de aprendizaje de parte del niño; qué ambientes son propicios al desarrollo de la inteligencia infantil; qué formas o estilos de aprendizaje existen; etc. El profesor promedio – por lo menos aquí en el Perú – es prácticamente ignorante acerca de cómo aprenden los niños. (No sé como es en otros países; estoy escribiendo desde la perspectiva de mi propio entorno.) Y probablemente tampoco le interesa, porque nadie lo controla en eso ni le toma examen sobre eso. Lo que se controla, es si el profesor enseña “correctamente” (según las directivas estatales).

En todo esto se presupone que al enseñar “correctamente”, los alumnos aprenderían automáticamente. O como dijo Iván Illich – él lo dijo más o menos así: “El entero sistema escolar se basa en la suposición errónea de que el aprendizaje es el resultado de enseñanza.” – Las estadísticas arriba mencionadas son suficientes para refutar esta suposición: Aproximadamente la mitad de los alumnos expuestos a tal enseñanza, no aprenden casi nada. (Y si investigamos más profundamente, encontramos que aquellos que realmente aprenden algo, no lo aprenden en la escuela. Los alumnos que realmente aprenden, adquieren sus conocimientos mayormente de sus padres o por medio del estudio individual independiente.)
Además ya existen miles de contraejemplos, gracias al movimiento de la educación en casa en Estados Unidos y algunos otros países: Niños que aprenden más que los alumnos escolares (vea esta investigación), aunque (¡¿o porque?!) raras veces reciben “enseñanza” al estilo escolar. (Un buen porcentaje de las familias educadoras no utilizan currículos fijos ni libros de texto escolares, sino que usan un programa flexible y práctico, el cual es motivado principalmente por los propios intereses de los niños. Vea “La Fórmula Moore”.)

¿Cómo entonces aprenden los niños? – De esta pregunta nos ocuparemos en una segunda parte.

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Las lecciones sabias de la historia para los educadores

Por el Dr. Raymond Moore

Ralph Waldo Emerson tenía razón cuando dijo: “Los años enseñan muchas cosas que los días nunca saben.” Cuando desafiamos la sabiduría de la historia, provocamos el colapso de nuestra sociedad. Algunos piensan que el estudio de la historia no tiene valor. Y cuando la estudiamos, a menudo pensamos que nunca nos podrá suceder lo que sucedió a Grecia o a Roma. Cuando nos damos cuenta de que sí puede suceder, es demasiado tarde.

(…)

En la Grecia antigua, Aristóteles y Platón desarrollaron la idea de que el estado era dueño de la familia. (Aunque ellos habían ambos sido educados en casa por sus padres.) Ellos propagaron la filosofía de que los niños debían ser sometidos al estado. En su Libro VI, Platón enfatizó que era importante alcanzar “la mente joven y tierna”. El escribió: “Este es el tiempo cuando el carácter está siendo formado, y fácilmente recibe cualquier impresión que uno desea imprimir sobre él.” Y en Crito, su perspectiva era claramente totalitaria: “Puesto que fuiste traído al mundo y alimentado por nosotros [el estado], ¿puedes negar que eres nuestro hijo y nuestro esclavo?”
Más tarde, su discipulo Aristóteles declaró en su Política que “el estado es por naturaleza anterior a la familia y al individuo, puesto que el entero es necesariamente anterior a su parte.” Y él propagó la idea de que el estado debía encargarse de los niños por lo menos a partir de la edad de siete años. Entonces, durante varias generaciones, los niños vivían alejados de sus familias, y fueron dominados por la rivalidad entre compañeros, el ridículo, las presiones del grupo, la obscenidad, las drogas y el sexo. Y dentro de poco, este estado colapsó.

Roma repitió muchas de las locuras griegas. Con la excepción de César Augusto, quien prolongó la vida de su nación por medio de sus “Leyes Julianas” que protegían la integridad de la familia. Quintilián, el eminente educador romano, dijo que la educación en casa, con su influencia positiva sobre la integridad de la familia, era superior a las escuelas del gobierno. Pero el conformismo prevaleció, el totalitarismo venció nuevamente, y el Imperio Romano colapsó, porque su sociedad había debilitado sus familias.
Las Leyes Julianas podrían ser un buen modelo para nosotros. Estas leyes requerían, entre otras cosas, que las parejas jóvenes (1) se casaran, en vez de convivir en concubinato; (2) que tuvieran hijos; y (3) que sustentaran a sus padres ancianos. Este último punto es muy significativo para nuestros tiempos, donde tantos hijos se contentan con ver a sus padres y abuelos ancianos languidecer innecesariamente en alguna institución estatal. Esta es a la vez una lección para los padres: Si usted envía a sus hijos fuera de la casa antes que estén listos para ello, ellos harán lo mismo con usted cuando usted sea anciano.

Sobre la base de la filosofía de Platón y Aristóteles, su doctrina del “estado como padre” no era tan sorprendente: el estado tiene una vida mucho más larga que el individuo. Entonces, ¿por qué no debería el estado ser el padre de todos? Más tarde, también Marx, Gandhi, y Mao Tse-tung sacrificaron la familia tradicional a favor del bienestar económico del estado. Desde su perspectiva atea, ellos razonaron lógicamente que la vida de un individuo era corta, pero el estado era “para siempre”.
Sin embargo, los judíos y cristianos saben que la vida de cada persona es eterna. Este concepto refuta las ideas temporales de los filósofos, y valora mucho más al individuo y a la familia. Esto fue lo que hizo Moisés; y los cristianos a menudo quedamos avergonzados ante nuestros amigos musulmanes quienes se dedican tanto a las relaciones familiares que consideran sagradas, y a la edificación de hijos fuertes en su carácter.
Ahora, en la época de Marx, Gandhi y Mao, la historia del socialismo se repite. Muchos ahora insisten en que el estado es dueño de los niños. Por eso, Carle Zimmerman predice el desastre para la sociedad americana.

(De: Raymond y Dorothy Moore, “The Successful Homeschool Family Handbook”, 1994)

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