Educación Cristiana Alternativa

Educación es algo muy diferente de lo que usted piensa …

“Niños protestantes en las escuelas y los conventos de Roma”

Los párrafos que siguen, son otro extracto del libro “Cincuenta años en la iglesia de Roma”, por Charles Chiniquy (vea el artículo anterior). El autor escribió estas palabras como advertencia a aquellos padres evangélicos que piensan en mandar a sus hijos a una escuela católica. Eso es es quizás menos frecuente en el mundo de habla hispana. Pero la crítica de Chiniquy es igualmente válida para toda familia evangélica que manda a sus niños a una escuela estatal, o a una escuela privada que se somete a los principios del estado secular. Esas escuelas tampoco enseñan de acuerdo a la palabra de Dios, y tampoco respetan las convicciones de una familia cristiana. Entonces, una familia evangélica que manda a sus niños a una escuela alineada con el sistema estatal, traiciona sus “principios religiosos” de la misma manera como si los enviase a una escuela católica.


Leemos en la historia del paganismo que en aquellas épocas oscuras, padres sacrificaban a sus hijos sobre los altares de sus dioses, para apaciguar su ira o conseguir sus favores. Pero ahora vemos una cosa extraña: ¡Padres cristianos obligan a sus hijos a entrar en los templos y a postrarse a los pies de los ídolos de Roma, bajo la noción errónea de darles educación! Mientras el padre pagano destruyó solamente la vida temporal de su hijo; el padre cristiano, en la mayoría de los casos, destruye su vida eterna. El pagano era consistente: creía en el poder y la santidad de sus dioses, pensaba sinceramente que ellos gobernaban el mundo, y que ellos bendecían tanto a las víctimas como a aquellos que las ofrecían. ¿Pero dónde está la consistencia del protestante que arrastra a su hijo y lo ofrece como sacrificio sobre los altares del papa? ¿Cree él en su santidad o en su poder supremo e infalible para gobernar la inteligencia? ¿Entonces por qué no va él mismo y se echa a sus pies y aumenta el número de sus discípulos? Los protestantes que son culpables de este gran error dicen como excusa, que los superiores de los colegios y conventos les habían asegurado que sus convicciones religiosas serán respetadas, y que nada será dicho o hecho para quitar o sacudir la religión de sus hijos.
Nuestros primeros padres no eran más cruelmente engañados por las palabras seductoras de la serpiente, que los protestantes lo son hoy en día por las promesas engañosas de los sacerdotes y monjas de Roma.

Yo mismo había sido testigo de la promesa dada por nuestro superior a un juez del Estado de Nueva York, cuando unos días después este mismo superior, el Rev.Leprohon, me dijo: “Tú sabes algo de inglés, y este joven sabe el francés lo suficiente para que ustedes dos se entiendan. Intenta hacerte su amigo y atraerlo a nuestra santa religión. Su padre es un hombre de mucha influencia en los Estados Unidos, y éste, su único hijo, es el heredero de una fortuna inmensa. Grandes resultados para el futuro de la iglesia en la república vecina podrían seguir a su conversión.”
Yo respondí: “Se olvidó Ud. de la promesa que Ud. hizo a su padre, de nunca decir o hacer algo que sacudiera o quitara la religión de este joven?”
Mi superior sonrió de mi ingenuidad, y dijo: “Cuando tú hayas estudiado teología, entonces sabrás que el protestantismo no es una religión, sino la negación de la religión. La protesta no puede ser la base de ninguna doctrina. Entonces, cuando yo prometí al juez Pike que se respetarán las convicciones religiosas de su hijo, y que yo no haría nada para cambiar su fe, yo prometí lo más fácil del mundo, puesto que prometí a no interferir con una cosa que ni siquiera tiene existencia.”
Convencido, o mejor dicho cegado por el razonamiento de mi superior, el cual es el razonamiento de cada superior de un colegio católico, me puse a trabajar a partir de este momento para convertir a mi amigo joven en un buen católico romano, y probablemente hubiera tenido éxito, si una enfermedad seria no lo hubiera obligado a regresar a casa unos meses después, donde murió.

Los protestantes que leen estas palabras quizás se indignarán por el engaño cometido por el superior del colegio de Nicolet. Pero yo les digo a estos protestantes, que no es sobre este hombre, sino sobre ellos mismos que tienen que derramar su desprecio. El Rev.Leprohon era honesto. El actuaba conforme a los principios que él creía buenos y legítimos, y por los cuales él hubiera dado alegremente hasta la última gota de su sangre. El creía sinceramente que vuestro protestantismo es nada más que una negación de toda la religión, digno del desprecio de todo verdadero cristiano. No era el sacerdote de Roma quien era despreciable, deshonesto y un traidor de sus principios, sino que era el protestante quien traicionó su Evangelio y su propia conciencia al haber hecho educar a su hijo por los siervos del papa. Además, ¿no podemos decir de verdad que un protestante que desea que su hijo sea educado por un jesuita o una monja, es un hombre de ninguna religión? y que nada es más ridículo que escuchar a un tal hombre pedir respeto por sus principios religiosos. El deseo de un hombre de que se respeten sus principios religiosos, se nota de la mejor manera cuando él mismo los respeta.


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Se busca: Espíritu pionero

Buscar y aplicar alternativas educativas es un gran desafío. Es mucho más fácil hacer lo que hacen todos los demás.

Cuando una expedición camina por la jungla, por donde no hay camino, alguien tiene que caminar adelante con un machete y abrir paso para que los demás puedan seguir. Eso es un trabajo duro. A veces también tiene que espantar víboras y otros animales peligrosos. Los que siguen detrás lo tendrán más fácil.

Ser el primero que se aventura a una alternativa educativa, es como abrir un camino por la jungla. Sería más fácil seguir a alguien que ya hizo este trabajo. Pero si queremos que haya un camino nuevo, alguien tiene que ser el primero.

Con mi familia, durante muchos años nos hemos visto en el papel del pionero con el machete. No conocíamos a ninguna otra familia en el Perú que hubiera educado a sus hijos en casa. Recibimos bastantes críticas y ataques por causa del camino que habíamos elegido. Aun cuando nuestros hijos ya eran más grandes y todo el mundo podía ver sus progresos, no encontramos a nadie quien hubiera tenido comprensión por lo que es la educación en casa. Cuando hablábamos de ello, la gente nos miraba como si hubiéramos caído de la luna.

Tuvimos unos pocos contactos por e-mail con familias educadoras que vivían a miles de kilómetros de distancia; sobre todo con la Fundación Moore que nos animó y nos asesoró en cuanto a métodos educativos. Cuando nos enterábamos de alguna asociación de familias educadoras en México, en Chile, en Argentina, … siempre preguntábamos si tenían algún contacto en el Perú, y siempre la respuesta era que no. Así que tuvimos que encontrar nuestro camino a solas, sólo con un poco de apoyo a distancia.

Una de las pruebas de fe más fuertes fue en cuanto al permitir a los niños desarrollarse de manera natural. Habíamos leído de las muchas investigaciones que demostraban que no hay que apurar a los niños intelectualmente, que su cerebro necesita tiempo para madurar, que es mejor esperar con la lectura, la escritura y la matemática hasta que los niños están listos por sí mismos. (Vea “Mejor tarde que temprano” y “Esas neuronas mal conectadas“.) Así pasaron los años de primaria de nuestros hijos, felices para ellos porque tenían la libertad de jugar, de hacer muchas experiencias prácticas, de hacer sus propios experimentos, etc … a diferencia de los niños escolares. Pero siempre había momentos cuando nos acechaban las dudas: ¿No están “atrasados” académicamente en comparación con los otros niños de su edad? ¿No será eso una desventaja para ellos?

Entonces, ellos empezaron a entrar a su adolescencia, y se cumplió lo que Raymond Moore y otros investigadores afirmaban: En esa edad, donde muchos niños escolares ya están agotados y no tienen fuerzas ni ánimo para estudiar más, el aprendizaje de nuestros hijos literalmente se disparó, y comenzaron a cubrir en cada año el equivalente de dos años escolares. Ahora, ellos y nosotros estamos muy agradecidos por haberlos educado de esta manera. Pero tuvimos que pasar la prueba, a pesar de todas las voces en contra.

* * *

Creo que los tres ingredientes más importantes para proveer a nuestros hijos una alternativa educativa, son: La información correcta; amor por nuestros hijos; y un espíritu pionero.

La información es fácil de conseguir en nuestros tiempos de internet; solamente hay que saber evaluar si es confiable, y (para cristianos) si es de acuerdo a la palabra de Dios.

El amor a los hijos es algo natural, y doblemente así para cristianos que experimentaron el amor de Dios en sus vidas. Solamente que no caigamos en la trampa del amor propio disfrazado como amor a los hijos. Padres que dicen: “Yo quiero que mi hijo llegue a ser un gran profesional”, probablemente hablan desde ese amor propio: “Quiero ser orgulloso de los logros de mi hijo”. O sea, piensan en lo que les parece bueno para ellos mismos, y no tanto en lo que es bueno para los niños.

Pero tengo la impresión de que muchas familias que están bien en los primeros dos puntos, fallan en el tercero: el espíritu pionero. O con una palabra más “cristiana”: la fe. Se han informado acerca de alternativas educativas; quieren lo mejor para sus hijos; pero después no se atreven a hacerlo. En los últimos años (quizás debido al ejemplo de nuestros hijos) ya no escucho a casi nadie decir que “la educación en casa es mala para los niños”. Con mucho más frecuencia escucho a padres decir: “Sí, sería interesante … pero no se puede.”

Hace unos años nos juntábamos con siete familias en el marco de un curso sobre alternativas educativas. Compartimos informaciones acerca del desarrollo del niño, las características y necesidades del niño, los problemas del sistema escolar, pedagogías alternativas – incluso visitamos una escuela alternativa con algunos de ellos -, educación en casa. Varios padres expresaban cómo sus hijos estaban sufriendo en sus escuelas y no aprendían mucho, y cuánto deseaban para ellos algo mejor. Considerábamos la fundación de una escuela alternativa, o de un servicio de asesoramiento para familias educadoras. Terminó el curso – y seis de las siete familias volvieron a mandar a sus hijos a las escuelas estatales. Una de las madres comentó: “Lo que ustedes hacen es todo tan lindo … pero salimos de vuestra casa y afuera es otra realidad.”
Esto es lo contrario de un espíritu pionero – es un espíritu de derrota y de incredulidad. Un espíritu pionero dice: “Somos llamados a forjar la realidad. Los desafíos son para emprenderlos; los problemas son para solucionarlos.” – Un espíritu de incredulidad dice: “Así es la realidad, no la podemos cambiar.” Y así he visto a diversas familias que nos admiraban con sus palabras, reconocieron la necesidad de sus hijos, pero nunca se atrevieron a intentarlo ellos mismos. ¿Dónde están las familias con espíritu pionero?

* * *

Como cristiano me quedo avergonzado al ver cuántas familias no cristianas demostraron espíritu pionero. En el Perú ya existe un número considerable de escuelas alternativas que desafían toda pedagogía tradicional y estatal. Todas – hasta donde sé – fundadas por personas no cristianas; y varias por padres que deseaban en primer lugar proveer una mejor alternativa para sus propios hijos. Los cristianos, en cambio, hacen solamente copias de las escuelas estatales …

En una oportunidad, Jesús dijo a un paralítico: “Levántate y camina.” – Ponte en la situación del paralítico. ¿Cuál hubiera sido su reacción más natural? – “Pero Jesús, ¿no ves que soy paralítico? No puedo levantarme y caminar. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Esta es efectivamente la reacción de la mayoría de los evangélicos actuales frente a algunos mandamientos importantes del Señor. Cuando el Señor les dice que deben dar a sus hijos una educación conforme a la palabra de Dios, ellos responden: “Pero Señor, esto es imposible. ¿No ves que todo el mundo manda a sus hijos a las escuelas que siguen los métodos estatales? No tengo suficiente dinero. No he estudiado educación. Me es imposible cumplir tu mandamiento.”
Pero la palabra de Dios dice: “Sus mandamientos no son pesados.” (1 Juan 5:3). Dios no nos da mandamientos imposibles. Aunque desde la perspectiva humana pueden parecer imposibles – tan imposibles como mandar a un paralítico que camine. Pero cuando es DIOS quien lo manda, ¡nada es imposible! De hecho, el paralítico se levantó y caminó.

Entonces, un cristiano verdadero tendría posibilidades mucho mayores para desarrollar un espíritu pionero. Un cristiano verdadero es un seguidor del Dios “quien hace vivos a los muertos, y llama a lo que no es, para que sea.” (Romanos 4:17). Un cristiano verdadero no está sujeto a los “rudimentos de este mundo”. Un cristiano verdadero vive por fe, no según lo que sus ojos ven (2 Corintios 4:18, 5:7). Entonces, ¡cuánto mayores serían las posibilidades de un cristiano verdadero, para crear una alternativa educativa que todavía no existe! ¿Dónde están los cristianos con espíritu pionero?

* * *

Aun dentro del movimiento de la educación en casa, hay caminos “pioneros” y caminos “fáciles”. El camino más fácil – elegido por un buen número de familias – consiste en simplemente seguir el programa de una escuela a distancia. Así no hay preocupación por los materiales, y también la certificación oficial de los estudios viene automáticamente. Puedo caminar tranquilamente por un camino que otros han abierto hace tiempo.
El problema con este camino es: El que camina delante de mí con el machete, ¡no es alguien que educó a sus hijos en casa! ¡Tampoco es alguien que hubiera investigado acerca de los métodos más adecuados a las necesidades de los niños! Una escuela a distancia con todos sus materiales ya preparados, representa el sistema escolar tradicional. ¿De verdad vale la pena salirse del sistema escolar, enfrentándose con tantas críticas, dificultades y desafíos, solamente para después volver a traer este mismo sistema a nuestra propia casa? – Quizás algunos dirán que sí, pero yo por mi parte quiero algo mejor para mis hijos. El que sigue un programa fijo a distancia, en el fondo dice lo mismo como tantos padres que mandan a sus hijos a la escuela: “Yo soy incapaz de educar a mis hijos. Solamente la escuela con sus profesores profesionales puede hacerlo.” ¡Y eso es una gran mentira!

Sé que para muchas familias, una escuela a distancia puede facilitar el inicio de una educación en casa. Entiendo que al inicio uno puede quedarse intimidado ante la idea de “tener que hacerlo todo solo”, y un programa a distancia provee un alivio. Pero después de uno o dos años de experiencia, ¿por qué no empezar a mejorar? ¿Por qué no empezar a volar con nuestras propias alas, y animar a nuestros hijos a hacer lo mismo? Actualmente, en internet ya se puede encontrar bastante información acerca de métodos más creativos, más prácticos, más adaptados al ambiente de la vida familiar; métodos que no “exasperan” ni “desaniman” a los niños (Col.3:21) como lo hacen los métodos escolares.

Entiendo que no todos los padres tienen el tiempo o la creatividad necesaria para elaborar materiales para sus hijos. Pero por lo menos podemos informarnos acerca de una variedad de materiales disponibles, y elegir sabiamente. Por ejemplo, en vez de libros escolares con su secuencia rígida, podemos usar libros que tratan específicamente de los temas que interesan a nuestros hijos. O si usamos un libro escolar, podemos añadir métodos prácticos y creativos, y en cambio dejar de lado las partes innecesarias del libro. Todo eso ya es mucho mejor que seguir como esclavos a un único programa rígido.
(He escuchado también de familias que pudieron acordar con una escuela a distancia una mayor libertad y flexibilidad, por ejemplo sustituyendo ciertos materiales y métodos por otros, o adaptando el cronograma a las necesidades de los niños. Cuando una escuela a distancia toma en cuenta las necesidades de las familias de esta manera, y las familias hacen un uso sabio de esta libertad, eso también podría ser un sistema bueno.)

Es también una gran ayuda intercambiar ideas y materiales entre varias familias educadoras. Nosotros hubiéramos deseado eso mientras nuestros hijos eran más pequeños; desafortunadamente en aquel tiempo estábamos solos. Pero ahora que ya hay un buen número de familias, ¡hagan uso de estas posibilidades! Tener espíritu pionero no equivale a aislarse. Si son varios que se turnan con el machete, se cansan menos. Estar completamente solo es difícil. Pero por el otro lado, yo preferiría abrir un nuevo camino junto con algunos otros pioneros que tienen las mismas metas como yo, que seguir un camino ya preparado, pero por alguien que no comparte mis metas.

¿Te atreves a tener espíritu pionero?

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¿Qué NO es una educación cristiana?

En el artículo anterior comencé a exponer unos principios básicos acerca de la educación cristiana – principios que han sido olvidados por casi todos los que se llaman “cristianos”. Vimos allí que la educación de los niños es asunto de la familia y responsabilidad de los padres. Solamente muy al margen es un asunto de la iglesia, y de ninguna manera es un asunto del estado o del gobierno. Mientras no recuperamos la soberanía legítima de la familia sobre el ámbito de la educación, nunca tendremos una verdadera educación cristiana.

Veremos ahora algunos otros aspectos necesarios para que una educación pueda llamarse “cristiana” según los principios de la palabra de Dios. A la vez veremos por qué muchas cosas que pasan bajo este nombre, en realidad no son educación cristiana.

Educación cristiana no es enviar a los niños a un programa infantil de una iglesia.

Estos programas, llámense “escuela dominical”, “culto de niños”, “scouts cristianos”, o lo que sea, son un sustituto muy pobre de una verdadera educación cristiana. Intentan remediar en una o dos horas por semana, lo que las familias y las iglesias descuidan durante todo el resto de la semana. Una semana tiene 168 horas. Si un niño vive 166 de estas horas expuesto a las influencias del mundo incrédulo, y 2 horas en un ambiente (supuestamente) cristiano, ¿quién ganará? La respuesta es obvia.

¿Por qué exactamente estos programas no cumplen con el objetivo de una educación cristiana?

– Porque son ineficaces.

Ya hemos mencionado una causa de la ineficacia de estos programas: porque abarcan un tiempo tan mínimo en la vida del niño que casi no tienen ninguna influencia sobre él. Según las investigaciones de George Barna en los Estados Unidos, solo 3 de cada 10 jóvenes que crecieron en iglesias evangélicas, siguen siendo miembros fieles de las iglesias.
También, los líderes y “maestros” de tales programas rara vez tienen una verdadera visión de educación cristiana. Muchos de ellos quieren simplemente entretener a los niños y ofrecerles un programa “interesante”, sin preocuparse por sus vidas espirituales. Otros intentan dar una enseñanza bíblica, pero no logran llegar con ella al corazón de los niños, porque no saben comunicarse con ellos de manera eficaz. (Sea porque no tienen experiencia con niños, o simplemente porque no son sus propios hijos y por tanto no tienen una relación personal cercana con ellos.)
Muchos de estos “obreros en el ministerio de niños” ni siquiera son cristianos según los estándares del Nuevo Testamento. Una vez fui invitado por una iglesia evangélica para “capacitar” a unos quince jóvenes que enseñaban a sus niños. Les hablé bíblicamente acerca del nuevo nacimiento y les pedí que compartan sus testimonios de cómo ellos lo habían experimentado, si es que habían nacido de nuevo. ¡Ni uno de ellos pudo testificar de este gran cambio que el Señor obra en los que de verdad se convierten a El! – Obviamente, alguien que nunca ha experimentado la nueva vida en Cristo, no puede dar “educación cristiana” a otros.

– Porque dan una impresión equivocada de lo que significa ser cristiano.

Indirectamente, la “escuela dominical” y programas afines enseñan que la vida cristiana se limita a este pequeño círculo y este pequeño lugar que se llama “iglesia”. Enseñan que en un momento especial de la semana vamos a este lugar especial para hacer nuestra pequeña cosa cristiana, y después salimos de allí para vivir nuevamente en el mundo y como el mundo. Así hay muchos evangélicos que asisten siempre a sus reuniones donde se ponen su cara cristiana; pero en su vida normal diaria siguen mintiendo, engañando, fornicando, idolatrando, como cualquiera que no conoce a Dios. Esta es la consecuencia lógica cuando desde niños separamos nuestra vida en un “ámbito religioso” (la iglesia) y un “ámbito secular” (la familia, el trabajo, los estudios, etc…). Una persona que fue educada de tal manera, no reconocerá el señorío de Dios sobre la vida entera.

– Porque quitan la responsabilidad de la familia.

Para muchos padres, los programas de su iglesia les sirven de excusa para no dar ellos mismos una educación cristiana a sus niños. ¿Para qué orar o leer la Biblia en casa, si ya hacemos esto en la iglesia? ¿Para qué enseñar y reforzar principios cristianos en los hijos, si ya están asistiendo a la “escuela dominical”? ¿Para qué aconsejarles y ser un buen ejemplo para ellos, si ya tienen un “pastor” y un “maestro” en la iglesia? Así pasan por alto el gran mandamiento para los padres en Deuteronomio 6:6-7:

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y adando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”

En estos versos no podemos ver ninguna justificación para enviar a los niños fuera de la casa para que reciban su “educación cristiana” en otro lugar. Al contrario, estos versos hablan de estar con nuestros hijos en todos los momentos de la vida diaria (“en casa y en el camino, al acostarnos y al levantarnos”), y de aplicar la palabra de Dios en todos estos momentos.

Una educación cristiana no puede suceder mientras los niños asisten a escuelas seculares.

Realmente me horroriza la gran cantidad de evangélicos que hoy en día creen que pueden educar a sus hijos “cojeando entre dos pensamientos” (1 Reyes 18:21), entre Dios y Baal, entre la Biblia y la “educación” de este mundo al mismo tiempo. Así permiten que las escuelas seculares con sus maestros incrédulos destruyan diariamente lo que los padres cristianos comienzan a construir. Generaciones anteriores estaban más conscientes de que en la educación no puede haber comunión entre la luz y las tinieblas, entre la justicia y la injusticia, entre el templo de Dios y los ídolos (2 Corintios 6:14-18). Por ejemplo dijo el gran predicador de avivamiento, John Wesley:

“Les pregunto, entonces, ¿para qué fin envías a tus hijos a la escuela? – “Qué, para que sean preparados para vivir en el mundo.” – ¿De qué mundo hablas, de éste o del por venir? Quizás pensaste solo en este mundo, y te olvidaste de que hay un mundo de por venir; sí, ¡y uno que durará eternamente! Por favor considera mucho esto, y envía a tus hijos a tales maestros que mantengan este mundo venidero siempre delante de sus ojos. De otra manera, enviarlos a la escuela (permítanme hablar claramente) es poco mejor que enviarlos al diablo. De toda manera, entonces, envía a tus hijos, si tienes alguna consideración por sus almas, no a una de estas grandes escuelas públicas, (porque estas son cunas de toda clase de maldad), sino a una escuela privada, donde enseñe un hombre piadoso, quien se esfuerce a instruir a un número pequeño de niños en la religión y la enseñanza juntos.
Igualmente a tus hijas, no las envíes a una escuela pública de niñas. En estas escuelas, las niñas se enseñan unas a otras el orgullo, la vanidad, la intriga, el engaño, y, en breve, todo lo que una mujer cristiana no debe aprender. Por más que tu hija tenga una inclinación buena, ¿qué hará en una multitud de niñas, de las que ni una tiene algún pensamiento en salvar su alma? – especialmente cuando toda su conversación apunta en el sentido opuesto, y se habla de cosas que desearías que tu hija ni piense. Sería igual enviar a tu hija a ser educada en la calle.”

Y Rousas John Rushdoony escribe en “Filosofía del currículo cristiano”:

“Sobre todo, ¿podemos conservar en la membresía a personas que afirman a Cristo como Señor y Salvador y no obstante entregan sus hijos a una escuela impía? Hubo un tiempo en que la mayoría de las iglesias decía que no; unas pocas todavía pasan por la formalidad de pedirles a los miembros que recuerden su obligación de criar a sus hijos en el Señor, pero ya no sirve de fundamento para la excomunión. No obstante, la Escritura repetidas veces requiere de nosotros que les enseñemos la Ley-Palabra de Dios a nuestros hijos (Deut. 6:7, 20-25). De hecho, la Escritura requiere la pena de muerte por adorar a Moloc (Lev. 18:21; 20:2). San Esteban citó este hecho de la adoración a Moloc como uno de los grandes males de Israel (Hechos 7:43).”

Si hoy en día las iglesias evangélicas permiten a sus miembros mandar a sus hijos a escuelas seculares, no es porque hoy estuviéramos “más avanzados” o “más educados”. Al contrario, es porque las iglesias actuales se han alejado tanto de Dios, que están quebrantando Sus mandamientos más fundamentales. El Señor nos advierte en 2 Juan 9-11:

“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido!, participa en sus malas obras.”

Cualquiera que no enseña conforme a la Palabra de Dios, es un falso maestro. No importa si enseña su doctrina en la iglesia, en los medios de comunicación, o en una escuela. Si el apóstol nos dice que ni siquiera debemos recibir a un falso maestro en casa, ¿acaso permitiría que nuestros hijos sean enseñados por un falso maestro afuera de la casa, todos los días de la semana?

¿Acaso no es en las escuelas donde la mayoría de los niños aprenden a mentir, a sobornar y engañar, a hablar groserías, a obedecer solo de apariencia pero no de verdad, a menospreciar a los débiles, a maltratarse entre ellos? Y los colegios de educación secundaria son verdaderos semilleros de la fornicación, de la borrachera y del consumo de drogras, de las pandillas y de la delincuencia. Si se enseña a los niños que somos nada más que animales, descendientes del mono, ¿nos sorprende si de hecho terminan comportándose como animales?

No existe ninguna justificación bíblica para que un padre cristiano encargue a un incrédulo con la educación de sus hijos.

Alguien dijo una vez: “O Cristo es el Señor absoluto sobre tu vida, o El no es Señor en absoluto.” Su señorío abarca todos los aspectos de la vida y de la educación. Si le negamos Su soberanía sobre el aspecto de la educación escolar, le hemos negado Su soberanía completa. La educación cristiana o abarca todos los aspectos, inclusive la escuela; o no es educación cristiana en absoluto.

 

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Maltrato de niños en las escuelas

En años pasados ya habíamos sido confrontados con algunos casos de niños que habían sido golpeados por sus profesores (resp. profesorAs; descubrimos que son más mujeres que hombres que se hacen culpables de esto). Normalmente avisamos a los padres y ellos iban a la escuela a hablar con la profesora, y así algunos casos mejoraron. En un caso tuvimos que ir nosotros mismos a hablar con la profesora, y aunque ella se negó, después ya no volvió a pegar a la niña afectada.

Pero últimamente aumentaron y se agravaron estos casos – o quizás mejor dicho, los niños tienen más confianza para hablar de ello, y posiblemente nuestra sensibilidad al problema ha aumentado. Empezamos a preguntar a los niños, y CADA UNO de ellos dijo que su profesor(a) pega a los niños; no solamente por razones disciplinarias, sino también cuando no habían terminado sus tareas en casa, o cuando sacaron una mala nota en un examen. Los niños escolares están siendo pegados con reglas, con palos y con ortigas (!), son jalados del cabello y de las pestañas (!); algunos profesores(as) hasta tienen la costumbre de bajar a los niños los pantalones ante toda la clase para darles nalgadas. Y lo más increíble: los padres lo saben, y en la mayoría de los casos, ¡lo aprueban!

Alguien me dijo que estas actitudes reflejan quizás la mentalidad de la zona donde vivimos (la sierra peruana), y que en otras zonas geográficas el problema podría ser menor … que los lectores me informen si esto es cierto.

Parece que muchos padres y profesores se imaginan que con estas presiones y estos maltratos, los niños aprendan más. Pero lo contrario es el caso: Muchos niños tienen horrendos miedos ante los exámenes, porque saben que serán castigados si sacan una mala nota. De esto resulta toda clase de fobias y neurosis. Entonces el miedo les hace olvidar todo, y rinden aun menos de lo que podrían.

Hemos dedicado una buena parte de una reunión de padres a esta problemática, y les dijimos que ellos como padres estaban en la obligación de defender a sus hijos contra el maltrato.
El resultado fue, que varios padres retiraron a sus hijos de nuestro refuerzo escolar, obviamente porque no quieren que alguien interfiera con su filosofía de “educar” a los niños maltratándolos. Algunos otros, en conversaciones posteriores, dijeron que estaban de acuerdo con nosotros, pero que no se atrevían a hacer nada en defensa de sus hijos, porque tenían miedo a las represalias de parte de los profesores y de la escuela.
Otros incluso dijeron que sí se habían quejado contra una profesora que maltrataba a los niños, pero que el director de la escuela había defendido a la profesora: “Ella es nuestra mejor profesora.” Además les habían dicho: “Si no les gusta, llévese pues a su hijo a otra escuela.” Pero esto no lo quieren hacer los padres porque “es muy difícil conseguir un cupo en otra escuela; y además no hay otra escuela buena por aquí.”

Una madre incluso fue obligada por una profesora a dar nalgadas a su hija de nueve años, en presencia de la profesora, porque la niña no había entendido una parte de su tarea. Como dijo la madre (y espero poder creerle), esa fue la única vez que ella pegó a su hija, y fue hace varios años; sin embargo, fue suficiente para dejar traumada a la niña de por vida. Ella es una niña inteligente, pero es una de las que más tiene miedo a las exámenes. Cuando le explicamos algo, normalmente lo entiende y lo puede hacer; pero cuando le damos la misma tarea y decimos “Es un examen”, su mente se queda en blanco y no puede resolver nada. Después la pregunté a qué tenía miedo, y ella dijo: “A que mi mamá me pegue cuando me saco una mala nota.”

Estamos horrorizados de que una madre se deje inducir a maltratar a su hija de esta manera, y que aun después de esto no esté dispuesta a sacarla de este colegio o por lo menos cambiar de profesora. Estamos horrorizados de que un colegio que permite y promueve tales maltratos, tenga la reputación del “mejor colegio de la ciudad” y de “colegio emblemático”. Estamos horrorizados de que esta situación se considere tan “normal”, que hasta ahora no hemos encontrado ninguna excepción entre los niños que atendemos. Estamos horrorizados de que después de 191 años de independencia del Perú, los niños de la nación entera todavía estén siendo educados en condiciones de esclavitud, y que el lema colonial “La letra con sangre entra” todavía está en plena vigencia.

Y por supuesto, me pregunto una vez más: ¿Dónde están los que se llaman cristianos? ¿Qué hacen las iglesias evangélicas?

Habiendo trabajado anteriormente quince años en el ámbito de las iglesias evangélicas del Perú, con un gran número de maestros de Escuela Dominical y líderes de iglesias, ni una sola vez se mencionó este problema. ¿Por qué tuve que salir primero fuera de las iglesias, para enterarme del calvario que sufren los niños peruanos diariamente? ¿Están los líderes evangélicos, inclusive los maestros de Escuela Dominical, tan ajenos al sufrimiento de los niños? ¿O acaso creen ellos también que esto es normal y bueno?

¿Nunca han leído lo que dice el Señor Jesús?

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. (…) Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”
(Mateo 18:6.10)

Por lo menos ya no somos los únicos indignados. La conocida psicóloga Lupe Maestre, en su programa radial “Confidencias” (Radio RPP), hizo un llamado expresivo a los padres y profesores, a que paren este maltrato de los niños en las escuelas, después de que una niña de once años llamó a la radio para decir que su profesor la pega con un palo cuando no tiene las tareas hechas, y que su madre no hace nada para defenderla.

Pero nos entristece que al parecer no hay cristianos que se interesen en hacer algo a favor de los niños. Nos vuelve a suceder lo mismo como ya en otros asuntos: Nos vemos obligados a entrar en una alianza con no cristianos si queremos alcanzar una meta que debería interesar a los cristianos; o en caso contrario, nos quedamos solos y no podemos hacer mucho.

Deseo aclarar que este maltrato de los niños en las escuelas no tiene nada que ver con la “vara” mencionada en el libro de Proverbios. Primero, el poder de la “vara” está entregado única y exclusivamente a los padres, y ninguna otra persona tiene derecho a ello, ni a obligar a un padre a que haga uso de ello (como lo hizo la mencionada profesora).
Además, el uso de la “vara” se limita exclusivamente a los casos de desobediencia premeditada, rebelde y obstinada, o sea, cuando un niño decide conscientemente y por principio oponerse a la autoridad de sus padres y a sus demandas justificadas y razonables. Estos casos ocurren con poca frecuencia.
(El conocido psicólogo cristiano Dr. James Dobson dice que aun en estos casos, el castigo físico ya no debería ser necesario, o en muy raros casos, después de los seis años de edad.)

Nada de lo mencionado se aplica a los casos descritos aquí. Cuando un niño no comprende sus tareas escolares o saca una mala nota en un examen, esto no es ninguna culpa ni desobediencia. Al contrario, si alguien tiene culpa aquí, es el profesor o la profesora, porque es responsabilidad del profesor, explicar las tareas de tal manera que los niños lo entiendan.

¿Alguien conoce alguna persona, organización o iniciativa (especialmente cristianos, y especialmente en el Perú) que se dedique a la defensa de los niños contra los maltratos y abusos de parte de sus profesores?
¿Y qué hace usted mismo(a) al respecto?

He enviado este llamado dos veces a todos los integrantes de nuestra lista de correos electrónicos, y recibí una sola respuesta (de un misionero extranjero que no tenía información al respecto). Esto es aun más triste: aun los amigos de nuestra obra, personas que desean estar informados sobre los avances de la obra con niños y de la obra de Dios en general, parecen estar totalmente indiferentes ante el sufrimiento de los niños escolares.

“Libra a los que son llevados a la muerte;
salva a los que están en peligro de muerte.
Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos,
¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? … ”
(Proverbios 24:11-12)

Al propósito, aumentan también los casos donde los niños son cargados con tareas excesivas, demasiado difíciles y sin sentido. Últimamente tuvimos a un buen número de alumnos que no podían terminar sus tareas dentro de las tres horas que están con nosotros; y ni siquiera pudimos explicarles algo acerca de los temas que no entendían, porque dijeron: “Tengo que avanzar mi tarea, tengo que terminar”, y ni siquiera pudieron escuchar. Tampoco quisieron salir a jugar en el recreo: “La profesora nos va a pegar si se entera de que hemos jugado en el refuerzo escolar.” – Una madre nos comentó que su hijo de tan solo nueve años a veces se queda haciendo tareas hasta medianoche.

Esto de por sí ya es un abuso, como dijo acertadamente John Holt:

“Niños de 12 años tienen días escolares muy largos, y además dos, tres o más horas de tareas en casa, y aun más durante los fines de semana. Aun antes de llegar a la secundaria, la escuela sujeta a muchos niños a una semana de trabajo de 70 horas o más. Desde los días brutales de la Revolución Industrial, los niños nunca fueron obligados a trabajar tantas horas hasta hoy.”

(La Constitución Política del Perú prohíbe someter a alguien a una semana de trabajo de más de 48 horas; pero como parece, ¿esto no se aplica a los niños escolares?)

No solo la cantidad, también el contenido de las tareas es completamente inapropiado para la edad de los niños. Los libros escolares que comúnmente se usan, están en sus exigencias entre dos a cinco (!) años adelantados al desarrollo mental promedio de los niños que tienen que usarlos.
Ya sabíamos acerca de los posibles daños que estas exigencias irrazonables pueden causar en el desarrollo de los niños, por las investigaciones de Raymond y Dorothy Moore ( http://www.altisimo.net/escolar/moore.htm ), y los hallazgos de Jean Piaget acerca del desarrollo de la inteligencia (los que cada profesor debería conocer, pero al parecer los profesores y los planificadores escolares del Perú no los conocen; o si los conocen, no entienden su significado.)
– Pero hace poco encontré unos datos adicionales, según los cuales los daños son aun más graves de lo que supuse, y especialmente en cuanto al desarrollo del cerebro. Si un niño es obligado a aprender conceptos demasiado abstractos, sin estar mentalmente listo para ello, su cerebro se organiza de una manera deficiente, y esto obstaculiza su aprendizaje posterior. De manera que esta forma de “acelerar” a los niños puede, en el peor de los casos, estropear toda su carrera futura. (Vea “Esas neuronas mal conectadas”.)

¿Hay alguien a quien le importa todo eso?

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Como los centros de cuidado diurno (“Casas-cuna”) pueden destruir una nación

Apenas publiqué el artículo pasado sobre la importancia de la familia, y me topé con el artículo que reproduzco abajo. Fue escrito en Suecia hace más de veinte años, y demuestra lo que sucede cuando el estado asume el cuidado de los niños. Suecia es la cuna de las “casas-cuna” para niños menores de cinco años, y es el país con la más larga tradición de dichas instituciones. Como demuestra este artículo, el cuidado estatal de los niños pequeños afuera de sus hogares y familias resultó desastroso para la sociedad sueca. Por tanto, me extraña mucho que varios países latinoamericanos deseen ahora reproducir este experimento sueco. ¿Será por ignorancia o al propósito?
Y aun más me extraña el hecho de que la mayoría de los evangélicos, y sus líderes, sigan esta corriente sin cuestionar, y aun aplaudiéndola. Los evangélicos, quienes oficialmente se apoyan en la Biblia, deberían saber que la educación de los niños es tarea de la familia. También deberían saber que la unidad y la restauración de las familias es una de las prioridades más grandes en el plan de Dios. Sin embargo, la mayoría de ellos no solo apoyan modelos como el fracasado modelo sueco, sino incluso lo reproducen en sus propias iglesias. Da mucho que pensar.


Como los centros de cuidado diurno (“Casas-cuna”) pueden destruir una nación
Por Jan-Olaf Gustafsson, 1989

Antes de relatar mis experiencias con los centros de cuidado diurno en Suecia, deseo presentarme a mí mismo.

Soy ciudadano sueco, de 47 años, casado, y padre de dos hijas que ahora tienen 20 y 17 años. Mi esposa es educadora diplomada para casas-cuna y trabajó en su profesión hasta el nacimiento de nuestra primera hija.

Cuando ella estaba embarazada con nuestra primera hija, ella me dijo que no quería poner a nuestro bebé en una casa-cuna. En aquel tiempo, ella misma trabajaba en una casa-cuna. La pregunté por qué, y ella me respondió que desde su propia experiencia, ninguna persona ajena era capaz de dar a un niño el amor y la atención que corresponde a la unión amorosa entre padres e hijos.
Algunas noches ella regresaba de su trabajo y lloraba por sus pequeños “clientes” que fueron dejados por la mañana en la cuna como encomiendas vivas, y por la tarde recogidos por sus padres.
Le prometí que iba a hacer todo lo posible para asegurar los ingresos necesarios para nosotros, para que ella misma pudiera atender a nuestro bebé.

Nuestra hija mayor nació en 1969. Al inicio todo fue bien. Pero en 1971, el gobierno sueco promulgó una ley que lo hizo prácticamente imposible para una familia sueca promedia, vivir con un solo sueldo. Esta reforma tributaria fue uno de los hitos en el camino hacia la destrucción de la familia tradicional en nuestro país.

Nuestra segunda hija nació en 1972. Desde entonces hemos luchado por nuestra sobrevivencia frente a un sistema maligno de impuestos, el cual discrimina a miles de padres en nuestro país, solamente porque ellos desean educar a sus hijos ellos mismos en su propio hogar. Logramos mantenernos a duras penas. Hace unos años, mi esposa volvió a su trabajo anterior para dar un poco de amor a aquellos niños, que en ciertos libros de sociología son descritos como “objetos”.

Con excepción de los países (entonces) comunistas de Europa Oriental, Suecia tiene la tradición más larga de cunas estatales para niños pequeños. Pero antes de describir la situación actual (de 1989), deseo resumir nuestra historia. Esto es importante, porque muchos países alrededor del mundo están copiando nuestro sistema de casas-cunas – aunque con la experiencia de 25 años aquí en Suecia, este sistema resultó ser el desastre social y económico más grande del siglo XX.

El concepto de los centros de cuidado diurno fue diseñado en la década de los 1930 por Alva Myrdal – sin considerar si los padres tenían alguna necesidad de ello o siquiera se interesaban en ello. Junto con su esposo Gunnar, ella describió estas ideas en varios libros. (Más tarde, ambos ganaron el Premio Nobel por otros logros.) Como muchos de su generación, ellos hablaban a menudo de “crear una nueva generación de hombres que encajarían mejor en un nuevo orden mundial”. Al inicio de la década de los 1930, ellos cambiaron de partido y se hicieron miembros del partido gobernante en Suecia. Poco después fueron encargados con elaborar planes para la “familia moderna” y la sociedad del futuro.

Los Myrdal tenían opiniones chocantes acerca de la familia, y acerca de las amas de casa que se dedicaban a la educación de sus propios hijos. En su libro “Crisis en el asunto de la población”, escribieron:
“Para individuos débiles, tontos, perezosos, sin ambiciones o menos inteligentes (con esto se refieren a las madres que se preocupan por sus hijos en casa, N.d.tr.), todavía es posible quedarse en el ambiente del hogar y vivir como amas de casas y sirvientas. Y al fin la prostitución, para la cual ellas como sirvientas se hacen siempre disponibles.”

El ex primer ministro Palme anunció la muerte del ama de casa. Su ministro de igualdad dijo que las amas de casa eran piezas de museo; y un diario grande declaró que las amas de casa eran “traidoras”. Después de difamar de esta manera a las amas de casa y ensuciar su reputación, era más fácil quitarles sus derechos. Incontables mujeres de todas las edades perdieron su orgullo y su autoestima, y fueron atrapadas por el sistema.

Las mujeres son forzadas a trabajar. Esta es la realidad del “paraíso” sueco hoy. En el transcurso de cuarenta años llegamos a esta situación, porque al inicio nadie sabía donde iba a terminar. El proceso comenzó con la legislación. Hoy hemos llegado a un punto donde la palabra “familia” ya no existe en las leyes y fue sustituida por “hogar”. ¿Pero qué significa “hogar”? Un “hogar” puede consistir en dos lesbianas o dos homosexuales que adoptaron hijos. Aun la Constitución no menciona ningún derecho de los padres.

Además, los impuestos sobre los ingresos fueron cambiados paulatinamente, de manera que una familia promedia con un solo sueldo ya no puede sobrevivir. ¡Tenemos hoy en Suecia la situación de que los matrimonios se divorcian para poder seguir viviendo juntos! Esto suena extraño; pero el sistema social apoya a los divorciados más que a los casados. Por tanto, muchos matrimonios están dispuestos a divorciarse jurídicamente, para mejorar su situación financiera. Por la misma razón, muchas parejas no se casan. Mientras son solteros, reciben dos subsidios y lo doble de todo.

El partido gobernante de Suecia publicó un libro que presenta el programa para el futuro de la sociedad. El libro es titulado “La familia del futuro: una política socialista para la familia.” – Este libro dice que los niños son “obstáculos para la emancipación de la mujer moderna”. En un capítulo se exige que el desarrollo emocional, intelectual y material de los niños sea sometido al estado. A los jóvenes suecos hoy les parece completamente normal, aceptar estas directivas. Así viven según las convicciones que les fueron impuestos por la propaganda masiva y por el sistema tributario. Es muy triste ver a padres jóvenes, inteligentes y educados, con capacidades sobresalientes en diversas áreas de la vida, pero que al mismo tiempo carecen de toda confianza en sus propias capacidades como padres.

Usted se preguntará: ¿Cómo fue posible que esto sucediera en un país que se llama un país libre? – Los diseñadores de este sistema implementaron una combinación astuta de un principio que es a la vez permisivo y restrictivo. La mayoría de la gente concentra sus metas en el dinero y en la adquisición de cosas materiales, lo que llaman “nivel de vida”. Suecia es un campo experimental del sistema bancario internacional y de los mega sistemas de registración y control de la población. El país tiene un territorio grande, pero solo ocho millones de habitantes. El sueco promedio fue formado por una tradición de 500 años, de aceptar los reglamentos y decretos gubernamentales sin cuestionar. A menudo observo que los extranjeros que vienen a Suecia, se dan cuenta fácilmente de la situación, mientras los mismos suecos no se dan cuenta de lo que pasa, porque no confían en sus propias opiniones y conclusiones.

Hace unos años, el parlamento sueco decretó que cada niño entre uno y cinco años tenga un cupo garantizado en una cuna estatal. Este “derecho legal del niño” garantiza a cada niño a partir de seis meses un lugar en un centro de cuidado diurno, según el programa político antes mencionado. El sistema sueco es totalitario; no deja alternativas a sus ciudadanos. Se invierten sumas enormes de dinero en las casas-cunas; pero aquellos padres que desean educar a sus propios hijos, no reciben nada. Al contrario, ellos tienen que pagar más impuestos que aquellos que se adaptan al sistema.

La situación social en la Suecia actual está en revuelta. Las escuelas son dominadas por la violencia; padres y profesores son amenazados y derribados a golpes. El metro subterráneo es contínuamente destruido por adolescentes. Ellos pintan los trenes con spray y cortan los asientos con cuchillos. Cada año se gastan cinco millones de dólares para arreglar estos daños. ¿Qué futuro le espera a un país donde los ancianos ni siquiera de día se atreven a salir a la calle?

Los problemas ocurren aun en los niños muy pequeños. Según las investigaciones médicas del Instituto para la investigación del estrés en Suecia, cada tercer niño de cuatro años sufre de trastornos psicológicos. No estamos hablando aquí de adolescentes, ¡se trata de pequeñitos de cuatro años!
Cada año, en Suecia se suicidan cien niños. Este es el mismo número como en Alemania, pero con la diferencia de que Alemania tiene 80 millones de habitantes y Suecia solamente ocho millones. Muchos de estos niños tienen tan solamente cuatro, cinco o seis años.

La educación escolar es otro problema. Un número creciente de alumnos concluyen sus nueve años de escolarización, sin saber leer ni escribir. Los profesores se quejan de que tienen que invertir mucho tiempo para enseñar un buen comportamiento a los pequeños, y cosas tan cotidianas como abotonar una camisa, amarrar los pasadores o comer con cuchillo y tenedor. La situación es realmente loca.
Otro ejemplo de la disposición sueca para experimentos, es la ley reciente sobre los “derechos básicos” de los animales en granjas. (…) Esta ley para “condiciones más humanas” para los chanchos, gallinas y vacas significa la bancarrota para miles de granjeros suecos, porque ya no pueden pagar la construcción de la clase de establos lujosos que las nuevas leyes exigen.

Aun el diario New York Times reportó sobre ello en 1988. ¿Qué debemos pensar de una nación que concede a sus animales más y mejores derechos que a sus niños humanos? ¿De verdad deberían otros países seguir el ejemplo de una nación que niega a los padres e hijos el derecho de vivir juntos durante sus primeros años de vida tan importantes, mientras concede a los chanchos y gallinas un “derecho a espacio suficiente y tratamiento apropiado para su especie”?

¿Qué pasará en el futuro? Por ejemplo, ¿qué sucederá cuando estos niños, que ahora crecen como “obstáculos” (desde el punto de vista de los padres), más tarde asumirán el gobierno de la nación? Ellos, que nunca experimentaron amor y sentimientos, ¿despreciarán la vieja generación de sus padres y los considerarán obstáculos para la nueva generación activa? Ya ahora podemos observar un aumento del egoismo, mientras están desapareciendo el amor, la ayuda mutua y la disposición de compartir la carga de los demás.

¿Quién se beneficiará de un sistema que después de 25 años en Suecia resultó ser un desastre social y económico? He vivido muchos años en este sistema. Mi familia y yo hemos sufrido bajo este sistema, económicamente y mentalmente, bajo las campañas estatales contra aquellos que defendieron su deber y derecho fundamental de cuidar de sus propios hijos. He examinado este sistema bajo todas las perspectivas posibles, y no encuentro a nadie quien se beneficiará de ello, excepto un estado secular que transforma a sus ciudadanos para que ellos acepten un sistema totalitario. Esta nueva clase de ciudadanos, sin confianza en sí mismos y dependientes de la ayuda social estatal, no se atreven a hacer cambios ni saben como. Si este mismo proceso se lleva a cabo en otro países, entonces desaparecerán las democracias de personas libres que desean vivir según los mandamientos de Dios. (…) ¿Quién ganará cuando las naciones son debilitadas en vez de ser fortalecidas?

La fuerza más importante de una nación son personas sanas y felices, que han crecido en familias sanas y contentas. Cada sociedad o nación depende de las condiciones de sus familias, porque la familia refleja la situación de la nación. Cuando la familia se debilita o se destruye, la nación entera será destruida dentro de poco. Es necesario detener este proceso de destrucción mientras todavía es posible.

Jan-Olaf Gustafsson es miembro de comité de la Fundación Sueca de Campaña Familiar.

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