Educación Cristiana Alternativa

Educación es algo muy diferente de lo que usted piensa …

Gramática en la cocina

(o donde sea…)

¿Debe un niño de primaria aprender reglas de gramática? – El currículo estatal dice que sí; pero muchos educadores que investigan el aprendizaje de los niños, recomiendan que no. Así dice por ejemplo Jane Healy, después de investigar los aspectos neurológicos del aprendizaje en los niños:

“Al obligar cerebros inmaduros a un aprendizaje de nivel superior, serán forzados a trabajar con sistemas de nivel inferior, lo que dañará la habilidad deseada. Yo mantengo que muchos de los fracasos escolares actuales resultan de expectativas académicas que fueron forzadas sobre los alumnos como con una niveladora, antes que sus cerebros estuvieran preparados para ello.
(…) Las reglas abstractas de gramática y uso del lenguaje deberían enseñarse no antes de la escuela secundaria. Entonces, si son preparados para ello, los alumnos pueden incluso disfrutar de los desafíos de esta clase de razonamiento abstracto, lógico. Pero solamente si los circuitos [cerebrales] no están ya demasiado obstruidos por una enseñanza chapuceada de reglas.
Una alumna de tercer grado de secundaria que buscó mi ayuda en gramática, estaba desesperadamente confundida acerca de las partes más sencillas del lenguaje. Aunque ella era inteligente y podría a su edad haber dominado este material dentro de una semana, ella había sido una víctima de entrenamientos de ‘gramática’ sin sentido desde el segundo grado de primaria. Mientras Michelle y yo luchamos acerca de la diferencia sencilla entre adjetivos y verbos, yo deseaba a menudo poder tomar una aspiradora neurológica y simplemente quitar todas estas sinapsis desorganizadas que siempre se metían en nuestro camino. Demoramos seis meses . . . Pero por fin, un día se le prendió la luz. ‘¡Esto es fácil!’, exclamó. Sí, lo es, cuando los cerebros están listos para el aprendizaje, y cuando el alumno tiene una razón de usarlo con verdaderos modelos literarios.”
Jane M.Healy, “Endangered Minds” (Mentes en peligro), Nueva York, 1990

No hay señales de que el sistema estatal tome en cuenta estos datos en un futuro cercano. Pero aun si estamos fuera del sistema, como familia educadora, o enseñando en una escuela alternativa, puede ser que el estado nos obligue a enseñar gramática. (O quizás no estás tan convencido de los datos, y quieres de todos modos que tus niños de primaria aprendan gramática.)
¿Cuál es entonces la alternativa que proponen los investigadores para los niños menores? – Lo más sencillo: Conversar mucho con ellos. Cito otra vez a Healy:

“El lenguaje refinado con una gramática y un vocabulario más complejos, y su uso social, no surge tan fácilmente. Depende de la calidad y cantidad de interacciones en los años preescolares y de primaria. (…) Todo comienza con las interacciones verbales en casa.
El Dr.Gordon Wells, del Instituto de Estudios en Educación de Ontario, investigó las variaciones en el entrenamiento de lenguaje que los niños reciben en casa. Todo lo que sucede en la vida diaria de un niño, es un tema potencial para una conversación que facilita la atención, la interpretación, y la evaluación; pero los padres ‘difieren en el uso que hacen de estas oportunidades’.
La Dra. Bambi Schieffelin, de la Facultad de Antropología en Nueva York, está preocupada porque los niños no reciben suficiente conversación, ni en sus casas ni en la escuela. Ahora que los niños pasan tanto tiempo en centros de cuidado diurno o en la escuela, tenemos que tomar muy en cuenta su necesidad de conversar con adultos y entre ellos, insiste ella: ‘Yo creo que los niños necesitan hablar y tener toda clase de experiencias con el lenguaje. Los niños tienen que hablar, deben ser animados a hablar, y los adultos tienen que participar con ellos, guiarlos, ayudarles a desarrollarse y a expandir sus habilidades.’
La calidad de las conversaciones entre adultos y niños es extremamente importante, dice la Dra. Catherine Snow de la Universidad de Harvard. En estos valiosos tiempos juntos, por ejemplo durante el almuerzo, los padres ayudan a los niños a ser mejores pensadores si toman el tiempo de conversar y razonar acerca de diversos temas, y hablan de sucesos e ideas, en vez de enfocarse solamente en la comida. También les ayuda contar cuentos vez tras vez, añadiendo detalles a los personajes, los sucesos y las ideas. Eso les ayuda a pensar cuidadosamente y dar buenas explicaciones.”
(Op. cit.)

Entonces, ¿podemos de alguna manera relacionar la gramática con nuestra vida diaria, y con la experiencia concreta? – Acerca de esta pregunta deseo hacer unas sugerencias.

Supongamos que estamos cocinando juntos. Mientras pelamos papas, lavamos verduras, o removemos la sopa, es natural que conversemos juntos. Entonces podemos, a manera de juego, mencionar los nombres de todos los objetos que vemos en la cocina: “cucharón”, “olla”, “fideos”, “ajo”, “mandil”, etc. O podemos jugar el juego: “Yo veo algo que tú no ves, y es negro.” (Entonces los demás tienen que hacer preguntas que se pueden responder con “sí” o “no”, hasta que descubran de qué objeto se trata.) – Y mientras hacemos esto, podemos de paso mencionar que todas estas palabras que son nombres de objetos, se llaman “sustantivos”.

En otra oportunidad podemos introducir la distinción entre singular y plural: “No quiero una sola cebolla, necesito dos cebollas.” El niño entenderá que “cebollas” no es lo mismo como “cebolla”. Y podemos explicarle de paso: “Cuando es una sola, decimos ‘cebolla’, y esta forma se llama ‘singular’. Cuando son varias, decimos ‘cebollas’, y ésta es la forma ‘plural’.” – Podemos practicarlo con otras palabras: “¿Cómo se dice cuando tenemos más que un solo colador? – ¿y cómo se dice con ‘lápiz’? – ¿y con ‘ají’?”

Podemos también coleccionar palabras que describen cómo es un objeto: “Tenemos papas grandes y pequeñas. – Estas papas ya están lavadas, están limpias. Pero éstas están todavía sucias. – ¿Qué más podemos decir acerca de estas papas?” (son redondas o alargadas, crudas, pesadas o livianas, …) Y mientras hacemos esto, mencionamos que todas estas palabras que usamos para describir las papas, se llaman “adjetivos”. – De paso encontraremos también alguna oportunidad de introducir el concepto de “antónimos”.

De manera similar podemos introducir la concordancia de número y género: “Estas papas ya están limpias. El ajo también está limpio. – ¿Qué piensas, por qué de las papas decimos ‘limpias‘, y del ajo decimos ‘limpio‘?”

En otra oportunidad podemos coleccionar palabras que describen acciones: ¿Qué hacemos para preparar una sopa? – Lavamos y pelamos las verduras; freímos cebollas; hervimos agua; añadimos sal; … – Aquí puede ser un poco más difícil para el niño identificar la palabra que describe la acción: “Pelamos papas” – ¿la acción es “pelamos” o “papas”? Si fuera necesario, tendremos que dar una explicación adicional, por ejemplo así: “Las papas no son lo que hacemos, porque no ‘hacemos papas’. Lo que hacemos es pelar.” – Si el niño sigue sin entender, es probable que su cerebro todavía no haya desarrollado las estructuras necesarias para comprender este asunto; entonces habrá que esperar que madure más.
– Puede ser que unos niños respondan a la pregunta inicial con infinitivos: “Lavar y pelar verduras, freír cebollas, …” Eso nos dará la oportunidad, en algún momento posterior, de explicar la diferencia entre infinitivo y formas conjugadas.
– Y de manera similar podemos señalar como cambia la forma del verbo según la persona: “Mira, tú pelas las zanahorias, Juanito pela la cebolla, y yo pelo las papas. – ¿Te has dado cuenta de que la palabra cambia, según quién lo hace? Tú pelas, Juanito pela, yo pelo… ¿Cómo se dice si lo hacemos juntos?”

Así podemos en la conversación diaria despertar la atención de los niños hacia diversos aspectos del lenguaje y de la gramática. ¿Cuándo decimos ‘unas zanahorias’, y cuándo decimos ‘las zanahorias’? – ¿Por qué decimos ‘el agua está fría‘? – ‘Ayer hicimos torta’ no es lo mismo como ‘hoy hacemos torta’. ¿Y cómo decimos si el día de hacer torta es mañana?
Creo que ya entendiste la idea.

He tomado como ejemplo la cocina porque es un lugar donde pasamos mucho tiempo juntos con los niños. Pero esta misma clase de conversaciones podría tener lugar también en el huerto, en la lavandería, en el taller de carpintería, o donde sea. Lo importante es que suceda como una parte normal de la vida diaria. No hay que dar al niño la impresión de que estamos “dictando una clase”. Unos pequeños comentarios de vez en cuando, como “de paso”, son suficientes. Y si el niño empieza por sí mismo a hacer preguntas acerca de las formas de las palabras y su uso, entonces tenemos una oportunidad para enseñarle más.

En cambio, la “hora de lectura” me parece menos apropiada para tratar temas de gramática. De niño, como alumno del sistema escolar, siempre me parecía algo de lo más aburrido cuando había que “analizar” un cuento que estábamos leyendo: “¿A qué género literario pertenece este texto?”- “¿Cuál es el tema principal de este texto?” (con cinco alternativas que todas corresponden al texto, pero por alguna razón arbitraria el autor del libro escolar decide que una es correcta y que las otras son equivocadas…) – “Identifica a los personajes principales.” – “Identifica el sujeto y el predicado de esta oración.” – “Convierte esta oración al plural.” – …
Nada de eso pudo despertar mi atención – especialmente cuando estábamos leyendo un cuento donde más que todo me interesaba lo que sucedía en el cuento, y en qué iba a terminar. Hasta hoy no creo que algún autor bueno haya escrito sus cuentos para ser “analizados” de esta manera. Y un niño que disfruta de una comunicación sana y variada con sus padres, comprende los cuentos que lee sin tener que responder a esta clase de preguntas.

Una mejor oportunidad, aparte de las mencionadas, es cuando revisamos juntos algún producto escrito del niño: un cuento escrito por él mismo; una carta a los abuelos; una receta propia; una entrada en su diario; un ensayo … Allí podemos darle pautas de cómo expresarse mejor; podemos señalar las formas correctas de las palabras; podemos explicar algunos aspectos de la gramática. Los libros que leemos, ya son por sí mismos (o deberían ser) ejemplos de buena gramática, ortografía y expresión; a eso no necesitamos añadir nada. Pero las producciones propias del niño son su terreno de entrenamiento en el lenguaje; allí es donde puede suceder un aprendizaje activo. Y además en todas las oportunidades de comunicación oral, personal, que mencionamos arriba.

Deja un comentario »

Desescolarizar nuestra propia mente (Parte 2)

En la primera parte he escrito algo acerca de mi camino personal. Ahora deseo mencionar algunos elementos de una “mentalidad escolar”, y contrastarlos con una posible salida desde una mente liberada para una educación verdadera (considerando también la perspectiva cristiana). La lista no es de ninguna manera completa; y creo que cada persona que está en este camino podría elaborar su propia lista. Pero aquí va, para hacer un comienzo:

La mentalidad escolarizada dice: Una alternativa educativa dice:
“Educación es igual a escuela.”
Casi todo el mundo cree esto, pero es muy equivocado. En varios artículos de este blog he escrito acerca de este tema.
La educación sucede primeramente en la convivencia diaria en familia.
Tenemos que recuperar nuestras familias como el lugar más natural, idóneo, y asignado por Dios, para la educación de nuestros hijos.
“Para aprender se necesita un profesor.”
Esta es una actitud que nos hace dependientes de por vida de una clase particular de personas, de los “profesores profesionales”. Pero pensemos unos momentos: ¿Quién enseñó a Edison a fabricar un foco eléctrico? ¿o a los hermanos Wright a construir un avión? ¿Quién enseñó a Einstein la teoría de la relatividad?
Si todo nuestro aprendizaje dependiera de la enseñanza de un profesor, la humanidad nunca progresaría: no se harían nuevos descubrimientos, ni inventos, ni se formularían nuevas ideas.
¡Conviértete en un(a) aprendedor(a) activo(a)!
Este es el camino más eficaz para adquirir conocimientos. Busca informaciones, lee, pregunta, experimenta. Con las actuales tecnologías de información, esto es más fácil que nunca.
Si das este ejemplo a tus hijos, ellos lo harán también por sí mismos.
“Aprender es llenarse de contenidos.”
La escuela conoce una única manera de aprender: Sentarse pasivamente para llenar la mente de “contenidos”. Sea escuchando lo que habla el profesor, o leyendo partes de un libro asignado por el profesor. Esta forma de aprendizaje sucede en un vacío: no está relacionado con ninguna actividad práctica o productiva.
Se aprende mucho más haciendo.
Con todas las actividades de la vida cotidiana se aprende algo; sea haciendo compras, cocinando, limpiando la casa; sea inventando un nuevo juego, fabricando una silla o arreglando un televisor; sea visitando a una vecina enferma o arreglando una disputa entre hermanos. Como padres, solamente tenemos que estar atentos al potencial educativo de todas estas situaciones. Ya vienen con muchos “contenidos” incluídos.
Desechemos la idea de que todo “aprendizaje” tenga que suceder estando sentado inmóvil delante de un cuaderno escolar.
“Solo los profesores profesionales saben educar.”
Ya hace muchos años, John Holt y otros demostraron la falacia de esta idea. Existen numerosos ejemplos, tanto de situaciones escolares como fuera de la escuela, donde los niños aprendieron mejor con personas que no eran profesores profesionales. En realidad, la formación profesional de los profesores no los prepara para educar; solamente los prepara para administrar escolarización según los reglamentos del estado.
Como padre o madre, ¡TÚ eres la persona que mejor conoce a tus hijos!
Creo que muchos padres y madres hoy en día necesitan primero recuperar su autoestima. Si tienes una relación personal, cercana, y de confianza con tus hijos, eso te califica para educarlos. (Si no tienes una tal relación con ellos, es claro que tienes que edificarla primero.) – Después es bueno que te informes también acerca de las necesidades de los niños, y unos principios de una buena educación; pero esta clase de consejos los recibes mejor de unos padres y madres experimentados y sabios, que de un profesor profesional que no ha educado a sus propios hijos.
“Para que un niño aprenda algo, hay que obligarlo.”
O también:
“Si algo es divertido, no puede ser educativo.”
Esta es solamente una versión un poco modernizada del viejo lema colonial: “La letra con sangre entra.” Se parte de la idea equivocada de que un niño por naturaleza no quiere aprender. A causa de esta idea, millones de niños están siendo maltratados en el nombre de una mal entendida “educación”.
Los niños son por naturaleza curiosos y deseosos de saber cosas nuevas.
Entonces, no destruyamos su curiosidad y su motivación natural. Demos a los niños acceso a informaciones y materiales adecuados para alimentar su deseo de saber y de experimentar.
Un niño que se desarrolla de manera sana, puede disfrutar de leer, de hacer experimentos científicos, aun de resolver problemas relacionados con la matemática (que no necesariamente tienen que ser los del libro escolar).
Como padre o madre, ¡vuelve a descubrir tu propia curiosidad! ¿Qué temas te interesan y desearías saber más sobre ellos? ¿Qué experiencias nuevas te gustaría hacer? Comienza, infórmate, descubre. Empieza a disfrutar de tu propio aprendizaje, y tus hijos disfrutarán del suyo.
“Tenemos que cumplir con el currículo.”
¡Cuánta presión se ejerce sobre los profesores – presión que ellos a su vez trasladan a los niños – para cumplir los “objetivos educativos”! Objetivos que fueron fijados arbitrariamente por unos burócratas ajenos a las escuelas, ajenos a las familias, y ajenos a la vida real en general.
¿Cuánto de estos contenidos del currículo estás usando tú mismo en tu propia vida? – ¿Cuánto (o cuan poco) de ello será entonces necesario para tus hijos?
Los niños aprenden cuando están listos para ello.
Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y de aprendizaje; tiene sus propios talentos e intereses; tiene su propia personalidad. No tiene sentido querer presionar a todos dentro de un mismo molde. Respetemos el ritmo individual de cada uno, entonces aprenderán con mucha facilidad. Respetemos sus talentos y sus intereses, entonces aprenderán aquellas cosas que ejercerán con entusiasmo, ahora y en su vida adulta.
Y liberémoslos de exigencias insensatas. Si un joven no va a estudiar medicina, ¿para qué tiene que saber el nombre de cada hueso del cuerpo humano? Si no va a ser ingeniero, ni científico, ni profesor de matemática, ¿para qué tiene que saber trigonometría o logaritmos? Si no va a especializarse en lingüística, ¿para qué maltratarlo con “morfemas” o con “fonemas linguoalveolares” o con “enunciados conativos”?
“El niño tiene que aprender todo eso ahora porque más tarde lo va a necesitar.”
Gran parte del currículo escolar se basa en la idea del aprendizaje anticipado: “Tienen que aprender ahora la gramática porque más adelante la van a necesitar para comprender textos complejos.” – “Tienen que aprender ahora los términos de la teoría de conjuntos, porque más adelante tendrán que aplicarlos al conjunto solución de una inecuación.” – “Tienen que memorizar ahora los nombres de todas las instituciones del gobierno, porque cuando sean adultos tendrán que tratar con estas instituciones.”
Esto es como decir: “Los niños de seis años tienen que memorizar todas las partes de un automóvil, porque cuando tengan dieciocho años tendrán que aprender a manejar.” – En realidad, uno llega a conocer las partes de un automóvil en el mismo proceso en que uno aprende a manejarlo. Memorizarlas sin tener acceso a un carro real, sería un ejercico artificial, ineficaz, y sin sentido. Entonces, liberemos a nuestros hijos de tales ejercicios escolares que se realizan en un vacío artificial. Esta clase de “aprendizaje anticipado” no funciona.
El aprendizaje sucede cuando lo necesitamos en la práctica.
Los niños aprenden a leer para que puedan leer ahora algo que les interesa, no para apreciar la literatura clásica cuando sean grandes. Aprenden a redactar cartas para que ahora puedan escribir a su abuela, no para escribir solicitudes institucionales cuando sean adultos.
También en la vida profesional, no se espera que un joven profesional venga ya con los conocimientos necesarios para enfrentar toda situación posible. Pero se espera que sea capaz de actualizarse constantemente y de adquirir nuevos conocimientos según las situaciones lo requieren. (Sobre todo en las profesiones altamente tecnologizadas: Es muy probable que un profesional tenga que trabajar con tecnologías que ni siquiera existían en el tiempo en que cursaba sus estudios universitarios.)
Volvamos entonces a conectar el aprendizaje con la vida real y con las situaciones presentes. Esto es mucho más eficaz que el querer “preparar” a los niños para posibles situaciones futuras que son irreales para ellos, y que quizás nunca serán realidad.
“Si no lo haces como dice el profesor, no es correcto.”
En otra oportunidad ya he relatado la historia del pequeño C.F.Gauss: Su profesor había dado a toda la clase la tarea de sumar todos los números del 1 al 100. Después de pocos momentos, Gauss entregó el resultado correcto: 5050. El profesor, asombrado, le preguntó: “¿Cómo lo hiciste tan rápido?” – Gauss respondió: “Fácil. Sumo 1+100, da 101. Sumo 2+99, también da 101. 3+98 también da 101. Sigo así hasta 50+51, son 50 parejas de números que suman 101, entonces 50×101=5050.”
Un profesor de nuestros días, seguramente hubiera rechazado la tarea de Gauss: “No, así no se hace. Tienes que sumar los números uno por uno.” – Y así hubiera truncado el desarrollo de un gran matemático en sus mismos comienzos. Esa mania de que “todos lo hagan de la manera como dice el profesor”, destruye la creatividad, la iniciativa, y la estabilidad emocional de los niños.
Además, les acostumbra a confiarse en una fuente de autoridad equivocada. En realidad, la distinción entre “correcto” e “incorrecto” no se basa en lo que dice el profesor. Se basa en las leyes de la matemática, o en las reglas de la ortografía, o en los hechos verificables de la geografía, etc. – y en última consecuencia, en la verdad inmutable que viene de Dios. Pero el sistema escolar obliga a los niños a aceptar en su lugar la autoridad arbitraria y falible de un profesor.
Atrévete a hacer algo nuevo, y a ser creativo.
Normalmente hay un sinnúmero de maneras correctas cómo resolver un problema. Reconozcamos la capacidad de los niños de encontrar soluciones originales – y quizás aun mejores que las nuestras.
¡Y hay posibilidades aun más inmensas de plantearse problemas nuevos que ningún profesor conoce! No hay ninguna necesidad de que todos resuelvan los mismos problemas. Por ejemplo, un niño puede plantearse sus propios ejercicios de cálculo. Incluso puede escribir sus propios libros.
Y no por último, hay un sinnúmero de maneras correctas cómo educar niños, y cómo proveerles experiencias de aprendizaje. Una vez liberados de la camisa de fuerza escolar, descubrimos posibilidades con las que antes ni hubiéramos soñado. Puedo aprender de muchos otros educadores, unos más alternativos y otros más convencionales; pero no estoy obligado a seguir la “receta” de ninguno de ellos al pie de la letra.
“Estudiamos y trabajamos para obtener buenas notas.”
Desde sus inicios en el sistema escolar, los niños se acostumbran a preguntar: “¿Esto viene en el examen?” “¿Vamos a tener una nota de esto?” – Y si no viene en el examen, si no se califica con una nota, entonces se considera como algo innecesario, sin valor, se deja de un lado.
En la vida adulta, esto lleva a la siguiente actitud:
“Mientras nadie mira, no hay que cumplir; no hay que trabajar; no hay que ser honesto; …(etc.)”
O más brevemente:
“Lo único que importa es la apariencia.”Pienso que ésta es la costumbre más dañina que adquirimos en el sistema escolar. De allí tenemos una sociedad que no se interesa por hacer un buen trabajo, ni por ser honesto, ni por aprender bien una cosa; ya que el sistema nos ha enseñado que nada de eso importa. Lo único que importa es la “calificación” y el “cartón”; pero no importa la manera como se obtuvo – con conocimientos y habilidades reales, o por saber engañarle al sistema, o con sobornos – eso ya no importa después, porque eso “no se ve”, lo único que contribuye a la apariencia es el diploma. Y a menudo, los exámenes que se requieren para obtener ese “cartón” tienen muy poco que ver con los conocimientos y habilidades reales que se requieren para ejercer una profesión.
Por eso tenemos ingenieros que construyen casas y puentes que se caen; tenemos abogados y jueces que tuercen el derecho; tenemos profesores que confunden y maltratan a sus alumnos; y tenemos médicos que matan a sus pacientes. Todo porque el sistema nunca les enseñó a hacer alguna cosa bien. Solamente les enseñó a actuar de tal manera que su superior les da una buena calificación, según criterios bastante arbitrarios. Y lo más importante generalmente no se califica: La verdadera calidad de su trabajo; o sea, si hace bien o mal a sus usuarios, clientes o pacientes. Ya que “no hay nota” para eso, el profesional promedio no le da importancia.
No aprendemos para el profesor. Aprendemos para Dios, para nuestros prójimos, y para nosotros mismos.
La desescolarización nos libera para ver el aprendizaje como algo que es independiente del entorno (o de la “institución”) donde sucede. Los conocimientos y habilidades adquiridas tienen un valor en sí mismos, para enriquecer la vida del que aprende, y para capacitarlo a cumplir el propósito de su vida dado por Dios. Cuando niños y educadores descubren este valor del aprendizaje, ya no tienen necesidad de motivaciones artificiales, tales como calificaciones o castigos.En consecuencia también:
Un trabajo bien hecho tiene valor en sí mismo.

Este es un pilar importante de la “ética protestante del trabajo”, la cual (según muchos historiadores) fue clave en el rápido desarrollo tecnológico y económico de Europa y Ameríca del Norte a partir del siglo 18. La Reforma nos hizo recordar nuevamente que el trabajo – aun el trabajo más “secular” – es uno de los medios principales por los cuales el hombre cumple su llamado individual dado por Dios.
(Efectivamente, las palabras “vocación” y “profesión” tienen ambas un origen religioso. Originalmente describieron el llamado de un sacerdote o monje. Los reformadores fueron los primeros que se atrevieron a aplicar estas palabras a un trabajo “secular”.)
En consecuencia, el trabajo se hace en primer lugar para Dios, para que la calidad de nuestro trabajo sea agradable a El. (Vea por ejemplo Colosenses 3:17 a 4:1.) No se trata de dar una buena apariencia para obtener buenas calificaciones de un jefe terrenal (eso sería “servir al ojo”). Se trata de descubrir para qué nos ha preparado y llamado Dios, y hacer eso “como para Dios y no para los hombres”. Esta perspectiva nos libera de la “mentalidad del empleado” (que se ve siempre dependiente de un jefe que le “da trabajo”), y nos provee una “mentalidad del emprendedor” (que crea su propio trabajo y desea hacerlo bien).

 

1 Comentario »

Desescolarizar nuestra propia mente

Después de unos años de educar a nuestros hijos en casa, empecé a darme cuenta de que existían todavía unos bloqueos en algunas partes de mi mente, que me dificultaban ser para mis hijos el padre que yo deseaba ser. Entonces entendí que no era suficiente cambiar mis métodos de educación: yo necesitaba también ser liberado de ciertos rasgos de personalidad y mentalidad que eran consecuencias de mi propia escolarización. Con eso comenzó un proceso que todavía no está completamente concluido. Pero mirando atrás puedo decir: Educar a mis hijos en casa fue bueno no solamente para ellos; fue bueno también para mi propio desarrollo personal.

A continuación voy a compartir unas partes de un artículo que escribí para mis amigos personales cuando yo me encontraba todavía bastante al inicio de este proceso.

Quizás no vas a poder identificarte con lo que escribo. Cuestionar la institución de la escuela es tabú en nuestra sociedad. Los trastornos causados por la escuela son difíciles de diagnosticar, porque todo el mundo fue expuesto al mismo sistema, ha sufrido los mismos trastornos, y por tanto los considera normales. Quizás es necesario tener hijos que crecieron sin escuela, para que uno pueda darse cuenta de que el sistema escolar actual no es normal.

Por nuestro trabajo de refuerzo escolar para los niños del vecindario tuve más oportunidades de observar a los niños y de hacer comparaciones con nuestros hijos. Así entendí mejor lo que hace la escuela en la vida de un niño.

Cuando hago una pregunta a mis hijos, ellos me dicen lo que piensan o lo que saben; y si no saben responder, dicen: “No sé.”
Pero cuando hago una pregunta a los niños escolares, me responden con lo que piensan que yo quiero escuchar. Cuando no saben la respuesta correcta (o sea, la respuesta de la que piensan que yo quiero escucharla – tengamos presente que no todas las preguntas tienen una respuesta “correcta”), entonces intentan adivinarla. Por ejemplo dicen al azar una de las posibles respuestas, y después intentan leer en mi cara si la respuesta fue correcta. O repiten lo que dijo el primero de ellos, o lo que dijo el niño que siempre saca las mejores notas.

Cuando mis hijos hacen un dibujo, ellos inventan alguna situación original y la dibujan.
Cuando los niños escolares hacen un dibujo, ellos buscan algún dibujo ya hecho que pueden copiar. Después borran sus intentos cinco veces y comienzan de nuevo, porque algún detalle no está “bien” y porque algún otro niño podría reírse de su dibujo.
También en otras áreas observo que los niños escolares no muestran casi ninguna originalidad o creatividad. Casi siempre copian lo que alguna otra persona hace.

A mis hijos les gusta leer, y todo el tiempo buscan nuevos libros que pueden leer. A veces les gusta también resolver unos rompecabezas matemáticos.
Pero ¡nunca he visto a alguno de los niños escolares que nos visitan, leer un libro por iniciativa propia! – Durante nuestro último programa vacacional habíamos destinado la primera media hora de cada mañana a la lectura silenciosa. Los niños pudieron escoger de nuestra biblioteca cualquier libro que les interesaba, o traer uno de su casa. Todos cogían siempre aquellos libritos que tenían los dibujos más grandes y la menor cantidad de texto. Algunos empezaron a llegar media hora tarde para no estar en el tiempo de lectura.

Todas estas observaciones corroboraban lo que yo ya sabía en la teoría: que la escuela no es ningún lugar idóneo para aprender. Antes que todo, los niños aprenden en la escuela a aparentar algo que no son; y a tener miedo a la opinión del grupo y del profesor. O sea, aprenden el temor al hombre en vez del temor a Dios. (Vea Proverbios 15:33, 29:25.) En el camino se pierde la creatividad, la iniciativa, y el razonamiento independiente.

Pero entonces tuve que observarme también a mí mismo. A veces me pregunto si tal vez Dios había enviado a estos niños a nuestra casa, no solamente para que nosotros les ayudásemos, sino también para cambiarme a mí mismo.

Por ejemplo, ¿fue realmente una buena idea introducir esa “media hora de lectura”? Aunque los niños eran libres para escoger lo que querían leer, no les habíamos dejado la libertad de decidir si querían leer en absoluto o no. Con eso, parece que no habíamos cambiado mucho su actitud hacia la lectura. ¿No deberíamos en su lugar investigar las razones más profundas, por qué ellos perciben la lectura como un trajín, en vez de alegrarse de ella? ¿Y no estaba yo mismo todavía cautivo en la rutina de que “todos tienen que hacer lo mismo al mismo tiempo”, en vez de ayudarles a descubrir su propio nivel y sus propios intereses? (Eso no es tan fácil. Tuve que descubrir, muy desilusionado, que varios niños no parecían estar interesados en nada.)

¿Y soy quizás aun para mis propios hijos todavía demasiado de un “profesor”, y no lo suficiente de un padre? ¿Por qué, aun después de seis años de educar en casa, me parece todavía mucho más fácil dar una “lección” formal, en vez de poner en práctica los aspectos informales de nuestro método educativo?

Y así llegué a la conclusión:
Yo también soy una persona dañada por la escuela.
Yo también me he acostumbrado a “controlar” a los niños y a mí mismo, en vez de animarlos y de hacer descubrimientos y de permitir que ellos hagan sus descubrimientos.
Yo también he crecido con la idea de que aprender y enseñar sean actividades por sí mismas; actividades que se puedan ejercer en un vacío, sin conexión alguna con otras actividades sensatas o productivas, solamente con el objetivo de llenar la mente con determinados “contenidos”.
Cuando pienso en hacer algo nuevo, creativo, ináudito, enseguida el “profesor interior” lanza una advertencia: “¡Tú no puedes hacer eso! ¡Tú no has aprendido eso (de manera formal)! ¿Y qué dirá la gente?”
Yo también necesito ser liberado de estas actitudes; y probablemente de otras más, de las que todavía no estoy consciente.

Lo que esto podría significar, lo encontré descrito en un blog de la siguiente manera:

“La desescolarización es una de las experiencias más intensas que uno puede hacer.
Es como una desintoxicación después de haber sido adicto a una droga.
La droga “escuela” actúa al nivel psicológico. Y es una droga aceptada y hasta alabada por la sociedad.
Entonces, no puedes conseguir ningún apoyo de la sociedad para tu propia desintoxicación. Tienes que hacerlo en contra del mundo entero. Y el mundo te dice: ‘La escuela no es ninguna droga. La escuela es buena para ti. Tómala, y serás uno de nosotros.’
(…) Y es más difícil cuánto mayor eres. Si ya has estudiado una carrera y recién te das cuenta de que no eres lo que quisieras ser. Eres un producto de las alabanzas y reprensiones, de los incentivos y castigos de la sociedad. Eres lo que los profesores dijeron que eras, y lo que sus calificaciones expresaban. Eres lo que los profesores buenos te enseñaron, y odias lo que los profesores malos intentaban enseñarte.
En breve, eres todo menos tú mismo…”

Todavía no puedo imaginar lo que tengo por delante. Solamente le pido a Dios que me libere de todo lo aprendido y acostumbrado que impide Sus propósitos en mi vida. Le pido que me cambie de tal manera que los niños (y otras personas) puedan ver en mí Su vida, y no solamente unos moldes escolares. ¿Puedes acompañarme?

Ya pasaron varios años desde que escribí eso. Algunas cosas han cambiado. Pero todavía estoy en el camino…

2 comentarios »

¿”Los niños no deben trabajar”?

En muchos países, la erradicación del trabajo infantil se considera una meta importante del desarrollo. Se cree entonces que una de las marcas de un país desarrollado consiste en que los niños no realicen ningún tipo de trabajo.

Ahora, estoy muy consciente de que existen todavía demasiados niños que realizan trabajos en circunstancias que constituyen explotación. Es claro que ningún niño debería ser obligado a cargar cargas pesadas, a trabajar en una mina, a trabajar de noche, o a cumplir una jornada de trabajo igual a la de un adulto, en cualquier trabajo. También es un principio bíblico que cada trabajador debe disfrutar del producto de su trabajo; por tanto es inadmisible que un niño (o cualquier persona) tenga que trabajar para que otras personas (p.ej. sus padres, sus empleadores, …) se lleven el beneficio. Entonces, quiero dejar claro desde el inicio que me opongo a toda forma de explotación, y que nada de lo que digo a continuación puede ser interpretado como si estuviera apoyando alguna de estas prácticas.

Trabajar de por sí mismo no es malo

Pero opino que necesitamos un punto de vista más diferenciado. Por ejemplo, he conocido a niños y adolescentes que en su tiempo libre vendían en el mercado, cobraban pasajes en un autobús, o realizaban otros trabajos, no porque alguien los hubiera obligado, sino voluntariamente, para ganarse un pequeño ingreso para ellos mismos, o incluso porque por su propia cuenta deseaban apoyar a su familia de esta manera. Estos niños no están siendo explotados, al contrario: Estos trabajos (de duración limitada, por supuesto) son para ellos una forma de realizar sus talentos y de desarrollar su personalidad. Yo mismo, en mi niñez y adolescencia, he hecho algunos trabajos así, y no creo que me haya hecho daño. Una política que sin diferenciar prohíbe toda forma de trabajo infantil, les quitaría todas las oportunidades a estos niños que lo hacen no por ser obligados, sino por voluntad propia y por motivos buenos y nobles.

O consideremos el caso de los niños del campo que ayudan a sembrar, a cosechar, a pastear el ganado, etc. Eso es no solamente trabajo; es una parte de su vida familiar y comunitaria normal, y una forma de compartir tiempo con sus padres, familiares y vecinos. Además, cierto porcentaje de estos niños se ganarán ellos mismos la vida con la agricultura cuando sean adultos. Estos trabajos que realizan en familia, son una preparación necesaria para su trabajo futuro; una preparación que no pueden recibir en ninguna escuela o institución. Si les quisiéramos prohibir estos trabajos, estaríamos forzosamente cortando sus lazos familiares; y además afectaríamos la base de su misma existencia futura.

El valor educativo del trabajo

En general, hacer un trabajo productivo tiene un alto valor educativo. Enseña a ser cumplido, exacto, diligente, responsable. Enseña la relación entre esfuerzo propio y recompensa – una relación que para muchos niños no es nada obvia. Enseña a administrar bienes de una manera responsable y justa. Enseña el valor de un producto bien hecho. Un niño que, por ejemplo, ha ayudado a plantar flores o árboles y los ha visto crecer, no será tan propenso a maltratar las plantas en los parques públicos como lo hacen otros niños. Un niño que ha ayudado a arreglar una radio o una computadora, será más cuidadoso para no volver a malograrla.

Muchas destrezas se aprenden mucho mejor haciendo un trabajo práctico, que estudiando teoría. Por ejemplo, hacer mediciones y calcular con medidas se aprende de manera más eficaz haciendo trabajos manuales, en vez de resolver ejercicios de un libro.

Por todas estas razones, la “Fórmula Moore” valora el trabajo productivo como un factor importante (junto con el estudio y el servicio al prójimo) para la formación integral de un niño o adolescente. Que sea de preferencia un trabajo escogido y administrado por el niño mismo, generalmente un pequeño negocio propio donde el niño es su propio jefe y recibe apoyo, ayuda y ánimo por sus padres. Esto es lo contrario de la explotación: es encaminar al niño hacia su propia madurez e independencia.

Incluso unos funcionarios del sistema escolar se han dado cuenta del valor educativo del trabajo, y han incluído la “educación para el trabajo” en el currículo escolar. Ahora, en el marco de la escolarización obligatoria, los adolescentes tienen que hacer trabajos de carpintería o de soldadura, fabricar zapatos, o colaborar en campañas de reforestación. La intención (quizás) es buena, pero con eso la situación se vuelve realmente insólita y paradójica:

Hace pocas décadas todavía, muchos jóvenes aprendieron su futuro oficio, trabajando en el negocio familiar de sus padres. Así recibieron el mejor mentoreo personal que uno se puede imaginar (provisto que su relación con sus padres era buena). Ahora se saca a los jóvenes de este ambiente familiar, obligándolos a pasar todo el día con tareas escolares – con lo cual están desapareciendo los negocios familiares. Ahora se llama “explotación” que padres e hijos trabajen juntos en su propio negocio familiar. Pero si la escuela hace lo mismo, se llama “educación para el trabajo” y se celebra como una gran innovación educativa…
Ahora se llama “explotación” que padres e hijos trabajen juntos en su propio negocio familiar. Pero si la escuela hace lo mismo, se llama “educación para el trabajo” y se celebra como una gran innovación educativa.

La nueva forma de explotación de los niños

Realmente, lo que más debería preocuparnos en esta discusión, es la alternativa que la sociedad propone. Si los niños no deben trabajar, ¿qué deben hacer entonces? – Padres, profesores, políticos, periodistas … todos dan la misma respuesta: Deben pasar todo el día en la escuela o detrás de sus tareas escolares. Como dijo el lema de una gran campaña publicitaria: “El único trabajo que un niño debe hacer es estudiar.”

Preguntemos a uno de estos proponentes de una escolarización total, para qué deberían los niños estudiar tanto. Recibiremos respuestas como las siguientes: “Para tener los conocimientos que la sociedad actual requiere” (¿dónde? – En sus puestos de trabajo.) – “Para saber defenderse en la vida” (lo que se refiere casi únicamente a su futuro puesto de trabajo). – “Para ser miembros productivos de la sociedad.” – “Para poder conseguir un buen trabajo.” – O sea, ¡la gran “meta educativa” es el trabajo, la producción económica!

¿Dónde está entonces la diferencia con los niños de los tiempos de la Revolución Industrial, que fueron obligados a trabajar doce horas diarias en las fábricas, en nombre del “progreso” y del “crecimiento económico”? Los niños de hoy son obligados a pasar doce horas diarias estudiando, supuestamente porque tienen un “derecho a la educación” – pero si examinamos el asunto de cerca, vemos que el único objetivo sigue siendo el trabajo. En realidad es la misma explotación de los niños que ha regresado bajo un disfraz distinto. ¿Qué diferencia hace para un niño si lo obligamos a trabajar todo el día en una fábrica ahora, o si lo obligamos a estudiar todo el día para que trabaje en la fábrica cuando sea adulto? Así o así, se pasan por alto las necesidades características del niño: La necesidad de jugar; la necesidad de vivir en el ambiente conocido, protegido y cariñoso de una familia sana; la necesidad de no tener que “rendir” como un adulto. Así o así, no se permite al niño ser niño. Esto no es educación; es explotación.

En 1909, una inspectora de fábricas hizo una encuesta informal entre 500 niños que trabajaban en 20 fábricas. Ella encontró que 412 de ellos preferían seguir trabajando en las terribles condiciones de las fábricas, en vez de volver a la escuela.
(Helen Todd, “Por qué los niños trabajan”, McClure’s Magazine, Abril de 1913
Citado en: John Taylor Gatto, “Weapons of Mass Instruction”, Gabriola Island, Canadá 2009)

Esta nueva forma de explotación es incluso más dañina, porque los niños no hacen nada productivo. El niño trabajador puede por lo menos ver el fruto de su efuerzo: Ha fabricado algún objeto útil, ha servido a un cliente, ha creado un valor con su trabajo. Pero un cuaderno lleno de ejercicios resueltos no es ningún “producto” de valor, porque no beneficia a nadie. Al contrario, aun tenemos que pagar por esta nueva forma de trabajo infantil. (A pesar de toda la propaganda acerca de la “educación gratuita”, la escuela nunca es gratuita. Todos la pagamos con nuestros impuestos.)

El único trabajo que un niño debe hacer es jugar.

En contraposición al lema de la sociedad actual, consideremos este dicho de María Montessori: “El juego es el trabajo del niño.”

No es que los niños no necesiten adquirir conocimientos. Mientras no fueron malogrados por el sistema escolar, los niños tienen incluso un deseo natural de aprender. Pero necesitan adquirir estos conocimientos a la manera de niños: experimentando y descubriendo por sí mismos; o imitando a una persona a quien admiran y en quien tienen confianza. Cuando les permitimos aprender de esta manera, el aprendizaje deja de ser un trabajo y se convierte en un juego.

El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones …
(Declaración de los Derechos del Niño, Naciones Unidas, 1959)

De la misma manera, los trabajos cotidianos del hogar, si se realizan en un ambiente relajado y de confianza, se pueden convertir en un juego. Igualmente los niños pueden disfrutar de levantar un pequeño negocio propio a manera de un juego. (¿Nunca vio a unos niños absorbidos en jugar a la tienda, o al mercado?)

Por el otro lado, cualquier aprendizaje se vuelve tedioso y odioso cuando tiene que realizarse bajo la clase de presiones que ejerce el sistema escolar actual. Recordemos que la palabra “escuela” viene originalmente del griego “sjolé” = “ocio, tiempo libre”. Originalmente, “escuela” era lo que se hacía en los tiempos de descanso, cuando uno estaba libre para decidir por sí mismo lo que uno quería hacer. Desde este trasfondo histórico y semántico, ¡una “escuela obligatoria” es una contradicción en sí misma!

Yo restauraré a Sion, y habitaré en medio de Jerusalén … Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas.
(DIOS mediante el profeta Zacarías, 8:3-5)

 

Deja un comentario »

¿Cuántas horas académicas necesita un niño?

Este año tuve la experiencia grata de que mi hijo de 16 años pudo empezar a estudiar la carrera universitaria que él mismo había elegido. Aprobó el examen de admisión en el primer intento, en una universidad que tiene la reputación de ser una de las más exigentes en cuanto a su examen de admisión.

Ahora, las personas que no conocen nuestros métodos educativos, asumen que seguramente él tuvo que “chancar” día y noche, quizás durante años, para lograr este éxito. ¡Al contrario! A base de las investigaciones existentes acerca del desarrollo del niño, sabemos que su éxito se debe precisamente al hecho de que hemos limitado sus horas académicas, sobre todo durante sus años de primaria.
(Para entender las bases científicas y metodológicas de esta afirmación, lea el resumen de “Mejor tarde que temprano”, y “La Fórmula Moore”, por Raymond y Dorothy Moore.)

Durante toda la niñez de nuestros hijos, o sea hasta la edad de 13 años, no recuerdo que alguna vez hayamos tenido más que una sola “hora académica” por día con ellos. Lo llamábamos “el tiempo de hacer tareas con papá (o mamá)”. (Para los lectores no familiarizados con nuestros métodos: Nuestros hijos recibieron toda su educación primaria en casa, y también la mayor parte de su educación secundaria.)
En estos tiempos solíamos introducir algún tema nuevo de la matemática, del lenguaje, de la Biblia, de las ciencias, u otro; o resolvíamos unos ejercicios que nuestros hijos no podían hacer sin nuestra ayuda. Todo el resto del tiempo estaba dedicado a trabajos y proyectos prácticos, la exploración libre, o juegos, tomando muy en cuenta los intereses propios de los niños.

  • Muchos juegos tienen un gran valor educativo. (Vea p.ej. “La matemática de los juegos y los juegos de matemática”, y los artículos siguientes.)
  • La “exploración libre” incluía tanto expediciones al campo y experimentos científicos, como mucha lectura independiente por parte de los niños. A ellos les gustaba mucho leer, así que constantemente buscaban nuevos libros sobre temas que les interesaban. Y esta motivación por la lectura se debe a que nunca presionamos a nuestros hijos a leer. Los niños escolares están desmotivados porque fueron obligados a leer, mucho antes de que su cerebro alcanzó la madurez necesaria para ello, y con métodos que se parecen más a un entrenamiento de loros o a un arrear de esclavos. ¡No extraña que ellos no puedan encontrar nada placentero en la experiencia de leer! (Vea también “¿Cómo aprenden a leer?”)
  • Los proyectos prácticos son mucho más adecuados a las necesidades de un niño que el estudio con libros y cuadernos; porque los niños son esencialmente aprendedores concretos. Ellos necesitan ver, tocar, manipular, probar, armar y desarmar, para aprender.

En la adolescencia comienza a desarrollarse el razonamiento abstracto, y la capacidad de analizar sistemáticamente las reglas de la gramática, las leyes científicas, etc. Para tener éxito en este análisis sistemático, el adolescente necesita poder referirse constantemente a un gran tesoro de experiencias prácticas que acumuló anteriormente, en su niñez.

Por eso, lo que el niño en edad de primaria más necesita, es la exploración libre y los trabajos prácticos. Si un niño tuvo muchas oportunidades de divertirse con agua y arena, de hacer experimentos con pelotas y palancas, o de armar y desarmar sus propias máquinas, entonces no le será difícil entender las leyes de la física cuando sea adolescente. Si encontró placer en leer libros por su cuenta, y tuvo un contacto natural con diversas formas del lenguaje, entonces no dificultará con las reglas de la gramática cuando sea adolescente. Pero no le aprovecha si le obligamos a memorizar los resultados de tales sistematizaciones antes del tiempo.

Es una observación psicológica que un niño o adolescente no puede “saltar” ninguna etapa en su desarrollo. Y si lo intenta (o si es obligado a hacerlo), más tarde sentirá la necesidad de “recuperar” la etapa perdida. Permitamos a los niños ser niños; y entonces actuarán también en la adolescencia y en la edad adulta de acuerdo a su edad. Pero si obligamos a los niños a ser pequeños adultos (estudiando conceptos demasiado abstractos), de adultos sentirán una necesidad irresistible de comportarse de manera infantil. ¿No podemos observarlo ya en la actual generación de jóvenes adultos?

Ante este trasfondo es realmente deprimente ver lo que hace el sistema escolar. Si el rendimiento de los alumnos es “bajo”, los profesores y funcionarios escolares siempre tienen la misma respuesta: ¡Más horas académicas! (Vea también: “Más cárcel para los niños”.)

horasAcademicas

Desde la experiencia de muchos años, ofreciendo ayuda y refuerzo para niños escolares, sé que en realidad este “remedio” es la enfermedad. Muchos niños sufren de problemas de aprendizaje porque tienen demasiadas horas académicas. Están estresados, nerviosos y agotados por la sobrecarga escolar. Como demuestran las evaluaciones de los alumnos de secundaria (como el conocido estudio PISA), este sistema no tiene ningún provecho académico. Miles de profesores y millones de alumnos desperdician su valioso tiempo (y el dinero de nuestros impuestos) en miles de horas académicas mal concebidas y superfluas, que no producen ningún verdadero aprendizaje. ¿Será que alguna vez algún planificador escolar se ponga a reflexionar sobre los efectos negativos que este sistema tiene sobre la economía?

Pero yo prefiero considerar el asunto desde el punto de vista del bienestar del niño. Es una forma de maltrato infantil, someter a un niño a esta sobrecarga de horas de clase improductivos, y todavía a tantas horas más de tareas en casa. En vez de maltratarlos con aun más clases y tareas, deberíamos darles un descanso y permitirles aprender de acuerdo a sus necesidades. La experiencia de nuestros hijos ha demostrado que un niño puede rendir más, con mucho menos esfuerzo y menos estrés, si tan solamente le permitimos ser niño, le ofrecemos actividades prácticas, y no lo sobrecargamos ni con horas académicas ni con contenidos demasiado abstractos. Un niño necesita mucho menos horas académicas de lo que usted piensa.

1 Comentario »

Titular revelador sin quererlo…

Acabo de leer el siguiente titular en un diario peruano:

“Ministerio de Educación incrementará a 5 horas el dictado de Educación Física en colegios públicos”

¿Quizás para el autor de este titular es normal decir eso? Sin querer revela la mentalidad peruana acerca de la (supuesta) educación: ¡Incluso la educación fisica se “dicta”, pero no se practica … !

 

Deja un comentario »

La importancia de las letras sin imágenes

El mundo de la educación – y especialmente de la educación escolar – está lleno de creencias muy difundidas, pero sin comprobar. Una de estas creencias dice que un libro para niños tiene que ser lleno de imágenes. Tengo varias razones pedagógicas, prácticas, y bíblicas, para desafiar esta creencia.

Es cierto que a los niños les gustan las imágenes; y muchos niños contemporáneos no agarrarían voluntariamente ningún libro que no tenga imágenes. (Y muchos adultos tampoco.) Pero una pregunta muy distinta es: ¿Las imágenes realmente ayudan a los niños a leer? ¿o quizás, mas bien, incentivan malas costumbres de lectura, y es por causa de estas malas costumbres que mucha gente hoy en día ya no puede leer libros sin imágenes?

Estas son dos páginas de un libro que mis hijos disfrutaron de leer, por cuenta propia, cuando tenían nueve años: (Julio Verne, “La vuelta al mundo en ochenta días”)

80dias-2pag

El libro tiene 80 páginas, y contiene un total de solamente siete ilustraciones. Eso no fue ningún impedimento para mis hijos. Poco después comenzaron a leer en la Biblia – no una Biblia ilustrada para niños, sino una “verdadera”, sin dibujos en absoluto. Aquí tenemos entonces el ejemplo práctico, de que los niños no tienen ninguna necesidad de imágenes en los libros.

Y no es que mis hijos hayan sido unos lectores especialmente precoces. Uno de ellos aprendió a leer a los cinco años y medio, y el otro a los seis años y medio. Pero apenas entendieron cómo formar palabras de las letras escritas, procedieron a la lectura fluida y con plena comprensión. Así sucede con prácticamente todos los niños a quienes se les permite aprender a leer de manera natural, esperando pacientemente el momento cuando alcancen la madurez cerebral correspondiente para ello. (Vea “¿Cómo aprenden a leer?”)
Muy a diferencia de los niños que son apresurados a la lectura a una edad demasiado temprana: éstos a menudo permanecen en la etapa del “deletrear” y del “descifrar sin entender” hasta que tienen diez, once o hasta doce años.

Más allá de estas experiencias, propongo considerar las siguientes razones:

1. Las letras sin imágenes obligan a los niños a leer de verdad, en vez de adivinar.

Cuando los niños aprenden a leer con libros llenos de imágenes, se acostumbran a “leer” las imágenes en vez de leer las letras. Ven un dibujo de un oso y ya suponen que la palabra debajo debe decir “oso”, sin siquiera mirar las letras. Así aprenden a adivinar en vez de leer.

Algunos libros escolares apoyan intencionalmente esta tendencia a “adivinar”. Dicen por ejemplo: “Después de ver las ilustraciones (o: “después de leer el título”), compartan vuestras hipótesis de lo que podría ocurrir en el relato.” Así acostumbran a los niños a adivinar, a conjeturar sin base, y en consecuencia, a acercarse al texto de manera prejuiciada, en vez de leer lo que está realmente escrito.

Un libro que vi, contenía incluso unos ejercicios para “leer” palabras escritas solamente a base de su silueta exterior. Por ejemplo, ¿qué palabra es ésta? forma-palabra (Podría ser “lago”, “topo”, “fuga”, o alguna otra…)

Métodos como estos dan a los niños la impresión de que el leer es algo como un juego al azar: Si tienes suerte, aciertas; si tienes mala suerte, fallas. Qué pena para aquellos que siempre tienen mala suerte.

En cambio, si los niños aprenden con letras sin muletas adicionales, ellos entienden que el significado está en las mismas letras, no en algún otro elemento adicional, ni mucho menos en una difusa nube de conjeturas. Así aprenden la manera correcta de descifrar las palabras, y adquieren la seguridad de que ellos mismos pueden entender lo que está escrito – aun sin un profesor por delante que constantemente les dice “Equivocado” o “Correcto”.

2. Las letras sin imágenes contribuyen a la adquisición de vocabulario nuevo.

Cuando los niños aprenden a leer con métodos de “adivinar”, sus conjeturas se limitan necesariamente a palabras que les son conocidas. Así leen por ejemplo “caballero” en vez de “cabellera”; “recitar” (o incluso “ensuciar”) en vez de “resucitar”; o “recogió” en vez de “regocijo”, porque solamente pueden “ver” palabras que ya están dentro de su vocabulario.

Un niño que aprendió a leer de acuerdo a las letras, en cambio, va a leer las palabras desconocidas correctamente. Entonces se da cuenta de que es una palabra nueva, intenta deducir su significado desde el contexto, o pregunta a alguien que se la puede explicar. Así aumenta continuamente su vocabulario mientras lee.

En este aspecto es cierto que una imagen instructiva puede aclarar el significado de una palabra nueva. Por ejemplo, mediante dibujos se pueden introducir los nombres de plantas o animales nuevos. Pero de esto se pueden beneficiar solamente aquellos niños que antes ya aprendieron a leer fijándose en las letras y no en las imágenes. Un niño que depende de la guía de las imágenes, cuando ve una imagen de un objeto desconocido, inmediatamente concluye que si no sabe como se llama el objeto, tampoco va a poder leer la palabra correspondiente. O sea, los niños acostumbrados a las imágenes, esperan con cada nueva palabra que alguien tenga que decirle cómo se lee y qué significa.

3. Las letras sin imágenes incentivan la creación de imágenes mentales propias del niño, y con esto el razonamiento y la creatividad en general.

Los niños tienen por naturaleza una gran capacidad de crear imágenes mentales interiores de lo que escuchan o leen. Este su “mundo interior imaginario” es importante para el desarrollo de su capacidad de razonar, y de su creatividad. Pero cuando todos los relatos ya vienen con imágenes prefabricadas, se corta la necesidad del niño de crear sus propias imágenes interiores. Esto sucede con los libros excesivamente ilustrados; y aun más con las películas, los dibujos animados, y las imágenes de los juegos de computadora, donde a menudo las imágenes tienen un papel tan dominante que el “relato” contiene apenas unas cuantas palabras. Si los niños se alimentan únicamente de esta clase de contenidos, su mundo mental interior se empobrece. Ellos necesitan también letras sin imágenes.

Jane Healy, una investigadora en pedagogía y neurología, dice al respecto:

“El invento de la escritura cambió también la manera de pensar. Muchos eruditos piensan que la precisión necesaria para expresar pensamientos sobre papel, hizo que las capacidades lógicas se refinaron, y que la cultura se volvió capaz de razonar acerca de sus propias complejidades.
Neil Postman (…) opina que el uso de imágenes inmediatas en vez de la palabra escrita, puede destruir la capacidad de nuestra sociedad de razonar inteligentemente. ‘En una cultura dominada por la letra impresa’, señala, ‘el discurso público se caracterizaba por un arreglo coherente, ordenado, de datos e ideas.’ (…) Hoy en día, sin embargo, la mayor parte del discurso público consiste en ‘un sinsentido peligroso’.
(…) En una investigación larga en Gran Bretaña, haciendo un seguimiento de un grupo de niños desde el jardín y a través de toda la primaria, el Dr.Wells y sus colegas descubrieron que el dato más fuertemente correlacionado con el rendimiento escolar posterior, era la cantidad de tiempo que los niños pequeños escuchaban cuentos interesantes. Wells cree que estas experiencias enseñan a los niños (…) a comprender que las palabras por sí solas son la fuente principal del significado. Ya que escuchan las palabras sin ver imágenes, los niños tienen que captar ‘el potencial simbólico del lenguaje’.
Las experiencias que involucran imágenes – incluso viendo imágenes juntas a un texto – no tienen el mismo valor, según Wells; porque no enseñan al niño a ir más allá del nombrar cosas que puede ver. El concluye:
Al escuchar cuentos (…) los niños descubren el poder que tiene el lenguaje, de crear y explorar posibles mundos alternativos con su propia coherencia interna y lógica. Así alcanzan la actitud imaginativa, hipotética, que es necesaria en muchas actividades intelectuales y en la resolución de toda clase de problemas.”
Jane Healy, “Endangered Minds” (Nueva York, 1990), Capítulo 4

(Nota: Otras investigaciones señalan no el escuchar cuentos, pero las conversaciones personales con los padres, como el factor más importante para el desarrollo de la inteligencia de los niños. Al igual como el escuchar cuentos, se trata de una experiencia de palabras sin imágenes, y sucede en el marco de una relación personal significativa.)

Healy dice también:

“Una de las críticas más importantes contra el mirar televisión en general, es que les quita a los niños la oportunidad de crear imágenes en sus propias mentes. Esta habilidad es fundamental para leer bien, porque mantiene al lector conectado con el texto, y le ayuda a recordar lo leído. Uno de los problemas más grandes de los lectores débiles es que, al leer o escuchar palabras, no pueden proyectar nada sobre la ‘pantalla’ de su imaginación.
Hace poco visité una clase avanzada de lenguaje en una escuela secundaria. Como preparación para esta clase, los alumnos habían tenido la tarea de leer el primer acto de Macbeth. Al iniciar la clase, la profesora les dijo que describieran lo que habían ‘visto’ al leer el texto. Puesto que la mayoría eran buenos lectores, produjeron unos relatos vivos y dramáticos. Pero para algunos alumnos, esta tarea fue muy frustrante.
‘Lo leo y lo leo otra vez, pero simplemente no veo nada cuando leo’, lamentó una alumna. (…)
Más tarde, la profesora me comentó que aquellos alumnos que no podían ‘ver imágenes’ al leer, eran los que tenían las mayores dificultades con la comprensión.
(…) Cuanto más tiempo los niños se acostumbran a un formato visual exigente (mirando televisión), más pierden la capacidad de crear imágenes y escenarios propios.”
Op.cit, capítulo 11

4. Las letras sin imágenes son la forma como Dios decidió comunicarnos Su revelación.

Pienso que hay una lección importante en el hecho de que Dios decidió darnos Su revelación en forma de la palabra escrita, no en forma de imágenes. Y eso a pesar de que cierto “contenido multimedia” podría bien haber contribuido a aclarar ciertos pasajes de la Biblia.

¿Por qué José no hizo dibujos de sus sueños, o Daniel de sus visiones, en vez de describirlos solo con palabras? ¿Por qué Ezequiel no diseñó un plano del nuevo templo, en vez de llenar tres capítulos enteros de su libro con una descripción que exige la máxima atención del lector para entenderla? ¿Por qué David nos transmitió solamente la letra de sus Salmos, y no la música también? ¿Por qué el libro de Apocalipsis no contiene un cuadro a todo color de la Nueva Jerusalén?
– ¿Será que Dios pasó por alto unos aspectos importantes de la comunicación cuando inspiró a los escritores bíblicos? ¿O no será mas bien, que nuestra cultura multimedia actual pasa por alto unos aspectos importantes de la sabiduría divina?

Esta elección de la palabra escrita como medio de comunicar la revelación de Dios, es complementada por el mandamiento: “No te harás imagen …” (Exodo 20:4). Muchos ven en este pasaje únicamente una prohibición de la idolatría. Pero el mandamiento es más amplio. Así como una imagen tiene el poder de aclarar un asunto, también tiene el poder de distorsionarlo y de manipularnos.

Pensemos tan solamente en las muchas imágenes de Jesús que fueron pintadas por pintores europeos según modelos de su propia raza. Se olvidaron de que Jesús, como israelita, debe haber tenido cabello negro, no rubio; y como judío fiel no se rasuraba (Levítico 19:27), entonces debe haber sido barbudo. Y ejerciendo el oficio de un carpintero, seguramente no era un tipo afeminado y debilucho. Así, una imagen puede introducir encubiertamente falsedades que no están presentes en la palabra escrita.

Pensemos también en los avisos comerciales. ¿Lograrían despertar en nosotros los mismos deseos innecesarios, si no tuvieran imágenes de personas atractivas y felices, melodías y ritmos populares, y voces seductoras? – Desde un punto de vista cristiano, una imagen puede ser dañina no solamente porque se convierta en un ídolo, sino también por su poder de alterar la verdad de manera inadvertida y sutil.

5. En vez de aumentar la comprensión de los niños, el exceso de imágenes rebaja la comprensión de los adultos a un nivel infantil.

Hace algún tiempo un querido hermano me felicitó por mi “Manifiesto pedagógico”; pero al mismo tiempo expresó su preocupación de que probablemente no muchas personas estén dispuestas a leer siquiera la versión corta de 56 páginas. Puede que tenga razón; pero ¿deberíamos conformarnos con esta situación? Particularmente en el ámbito cristiano – no olvidemos que Dios tiene unas expectativas más altas de nosotros. El espera que cada cristiano lea por sí mismo la Biblia entera, ¡un libro de más de mil páginas de puro texto, sin una sola ilustración!

Ante este trasfondo, me preocupa la tendencia creciente de llenar aun los textos para adultos con imágenes innecesarias. No me refiero a imágenes instructivas; pero imágenes que sirven únicamente para “llamar la atención” (tales como un profesor o un doctor señalando hacia lo que está escrito); o imágenes que vuelven a relatar lo que ya dice el texto, y así incitan al lector a “leer” solamente las imágenes y a sacar conjeturas (posiblemente falsas), en vez de leer lo que está escrito en el texto. Es como si los autores de tales textos quisieran publicar a los cuatro vientos que no creen que un adulto sea capaz de leer y comprender un texto por sí mismo.

He observado eso particularmente en algunas publicaciones del ministerio de educación dirigidas a los profesores. Son producidas en el mismo estilo como los libros escolares para niños: El contenido es repartido en pequeños trozos de conceptos insignificantes, pero inflados con términos técnicos y definiciones innecesarias. Cada vez en cuando se encuentra algún enunciado común dividido en palabras sueltas, las cuales son ubicadas de manera incoherente en un supuesto “mapa conceptual”. Todo esto es amenizado con una gran cantidad de ilustraciones infantiles, de manera que algunas páginas contienen más dibujos que texto. La obra entera parece diseñada a partir de la idea de que el profesor promedio de todos modos no va a entender lo que está escrito, ni va a querer leerlo; así que se le incentiva a mirar por lo menos los dibujos y a sacar unas conjeturas.

O sea, mediante tales publicaciones las autoridades escolares tratan a los profesores de la misma manera condescendiente como éstos tratan a sus alumnos. Hablando psicológicamente: se expresan desde su “yo paterno”, para evocar en los profesores una respuesta sumisa desde su “yo infantil”, en vez de llevar un diálogo entre pares donde ambos lados podrían participar con su “yo adulto”. Quizás creen que esta sea una forma didáctica de “hacer comprender”. Pero el resultado efectivo es una infantilización de los profesores; o mejor dicho su degeneración intelectual; y esta degeneración es a su vez transmitida a los alumnos. Un sistema escolar que populariza la idea de que ni siquiera los profesores sean capaces de comprender un texto sin imágenes, seguramente no tiene confianza en lo que los niños podrían lograr al respecto. No nos debe extrañar entonces que los resultados de este sistema en cuanto a la lectura sean tan pésimos.

En conclusión …

No pensemos entonces que un material sea más “educativo”, cuanto más imágenes contiene. Al contrario, incentivemos la capacidad de los niños de crear sus propias imágenes interiores. Desde el momento cuando aprenden a leer, démosles oportunidades de extraer el significado de las letras y palabras, sin la muleta de una imagen que anticipa lo que dice el texto. Al inicio pueden ser letras grandes movibles de madera o plástico, que los niños pueden manipular con sus manos y jugar con ellas; pero que sean letras en las que basan su lectura. Seamos sabios en discernir cuándo una imagen es realmente una ayuda, y cuándo es innecesaria o incluso contraproducente.

¡Y no nos hagamos nosotros mismos dependientes de las imágenes! Si queremos que nuestros hijos aprendan buenos hábitos de lectura, tenemos que demostrarlos primero con nuestro propio ejemplo.

Deja un comentario »

Séneca al revés

En varias oportunidades escuché el dicho: “No para la escuela, para la vida aprendemos.”

Averiguando el origen de este dicho, me encontré con un dato interesante. Se remonta a una cita del antiguo filósofo y pedagogo Séneca. ¡Pero Séneca dijo exactamente lo contrario de lo que dice el dicho popular! La cita original es:

“No para la vida, sino para la escuela aprendemos.”

Con eso, Séneca expresó una crítica a las escuelas de su época; una crítica que es igual de válida hoy en día: Según la propaganda oficial, la escuela debe “preparar a los alumnos para la vida”. Pero la escuela no cumple con esta tarea; muy al contrario.

Leamos la cita en su contexto:

“Solamente jugamos como al tablero. Con problemas superfluos malogramos el filo de nuestro razonamiento: eso no nos hace buenos, solamente eruditos. La sabiduría es algo más obvio que los contenidos escolares; sí, fuera mejor si la educación sirviera para adquirir sentido común, en vez de desperdiciar, como desperdiciamos todos nuestros demás bienes, también la misma filosofía para propósitos superfluos. Como de cualquier otra cosa, sufrimos también de una adicción excesiva a la erudición: no para la vida, sino para la escuela aprendemos.”
(Séneca, Epistulae morales ad Lucilium 106, 11–12.)

Lo que dice Séneca aquí tiene una actualidad sorprendente. Nuestra sociedad tiene la misma adicción a la erudición (o a lo que falsamente pasa por ella) como la antigua Roma. Nuestras escuelas sufren del mismo exceso de contenidos superfluos e innecesarios, y de la misma ausencia de sentido común: se cree que el mejor profesor es el que sabe decir las cosas más sencillas de la manera más complicada. Es sintomático que esta nuestra sociedad haya pervertido el dicho de Séneca en su contrario: No quieren escuchar su crítica; al contrario, quieren mantener la ilusión de que la escuela sea una institución muy útil y sensata, donde se traten problemas y contenidos muy importantes y esenciales.

No sé cómo le va a usted; pero yo por mi parte, nunca en mi vida práctica tuve necesidad de saber fechas históricas de memoria, ni de recitar poemas de la memoria; tampoco fui preguntado alguna vez acerca de la diferencia entre “morfemas” y “lexemas”, u otros contenidos escolares supuestamente tan importantes.
– Por si alguien quiere mencionar ahora las “habilidades fundamentales de leer, escribir y calcular”: esas no las aprendí en la escuela. Y he señalado en artículos anteriores que ningún niño tiene necesidad de una escuela para eso, mientras crece en una familia sana que practica estas habilidades.

La mejor preparación para la vida es la vida misma. Entonces dejemos participar a los niños de la vida normal. No es ninguna preparación para la vida, sacar a los niños de su contexto natural de su familia y ponerlos en la institución artificial y ajena a la vida que es la escuela, donde son abrumados (como dice Séneca) con una cantidad excesiva de contenidos superfluos.

Entonces, querido lector, si usted quiere citar a Séneca, por favor cítelo correctamente. Eso podría quizás servir para que algunos aduladores del sistema escolar comiencen a razonar y a tomar conciencia.

1 Comentario »

El que quiere enseñar, tiene que ser aprendedor primero

Como nos sucedió a nosotros

Es una antigua verdad que los niños aprenden mucho más por nuestro ejemplo que por nuestras palabras. Eso tenemos que aplicarlo también al acto mismo de aprender – sobre todo en el ámbito intelectual o “académico”: Si quiero que mi hijo (o alumno) sea un aprendedor, yo mismo tengo que ser un aprendedor primero. No servirá “enseñarle” muchos conocimientos y decirle: “¡Aprende! ¡Aprende!”. Primero tengo que mostrarle con mi propio ejemplo lo que es aprender.

Yo no hice esto conscientemente; pero cuando comencé a educar a mis hijos en casa, me di cuenta de que me hacía falta saber muchas cosas. Primeramente sobre pedagogía y didáctica; porque llegué a entender que el “dictar clases” como en la escuela no era saludable ni eficaz para el aprendizaje de los niños; entonces tuve que aprender métodos mejores y más naturales. Más tarde, mis hijos empezaron a interesarse por temas de los que yo no sabía casi nada: “¿Qué tiene que estudiar uno para ser astronauta?” – “¿De qué se alimentan los armadillos?” – “¿Existen plantas que crecen en la Antártida?”- Yo no lo sabía. Tuve que averiguarlo.

Así que pasé bastante tiempo buscando respuestas en libros y por internet. Algunas veces me acordé de algún conocido que podría saber la respuesta; o encontré una dirección de alguna persona u organización a quien podía preguntar. A medida que los niños crecían, pude decirles con más frecuencia: “Vamos a investigarlo juntos.” Cuando se trataba de un tema de matemática, generalmente intentábamos primero encontrar la solución nosotros mismos, sin ayuda de nadie – pues eso es lo fascinante de la matemática que no necesitas a ningún profesor o “experto” para investigarla. Razonando lógicamente puedes descubrir todo por ti mismo(a). Y solamente si después de bastante tiempo no encontrábamos la respuesta, lo averiguamos en un libro o en internet.

De esta manera, supongo que mis hijos absorbieron de manera natural el hábito de aprender. A veces me sorprendieron con datos que yo no sabía: “¿Sabías que las lombrices se entierran hasta a diez metros de profundidad cuando no llueve por mucho tiempo?” – Ellos lo sabían porque lo habían leído en uno de sus libros. Estaban adquiriendo la capacidad de aprender de manera independiente. (Vea “Niños educados en casa se convierten en aprendedores independientes”.)

Pero pienso que eso no hubiera sucedido si yo no me hubiera visto obligado a ser un aprendedor primero. Así, sin estar consciente de ello, adquirí la autoridad y el derecho a que mis hijos aprendiesen de mí. El que quiere enseñar, tiene que ser aprendedor primero.


Animando a otros padres a ser aprendedores

Hace unas semanas terminó la primera vuelta del curso por internet, “Matemática activa para familias educadoras”. Un curso como este requiere aprender de manera independiente y perseverar en ello. Una de mis intenciones con este curso fue – aparte de proveer herramientas para la matemática – incentivar a padres y madres educadores para su propio aprendizaje independiente. Aparentemente funcionó, por lo menos para aquellos participantes que describieron sus experiencias: Después de cada proyecto práctico con los niños, los participantes comentaron cuánto habían aprendido ellos mismos. No solamente acerca de la matemática o acerca de pedagogía o metodología: Muchos mencionaron que habían aprendido mucho acerca de sus propios hijos, de su manera de ser y de aprender, de sus capacidades y necesidades, etc. Entonces ellos también, ante la necesidad de enseñar a sus hijos, se convirtieron en aprendedores.
Felices los niños que tienen padres y madres aprendedores: esta es la mejor garantía para que también los niños aprendan a aprender.


El problema del aprendizaje en el sistema escolar

El sistema escolar, sin embargo, tiene una noción muy distinta de lo que es “aprendizaje”. En este sistema prevalece todavía la noción del embudo: El profesor llena al niño de conocimientos como se llena una botella de agua, usando un embudo. El niño solamente tiene que dejarse llenar pasivamente, como si fuera una botella vacía e inmóvil. Tiene que recibir todo lo que el profesor echa adentro, sin oportunidad de elegir. Y cuando no hay profesor que eche agua a la botella, el niño no puede aprender – así se cree.

He observado que esta misma actitud pasiva prevalece aun en muchos profesores cuando se trata de su propia capacitación: No intentan informarse por sí mismos; solamente esperan a que venga alguien quien les presente un reglamento de 37 puntos que tienen que cumplir.

Hice una experiencia interesante en este respecto cuando participé en un curso por internet para profesores. La tarea final consistía en elaborar un trabajo escrito o una presentación visual, colocarlo en alguna plataforma pública en internet (un blog en WordPress o Blogger; una presentación en Prezi; un documento en Google Docs; etc.), y comunicar la dirección del documento a los otros participantes del curso para que lo pudieran ubicar y comentar. Resultó que aproximadamente un tercio de los participantes no fueron capaces de publicar su trabajo, o de comunicar la dirección correcta; por lo cual los otros participantes no pudieron encontrar sus trabajos. Este problema se discutió ampliamente en el foro de discusión perteneciente al curso. Mayormente se quejaron los que no lograron publicar sus trabajos, de que “nadie nos dijo cómo hay que hacer eso; nadie nos capacitó para eso”.
Ahora, todas las plataformas de internet mencionadas contienen amplios documentos de ayuda auto-instructivos que explican detalladamente el uso de la plataforma; algunas tienen incluso video-tutoriales que demuestran visualmente cada paso necesario. Pero pareció que para muchos profesores, estas oportunidades de informarse por sí mismos no fueron suficientes. Esperaban que alguien los tome de la mano como a un niño pequeño, guiándolos en cada paso que debían dar.
Este era un curso abierto, ninguna “capacitación” oficial; entonces los profesores inscritos lo hicieron por interés propio, no por obligación. Por tanto se asumiría que se reclutaron de entre aquellos que tienen la mayor motivación para aprender por sí mismos. Si aun entre este grupo de voluntarios, una parte considerable no sabían hacer uso de informaciones plenamente accesibles y entendibles, ¿qué debemos esperar del profesorado promedio? Si muchos profesores no saben cómo aprender, es lógico que tampoco pueden lograr que sus alumnos aprendan.


El aprendizaje independiente es bíblico

El auto-aprendizaje es una virtud cristiana. Dios ordenó que Su palabra sea puesta por escrita y accesible para todos. ¿Por qué? – Porque Dios quiere que cada persona tenga la oportunidad de enterarse de Su voluntad, sin depender de la mediación de alguna otra persona. Por eso, Dios quiere ser buscado por cada persona personalmente; y El promete que si le buscamos, El se deja encontrar.

“Busquen al Señor mientras puede ser hallado …” (Isaías 55:6)

“Bienaventurado el varón (…) que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.” (Salmo 1:1-2)

Jesús, cuando discutía con Sus adversarios o cuando respondía preguntas de Sus discípulos, a veces les preguntaba: “¿Nunca leísteis …?” – O sea, Jesús presentaba Su enseñanza no como algo completamente nuevo, sino como algo que se suponía que Sus oyentes ya podían saber. El daba por sentado que ellos ya habían leído las Sagradas Escrituras completas, y que sabían grandes partes de ellas de memoría (como efectivamente lo hace todo buen judío).

De la misma manera, el relato de los Hechos de los Apóstoles llama a los judíos de Berea “nobles” porque “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así“. (Hechos 17:11)

En todos estos instantes, Dios nos da el mismo mensaje como un buen padre o profesor que desea animar a los niños para el aprendizaje activo: “La información está ahí. Búsquenla, escudríñenla, y actúen según lo que encuentran.” Un seguidor de Cristo es un aprendedor activo.

Acostumbrémonos a aprender, y entonces nuestros hijos también serán aprendedores.

Deja un comentario »

Comenzó curso por internet: Matemática activa para familias educadoras

Este 8 de septiembre inició el primer curso por internet, “Matemática activa para familias educadoras”, con 293 participantes inscritos (más 87 en la versión en inglés). Estoy emocionado al ver este gran interés, y pienso que es un indicio de que el movimiento de la educación en casa está empezando a alzar vuelo también en el mundo de habla hispana.

Algunos de los participantes ya estudiaron los materiales publicados con anticipación, y ya entregaron trabajos. También ya se están empezando a generar unas discusiones interesantes en el foro.

No solo para los participantes, también para mí es una aventura nueva, porque es la primera vez que estoy enseñando un curso por internet. Seguramente cometeré muchos errores, pero con eso también aprenderé… ¡Hay que utilizar las nuevas tecnologías para el bien de nuestras familias!

Para familias interesadas, todavía es posible inscribirse, las inscripciones seguirán abiertas hasta el 28 de septiembre:

https://eliademy.com/catalog/catalog/product/view/sku/c1010f8dfd

Deja un comentario »

Curso de matemática activa para familias educadoras: INSCRIPCIONES ABIERTAS

Por fin logré instalar la página principal del curso en línea que anuncié hace unas semanas, “Matemática activa para familias educadoras”. El curso tendrá lugar desde el 8 de septiembre hasta el 1 de diciembre, pero las inscripciones ya están abiertas. Visita esta página e inscríbete ya:

https://eliademy.com/catalog/catalog/product/view/sku/c1010f8dfd

(En esa página, haz clic en “Enroll” para inscribirte. Se te pedirá que inicies sesión con tu cuenta de Facebook, LinkedIn, Google+ o Live, o que crees una nueva cuenta en Eliademy.)

No fue fácil encontrar una plataforma adecuada para el curso. Algunas plataformas ofrecen buena tecnología, pero al averiguar más, uno se entera de que ellas aceptan solamente cursos de “instituciones educativas acreditadas”. Al parecer no están conscientes de que con eso están efectivamente limitando la educación del futuro (por internet) a instituciones que representan el sistema del pasado. Pero después encontré “Eliademy”, una plataforma que es realmente abierta para todos, y que se encuentra en pleno desarrollo, de manera que ya ofrece la mayoría de las herramientas necesarias, y otras serán implementadas en un futuro cercano. Con eso espero poder ofrecer un entorno agradable a los participantes del curso.

El curso se centra en métodos creativos, activos, de aprender matemática, y en el desarrollo del pensamiento matemático por parte de los padres y los hijos juntos. En el transcurso del curso, las familias participantes desarrollarán cinco proyectos prácticos juntos con sus hijos. El tiempo requerido para el curso será de aproximadamente 8 horas por semana, de las cuales la mitad corresponde al tiempo que pasarán juntos con los niños en los proyectos.
Otros grupos de participantes (estudiantes, profesores, etc.) podrán adaptar los proyectos a su situación particular.

Deja un comentario »

Educación en casa: la preparación ideal para la educación superior del futuro

Ponencia en la conferencia HASTAC 2014, Lima, abril de 2014

En la actualidad vemos como están apareciendo nuevas formas de educación superior: cursos masivos abiertos por internet (MOOCs); aprendizaje colaborativo; currículos abiertos y flexibles; etc. Se están vislumbrando posibilidades para adquirir una educación universitaria aun sin asistir físicamente a una universidad. Desde las alturas de la sierra peruana puedo llevar cursos de las mejores universidades en el mundo entero. Y en vez de tener que completar un programa prescrito y rígido, surge la posibilidad de recibir una educación personalizada, al elegir entre una oferta amplia exactamente aquellos cursos que corresponden a las necesidades profesionales de uno. Estas posibilidades y perspectivas me entusiasman; pero al mismo tiempo hago unas preguntas:

¿Qué capacidades requieren estas nuevas formas de educación, de parte de los estudiantes que participan?

¿y están nuestros estudiantes preparados para ello?

Las nuevas formas de educación superior requieren del estudiante un alto grado de independencia, de capacidad de decisión, de disciplina propia, y de creatividad. Todas estas son capacidades y actitudes que no se cultivan en el sistema escolar existente.

Agradezco a los organizadores de esta conferencia por brindarme la oportunidad de presentar aquí un modelo educativo “novedoso” – aunque en realidad muy antiguo -, un modelo educativo que cuenta ya con varios millones de estudiantes en países como Estados Unidos y Canadá, pero que es todavía virtualmente desconocido en América Latina. Estoy hablando de la educación en casa o “homeschooling”.

Cuando hablo de ello en mi entorno, la gente todavía me mira de una manera muy extraña, y algunos hasta sugieren que podríamos estar haciendo “daño” a nuestros hijos, al educarlos nosotros mismos. Todavía existen muchos prejuicios al respecto, y mucha gente simplemente no puede imaginarse una educación sin escuela. Pero en realidad, todos los prejuicios ya han sido refutados hace mucho tiempo, mediante los éxitos de la educación en casa, en los países donde se practica desde hace décadas. Las investigaciones demostraron que los resultados de la educación en casa son superiores a la escuela, en todos sus aspectos. (Vea por ejemplo: “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”.)

Vemos los resultados en nuestra propia familia: Mi hijo mayor de 15 años, en el año pasado concluyó exitosamente dos cursos por internet al nivel universitario, en inglés (un idioma que él empezó a aprender hace solamente tres años). Yo mismo participé en algunos MOOCs, y en uno de ellos, un curso de física, se presenta un estudiante en el foro: “Soy de la India, tengo trece años, y mis padres me educan en casa.” Está allí, estudiando un curso universitario en física. Hemos descubierto que efectivamente, nuestra forma de educar prepara mejor a los alumnos para esta forma de educación superior.

Ahora, deseo aclarar que nuestro método no es exactamente una “escuela en casa”. Algunas familias educan a sus hijos en casa, pero lo hacen con los mismos métodos como el sistema escolar, con los mismos libros de texto que cortan el conocimiento en trocitos pequeños, con el mismo currículo rígido que no les deja libertad … – Ellos también tienen resultados bastante buenos, pero todavía reproducen en sus casas muchos de los problemas del sistema escolar. Yo diría que ellos aprovechan una parte del potencial que tiene la educación en casa, pero solamente una parte.

Nosotros usamos un método donde el currículo se construye mayormente a partir de los propios intereses de los niños, y el aprendizaje sucede mayormente mediante actividades prácticas. Los ingredientes de este método son la “Fórmula Moore”, desarrollada por Raymond y Dorothy Moore; las ideas de la “desescolarización” popularizada por John Holt, y la “Escuela Activa” como la practica por ejemplo Rebeca Wild en Ecuador.
Por ejemplo, hubo una etapa cuando nuestros hijos se interesaron por la astronáutica. Entonces, como padres buscamos informaciones en internet: ¿Cómo vive un astronauta? ¿Qué requisitos hay para ser astronauta? Encontramos unos videos de astronautas flotando en su estación espacial donde no hay gravedad. Construimos un modelo del sistema solar a escala. Allí entraron los nombres de los planetas, sus medidas, el cálculo proporcional de las distancias, etc.
Así es como aprendieron nuestros hijos. Lo que expondré a continuación, se refiere a este modelo educativo, donde cada niño participa activamente en la construcción de su propio currículo individualizado.

Las universidades en EEUU. reconocen el potencial de la educación en casa.

Ya antes del auge de la educación por internet, muchas universidades estadounidenses descubrieron que los alumnos educados en casa son buenos estudiantes. Por eso, la mayoría de las universidades ya no exigen certificados de estudios. Si un estudiante fue educado en casa, es suficiente que apruebe un examen, y que presente un portafolio de trabajos realizados a lo largo de sus estudios en casa. Así dijo Jon Reider, un oficial de admisión en la Universidad de Stanford, en el año 2000: “(Los estudiantes educados en casa) pueden ofrecer ciertas aptitudes – motivación, curiosidad, la capacidad de responsabilizarse de su educación -, que las escuelas secundarias no inducen muy bien.” (1)
– Y Marlyn McGrath de la Universidad de Harvard dijo que en vez de estudiantes con buenas notas escolares, ellos prefieren estudiantes con “un historial de distinción”, con habilidades especiales: que comenzaron un negocio propio; que fundaron una organización caritativa; que caminaron a pie a lo largo de todo el continente americano desde Tierra del Fuego hasta Alasca; que saben desarmar un tractor completamente y después armarlo de nuevo; etc. Esas son las cosas que valoran las universidades de élite; ellas no valoran tanto los certificados de estudios. (2)

Motivación interna para el estudio independiente

investigan

Los niños educados en casa investigan muchas cosas por sí mismos, porque les interesa. Ellos tienen una curiosidad realmente “científica”. Así dice el investigador chileno, Dr. Carlos Calvo Muñoz:

“Observando como actúan los niños, descubrimos que usan todos los criterios de un investigador dotado, exactamente los mismos. (…) No hay niño que no sea sistemático en la observación. No hay niñita pequeña que no esté observando, que no esté generando experimentos. Si siguen haciéndolo, mañana van a ser científicos, mañana van a ser artistas. Hay que dejarlos.” (3)

Ni siquiera hay que hacer mucho para incentivar esta curiosidad científica; es innata en los niños. Lo único que hay que hacer, es no destruir esta motivación.

Por ejemplo, allí está ese niño observando hormigas en el patio. Desea descubrir de dónde vienen las hormigas, adónde van, donde viven, qué cosas transportan, de qué se alimentan. Tal vez descubre el nido de las hormigas y lo escarba un poco para ver como está organizado por dentro. En este proceso aprende un montón de ciencias naturales.
Pero si este niño está en una escuela, no le dejan hacer sus observaciones: “¡Entra al aula, es hora de clase!” Hay que estudiar “ciencia y ambiente”, hay que copiar de la pizarra un montón de palabras que el niño no entiende, hay que memorizarlo … O sea, la escuela primero apaga la motivación natural del niño; y después intenta artificialmente motivarlo para algo diferente que no le interesa. Como resultado, los niños ya no aprenden por querer saber algo. Solamente aprenden para sacar una buena nota o para evitar el castigo; el contenido ya no les interesa.

En la educación en casa, queremos mantener intacta la motivación propia del niño. Y la educación superior del futuro requiere mucho de esta motivación propia. Esta educación del futuro ya no sucede en un aula donde un profesor dice: “Ahora copien esto, ahora memoricen aquello…” La educación del futuro sucede ante una amplia oferta de informaciones y conocimientos – la mayor parte en internet -, y el estudiante tiene que traer su motivación propia para averiguar, investigar y saber.

Hacer elecciones sensatas de cursos y contenidos

Justo ante esta amplia oferta de conocimientos, el estudiante necesita escoger lo que necesita para su carrera. La educación superior del futuro ya no es un “camino único”. El sistema actual es lineal: tiene un solo currículo, un único programa de estudios, un currículo rígido. Todos tienen que hacer lo mismo, al mismo tiempo, de la misma manera. Este sistema no toma en cuenta que cada alumno es diferente y tiene necesidades diferentes.
¿Cómo queremos entonces que aprendan a hacer decisiones? – ¡si nunca tuvieron la opción de elegir!

lineal

Yo trabajo también con niños escolares, y a veces les pregunto: “¿Qué te gusta hacer?”, o “¿Sobre qué te interesaría saber más?” – Muchos niños no saben responder a estas preguntas. Una vez pregunté así a un grupo de niños que habían asistido a nuestro programa por un buen tiempo. Mi esposa estaba sentada atrás y escuchó como uno de los niños – uno de los mejores alumnos de su escuela – preguntó a voz baja a su vecino: “¿Qué tenemos que decir? ¿Cuál es la respuesta?” – Cuan triste es eso. Esos niños han perdido su personalidad, se han olvidado de que tienen intereses y opiniones, de que son únicos. Solamente tratan de adivinar cuál es la respuesta que el profesor quiere escuchar.

arbol

La educación del futuro, en cambio, es como un árbol. Hay muchas ramificaciones, muchas posibilidades y alternativas. Como al navegar por internet: Cada página tiene muchos enlaces, y estos enlaces llevan a nuevos enlaces, y constantemente tengo que decidir a cuáles quiero seguir. Y para hacer una elección sensata, tengo que saber quien soy, qué me interesa, y adónde quiero llegar.

La educación en casa ya es así desde el inicio. Proveemos un ambiente donde los niños tienen acceso a una gran diversidad de informaciones y materiales interesantes, y ellos eligen. Así se preparan para la educación del futuro.

Respetamos también la individualidad de cada niño. Si observamos el crecimiento de las plantas, vemos que no todas crecen al mismo ritmo.

Maiz

Estas plantas de maíz se sembraron todas al mismo día. Unas están altas y ya producen choclos, otras están todavía bajas y recién empiezan a florecer. Así son también los niños. Cada uno tiene su propio ritmo de desarrollo; no podemos exigirles que florezcan todos al mismo día. Hay un dicho: “Dios no hace copias, solo originales.”

Maiz2

Pero ¿qué hace el sistema escolar? – Con su currículo traza una línea y dice: “A esta edad, todos los niños tienen que aprender a leer.” ¿Y qué pasa con los niños que todavía no están en este punto en su desarrollo? – “Hay que nivelarlos.” O sea, hay que aplicar la fuerza y hay que jalar esta pobre plantita de maíz hasta que tenga el mismo tamaño como las grandes. Inténtelo con unas plantas de maíz, a ver qué pasa…

Nosotros permitimos a los niños que sean niños todavía. No queremos que algún día nos digan: “Papi, mami, ustedes nos han quitado nuestra niñez, nunca nos han permitido jugar, todo el tiempo nos hicieron estudiar no más” – no queremos que tengan que decir eso. El tiempo de ser adultos ya llegará suficientemente rápido.

Aprendizaje activo e innovador

En el sistema escolar, los alumnos tienen que asimilar pasivamente lo que el profesor les pone delante. Podemos decir que están siendo alimentados con cucharita, como bebés – y así los alumnos permanecen todo el tiempo en una etapa infantil.

bebe

La educación del futuro es más como un restaurante: hay un menú, el cliente escoge y pide. O sea, al estudiante se le toma en serio como un cliente, como una persona que tiene derecho a elegir. El estudiante, por su parte, tiene que ser activo, tiene que averiguar, investigar y buscar información; hasta tiene que crear información.

restaurante

Este mismo ambiente es lo que las familias educadoras ofrecen ya en sus casas. Ofrecen oportunidades, y cuando surge un nuevo interés de los niños, los padres tenemos que buscar información relacionada para ofrecer nuevas oportunidades. O sea, nosotros como padres somos los primeros en convertirnos en aprendedores activos. La educación en casa nos cambia a los padres también. Como padre, yo primero me vi obligado a volver a “aprender a aprender”. Y después los niños empiezan a hacer lo mismo.

Por ejemplo, encuentro a mi hijo menor de 13 años ante la computadora, estudiando un manual en inglés. Ahora, en nuestra familia, el inglés es un idioma extranjero, y mi hijo nunca había tenido clases de inglés. Pero aquí está él leyendo este manual en inglés, y me dice: “Es que quiero saber como funciona este nuevo programa que he encontrado, pero su manual viene solamente en inglés.” – “¿Y entiendes lo que lees?” – “Casi todo.” (No puedo dudarlo, porque él logró efectivamente hacer funcionar el programa.) Así que él aprendió inglés por sí mismo. Solamente me queda una duda: ¿y la pronunciación? El ve las palabras escritas, pero como el inglés tiene una pronunciación tan ilógica, ¿acaso va a entender cuando alguien le hable? – Bien, en otro día le veo otra vez en la computadora, esta vez con un videotutorial sobre diseño gráfico, también en inglés. Y el video tiene subtítulos, también en inglés. ¡Mi hijo ha encontrado el método audiovisual ideal! Puede escuchar las palabras y a la vez ver como se escriben, y todo en el contexto de un tema que le interesa. El también se comunica en inglés en foros de internet, y nunca ha tenido ni una sola clase formal. ¡Esta es la actitud que necesita un estudiante para tener éxito en la educación superior!

Como padres educadores, también tenemos que ser innovadores todo el tiempo. Tenemos que buscar constantemente nuevas informaciones, nuevas ideas, nuevos métodos. Así nuestros hijos también se convierten en innovadores. Y tenemos la libertad de hacerlo.

Podemos preguntar en este punto: ¿no se podría hacer lo mismo también en una escuela? – Yo creo que sí. Conozco unas cuantas escuelas que lo hacen. Son unas escuelas alternativas, privadas, pequeñas; la clase de escuelas que los demás miran como “medio raras”. Yo estoy dispuesto también a ayudar a escuelas que quieren ser más activas y más innovadoras. Pero una tal escuela tendrá que estar dispuesta a ir más allá del marco de sus tradiciones y reglamentos. Y tendrá que estar dispuesta a defender su libertad para hacerlo. De otro modo, nadie en el mundo les podrá ayudar a innovar.
Un gran problema del sistema escolar es que es muy reglamentado y muy uniformado. Es como un tremendo bloque de piedra uniforme, que no se deja mover. Los funcionarios controlan todo el tiempo si los profesores siguen haciendo lo mismo como siempre. ¡Así no se puede innovar! Este sistema tendrá que decidirse: ¿queremos ser reglamentados, o queremos innovar? Es que no se puede reglamentar la innovación. Por definición, innovar es salirse del marco de lo conocido.

1-sm

Las escuelas privadas tienen un poco más de libertad, y por eso unas cuantas de ellas son innovadoras. Pero están como atadas con cadenas a este gran bloque del sistema estatal, y por eso no pueden moverse muy lejos. Y muchas escuelas privadas no tienen ninguna intención de innovar, que solamente quieren ganar plata con imitar las escuelas estatales.
Pero las familias educadoras son como estas aves que tienen libertad para volar. Constantemente buscan nuevos horizontes, nuevos caminos. Tenemos que innovar todo el tiempo. Y no estamos volando todos por los mismos caminos, hay una gran diversidad en el movimiento de la educación en casa. Por eso yo creo, por lo menos en la situación actual, que este es el movimiento con las mejores posibilidades de producir innovaciones educativas.

Seguridad emocional y un ambiente de confianza para compartir

En la educación del futuro se ve que hay mucha interacción entre estudiantes, mucho aprendizaje colaborativo, retroalimentación mutua, intercambio de informaciones, evaluaciones entre pares … son oportunidades donde el estudiante tiene que ejercer su propio juicio.

Ahora, uno pensaría que eso debería darse en las escuelas también. Pero yo veo que la realidad es otra, por lo siguiente:
La enseñanza escolar – particularmente en América Latina – está muy centrada en el profesor. La única comunicación que sucede es entre el profesor y los alumnos; no hay casi nada de comunicación de los alumnos entre sí. Y especialmente la evaluación es hecha únicamente por el profesor.
También, los alumnos están en una constante competencia unos contra otros: quién es el mejor, quién saca mejores notas, quién alcanza el primer puesto y se gana una beca. Este ambiente de competencia genera el bullying, y mucha inseguridad emocional. – También los padres y los profesores, todos hablan de competitividad; no quieren la colaboración, quieren la competencia. Por eso, los alumnos que salen de este sistema no están preparados para el aprendizaje colaborativo.

En la familia no estamos en competencia. Los hermanos no están en una carrera unos contra otros. La familia es una comunidad colaborativa – por lo menos si los padres la dirigen en este sentido.
En la familia hay un ambiente de confianza, un ambiente emocionalmente seguro. Así es más fácil para los niños hacer preguntas, expresar su opinión, expresar también dudas y críticas. Hay mucho más comunicación individual. En la familia, el niño puede recibir asesoría personal e individual; eso es la forma de instrucción más eficaz, pero en la escuela es prácticamente imposible hacerlo, la interacción es casi siempre entre el profesor y los alumnos en conjunto, como grupo, pero no individual.

Por eso, muchos jóvenes educados en familia tienen una seguridad interior que les permite con más facilidad interactuar también en un ambiente online, participar en un foro de discusión o en un grupo de estudios virtual, se atreven a expresarse y hacer preguntas, eso no es ningún problema para ellos, mis hijos ya lo están haciendo.

Conclusiones y deseos

La educación en casa es entonces una preparación ideal para la educación superior del futuro. Y estoy hablando particularmente de un modelo que es flexible, que permite a los niños elegir según sus intereses y su nivel de comprensión; un modelo sin currículo rígido. Y yo veo que las familias educadoras, sobre todo en EEUU, están muy interesadas en las nuevas formas de educación virtual y libre. Ellas son probablemente el grupo más interesado en estos nuevos desarrollos.

Lo que deseamos entonces es, que se nos reconozca, también aquí en América Latina, como un modelo educativo válido, un modelo que puede existir independientemente de las escuelas, que no debe someterse a las escuelas, y que en muchos aspectos es incluso mejor que las escuelas. En EEUU, en Canadá, y en diversos otros países avanzados ya existe este reconocimiento.

Deseamos también que nuestros hijos tengan la oportunidad de certificar oficialmente sus estudios y sus conocimientos, sin que se les impongan trabas burocráticas. (Esta es una mayor inquietud del grupo peruano al que consulté previo a la conferencia.) Un buen ejemplo es Colombia, donde el ministerio de educación ha declarado oficialmente que la educación en casa es una opción válida:

“La alternativa de una educación sin escuela, no corresponde a una opción de mayorías (…); y por ello no está legislada por el MEN de manera explícita; y esto es entendible, porque las políticas públicas por su misma naturaleza, están diseñadas y tienden a ocuparse de las mayorías.
No obstante, como las leyes claramente responsabilizan de manera primaria a los padres de la educación de sus hijos, (…) la educación sin escuela puede ser una opción posible, siempre y cuando los papás garanticen al Estado que los niños están recibiendo una educación de calidad.
¿Y a través de qué mecanismos pueden llevarse a cabo estas opciones?, mediante los exámenes de validación que los niños y jóvenes pueden realizar. (…)” (4)

Aquí en el Perú, la situación legal es muy similar, también existe un reglamento acerca de la convalidación de estudios independientes; pero los funcionarios a menudo no quieren aplicar esta posibilidad, o solamente con muchas restricciones; muchos tienen todavía la idea de que los conocimientos no se pueden certificar, que solamente se pueden certificar las horas de estar sentados en clase. ¡Pero lo que importa son los conocimientos! Todavía falta mucha concientización en este sentido, los funcionarios del sistema escolar deben entender que se puede aprender también sin escuela, incluso mejor que en la escuela. En la educación superior, eso ya se está convirtiendo en una tendencia mundial. Hace falta que lo mismo se reconozca también en la educación básica.


 

Notas bibliográficas:

(1) Patrick Basham, John Merrifield y Claudia R.Hepburn, “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”, Instituto Fraser, Vancouver 2007

(2) John Taylor Gatto, “Weapons of Mass Instruction”, New Society Publishers, Canadá 2009

(3) German Doin y otros, “La educación prohibida”, película documental

(4) Heublyn Castro Valderrama, Subdirectora de Referentes y Evaluación de la Calidad Educativa, Ministerio de Educación Nacional de Colombia. Ponencia en el congreso “Un mundo por aprender”, Bogotá 2009-2010.

1 Comentario »

Tres ingredientes de un buen curso por internet

En el artículo anterior mencioné que algunos de los cursos masivos por internet que se ofrecen recientemente, realmente logran reproducir gran parte de la experiencia de aprendizaje que uno esperaría de una buena universidad. La tecnología de internet permite que tales cursos no tienen por qué ser una experiencia solitaria, ni tienen que ser alejados de la práctica. Pero la tecnología por sí misma no es suficiente. Es necesario reevaluar el concepto que tradicionalmente se tiene de los “cursos a distancia”, y diseñar modelos nuevos.

Desde mi experiencia personal, son sobre todo los siguientes puntos que llegué a valorar como ingredientes de un buen curso por internet:

El desafío de realizar actividades prácticas y documentarlas.
En este respecto, el mejor ejemplo que conocí fue el curso “Introductory Physics with Laboratory” (Física introductoria con laboratorio) por Mike Schatz (Georgia Tech), ofrecido en Coursera. Uno puede preguntarse cómo es posible realizar un curso “con laboratorio” a distancia, pero este curso demostró que sí es posible. Gran parte de las tareas de ese curso consistían en filmar un objeto en movimiento, “medir” este movimiento con la ayuda de un software (gratis) especializado, analizarlo matemáticamente, crear una simulación computarizada del mismo movimiento, y comparar esta simulación con los datos observados. Después había que documentar el trabajo realizado mediante un video corto y subirlo a internet para que otros participantes del curso lo pudieran evaluar y comentar.
Esto me parece un muy buen ejemplo de cómo puede funcionar la educación del siglo XXI. No necesito asistir a clases, ni necesito el laboratorio de una universidad. Solamente necesito una computadora, acceso a internet, y una cámara digital o un celular; con eso puedo convertir mi propia casa en un laboratorio de física, y puedo recibir una evaluación de mi trabajo. Pero, por supuesto, se necesita la capacidad de trabajar y estudiar por motivación propia, sin que un profesor esté todo el tiempo corriendo detrás de uno diciendo: “Haz esto; haz aquello; si no …”
Por si acaso, ese no era un curso “diluido”; era el mismo contenido y las mismas exigencias como para los estudiantes presenciales en la misma universidad.

La evaluación entre pares.
En un curso con diez mil estudiantes (algunos cursos masivos en línea llegan aun a más), obviamente el profesor ya no puede calificar los trabajos de todos los estudiantes. En esta situación, una salida serían las preguntas de selección múltiple que se pueden calificar de manera automatizada. Pero como ya mencioné, este es un instrumento de evaluación muy pobre y falible, y uno que incentiva más a “encontrar el truco y ganarle al sistema”, en vez de comprender un tema en su profundidad.
En cambio, muchos buenos profesores de cursos en línea recurren ahora a la evaluación entre pares: Los trabajos escritos de los estudiantes (resúmenes, ensayos, descripciones de proyectos, etc.) son “barajeados” por el sistema y enviados a varios (tres a cinco) estudiantes del mismo curso para que los evalúen y escriban unos comentarios. Ahora, uno puede preguntarse si un estudiante es capaz de evaluar un trabajo acerca de un tema que él mismo está recién aprendiendo. Pero se han hecho pruebas donde el profesor escogió a diversos trabajos de estudiantes, los calificó, y después comparó su calificación con el promedio de las calificaciones que le habían dado tres o cinco otros estudiantes. Se encontró que la coincidencia era bastante buena. (Mientras que las calificaciones que diversos profesores dan a un mismo trabajo de un estudiante, ¡pueden variar mucho!) – Una de las claves está en dar a los estudiantes unos criterios de evaluación bien definidos.
Como beneficio adicional, varios estudiantes comentaron que el proceso de evaluar a sus compañeros era la parte del curso donde ellos mismos habían aprendido más.

Los foros de discusión y la presencia del profesor en ellos.
Un buen curso por internet contiene foros de discusión donde los estudiantes pueden hacer preguntas, intercambiar ideas, y discutir problemas planteados en el curso. Allí es donde sucede gran parte del aprendizaje, porque los distintos puntos de vista expresados ayudan a ver los temas desde diversas perspectivas, a notar detalles que uno pasó por alto, y a recibir ayuda donde uno dificulta en entender.
En varios de estos cursos me sorprendí, al escribir en los foros, con cuánta frecuencia recibí respuestas personales por el docente o por uno de sus asistentes. Parece que un curso masivo por internet ofrece casi las mismas posibilidades de interacción personal con los profesores (o aun mayores) que un curso presencial. (Aunque esto depende también de la iniciativa del estudiante: Normalmente, solo un pequeño porcentaje de los participantes hacen uso frecuente de las posibilidades que ofrecen los foros de discusión.)
Otros docentes encontraron otras formas de hacerse “accesibles”. Algunos, por ejemplo, organizaron en determinados horarios unas videoconferencias “en vivo y directo”, donde los estudiantes podían participar con sus preguntas en tiempo real. Otros decidieron compartir su dirección de correo electrónico para consultas.
Pero también vi en muchas ocasiones que un problema planteado en un foro de discusión se pudo resolver en la discusión entre estudiantes, sin la ayuda de un profesor.

Y todo eso es ahora posible “a distancia”, desde la casa. ¿Ayudará esta tecnología a que por fin la educación “vuelva a casa”?

Deja un comentario »

Curso por internet acerca del aprendizaje de matemática en familia

Actualmente me encuentro ocupado con los preparativos para un curso que se ofrecerá por internet de manera gratuita, acerca de métodos activos y creativos para aprender matemática. Más informaciones acerca del contenido se encuentran en esta página.

Durante el año pasado hice diversas experiencias como estudiante de cursos por internet. Al inicio estuve un poco desconfiado: ¿Qué experiencia educativa adicional podría brindar un tal curso, si yo podría simplemente estudiar los mismos materiales completamente por mi cuenta? ¿Y cómo se podría evaluar un aprendizaje a la distancia y de manera computarizada, excepto mediante preguntas de selección múltiple (las cuales no pueden adecuadamente medir el “conocimiento” de una persona)? – De hecho existen cursos a distancia que no hacen nada más que usar la tecnología nueva para propagar el mismo modelo educativo viejo de memorización rutinaria y repetición mecánica. Pero encontré que existen también cursos innovadores, que realmente logran reproducir gran parte de la experiencia de aprendizaje que uno esperaría de una buena universidad (no de una “escolarizada” como es el caso de la mayoría de las universidades peruanas). Y esto incluso en cursos que tienen varios miles de estudiantes. En otro artículo aparte describiré algunos de los ingredientes que contribuyen a un buen curso por internet.

Así que me animé a ofrecer también un curso en línea. Al meterme en este trabajo, aprecio ahora aun más el esfuerzo de los docentes que ofrecen tales cursos, muchos de ellos aun en forma gratuita (puesto que esta forma de educación se encuentra todavía en una fase experimental). Un curso por internet – sobre todo si el número de estudiantes puede ser grande – necesita una planificación muy distinta de un curso presencial. Y en particular la producción de buenos videos instructivos requiere mucho tiempo y dedicación; pero este elemento es hoy en día casi “obligatorio” en un tal curso. Estoy entonces bien ocupado.

Un problema particular surgió en el momento de elegir una plataforma de internet donde ofrecer el curso. Había encontrado una que ofrece (casi) todas las posibilidades técnicas que yo deseaba, y que no cobra por cursos que se ofrecen de manera gratuita. Pero después de enviar mi formulario de registración, me informaron que aceptarían solamente cursos por “instituciones educativas formales”. (Este detalle no se mencionaba en ninguna parte de su página web.) Así que también entre las empresas de educación “online” – las que deberían ser la vanguardia de la innovación en la educación – existen algunas que todavía adhieren a creencias de la retaguardia. Por ejemplo la creencia de que el hecho de que una institución sea “formal” o “reconocida por el estado”, garantice la calidad de su enseñanza. Lo irónico es que los pioneros de la educación por internet en Estados Unidos (los que en su mayoría provienen de instituciones reconocidas como la Universidad de Stanford o el Massachusetts Institute of Technology), predicen que estas mismas “instituciones educativas formales” pronto se volverán obsoletas.

Estará por verse entonces si la mencionada empresa se deja convencer de que una organización para el apoyo de la educación en casa puede también proveer una enseñanza de calidad, o si tendré que optar por otra plataforma que ofrezca menos posibilidades técnicas, pero que sea verdaderamente “abierta”. Volveré a informar tan pronto como mi curso tendrá un “hogar” definitivo.

 

2 comentarios »

¿Se puede remplazar a cada profesor por una computadora y una abuela?

Sugata Mitra es un ingeniero de software y profesor en la India. En algunos de los barrios más pobres y en pueblos alejados, él llevó a cabo un experimento educativo muy interesante. El quiso descubrir cuánto pueden aprender los niños por sí mismos, solamente teniendo acceso a una computadora con contenidos preparados. Dicho de manera simplificada, su experimento demostró que la combinación de una computadora y una abuela produce logros educativos mayores que la enseñanza por un profesor.

Sugata Mitra, “Build a School in the Cloud” (en inglés, con subtítulos en español.)

El experimento de Mitra deshace de manera eficaz el gran mito que muchos profesores asumen como base de su profesión: el mito de que el aprendizaje sea el producto de la enseñanza de un profesor. Ahora queda demostrado que una computadora y una abuela pueden producir un aprendizaje mucho mayor.

De hecho, los educadores alternativos ya saben esto desde hace mucho tiempo. Los niños son aprendedores por naturaleza, y el motor más fuerte del aprendizaje es su propia curiosidad innata. Si tienen a su disposición suficientes materiales interesantes para investigar y manipular, y la libertad de seguir los temas que a ellos mismos les interesan, entonces ellos crean la mayor parte del aprendizaje por sí mismos. Esta ha sido la experiencia de María Montessori, de John Holt, de Raymond Moore, de Rebeca Wild, y de muchos otros pioneros de modelos educativos alternativos – aun antes de que existieran las computadoras personales y la internet.

Ahora, me gusta mucho la manera como Mitra completa el cuadro con la abuela que anima a los niños a seguir adelante, y que se interesa genuinamente por las actividades de ellos – pidiendo explicaciones de parte de los niños, en vez de querer explicar a ellos “como se hace”. A diferencia de un profesor, la abuela ni siquiera necesita saber cómo usar una computadora. Lo esencial para el éxito educativo es su interés personal, sus palabras de ánimo y sus preguntas

En un punto estoy en desacuerdo con Mitra: Pienso que la abuela tiene que estar realmente allí mismo con los niños. Cuando se la sustituye por una “abuela virtual” que vive a miles de kilómetros de distancia, existe el peligro de que la tecnología desplace las relaciones humanas cercanas, especialmente entre niños y adultos, que son tan importantes para el desarrollo sano de un niño. – Por supuesto que no tiene que ser necesariamente una abuela. Aun mejor es cuando los mismos padres asumen este rol, como sucede en los modelos exitosos de educación en casa.

Me imagino que este será un tema difícil de digerir para muchos profesores, porque inmediatamente se levantarán dos fantasmas horribles: el de perder el control, y el de perder el trabajo.

Respecto al perder el control: Durante mis años como padre y educador hice una experiencia muy liberadora. No necesito mantener el control sobre el aprendizaje de mis hijos y alumnos. Para que el aprendizaje suceda, no hay necesidad de cumplir con programas y planes de enseñanza prescritos, ni es necesario que todos los niños tengan que estar al mismo tiempo en el mismo lugar, haciendo lo mismo. Al contrario, los niños pueden lograr avances espectaculares en su aprendizaje cuando se les permite que ellos mismos decidan dónde, cuándo, qué, y de qué manera quieren aprender. Esta es exactamente la gran oportunidad que nos brinda la gran cantidad de información que ahora está disponible en la internet: que ahora existe la posibilidad de un aprendizaje independiente y muy personalizado.

No quiero decir con eso que permitamos a los niños el mal comportamiento, la violencia, la deshonestidad, etc. (De hecho, esa clase de comportamiento es incentivado indirectamente por el sistema escolar.) Respecto a lo que es bueno o malo, los niños necesitan una orientación clara y aun más, nuestro ejemplo. Pero en cuanto a los temas, el nivel y la forma de su aprendizaje podemos darles mucha libertad a los niños, y veremos el éxito.

Y respecto al perder el trabajo: Es bien probable que en consecuencia de una tal revolución educativa, haya mucho menos necesidad de profesores en el futuro. Como ha demostrado Sugata Mitra, en muchos casos se puede efectivamente sustituir a un profesor por una computadora y una abuela. Y los profesores que desean ser parte de esta revolución educativa, tendrán que reinventar su trabajo de manera radical. Es que los conocimientos ya no dependen del profesor; son ahora accesibles libremente para cualquiera que tiene acceso a internet. Los profesores ya no serán los “transmisores del conocimiento”, ni serán pequeños reyes que dirigen y controlan su clase. En cambio, su trabajo consistirá en:

– Facilitar a los niños un aprendizaje en libertad, eliminando los planes de lecciones, las tareas obligatorias, y aun la asistencia obligatoria a una escuela. En su lugar, los profesores tendrán que asumir el papel de la abuela que anima a seguir adelante.

– Asesorar a los niños en sus propios proyectos de aprendizaje, y ayudarles a encontrar la información y los materiales que necesitan para ello. Conociendo los intereses y talentos de un niño, y su estilo particular de aprendizaje, un educador entendido puede ayudarle a encontrar los materiales y los métodos de estudio que se adaptan mejor a sus necesidades personales.

– Responder preguntas, ayudar en problemas, y sugerir nuevas ideas, según la demanda de los niños. Esto requerirá una gran flexibilidad, y una buena comprensión de la manera de ser de un niño.

– Crear contenidos informativos que facilitan el aprendizaje; o ayudar a los especialistas en las diversas áreas de conocimiento a crear tales contenidos. Estos contenidos y materiales estarán entonces a disposición de los niños, a manera de ofertas entre las que pueden escoger, no a manera de asignaturas obligatorias. Esto permitirá también evaluar en la práctica si los materiales son adecuados para las necesidades de los niños: Al tener libertad de elección, los niños elegirán con más frecuencia aquellos materiales que son apropiados para sus necesidades, y un mayor porcentaje alcanzará los objetivos de dichos materiales.

Todo esto requerirá una gran capacidad de innovación, originalidad y creatividad. Temo que para eso, la mayoría de los profesores son los menos preparados, porque la formación actual de profesores pone el mayor énfasis en la conformidad con el sistema tradicional, y en el cumplimiento estricto de reglamentos burocráticos. Cuando la educación se mueva en la dirección indicada por Sugata Mitra, el reto principal a los profesores consistirá en superar las limitaciones que su propia formación profesional les impuso.

Siempre hay cierto porcentaje de profesores que hacen su trabajo solamente para ganarse la vida, sin tener una verdadera vocación para ello. Pienso que ellos brindarían un gran servicio a la sociedad si se retiraran voluntariamente de sus puestos y dieran lugar a los que son educadores de verdad. Esto puede sonar duro; pero esta clase de profesores raras veces son felices en su trabajo, entonces se harían incluso un servicio a sí mismos si cambiaran de profesión. (Y entonces, incluso harían algo más productivo.)

Por el otro lado, un profesor que ejerce su trabajo por verdadera vocación, será capaz de realizar estos cambios, mayormente porque tiene un amor genuino a los niños, y por tanto estará dispuesto a explorar caminos nuevos, por el bien de ellos.

Deja un comentario »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 47 seguidores