Educación Cristiana Alternativa

Educación es algo muy diferente de lo que usted piensa …

Pedagogía de la confianza (4)

Parte 4: Unos pensamientos adicionales

En los artículos anteriores he descrito a grandes rasgos el modelo de la “pedagogía de la confianza”, propuesta por el educador suizo Heinz Etter. Añadiré unos pensamientos míos, y unos aspectos adicionales que no tuvieron lugar en los artículos previos.

Cuando encontré este concepto, por un lado me sentí confirmado en muchos aspectos de lo que aprendí y experimenté en la educación de mis propios hijos, y de los niños del refuerzo escolar y de los programas vacacionales. Por el otro lado, el concepto fundamental nunca lo había visto con tanta claridad como lo describe Etter: que los niños tienen un deseo natural, innato, de someterse a sus padres y seguirles. Pienso que si pudiera empezar otra vez, invertiría aun más confianza en mis hijos.

No necesitas tener todo bajo control.

Yo había comenzado mi camino como educador con el trasfondo de una pedagogía bastante conductista, en su variación cristiana. Esta corriente – representada por ejemplo por el Dr.James Dobson – respeta la personalidad del niño, enfatiza la importancia de mostrarle nuestro amor, de valorarlo, y de ayudarle a desarrollar una autoestima sana (que es diferente del orgullo); pero al mismo tiempo parte de la suposición de que el niño tiene una rebeldía innata, y por tanto, cuando desobedece, lo hace con el propósito consciente de cuestionar y desafiar nuestra autoridad como padres. En estas situaciones, entonces, recomienda usar los métodos conductistas de “premios y castigos” para lograr que el comportamiento de los niños se conforme con las normas. O sea, en estos momentos se quebranta la relación entre padres e hijos, se presupone de antemano que el niño tiene motivos malignos, y su sumisión se consigue con medidas de fuerza.
Pienso que la pedagogía de la confianza muestra una perspectiva más constructiva acerca de estas situaciones. (Veremos más abajo lo que dice Etter acerca de las maldades de los niños y los castigos.)

Hace muchos años ya hice una experiencia donde aprendí que el “mantener el control” no es lo más importante en la educación. Fui responsable de un programa infantil cristiano durante las vacaciones. En el último día del programa estábamos ensayando un teatro que queríamos presentar a los padres de los niños en la noche de clausura. Pero en aquella tarde, todo parecía andar mal. Los niños no estaban atentos, olvidaron sus papeles, o no tenían ganas de participar. O sea, estaban en el “modo de resistencia”, como diría Etter. Yo mismo estaba con un fuerte resfrío, además me sentí estresado, y comencé a enojarme y a gritar a los niños. En ese momento fue como si Dios me pusiera Su mano sobre el hombro y me dijera: “Tú no necesitas controlar esta situación. YO estoy a cargo de este evento. Solamente sé sincero con los niños.” – Entonces supe lo que tuve que hacer. Detuve el ensayo, junté a los niños y les dije: “Perdónenme por haberme enojado con ustedes. Es que me siento ahora estresado y débil y no estoy bien de salud. ¿Pueden ustedes pedir a Dios por mí, para que El me dé paciencia y nuevas fuerzas?” – Los niños se quedaron en completo silencio. Después uno de ellos comenzó a orar, y después otro. Yo empecé a sentirme mejor. Y los niños estaban totalmente cambiados. Pudimos terminar el ensayo en muy poco tiempo y sin ninguna queja de nadie.

En ese tiempo no supe sacar todo el provecho de aquella enseñanza. Pero ahora entiendo que no fue solamente un incidente curioso; fue la esencia de todo este concepto educativo que ahora Heinz Etter ha descubierto bajo el nombre de “pedagogía de la confianza”.

Un poco más de perspectiva cristiana

Desde una perspectiva cristiana, una pregunta importante es: ¿Cómo tratamos con el pecado? – ¿Debemos excusar todo y asumir que el niño no lo hizo con malas intenciones? – Eso sería el error del humanismo, que asume que el hombre es bueno por naturaleza. Pero creo que la parte acerca de la “intervención Join-Up” ya demostró que Etter no cae en este error. Él dice solamente que debemos siempre invertir confianza en el niño, y por tanto siempre comenzar asumiendo que el niño no tuvo malas intenciones. Pero puede haber casos donde esta suposición resulta falsa. ¿Entonces qué?

Renunciemos a la venganza.

Etter señala en primer lugar, que mucha maldad sucede en la suposición errónea de hacer justicia:

“La maldad se procrea en la desconfianza de los hombres. El que se siente tratado de manera injusta, hace venganza y piensa que eso es ‘justo’. Pero quizás la primera injusticia ya era a su vez un intento de hacer venganza justa. (…) Por eso, Jesús nos recomendó vencer lo malo con lo bueno. Si queremos que los niños reconozcan y venzan lo malo en ellos mismos, tenemos que renunciar al derecho de hacer venganza, tanto para ellos como para nosotros mismos.
(…) Lo hacemos más difícil para los niños si les hacemos sentir que nuestras medidas disciplinarias son una venganza por sus transgresiones. Muchos niños que hacen lo malo, lo hacen porque se sienten ofendidos por las sospechas y acusaciones de los adultos.
(…) ¿Cómo entonces guiamos a los niños a reconocer y confesar las maldades que cometieron? – Fácil: dándoles el ejemplo. Si nosotros mismos siempre nos justificamos y ‘cuidamos la apariencia’, los niños nos imitarán. Perfeccionarán el arte de justificarse, de mentir y aparentar. (…) No podemos esperar que los niños experimenten algún arrepentimiento, si nosotros no reconocemos nuestros propios errores. Si yo mismo admito mis motivaciones negativas y me esfuerzo por vencerlas – eso es más importante para el niño que todas las instrucciones, amonestaciones y castigos.”

Transparencia y reconocer los errores

La primera meta es entonces, practicar la transparencia en cuanto a nuestros errores, malas intenciones, y transgresiones. Por ejemplo, si un niño robó los caramelos de su hermano y siente que su conciencia le acusa, deseamos que entienda que la salida es confesarlo (y quizás reconocer que lo hizo por envidia, porque su hermano tenía más caramelos que él). Eso no se puede conseguir con sospechas y amenazas; al contrario: se consigue si nosotros mismos practicamos y demostramos esta misma transparencia.

Castigo y restitución

En este contexto entonces hay que ver los castigos y la restitución. El castigo es lo que nosotros como educadores imponemos para señalar que la acción fue mala y debe tener consecuencias (por ejemplo negando al niño un privilegio que normalmente tiene); la restitución es lo que el niño hace voluntariamente para reparar el daño que causó (por ejemplo devolviendo lo que robó).

El castigo (o el temor al castigo) puede en el mejor caso limitar la maldad o los defectos del carácter; pero no puede producir lo bueno. (…) Los castigos pueden ser unas ‘sacudidas’ que ayudan al niño a reorientarse. Pero lo bueno se puede hacer sólo voluntariamente.
(…) Por ejemplo, un niño que no puede controlar su ira, puede ser condicionado mediante los castigos de tal manera que fortalece su autocontrol. Pero los castigos no le ayudan a vencer el problema de fondo, la ira. Un niño (o también un adulto) que activamente desea vencer un defecto de su carácter, encontrará oídos abiertos y apoyo en Dios mismo. Él nos promete que en un Join-Up con Él, seremos no solamente ‘remendados’ un poco; seremos hechos nuevos.”

Etter señala aquí un principio importante: Un castigo tiene sentido solamente si el niño está consciente de su culpa. Cuando el niño no está consciente de que estaba mal lo que hizo, un castigo puede incluso ser contraproducente, endureciendo aun más el corazón del niño.
Desde nuestra perspectiva como adultos, eso puede parecer extraño: Justo a aquel niño que no reconoce su error, ¿lo deberíamos aun tratar con clemencia y no castigarlo? – Pero consideremos la perspectiva del niño: El nota que nosotros nos enojamos, pero no comprende por qué, porque no entiende que su acción haya sido mala. Si en estas circunstancias lo castigamos, no podrá percibirlo como una corrección. Al contrario, lo verá como una agresión o una venganza injustificada de nuestra parte. Así el castigo no cumple con su propósito de producir “fruto de justicia” (Hebreos 12:11).

Tanto más importante es entonces proveer un ambiente donde los niños pueden experimentar la “convicción del pecado”, y se sienten en la libertad de confesarlo. Yo diría que esto se consigue, aparte de nuestro propio ejemplo, con señalar siempre los principios de Dios acerca de lo que es bueno o malo, y aplicar estos principios a las situaciones de la vida diaria.

Acerca de lo dicho, Etter dice lo siguiente:

“Me parece importante contar con que un niño puede hacerse culpable, igual como todos nosotros. El niño sí tiene tendencias pecaminosas como todos nosotros; y no debemos rehusarles el castigo y la restitución. No digo ‘ahorrarles’ el castigo; porque los niños tienen un buen entendimiento de lo que es justo, y ellos mismos sienten la necesidad de recibir un castigo cuando han cometido una transgresión.
Lo importante es que haya una concordancia entre el castigo y la conciencia de la culpa. Cuando un niño no reconoce su culpa y tú empiezas a caer en el rol de reñirlo y reprocharlo, déjale sentir las consecuencias: Le rehúsas el castigo.
Puede que esto suene paradójico en tus oídos. Nos hemos acostumbrado a confundir la indulgencia con el amor, y el castigo con la venganza. En nuestra convivencia diaria todavía no hemos llegado al mismo punto como los modernos sistemas penitenciarios: Allí se entiende, por lo menos en teoría, que el castigo es para la ‘resocialización’; no es una venganza de la sociedad.
Si un niño te ha mentido, será agradecido si le das una oportunidad de enmendar el daño que ha causado. Si le rehúsas este ‘castigo’, el niño se sentirá menospreciado. (…) Déjame repetirlo: El castigo es una bendición para el niño; pero solamente cuando corresponde a su conciencia de la culpa. Es necesario que el niño entienda su culpa; y a ti te corresponde honrar al niño tomándolo en serio y considerándolo capaz de reconocer su culpa y de responsabilizarse de ella.”

Puedo testificar que un niño que es tomado en serio de esta manera, puede llegar a ser más responsable que muchos adultos. Una vez, uno de mis hijos llegó de la calle y anunció: “Tengo que sacar algo de mis propinas. Necesito comprar un vidrio.” – En ese entonces él tenía unos once o doce años. – Lo que había sucedido, fue que él había jugado a la pelota con otros niños. La pelota se le había escapado y había roto una ventana de una casa vecina. Entonces, para él era claro que tenía que reponer el vidrio. Y él no tenía problemas en avisarnos abiertamente, porque sabía que no le íbamos a reñir ni darle órdenes, viendo que él mismo ya sabía lo que era lo correcto, y lo estaba haciendo. Ese fue un momento de gran alegría para mí, porque vi que la confianza que habíamos invertido en él, estaba dando fruto.

La imagen del padre

Esto ya ha sido señalado por varios otros autores: La paternidad fue diseñada por Dios para que sea un reflejo de Su carácter en la tierra. Aquí está el meollo de la educación cristiana: El trato de Dios con nosotros es el modelo para nuestra paternidad. Y la manera como un niño percibe a su padre, condiciona su relación con Dios.

Así dice también Etter:

“Si los niños ven a su padre como una persona amorosa que se preocupa genuinamente por ellos, estarán más dispuestos a creer que Dios es amor. Si ven a su padre juzgando y castigando arbitrariamente, esperarán lo mismo de parte de Dios, y entonces no estarán interesados en conocerle.”

Aquí hay un estudio más extenso acerca de este tema sumamente importante.

Aplicación a la escuela

Etter dice que también las escuelas funcionarían mucho mejor si allí se aplicaría la pedagogía de la confianza. Ahora, eso sería sumamente difícil en una escuela estatal con todos sus reglamentos y exigencias “obligatorias”. Este sistema entero está edificado sobre la desconfianza hacia los niños. Pero Etter dice que aun en una escuela estatal “se puede hacer más de lo que piensas”; y él debe saberlo, ya que ha trabajado como profesor en escuelas estatales.

Por el otro lado, en Suiza existen ahora ya diversas escuelas privadas que se basan explícitamente en la pedagogía de la confianza. Estas escuelas tienen la gran oportunidad de “reinventar” toda su estructura, sus procedimientos y sus procesos de aprendizaje, y en consecuencia disfrutan de unas relaciones mucho mejores entre profesores y alumnos.

Etter resume la adaptación de sus principios al entorno de la escuela en los “10 mandamientos de la pedagogía de la confianza”. Los cito aquí con unos comentarios intercalados:

“1. Asume desde el inicio que los niños están por principio dispuestos a someterse a una dirección en confianza y respeto.

2. Asume desde el inicio que los niños están por principio interesados en aprender, y que no necesitan ser obligados a ello, ni con presiones ni con seducciones sofisticadas.

3. Asume desde el inicio que los niños por naturaleza forman jerarquías entre ellos. No combatas estas jerarquías, pero dales una forma positiva. Lo que combates, no lo puedes formar.”

En este contexto, Etter también aboga a favor de juntar a niños de distintas edades, porque así es natural que los niños menores respetan a los niños mayores como “superiores”; mientras las jerarquías entre niños de la misma edad son menos naturales. (Vea también “De la importancia de tener hermanos mayores y menores”, y el siguiente.) Pero aun en esta última situación, muchos niños tendrán la tendencia de seguir y obedecer a ciertos otros niños; y no hay que intentar quitar a esos niños su “liderazgo” natural, sino asesorarles a que lo ejerzan de una manera buena y justa.

“4. Dirige tu atención a aquellos alumnos que están en el ‘modo cooperativo’.”

Esto va en contra de nuestra reacción natural. A menudo tenemos la tendencia de ocuparnos más con aquellos alumnos que causan problemas y desorden. Pero así solamente desperdiciamos nuestra energía – sobre todo si nos metemos en una “lucha por el poder” contra los niños problemáticos. Vea en la Parte 3, “Los caballos no tienen manos”.

“5. A aquellos alumnos que están en el ‘modo de resistencia’, no los presiones ni los trates como enemigos (o sea, no hay que reñirlos ni reprocharlos). En cambio, colócalos a una distancia y dales una oportunidad de aprender de tal manera que su oposición interior no les presente mayores obstáculos, y que el resto de la clase no necesite sufrir por causa de su comportamiento. Esta actitud provee las mejores condiciones para que esos niños (más tarde) puedan volver a tener confianza y así volver al ‘modo cooperativo’. La transición entre ‘modo de resistencia’ y ‘modo cooperativo’ no sucede de manera gradual, sino en consecuencia de una decisión del niño. No puedes forzar esta decisión.”

En la práctica, esto significa que lo ideal es disponer de dos ambientes que están separados, pero todavía con contacto visual entre ellos. Así el profesor puede dedicarse de manera intensiva a un grupo de niños “cooperativos”, mientras en el otro ambiente el otro grupo puede trabajar con materiales alistados allí, a una distancia del profesor y sin presiones, excepto que se les imponen ciertas condiciones para que puedan volver al grupo del profesor.
Esto corresponde a hacer con ellos una “intervención Join-Up” según las pautas descritas en la Parte 3, con algunas adaptaciones.

“6. Libera a tus alumnos del temor de fracasar. Esto ayuda más para el aprendizaje que muchas horas de refuerzo.

7. No des muchas alabanzas y aun mucho menos críticas. Las alabanzas y las críticas son un sustituto ineficaz para el interés verdadero, y a menudo incluso lo disminuyen.

8. Da mucha importancia a la colaboración con los padres. Al fin de cuentas, ellos son los responsables de la educación. Si los padres no tienen confianza en la escuela o en ti como profesor(a), sus hijos difícilmente se desenvolverán en la escuela.

9. Los castigos y las acciones de restitución sirven solamente si el niño ya está consciente de su culpa, y si vuestra relación personal está bien. En cualquier otra circunstancia, el castigo produce amargura y una actitud vengativa.

10. El aprendizaje sostenido sucede donde hay un interés sostenido (por parte del alumno). Dos prerrequisitos importantes son el gozo de aprender, y la gratitud.”

Acerca de la escolarización obligatoria

Deseo aquí citar y comentar también lo que Etter dice acerca de la escuela obligatoria:

“Tus conocimientos, tus materiales educativos, la infraestructura de tu escuela, todo eso tiene algo de importancia; pero es infinitamente más importante si tus alumnos están en el ‘modo de confianza’ o en el ‘modo de resistencia’.
En la tutoría individual con alumnos a menudo hice una experiencia interesante. (Alumno): ‘No entiendo nada de eso …’ – A veces intenté, sin ningún material a la mano, explicar el tema, y casi siempre dijo el alumno después: ‘¡Ahora entiendo!’ – ¿Fue porque yo sabía explicarlo mejor que el profesor de aula? Seguramente no, porque a menudo eran temas de los que yo no sabía mucho. La diferencia era esta: Fue el niño quien hizo la pregunta, sabiendo que yo no estaba de ninguna manera obligado a explicárselo. O sea, él me necesitaba a mí y no al revés. En este modo, un niño puede aprender de una manera muy superior. Esto es lo decisivo; la didáctica es mucho menos importante.

(…) Una vez más: El que tiene necesidad del otro, es el que debe someterse. ¿Te has dado cuenta cuán a menudo tenemos en la escuela una situación donde parece que los profesores tienen necesidad de los alumnos, cuando debería ser al revés? Como dicen los alumnos: ‘Tengo que hacer todavía las tareas para el profesor fulano.’ No los alumnos son los interesados en comenzar la clase, sino el profesor. ¿No es eso extraño? Es el profesor quien desea a todo costo que los alumnos hagan sus ejercicios. La profesora parece tener una enorme necesidad de ser escuchada por todos los alumnos. ¿No es lógico, entonces, que los niños sienten que los profesores son los necesitados, y los niños son quienes les dan lo que necesitan? Entonces, si queremos que los niños se den cuenta de que ellos necesitan a los adultos y no al revés, entonces tendríamos que cambiar muchas cosas en nuestra manera de pensar y de actuar.

(…) Por eso, yo desearía que la escuela sea por principio voluntaria. Cuando se introdujo la escolarización obligatoria en el siglo 19, sin duda era un progreso. Aquellos padres que no sabían leer ni escribir, y hubieran necesitado la ayuda de sus hijos en la granja, fueron obligados a brindarles una oportunidad educativa. Pero los tiempos han cambiado, y en el tiempo actual, la escuela obligatoria me parece contraproducente. La mayoría de los alumnos irían a la escuela aunque fuera voluntaria, de la misma manera como se someten a una formación profesional cuando tienen la posibilidad de hacerlo. Pero asistirían a la escuela con una actitud distinta, porque la pregunta ¿Quién necesita a quién? tendría su respuesta correcta. Entonces el aprender sería mucho más fácil.
No es realista esperar que la escuela se vuelva voluntaria. (¿por qué no? – N.d.tr.) Por eso me parece aun más importante, por lo menos dentro de la escuela obligatoria introducir de alguna manera una ‘voluntariedad’. Eso es lo que tengo en mente, cada vez que uso la expresión de ‘mantener la distancia’ en la relación entre profesor y alumnos.”

Comentario: En general, pensamientos muy buenos. En relación con lo dicho, John Taylor Gatto reporta que el nivel de alfabetización en los Estados Unidos (más específicamente en el estado de Massachusetts) disminuyó con la introducción de la escolarización obligatoria, y sigue disminuyendo.
Sin embargo, hay un punto que veo diferente – pero quizás es una diferencia cultural. No sé cómo es en el sistema suizo, pero en el Perú (como también en EEUU. y probablemente en otros países americanos) los profesores y las escuelas son evaluados, y premiados o “castigados”, según el (supuesto) “rendimiento” de sus alumnos. Entonces, si se introduce una “voluntariedad” y un alumno no quiere aprender, no es el alumno que tiene que cargar con las consecuencias de su decisión, sino que es el profesor y el director de la escuela quien es castigado por ello. Así sigue siendo el profesor quien “necesita” al alumno, y si fuera tan solamente para poder mantener su puesto de trabajo. Viendo este temor ante el control estatal, pienso que es aun menos realista esperar que alguna escuela estatal se atreva a realizar esta experiencia. La opción de que la escuela sea voluntaria por principio, me parece todavía más realista que eso.
La situación ya podría mejorar mucho si se diera más apertura para la educación en casa, y para escuelas alternativas privadas que pueden efectivamente poner en práctica una pedagogía de la confianza.

Aplicación a la iglesia

Este es un aspecto que Etter menciona solamente en unos pocos comentarios marginales. Pero la pedagogía de la confianza tiene también implicaciones para el trato mutuo de los miembros de las iglesias cristianas.

En muchas iglesias que conocí, observé que los líderes aplican una “pedagogía de desconfianza”. Asumen que tienen que defender su autoridad y su posición contra los demás miembros; y desconfían de la capacidad de los otros miembros de responsabilizarse por su propia vida espiritual y moral. Entonces establecen una red de vigilancia para enterarse de todo lo que los miembros hacen o no hacen, “porque tenemos que velar para que no caigan en pecado”. Añaden una multitud de “mandamientos de hombres” a la palabra de Dios, igual como los fariseos en Mateo 15: “No escucharás música mundana.” “No te vestirás a la moda.” “No asistirás a ningún servicio de una iglesia que no sea de nuestra denominación.” “No hagas ninguna decisión importante sin la aprobación del pastor.” Etc… – Algunos líderes que conocí, se sentían obligados a organizar un programa especial obligatorio para los jóvenes en todos los feriados, “porque si les sobra tiempo libre, solamente van a buscar las diversiones mundanas y van a ser expuestos a tentaciones.”

¿Y los resultados? – Con todo este mal concebido “cuidado pastoral”, los miembros caen aun más en pecado, se vuelven más débiles espiritualmente, y dejan de buscar a Dios por su propia iniciativa, ya que el pastor y los líderes hacen eso en lugar de ellos (o pretenden hacerlo).
Hace muchos años ya hice esta observación; pero ahora, desde el trasfondo de la pedagogía de la confianza, puedo entender aun mejor por qué sucede eso. Es un típico caso de la “cooperación por compensación” (vea en la Parte 1). Los miembros – y particularmente los jóvenes – solamente “juegan según las reglas” que sus líderes establecieron de antemano. Los líderes decidieron que no se puede confiar en que un “miembro común” siga fiel al Señor, y que es el papel de los líderes, alejar a los “miembros comunes” de las tentaciones. Esta desconfianza se transmite a los miembros, y entonces ellos cooperan de manera complementaria, buscando las tentaciones aun más.

Esta forma de liderazgo controlador es aun más insultante, considerando que aquí no se trata de niños, sino de personas adultas y maduras. Y si se tratase de una iglesia realmente cristiana (según los principios de la Biblia), entonces consistiría en personas nacidas de nuevo por el Espíritu Santo. O sea, personas de las cuales la palabra de Dios dice lo siguiente:

“Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor …” (Jeremías 31:33-34)

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (…) Él os guiará a toda la verdad (…)” (Juan 14:26, 16:13)

“¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” (Romanos 14:4)

“…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 2:13)

“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira …” (1 Juan 2:27)

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad …” (Judas 24-25)

Entonces, si un líder de una iglesia piensa que tiene que mantener a los otros miembros bajo vigilancia y que no puede confiar en ellos, ese líder demuestra su propia incredulidad: No cree en las promesas del Señor arriba citadas.

Ahora, puede darse también el caso de que estas promesas realmente no se aplican, porque la mayoría de los miembros de la iglesia no tienen ninguna relación personal con el Señor. Pero en este caso tampoco ayuda presionarlos para que se comporten de manera “conforme” en lo exterior. Nadie se convierte en cristiano imitando el comportamiento de un cristiano; es necesario nacer de nuevo. En este caso mas bien habría que guiar a los miembros hacia el nuevo nacimiento y una relación correcta con Dios.

Tenemos que entender también que de los miembros de una iglesia no podemos esperar la misma clase de relación hacia sus líderes como de un niño hacia sus padres; ni mucho menos podemos exigirlo. En una iglesia cristiana constituida según el Nuevo Testamento, las posiciones de “padre” y de “pastor” ya están ocupadas por el Señor mismo:

“…Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” (Mateo 23:8-9)

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. (…) Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. (…) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.” (Juan 10:11.14.27)

Entonces, no es bíblico que los miembros de una iglesia “sigan” a sus líderes de la misma manera como un niño a sus padres, o un discípulo al Señor. Aun los líderes más importantes en una iglesia no son más que “hermanos”; y como tales no pueden exigir más que un hermano mayor de sus hermanos menores. En esta situación se aplica aun más: La confianza no se puede exigir ni reglamentar; solamente se puede ganar. Y si queremos saber si un líder es digno de confianza, el primer lugar para mirar es cómo trata a su propia familia: a su esposa, sus hijos, y otras personas que viven en su hogar. (Vea en “El concepto bíblico de la familia”.)

Cuando se respeta la posición del Señor como cabeza de la iglesia, una relación de “Join-Up” entre un cristiano más maduro y uno menos maduro puede ser beneficiosa. Mientras ambos siguen conscientes de que dependen del Señor, y no el uno del otro, se pueden ayudar mutuamente a acercarse más a Dios. El propósito de toda comunión cristiana es que sus participantes lleguen a una relación más cercana y directa con Dios mismo. (Vea Hebreos 4:14-16 y 10:19-22.) El apóstol Pablo tenía tales relaciones de confianza con Timoteo, con Silas, y con varios otros de sus colaboradores. Aquí se pueden aplicar muchos de los principios de la pedagogía de la confianza (distinguiendo con sabiduría).

Y volviendo a la familia: Aquí también es saludable estar conscientes de que nosotros, los padres, no somos la última instancia. El “Join-Up” natural de los niños con nosotros es solamente sombra y reflejo de la relación más grande y más importante que Dios Padre desea tener con nosotros. Guiar a los niños hacia esta relación, y representar esta relación ante el mundo, eso es el gran propósito de la familia.

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Anuncio: Cursos de matemática para familias educadoras – Nuevamente abiertos

En esta oportunidad puedo anunciarles que el curso por internet, “Matemática activa para familias educadoras“, está nuevamente abierto. Decidí ofrecerlo esta vez sin fechas fijas; cada participante puede comenzar y terminar cuando desea. El curso contiene proyectos prácticos, creativos, para padres e hijos juntos, y se basa en los siguientes principios pedagógicos:

1. Aprender matemática con la actividad propia y con operaciones concretas.
2. Aprender matemática según el nivel de desarrollo del niño.
3. Aprender matemática basada en principios.
4. Aprender matemática por investigación propia.

Adicionalmente contiene desafíos para los adultos, para entrenar su propio pensamiento matemático.

Por primera vez se ofrece también un curso de seguimiento para familias con niños de 5 a 10 años, “Operaciones básicas con regletas Cuisenaire“. Este curso introduce los conceptos básicos de la aritmética de una manera más sistemática, manteniendo a la vez el enfoque lúdico, activo e investigativo del curso introductorio. Aunque los conceptos matemáticos en este curso son muy básicos, recomiendo fuertemente estudiar el curso introductorio primero, porque este segundo curso asume que los participantes ya tienen cierta experiencia en la aplicación de los principios pedagógicos arriba mencionados.

La inversión de tiempo recomendada para cada uno de estos cursos es de 8 horas por semana durante 12 semanas. La mitad de este tiempo corresponde a la realización práctica de los proyectos junto con los niños.

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Gramática en la cocina

(o donde sea…)

¿Debe un niño de primaria aprender reglas de gramática? – El currículo estatal dice que sí; pero muchos educadores que investigan el aprendizaje de los niños, recomiendan que no. Así dice por ejemplo Jane Healy, después de investigar los aspectos neurológicos del aprendizaje en los niños:

“Al obligar cerebros inmaduros a un aprendizaje de nivel superior, serán forzados a trabajar con sistemas de nivel inferior, lo que dañará la habilidad deseada. Yo mantengo que muchos de los fracasos escolares actuales resultan de expectativas académicas que fueron forzadas sobre los alumnos como con una niveladora, antes que sus cerebros estuvieran preparados para ello.
(…) Las reglas abstractas de gramática y uso del lenguaje deberían enseñarse no antes de la escuela secundaria. Entonces, si son preparados para ello, los alumnos pueden incluso disfrutar de los desafíos de esta clase de razonamiento abstracto, lógico. Pero solamente si los circuitos [cerebrales] no están ya demasiado obstruidos por una enseñanza chapuceada de reglas.
Una alumna de tercer grado de secundaria que buscó mi ayuda en gramática, estaba desesperadamente confundida acerca de las partes más sencillas del lenguaje. Aunque ella era inteligente y podría a su edad haber dominado este material dentro de una semana, ella había sido una víctima de entrenamientos de ‘gramática’ sin sentido desde el segundo grado de primaria. Mientras Michelle y yo luchamos acerca de la diferencia sencilla entre adjetivos y verbos, yo deseaba a menudo poder tomar una aspiradora neurológica y simplemente quitar todas estas sinapsis desorganizadas que siempre se metían en nuestro camino. Demoramos seis meses . . . Pero por fin, un día se le prendió la luz. ‘¡Esto es fácil!’, exclamó. Sí, lo es, cuando los cerebros están listos para el aprendizaje, y cuando el alumno tiene una razón de usarlo con verdaderos modelos literarios.”
Jane M.Healy, “Endangered Minds” (Mentes en peligro), Nueva York, 1990

No hay señales de que el sistema estatal tome en cuenta estos datos en un futuro cercano. Pero aun si estamos fuera del sistema, como familia educadora, o enseñando en una escuela alternativa, puede ser que el estado nos obligue a enseñar gramática. (O quizás no estás tan convencido de los datos, y quieres de todos modos que tus niños de primaria aprendan gramática.)
¿Cuál es entonces la alternativa que proponen los investigadores para los niños menores? – Lo más sencillo: Conversar mucho con ellos. Cito otra vez a Healy:

“El lenguaje refinado con una gramática y un vocabulario más complejos, y su uso social, no surge tan fácilmente. Depende de la calidad y cantidad de interacciones en los años preescolares y de primaria. (…) Todo comienza con las interacciones verbales en casa.
El Dr.Gordon Wells, del Instituto de Estudios en Educación de Ontario, investigó las variaciones en el entrenamiento de lenguaje que los niños reciben en casa. Todo lo que sucede en la vida diaria de un niño, es un tema potencial para una conversación que facilita la atención, la interpretación, y la evaluación; pero los padres ‘difieren en el uso que hacen de estas oportunidades’.
La Dra. Bambi Schieffelin, de la Facultad de Antropología en Nueva York, está preocupada porque los niños no reciben suficiente conversación, ni en sus casas ni en la escuela. Ahora que los niños pasan tanto tiempo en centros de cuidado diurno o en la escuela, tenemos que tomar muy en cuenta su necesidad de conversar con adultos y entre ellos, insiste ella: ‘Yo creo que los niños necesitan hablar y tener toda clase de experiencias con el lenguaje. Los niños tienen que hablar, deben ser animados a hablar, y los adultos tienen que participar con ellos, guiarlos, ayudarles a desarrollarse y a expandir sus habilidades.’
La calidad de las conversaciones entre adultos y niños es extremamente importante, dice la Dra. Catherine Snow de la Universidad de Harvard. En estos valiosos tiempos juntos, por ejemplo durante el almuerzo, los padres ayudan a los niños a ser mejores pensadores si toman el tiempo de conversar y razonar acerca de diversos temas, y hablan de sucesos e ideas, en vez de enfocarse solamente en la comida. También les ayuda contar cuentos vez tras vez, añadiendo detalles a los personajes, los sucesos y las ideas. Eso les ayuda a pensar cuidadosamente y dar buenas explicaciones.”
(Op. cit.)

Entonces, ¿podemos de alguna manera relacionar la gramática con nuestra vida diaria, y con la experiencia concreta? – Acerca de esta pregunta deseo hacer unas sugerencias.

Supongamos que estamos cocinando juntos. Mientras pelamos papas, lavamos verduras, o removemos la sopa, es natural que conversemos juntos. Entonces podemos, a manera de juego, mencionar los nombres de todos los objetos que vemos en la cocina: “cucharón”, “olla”, “fideos”, “ajo”, “mandil”, etc. O podemos jugar el juego: “Yo veo algo que tú no ves, y es negro.” (Entonces los demás tienen que hacer preguntas que se pueden responder con “sí” o “no”, hasta que descubran de qué objeto se trata.) – Y mientras hacemos esto, podemos de paso mencionar que todas estas palabras que son nombres de objetos, se llaman “sustantivos”.

En otra oportunidad podemos introducir la distinción entre singular y plural: “No quiero una sola cebolla, necesito dos cebollas.” El niño entenderá que “cebollas” no es lo mismo como “cebolla”. Y podemos explicarle de paso: “Cuando es una sola, decimos ‘cebolla’, y esta forma se llama ‘singular’. Cuando son varias, decimos ‘cebollas’, y ésta es la forma ‘plural’.” – Podemos practicarlo con otras palabras: “¿Cómo se dice cuando tenemos más que un solo colador? – ¿y cómo se dice con ‘lápiz’? – ¿y con ‘ají’?”

Podemos también coleccionar palabras que describen cómo es un objeto: “Tenemos papas grandes y pequeñas. – Estas papas ya están lavadas, están limpias. Pero éstas están todavía sucias. – ¿Qué más podemos decir acerca de estas papas?” (son redondas o alargadas, crudas, pesadas o livianas, …) Y mientras hacemos esto, mencionamos que todas estas palabras que usamos para describir las papas, se llaman “adjetivos”. – De paso encontraremos también alguna oportunidad de introducir el concepto de “antónimos”.

De manera similar podemos introducir la concordancia de número y género: “Estas papas ya están limpias. El ajo también está limpio. – ¿Qué piensas, por qué de las papas decimos ‘limpias‘, y del ajo decimos ‘limpio‘?”

En otra oportunidad podemos coleccionar palabras que describen acciones: ¿Qué hacemos para preparar una sopa? – Lavamos y pelamos las verduras; freímos cebollas; hervimos agua; añadimos sal; … – Aquí puede ser un poco más difícil para el niño identificar la palabra que describe la acción: “Pelamos papas” – ¿la acción es “pelamos” o “papas”? Si fuera necesario, tendremos que dar una explicación adicional, por ejemplo así: “Las papas no son lo que hacemos, porque no ‘hacemos papas’. Lo que hacemos es pelar.” – Si el niño sigue sin entender, es probable que su cerebro todavía no haya desarrollado las estructuras necesarias para comprender este asunto; entonces habrá que esperar que madure más.
– Puede ser que unos niños respondan a la pregunta inicial con infinitivos: “Lavar y pelar verduras, freír cebollas, …” Eso nos dará la oportunidad, en algún momento posterior, de explicar la diferencia entre infinitivo y formas conjugadas.
– Y de manera similar podemos señalar como cambia la forma del verbo según la persona: “Mira, tú pelas las zanahorias, Juanito pela la cebolla, y yo pelo las papas. – ¿Te has dado cuenta de que la palabra cambia, según quién lo hace? Tú pelas, Juanito pela, yo pelo… ¿Cómo se dice si lo hacemos juntos?”

Así podemos en la conversación diaria despertar la atención de los niños hacia diversos aspectos del lenguaje y de la gramática. ¿Cuándo decimos ‘unas zanahorias’, y cuándo decimos ‘las zanahorias’? – ¿Por qué decimos ‘el agua está fría‘? – ‘Ayer hicimos torta’ no es lo mismo como ‘hoy hacemos torta’. ¿Y cómo decimos si el día de hacer torta es mañana?
Creo que ya entendiste la idea.

He tomado como ejemplo la cocina porque es un lugar donde pasamos mucho tiempo juntos con los niños. Pero esta misma clase de conversaciones podría tener lugar también en el huerto, en la lavandería, en el taller de carpintería, o donde sea. Lo importante es que suceda como una parte normal de la vida diaria. No hay que dar al niño la impresión de que estamos “dictando una clase”. Unos pequeños comentarios de vez en cuando, como “de paso”, son suficientes. Y si el niño empieza por sí mismo a hacer preguntas acerca de las formas de las palabras y su uso, entonces tenemos una oportunidad para enseñarle más.

En cambio, la “hora de lectura” me parece menos apropiada para tratar temas de gramática. De niño, como alumno del sistema escolar, siempre me parecía algo de lo más aburrido cuando había que “analizar” un cuento que estábamos leyendo: “¿A qué género literario pertenece este texto?”- “¿Cuál es el tema principal de este texto?” (con cinco alternativas que todas corresponden al texto, pero por alguna razón arbitraria el autor del libro escolar decide que una es correcta y que las otras son equivocadas…) – “Identifica a los personajes principales.” – “Identifica el sujeto y el predicado de esta oración.” – “Convierte esta oración al plural.” – …
Nada de eso pudo despertar mi atención – especialmente cuando estábamos leyendo un cuento donde más que todo me interesaba lo que sucedía en el cuento, y en qué iba a terminar. Hasta hoy no creo que algún autor bueno haya escrito sus cuentos para ser “analizados” de esta manera. Y un niño que disfruta de una comunicación sana y variada con sus padres, comprende los cuentos que lee sin tener que responder a esta clase de preguntas.

Una mejor oportunidad, aparte de las mencionadas, es cuando revisamos juntos algún producto escrito del niño: un cuento escrito por él mismo; una carta a los abuelos; una receta propia; una entrada en su diario; un ensayo … Allí podemos darle pautas de cómo expresarse mejor; podemos señalar las formas correctas de las palabras; podemos explicar algunos aspectos de la gramática. Los libros que leemos, ya son por sí mismos (o deberían ser) ejemplos de buena gramática, ortografía y expresión; a eso no necesitamos añadir nada. Pero las producciones propias del niño son su terreno de entrenamiento en el lenguaje; allí es donde puede suceder un aprendizaje activo. Y además en todas las oportunidades de comunicación oral, personal, que mencionamos arriba.

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Desescolarizar nuestra propia mente (Parte 2)

En la primera parte he escrito algo acerca de mi camino personal. Ahora deseo mencionar algunos elementos de una “mentalidad escolar”, y contrastarlos con una posible salida desde una mente liberada para una educación verdadera (considerando también la perspectiva cristiana). La lista no es de ninguna manera completa; y creo que cada persona que está en este camino podría elaborar su propia lista. Pero aquí va, para hacer un comienzo:

La mentalidad escolarizada dice: Una alternativa educativa dice:
“Educación es igual a escuela.”
Casi todo el mundo cree esto, pero es muy equivocado. En varios artículos de este blog he escrito acerca de este tema.
La educación sucede primeramente en la convivencia diaria en familia.
Tenemos que recuperar nuestras familias como el lugar más natural, idóneo, y asignado por Dios, para la educación de nuestros hijos.
“Para aprender se necesita un profesor.”
Esta es una actitud que nos hace dependientes de por vida de una clase particular de personas, de los “profesores profesionales”. Pero pensemos unos momentos: ¿Quién enseñó a Edison a fabricar un foco eléctrico? ¿o a los hermanos Wright a construir un avión? ¿Quién enseñó a Einstein la teoría de la relatividad?
Si todo nuestro aprendizaje dependiera de la enseñanza de un profesor, la humanidad nunca progresaría: no se harían nuevos descubrimientos, ni inventos, ni se formularían nuevas ideas.
¡Conviértete en un(a) aprendedor(a) activo(a)!
Este es el camino más eficaz para adquirir conocimientos. Busca informaciones, lee, pregunta, experimenta. Con las actuales tecnologías de información, esto es más fácil que nunca.
Si das este ejemplo a tus hijos, ellos lo harán también por sí mismos.
“Aprender es llenarse de contenidos.”
La escuela conoce una única manera de aprender: Sentarse pasivamente para llenar la mente de “contenidos”. Sea escuchando lo que habla el profesor, o leyendo partes de un libro asignado por el profesor. Esta forma de aprendizaje sucede en un vacío: no está relacionado con ninguna actividad práctica o productiva.
Se aprende mucho más haciendo.
Con todas las actividades de la vida cotidiana se aprende algo; sea haciendo compras, cocinando, limpiando la casa; sea inventando un nuevo juego, fabricando una silla o arreglando un televisor; sea visitando a una vecina enferma o arreglando una disputa entre hermanos. Como padres, solamente tenemos que estar atentos al potencial educativo de todas estas situaciones. Ya vienen con muchos “contenidos” incluídos.
Desechemos la idea de que todo “aprendizaje” tenga que suceder estando sentado inmóvil delante de un cuaderno escolar.
“Solo los profesores profesionales saben educar.”
Ya hace muchos años, John Holt y otros demostraron la falacia de esta idea. Existen numerosos ejemplos, tanto de situaciones escolares como fuera de la escuela, donde los niños aprendieron mejor con personas que no eran profesores profesionales. En realidad, la formación profesional de los profesores no los prepara para educar; solamente los prepara para administrar escolarización según los reglamentos del estado.
Como padre o madre, ¡TÚ eres la persona que mejor conoce a tus hijos!
Creo que muchos padres y madres hoy en día necesitan primero recuperar su autoestima. Si tienes una relación personal, cercana, y de confianza con tus hijos, eso te califica para educarlos. (Si no tienes una tal relación con ellos, es claro que tienes que edificarla primero.) – Después es bueno que te informes también acerca de las necesidades de los niños, y unos principios de una buena educación; pero esta clase de consejos los recibes mejor de unos padres y madres experimentados y sabios, que de un profesor profesional que no ha educado a sus propios hijos.
“Para que un niño aprenda algo, hay que obligarlo.”
O también:
“Si algo es divertido, no puede ser educativo.”
Esta es solamente una versión un poco modernizada del viejo lema colonial: “La letra con sangre entra.” Se parte de la idea equivocada de que un niño por naturaleza no quiere aprender. A causa de esta idea, millones de niños están siendo maltratados en el nombre de una mal entendida “educación”.
Los niños son por naturaleza curiosos y deseosos de saber cosas nuevas.
Entonces, no destruyamos su curiosidad y su motivación natural. Demos a los niños acceso a informaciones y materiales adecuados para alimentar su deseo de saber y de experimentar.
Un niño que se desarrolla de manera sana, puede disfrutar de leer, de hacer experimentos científicos, aun de resolver problemas relacionados con la matemática (que no necesariamente tienen que ser los del libro escolar).
Como padre o madre, ¡vuelve a descubrir tu propia curiosidad! ¿Qué temas te interesan y desearías saber más sobre ellos? ¿Qué experiencias nuevas te gustaría hacer? Comienza, infórmate, descubre. Empieza a disfrutar de tu propio aprendizaje, y tus hijos disfrutarán del suyo.
“Tenemos que cumplir con el currículo.”
¡Cuánta presión se ejerce sobre los profesores – presión que ellos a su vez trasladan a los niños – para cumplir los “objetivos educativos”! Objetivos que fueron fijados arbitrariamente por unos burócratas ajenos a las escuelas, ajenos a las familias, y ajenos a la vida real en general.
¿Cuánto de estos contenidos del currículo estás usando tú mismo en tu propia vida? – ¿Cuánto (o cuan poco) de ello será entonces necesario para tus hijos?
Los niños aprenden cuando están listos para ello.
Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y de aprendizaje; tiene sus propios talentos e intereses; tiene su propia personalidad. No tiene sentido querer presionar a todos dentro de un mismo molde. Respetemos el ritmo individual de cada uno, entonces aprenderán con mucha facilidad. Respetemos sus talentos y sus intereses, entonces aprenderán aquellas cosas que ejercerán con entusiasmo, ahora y en su vida adulta.
Y liberémoslos de exigencias insensatas. Si un joven no va a estudiar medicina, ¿para qué tiene que saber el nombre de cada hueso del cuerpo humano? Si no va a ser ingeniero, ni científico, ni profesor de matemática, ¿para qué tiene que saber trigonometría o logaritmos? Si no va a especializarse en lingüística, ¿para qué maltratarlo con “morfemas” o con “fonemas linguoalveolares” o con “enunciados conativos”?
“El niño tiene que aprender todo eso ahora porque más tarde lo va a necesitar.”
Gran parte del currículo escolar se basa en la idea del aprendizaje anticipado: “Tienen que aprender ahora la gramática porque más adelante la van a necesitar para comprender textos complejos.” – “Tienen que aprender ahora los términos de la teoría de conjuntos, porque más adelante tendrán que aplicarlos al conjunto solución de una inecuación.” – “Tienen que memorizar ahora los nombres de todas las instituciones del gobierno, porque cuando sean adultos tendrán que tratar con estas instituciones.”
Esto es como decir: “Los niños de seis años tienen que memorizar todas las partes de un automóvil, porque cuando tengan dieciocho años tendrán que aprender a manejar.” – En realidad, uno llega a conocer las partes de un automóvil en el mismo proceso en que uno aprende a manejarlo. Memorizarlas sin tener acceso a un carro real, sería un ejercico artificial, ineficaz, y sin sentido. Entonces, liberemos a nuestros hijos de tales ejercicios escolares que se realizan en un vacío artificial. Esta clase de “aprendizaje anticipado” no funciona.
El aprendizaje sucede cuando lo necesitamos en la práctica.
Los niños aprenden a leer para que puedan leer ahora algo que les interesa, no para apreciar la literatura clásica cuando sean grandes. Aprenden a redactar cartas para que ahora puedan escribir a su abuela, no para escribir solicitudes institucionales cuando sean adultos.
También en la vida profesional, no se espera que un joven profesional venga ya con los conocimientos necesarios para enfrentar toda situación posible. Pero se espera que sea capaz de actualizarse constantemente y de adquirir nuevos conocimientos según las situaciones lo requieren. (Sobre todo en las profesiones altamente tecnologizadas: Es muy probable que un profesional tenga que trabajar con tecnologías que ni siquiera existían en el tiempo en que cursaba sus estudios universitarios.)
Volvamos entonces a conectar el aprendizaje con la vida real y con las situaciones presentes. Esto es mucho más eficaz que el querer “preparar” a los niños para posibles situaciones futuras que son irreales para ellos, y que quizás nunca serán realidad.
“Si no lo haces como dice el profesor, no es correcto.”
En otra oportunidad ya he relatado la historia del pequeño C.F.Gauss: Su profesor había dado a toda la clase la tarea de sumar todos los números del 1 al 100. Después de pocos momentos, Gauss entregó el resultado correcto: 5050. El profesor, asombrado, le preguntó: “¿Cómo lo hiciste tan rápido?” – Gauss respondió: “Fácil. Sumo 1+100, da 101. Sumo 2+99, también da 101. 3+98 también da 101. Sigo así hasta 50+51, son 50 parejas de números que suman 101, entonces 50×101=5050.”
Un profesor de nuestros días, seguramente hubiera rechazado la tarea de Gauss: “No, así no se hace. Tienes que sumar los números uno por uno.” – Y así hubiera truncado el desarrollo de un gran matemático en sus mismos comienzos. Esa mania de que “todos lo hagan de la manera como dice el profesor”, destruye la creatividad, la iniciativa, y la estabilidad emocional de los niños.
Además, les acostumbra a confiarse en una fuente de autoridad equivocada. En realidad, la distinción entre “correcto” e “incorrecto” no se basa en lo que dice el profesor. Se basa en las leyes de la matemática, o en las reglas de la ortografía, o en los hechos verificables de la geografía, etc. – y en última consecuencia, en la verdad inmutable que viene de Dios. Pero el sistema escolar obliga a los niños a aceptar en su lugar la autoridad arbitraria y falible de un profesor.
Atrévete a hacer algo nuevo, y a ser creativo.
Normalmente hay un sinnúmero de maneras correctas cómo resolver un problema. Reconozcamos la capacidad de los niños de encontrar soluciones originales – y quizás aun mejores que las nuestras.
¡Y hay posibilidades aun más inmensas de plantearse problemas nuevos que ningún profesor conoce! No hay ninguna necesidad de que todos resuelvan los mismos problemas. Por ejemplo, un niño puede plantearse sus propios ejercicios de cálculo. Incluso puede escribir sus propios libros.
Y no por último, hay un sinnúmero de maneras correctas cómo educar niños, y cómo proveerles experiencias de aprendizaje. Una vez liberados de la camisa de fuerza escolar, descubrimos posibilidades con las que antes ni hubiéramos soñado. Puedo aprender de muchos otros educadores, unos más alternativos y otros más convencionales; pero no estoy obligado a seguir la “receta” de ninguno de ellos al pie de la letra.
“Estudiamos y trabajamos para obtener buenas notas.”
Desde sus inicios en el sistema escolar, los niños se acostumbran a preguntar: “¿Esto viene en el examen?” “¿Vamos a tener una nota de esto?” – Y si no viene en el examen, si no se califica con una nota, entonces se considera como algo innecesario, sin valor, se deja de un lado.
En la vida adulta, esto lleva a la siguiente actitud:
“Mientras nadie mira, no hay que cumplir; no hay que trabajar; no hay que ser honesto; …(etc.)”
O más brevemente:
“Lo único que importa es la apariencia.”Pienso que ésta es la costumbre más dañina que adquirimos en el sistema escolar. De allí tenemos una sociedad que no se interesa por hacer un buen trabajo, ni por ser honesto, ni por aprender bien una cosa; ya que el sistema nos ha enseñado que nada de eso importa. Lo único que importa es la “calificación” y el “cartón”; pero no importa la manera como se obtuvo – con conocimientos y habilidades reales, o por saber engañarle al sistema, o con sobornos – eso ya no importa después, porque eso “no se ve”, lo único que contribuye a la apariencia es el diploma. Y a menudo, los exámenes que se requieren para obtener ese “cartón” tienen muy poco que ver con los conocimientos y habilidades reales que se requieren para ejercer una profesión.
Por eso tenemos ingenieros que construyen casas y puentes que se caen; tenemos abogados y jueces que tuercen el derecho; tenemos profesores que confunden y maltratan a sus alumnos; y tenemos médicos que matan a sus pacientes. Todo porque el sistema nunca les enseñó a hacer alguna cosa bien. Solamente les enseñó a actuar de tal manera que su superior les da una buena calificación, según criterios bastante arbitrarios. Y lo más importante generalmente no se califica: La verdadera calidad de su trabajo; o sea, si hace bien o mal a sus usuarios, clientes o pacientes. Ya que “no hay nota” para eso, el profesional promedio no le da importancia.
No aprendemos para el profesor. Aprendemos para Dios, para nuestros prójimos, y para nosotros mismos.
La desescolarización nos libera para ver el aprendizaje como algo que es independiente del entorno (o de la “institución”) donde sucede. Los conocimientos y habilidades adquiridas tienen un valor en sí mismos, para enriquecer la vida del que aprende, y para capacitarlo a cumplir el propósito de su vida dado por Dios. Cuando niños y educadores descubren este valor del aprendizaje, ya no tienen necesidad de motivaciones artificiales, tales como calificaciones o castigos.En consecuencia también:
Un trabajo bien hecho tiene valor en sí mismo.

Este es un pilar importante de la “ética protestante del trabajo”, la cual (según muchos historiadores) fue clave en el rápido desarrollo tecnológico y económico de Europa y Ameríca del Norte a partir del siglo 18. La Reforma nos hizo recordar nuevamente que el trabajo – aun el trabajo más “secular” – es uno de los medios principales por los cuales el hombre cumple su llamado individual dado por Dios.
(Efectivamente, las palabras “vocación” y “profesión” tienen ambas un origen religioso. Originalmente describieron el llamado de un sacerdote o monje. Los reformadores fueron los primeros que se atrevieron a aplicar estas palabras a un trabajo “secular”.)
En consecuencia, el trabajo se hace en primer lugar para Dios, para que la calidad de nuestro trabajo sea agradable a El. (Vea por ejemplo Colosenses 3:17 a 4:1.) No se trata de dar una buena apariencia para obtener buenas calificaciones de un jefe terrenal (eso sería “servir al ojo”). Se trata de descubrir para qué nos ha preparado y llamado Dios, y hacer eso “como para Dios y no para los hombres”. Esta perspectiva nos libera de la “mentalidad del empleado” (que se ve siempre dependiente de un jefe que le “da trabajo”), y nos provee una “mentalidad del emprendedor” (que crea su propio trabajo y desea hacerlo bien).

 

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¿”Los niños no deben trabajar”?

En muchos países, la erradicación del trabajo infantil se considera una meta importante del desarrollo. Se cree entonces que una de las marcas de un país desarrollado consiste en que los niños no realicen ningún tipo de trabajo.

Ahora, estoy muy consciente de que existen todavía demasiados niños que realizan trabajos en circunstancias que constituyen explotación. Es claro que ningún niño debería ser obligado a cargar cargas pesadas, a trabajar en una mina, a trabajar de noche, o a cumplir una jornada de trabajo igual a la de un adulto, en cualquier trabajo. También es un principio bíblico que cada trabajador debe disfrutar del producto de su trabajo; por tanto es inadmisible que un niño (o cualquier persona) tenga que trabajar para que otras personas (p.ej. sus padres, sus empleadores, …) se lleven el beneficio. Entonces, quiero dejar claro desde el inicio que me opongo a toda forma de explotación, y que nada de lo que digo a continuación puede ser interpretado como si estuviera apoyando alguna de estas prácticas.

Trabajar de por sí mismo no es malo

Pero opino que necesitamos un punto de vista más diferenciado. Por ejemplo, he conocido a niños y adolescentes que en su tiempo libre vendían en el mercado, cobraban pasajes en un autobús, o realizaban otros trabajos, no porque alguien los hubiera obligado, sino voluntariamente, para ganarse un pequeño ingreso para ellos mismos, o incluso porque por su propia cuenta deseaban apoyar a su familia de esta manera. Estos niños no están siendo explotados, al contrario: Estos trabajos (de duración limitada, por supuesto) son para ellos una forma de realizar sus talentos y de desarrollar su personalidad. Yo mismo, en mi niñez y adolescencia, he hecho algunos trabajos así, y no creo que me haya hecho daño. Una política que sin diferenciar prohíbe toda forma de trabajo infantil, les quitaría todas las oportunidades a estos niños que lo hacen no por ser obligados, sino por voluntad propia y por motivos buenos y nobles.

O consideremos el caso de los niños del campo que ayudan a sembrar, a cosechar, a pastear el ganado, etc. Eso es no solamente trabajo; es una parte de su vida familiar y comunitaria normal, y una forma de compartir tiempo con sus padres, familiares y vecinos. Además, cierto porcentaje de estos niños se ganarán ellos mismos la vida con la agricultura cuando sean adultos. Estos trabajos que realizan en familia, son una preparación necesaria para su trabajo futuro; una preparación que no pueden recibir en ninguna escuela o institución. Si les quisiéramos prohibir estos trabajos, estaríamos forzosamente cortando sus lazos familiares; y además afectaríamos la base de su misma existencia futura.

El valor educativo del trabajo

En general, hacer un trabajo productivo tiene un alto valor educativo. Enseña a ser cumplido, exacto, diligente, responsable. Enseña la relación entre esfuerzo propio y recompensa – una relación que para muchos niños no es nada obvia. Enseña a administrar bienes de una manera responsable y justa. Enseña el valor de un producto bien hecho. Un niño que, por ejemplo, ha ayudado a plantar flores o árboles y los ha visto crecer, no será tan propenso a maltratar las plantas en los parques públicos como lo hacen otros niños. Un niño que ha ayudado a arreglar una radio o una computadora, será más cuidadoso para no volver a malograrla.

Muchas destrezas se aprenden mucho mejor haciendo un trabajo práctico, que estudiando teoría. Por ejemplo, hacer mediciones y calcular con medidas se aprende de manera más eficaz haciendo trabajos manuales, en vez de resolver ejercicios de un libro.

Por todas estas razones, la “Fórmula Moore” valora el trabajo productivo como un factor importante (junto con el estudio y el servicio al prójimo) para la formación integral de un niño o adolescente. Que sea de preferencia un trabajo escogido y administrado por el niño mismo, generalmente un pequeño negocio propio donde el niño es su propio jefe y recibe apoyo, ayuda y ánimo por sus padres. Esto es lo contrario de la explotación: es encaminar al niño hacia su propia madurez e independencia.

Incluso unos funcionarios del sistema escolar se han dado cuenta del valor educativo del trabajo, y han incluído la “educación para el trabajo” en el currículo escolar. Ahora, en el marco de la escolarización obligatoria, los adolescentes tienen que hacer trabajos de carpintería o de soldadura, fabricar zapatos, o colaborar en campañas de reforestación. La intención (quizás) es buena, pero con eso la situación se vuelve realmente insólita y paradójica:

Hace pocas décadas todavía, muchos jóvenes aprendieron su futuro oficio, trabajando en el negocio familiar de sus padres. Así recibieron el mejor mentoreo personal que uno se puede imaginar (provisto que su relación con sus padres era buena). Ahora se saca a los jóvenes de este ambiente familiar, obligándolos a pasar todo el día con tareas escolares – con lo cual están desapareciendo los negocios familiares. Ahora se llama “explotación” que padres e hijos trabajen juntos en su propio negocio familiar. Pero si la escuela hace lo mismo, se llama “educación para el trabajo” y se celebra como una gran innovación educativa…
Ahora se llama “explotación” que padres e hijos trabajen juntos en su propio negocio familiar. Pero si la escuela hace lo mismo, se llama “educación para el trabajo” y se celebra como una gran innovación educativa.

La nueva forma de explotación de los niños

Realmente, lo que más debería preocuparnos en esta discusión, es la alternativa que la sociedad propone. Si los niños no deben trabajar, ¿qué deben hacer entonces? – Padres, profesores, políticos, periodistas … todos dan la misma respuesta: Deben pasar todo el día en la escuela o detrás de sus tareas escolares. Como dijo el lema de una gran campaña publicitaria: “El único trabajo que un niño debe hacer es estudiar.”

Preguntemos a uno de estos proponentes de una escolarización total, para qué deberían los niños estudiar tanto. Recibiremos respuestas como las siguientes: “Para tener los conocimientos que la sociedad actual requiere” (¿dónde? – En sus puestos de trabajo.) – “Para saber defenderse en la vida” (lo que se refiere casi únicamente a su futuro puesto de trabajo). – “Para ser miembros productivos de la sociedad.” – “Para poder conseguir un buen trabajo.” – O sea, ¡la gran “meta educativa” es el trabajo, la producción económica!

¿Dónde está entonces la diferencia con los niños de los tiempos de la Revolución Industrial, que fueron obligados a trabajar doce horas diarias en las fábricas, en nombre del “progreso” y del “crecimiento económico”? Los niños de hoy son obligados a pasar doce horas diarias estudiando, supuestamente porque tienen un “derecho a la educación” – pero si examinamos el asunto de cerca, vemos que el único objetivo sigue siendo el trabajo. En realidad es la misma explotación de los niños que ha regresado bajo un disfraz distinto. ¿Qué diferencia hace para un niño si lo obligamos a trabajar todo el día en una fábrica ahora, o si lo obligamos a estudiar todo el día para que trabaje en la fábrica cuando sea adulto? Así o así, se pasan por alto las necesidades características del niño: La necesidad de jugar; la necesidad de vivir en el ambiente conocido, protegido y cariñoso de una familia sana; la necesidad de no tener que “rendir” como un adulto. Así o así, no se permite al niño ser niño. Esto no es educación; es explotación.

En 1909, una inspectora de fábricas hizo una encuesta informal entre 500 niños que trabajaban en 20 fábricas. Ella encontró que 412 de ellos preferían seguir trabajando en las terribles condiciones de las fábricas, en vez de volver a la escuela.
(Helen Todd, “Por qué los niños trabajan”, McClure’s Magazine, Abril de 1913
Citado en: John Taylor Gatto, “Weapons of Mass Instruction”, Gabriola Island, Canadá 2009)

Esta nueva forma de explotación es incluso más dañina, porque los niños no hacen nada productivo. El niño trabajador puede por lo menos ver el fruto de su efuerzo: Ha fabricado algún objeto útil, ha servido a un cliente, ha creado un valor con su trabajo. Pero un cuaderno lleno de ejercicios resueltos no es ningún “producto” de valor, porque no beneficia a nadie. Al contrario, aun tenemos que pagar por esta nueva forma de trabajo infantil. (A pesar de toda la propaganda acerca de la “educación gratuita”, la escuela nunca es gratuita. Todos la pagamos con nuestros impuestos.)

El único trabajo que un niño debe hacer es jugar.

En contraposición al lema de la sociedad actual, consideremos este dicho de María Montessori: “El juego es el trabajo del niño.”

No es que los niños no necesiten adquirir conocimientos. Mientras no fueron malogrados por el sistema escolar, los niños tienen incluso un deseo natural de aprender. Pero necesitan adquirir estos conocimientos a la manera de niños: experimentando y descubriendo por sí mismos; o imitando a una persona a quien admiran y en quien tienen confianza. Cuando les permitimos aprender de esta manera, el aprendizaje deja de ser un trabajo y se convierte en un juego.

El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones …
(Declaración de los Derechos del Niño, Naciones Unidas, 1959)

De la misma manera, los trabajos cotidianos del hogar, si se realizan en un ambiente relajado y de confianza, se pueden convertir en un juego. Igualmente los niños pueden disfrutar de levantar un pequeño negocio propio a manera de un juego. (¿Nunca vio a unos niños absorbidos en jugar a la tienda, o al mercado?)

Por el otro lado, cualquier aprendizaje se vuelve tedioso y odioso cuando tiene que realizarse bajo la clase de presiones que ejerce el sistema escolar actual. Recordemos que la palabra “escuela” viene originalmente del griego “sjolé” = “ocio, tiempo libre”. Originalmente, “escuela” era lo que se hacía en los tiempos de descanso, cuando uno estaba libre para decidir por sí mismo lo que uno quería hacer. Desde este trasfondo histórico y semántico, ¡una “escuela obligatoria” es una contradicción en sí misma!

Yo restauraré a Sion, y habitaré en medio de Jerusalén … Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas.
(DIOS mediante el profeta Zacarías, 8:3-5)

 

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¿Cuántas horas académicas necesita un niño?

Este año tuve la experiencia grata de que mi hijo de 16 años pudo empezar a estudiar la carrera universitaria que él mismo había elegido. Aprobó el examen de admisión en el primer intento, en una universidad que tiene la reputación de ser una de las más exigentes en cuanto a su examen de admisión.

Ahora, las personas que no conocen nuestros métodos educativos, asumen que seguramente él tuvo que “chancar” día y noche, quizás durante años, para lograr este éxito. ¡Al contrario! A base de las investigaciones existentes acerca del desarrollo del niño, sabemos que su éxito se debe precisamente al hecho de que hemos limitado sus horas académicas, sobre todo durante sus años de primaria.
(Para entender las bases científicas y metodológicas de esta afirmación, lea el resumen de “Mejor tarde que temprano”, y “La Fórmula Moore”, por Raymond y Dorothy Moore.)

Durante toda la niñez de nuestros hijos, o sea hasta la edad de 13 años, no recuerdo que alguna vez hayamos tenido más que una sola “hora académica” por día con ellos. Lo llamábamos “el tiempo de hacer tareas con papá (o mamá)”. (Para los lectores no familiarizados con nuestros métodos: Nuestros hijos recibieron toda su educación primaria en casa, y también la mayor parte de su educación secundaria.)
En estos tiempos solíamos introducir algún tema nuevo de la matemática, del lenguaje, de la Biblia, de las ciencias, u otro; o resolvíamos unos ejercicios que nuestros hijos no podían hacer sin nuestra ayuda. Todo el resto del tiempo estaba dedicado a trabajos y proyectos prácticos, la exploración libre, o juegos, tomando muy en cuenta los intereses propios de los niños.

  • Muchos juegos tienen un gran valor educativo. (Vea p.ej. “La matemática de los juegos y los juegos de matemática”, y los artículos siguientes.)
  • La “exploración libre” incluía tanto expediciones al campo y experimentos científicos, como mucha lectura independiente por parte de los niños. A ellos les gustaba mucho leer, así que constantemente buscaban nuevos libros sobre temas que les interesaban. Y esta motivación por la lectura se debe a que nunca presionamos a nuestros hijos a leer. Los niños escolares están desmotivados porque fueron obligados a leer, mucho antes de que su cerebro alcanzó la madurez necesaria para ello, y con métodos que se parecen más a un entrenamiento de loros o a un arrear de esclavos. ¡No extraña que ellos no puedan encontrar nada placentero en la experiencia de leer! (Vea también “¿Cómo aprenden a leer?”)
  • Los proyectos prácticos son mucho más adecuados a las necesidades de un niño que el estudio con libros y cuadernos; porque los niños son esencialmente aprendedores concretos. Ellos necesitan ver, tocar, manipular, probar, armar y desarmar, para aprender.

En la adolescencia comienza a desarrollarse el razonamiento abstracto, y la capacidad de analizar sistemáticamente las reglas de la gramática, las leyes científicas, etc. Para tener éxito en este análisis sistemático, el adolescente necesita poder referirse constantemente a un gran tesoro de experiencias prácticas que acumuló anteriormente, en su niñez.

Por eso, lo que el niño en edad de primaria más necesita, es la exploración libre y los trabajos prácticos. Si un niño tuvo muchas oportunidades de divertirse con agua y arena, de hacer experimentos con pelotas y palancas, o de armar y desarmar sus propias máquinas, entonces no le será difícil entender las leyes de la física cuando sea adolescente. Si encontró placer en leer libros por su cuenta, y tuvo un contacto natural con diversas formas del lenguaje, entonces no dificultará con las reglas de la gramática cuando sea adolescente. Pero no le aprovecha si le obligamos a memorizar los resultados de tales sistematizaciones antes del tiempo.

Es una observación psicológica que un niño o adolescente no puede “saltar” ninguna etapa en su desarrollo. Y si lo intenta (o si es obligado a hacerlo), más tarde sentirá la necesidad de “recuperar” la etapa perdida. Permitamos a los niños ser niños; y entonces actuarán también en la adolescencia y en la edad adulta de acuerdo a su edad. Pero si obligamos a los niños a ser pequeños adultos (estudiando conceptos demasiado abstractos), de adultos sentirán una necesidad irresistible de comportarse de manera infantil. ¿No podemos observarlo ya en la actual generación de jóvenes adultos?

Ante este trasfondo es realmente deprimente ver lo que hace el sistema escolar. Si el rendimiento de los alumnos es “bajo”, los profesores y funcionarios escolares siempre tienen la misma respuesta: ¡Más horas académicas! (Vea también: “Más cárcel para los niños”.)

horasAcademicas

Desde la experiencia de muchos años, ofreciendo ayuda y refuerzo para niños escolares, sé que en realidad este “remedio” es la enfermedad. Muchos niños sufren de problemas de aprendizaje porque tienen demasiadas horas académicas. Están estresados, nerviosos y agotados por la sobrecarga escolar. Como demuestran las evaluaciones de los alumnos de secundaria (como el conocido estudio PISA), este sistema no tiene ningún provecho académico. Miles de profesores y millones de alumnos desperdician su valioso tiempo (y el dinero de nuestros impuestos) en miles de horas académicas mal concebidas y superfluas, que no producen ningún verdadero aprendizaje. ¿Será que alguna vez algún planificador escolar se ponga a reflexionar sobre los efectos negativos que este sistema tiene sobre la economía?

Pero yo prefiero considerar el asunto desde el punto de vista del bienestar del niño. Es una forma de maltrato infantil, someter a un niño a esta sobrecarga de horas de clase improductivos, y todavía a tantas horas más de tareas en casa. En vez de maltratarlos con aun más clases y tareas, deberíamos darles un descanso y permitirles aprender de acuerdo a sus necesidades. La experiencia de nuestros hijos ha demostrado que un niño puede rendir más, con mucho menos esfuerzo y menos estrés, si tan solamente le permitimos ser niño, le ofrecemos actividades prácticas, y no lo sobrecargamos ni con horas académicas ni con contenidos demasiado abstractos. Un niño necesita mucho menos horas académicas de lo que usted piensa.

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El que quiere enseñar, tiene que ser aprendedor primero

Como nos sucedió a nosotros

Es una antigua verdad que los niños aprenden mucho más por nuestro ejemplo que por nuestras palabras. Eso tenemos que aplicarlo también al acto mismo de aprender – sobre todo en el ámbito intelectual o “académico”: Si quiero que mi hijo (o alumno) sea un aprendedor, yo mismo tengo que ser un aprendedor primero. No servirá “enseñarle” muchos conocimientos y decirle: “¡Aprende! ¡Aprende!”. Primero tengo que mostrarle con mi propio ejemplo lo que es aprender.

Yo no hice esto conscientemente; pero cuando comencé a educar a mis hijos en casa, me di cuenta de que me hacía falta saber muchas cosas. Primeramente sobre pedagogía y didáctica; porque llegué a entender que el “dictar clases” como en la escuela no era saludable ni eficaz para el aprendizaje de los niños; entonces tuve que aprender métodos mejores y más naturales. Más tarde, mis hijos empezaron a interesarse por temas de los que yo no sabía casi nada: “¿Qué tiene que estudiar uno para ser astronauta?” – “¿De qué se alimentan los armadillos?” – “¿Existen plantas que crecen en la Antártida?”- Yo no lo sabía. Tuve que averiguarlo.

Así que pasé bastante tiempo buscando respuestas en libros y por internet. Algunas veces me acordé de algún conocido que podría saber la respuesta; o encontré una dirección de alguna persona u organización a quien podía preguntar. A medida que los niños crecían, pude decirles con más frecuencia: “Vamos a investigarlo juntos.” Cuando se trataba de un tema de matemática, generalmente intentábamos primero encontrar la solución nosotros mismos, sin ayuda de nadie – pues eso es lo fascinante de la matemática que no necesitas a ningún profesor o “experto” para investigarla. Razonando lógicamente puedes descubrir todo por ti mismo(a). Y solamente si después de bastante tiempo no encontrábamos la respuesta, lo averiguamos en un libro o en internet.

De esta manera, supongo que mis hijos absorbieron de manera natural el hábito de aprender. A veces me sorprendieron con datos que yo no sabía: “¿Sabías que las lombrices se entierran hasta a diez metros de profundidad cuando no llueve por mucho tiempo?” – Ellos lo sabían porque lo habían leído en uno de sus libros. Estaban adquiriendo la capacidad de aprender de manera independiente. (Vea “Niños educados en casa se convierten en aprendedores independientes”.)

Pero pienso que eso no hubiera sucedido si yo no me hubiera visto obligado a ser un aprendedor primero. Así, sin estar consciente de ello, adquirí la autoridad y el derecho a que mis hijos aprendiesen de mí. El que quiere enseñar, tiene que ser aprendedor primero.


Animando a otros padres a ser aprendedores

Hace unas semanas terminó la primera vuelta del curso por internet, “Matemática activa para familias educadoras”. Un curso como este requiere aprender de manera independiente y perseverar en ello. Una de mis intenciones con este curso fue – aparte de proveer herramientas para la matemática – incentivar a padres y madres educadores para su propio aprendizaje independiente. Aparentemente funcionó, por lo menos para aquellos participantes que describieron sus experiencias: Después de cada proyecto práctico con los niños, los participantes comentaron cuánto habían aprendido ellos mismos. No solamente acerca de la matemática o acerca de pedagogía o metodología: Muchos mencionaron que habían aprendido mucho acerca de sus propios hijos, de su manera de ser y de aprender, de sus capacidades y necesidades, etc. Entonces ellos también, ante la necesidad de enseñar a sus hijos, se convirtieron en aprendedores.
Felices los niños que tienen padres y madres aprendedores: esta es la mejor garantía para que también los niños aprendan a aprender.


El problema del aprendizaje en el sistema escolar

El sistema escolar, sin embargo, tiene una noción muy distinta de lo que es “aprendizaje”. En este sistema prevalece todavía la noción del embudo: El profesor llena al niño de conocimientos como se llena una botella de agua, usando un embudo. El niño solamente tiene que dejarse llenar pasivamente, como si fuera una botella vacía e inmóvil. Tiene que recibir todo lo que el profesor echa adentro, sin oportunidad de elegir. Y cuando no hay profesor que eche agua a la botella, el niño no puede aprender – así se cree.

He observado que esta misma actitud pasiva prevalece aun en muchos profesores cuando se trata de su propia capacitación: No intentan informarse por sí mismos; solamente esperan a que venga alguien quien les presente un reglamento de 37 puntos que tienen que cumplir.

Hice una experiencia interesante en este respecto cuando participé en un curso por internet para profesores. La tarea final consistía en elaborar un trabajo escrito o una presentación visual, colocarlo en alguna plataforma pública en internet (un blog en WordPress o Blogger; una presentación en Prezi; un documento en Google Docs; etc.), y comunicar la dirección del documento a los otros participantes del curso para que lo pudieran ubicar y comentar. Resultó que aproximadamente un tercio de los participantes no fueron capaces de publicar su trabajo, o de comunicar la dirección correcta; por lo cual los otros participantes no pudieron encontrar sus trabajos. Este problema se discutió ampliamente en el foro de discusión perteneciente al curso. Mayormente se quejaron los que no lograron publicar sus trabajos, de que “nadie nos dijo cómo hay que hacer eso; nadie nos capacitó para eso”.
Ahora, todas las plataformas de internet mencionadas contienen amplios documentos de ayuda auto-instructivos que explican detalladamente el uso de la plataforma; algunas tienen incluso video-tutoriales que demuestran visualmente cada paso necesario. Pero pareció que para muchos profesores, estas oportunidades de informarse por sí mismos no fueron suficientes. Esperaban que alguien los tome de la mano como a un niño pequeño, guiándolos en cada paso que debían dar.
Este era un curso abierto, ninguna “capacitación” oficial; entonces los profesores inscritos lo hicieron por interés propio, no por obligación. Por tanto se asumiría que se reclutaron de entre aquellos que tienen la mayor motivación para aprender por sí mismos. Si aun entre este grupo de voluntarios, una parte considerable no sabían hacer uso de informaciones plenamente accesibles y entendibles, ¿qué debemos esperar del profesorado promedio? Si muchos profesores no saben cómo aprender, es lógico que tampoco pueden lograr que sus alumnos aprendan.


El aprendizaje independiente es bíblico

El auto-aprendizaje es una virtud cristiana. Dios ordenó que Su palabra sea puesta por escrita y accesible para todos. ¿Por qué? – Porque Dios quiere que cada persona tenga la oportunidad de enterarse de Su voluntad, sin depender de la mediación de alguna otra persona. Por eso, Dios quiere ser buscado por cada persona personalmente; y El promete que si le buscamos, El se deja encontrar.

“Busquen al Señor mientras puede ser hallado …” (Isaías 55:6)

“Bienaventurado el varón (…) que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.” (Salmo 1:1-2)

Jesús, cuando discutía con Sus adversarios o cuando respondía preguntas de Sus discípulos, a veces les preguntaba: “¿Nunca leísteis …?” – O sea, Jesús presentaba Su enseñanza no como algo completamente nuevo, sino como algo que se suponía que Sus oyentes ya podían saber. El daba por sentado que ellos ya habían leído las Sagradas Escrituras completas, y que sabían grandes partes de ellas de memoría (como efectivamente lo hace todo buen judío).

De la misma manera, el relato de los Hechos de los Apóstoles llama a los judíos de Berea “nobles” porque “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así“. (Hechos 17:11)

En todos estos instantes, Dios nos da el mismo mensaje como un buen padre o profesor que desea animar a los niños para el aprendizaje activo: “La información está ahí. Búsquenla, escudríñenla, y actúen según lo que encuentran.” Un seguidor de Cristo es un aprendedor activo.

Acostumbrémonos a aprender, y entonces nuestros hijos también serán aprendedores.

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Comenzó curso por internet: Matemática activa para familias educadoras

Este 8 de septiembre inició el primer curso por internet, “Matemática activa para familias educadoras”, con 293 participantes inscritos (más 87 en la versión en inglés). Estoy emocionado al ver este gran interés, y pienso que es un indicio de que el movimiento de la educación en casa está empezando a alzar vuelo también en el mundo de habla hispana.

Algunos de los participantes ya estudiaron los materiales publicados con anticipación, y ya entregaron trabajos. También ya se están empezando a generar unas discusiones interesantes en el foro.

No solo para los participantes, también para mí es una aventura nueva, porque es la primera vez que estoy enseñando un curso por internet. Seguramente cometeré muchos errores, pero con eso también aprenderé… ¡Hay que utilizar las nuevas tecnologías para el bien de nuestras familias!

Para familias interesadas, todavía es posible inscribirse, las inscripciones seguirán abiertas hasta el 28 de septiembre:

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Educación en casa: la preparación ideal para la educación superior del futuro

Ponencia en la conferencia HASTAC 2014, Lima, abril de 2014

En la actualidad vemos como están apareciendo nuevas formas de educación superior: cursos masivos abiertos por internet (MOOCs); aprendizaje colaborativo; currículos abiertos y flexibles; etc. Se están vislumbrando posibilidades para adquirir una educación universitaria aun sin asistir físicamente a una universidad. Desde las alturas de la sierra peruana puedo llevar cursos de las mejores universidades en el mundo entero. Y en vez de tener que completar un programa prescrito y rígido, surge la posibilidad de recibir una educación personalizada, al elegir entre una oferta amplia exactamente aquellos cursos que corresponden a las necesidades profesionales de uno. Estas posibilidades y perspectivas me entusiasman; pero al mismo tiempo hago unas preguntas:

¿Qué capacidades requieren estas nuevas formas de educación, de parte de los estudiantes que participan?

¿y están nuestros estudiantes preparados para ello?

Las nuevas formas de educación superior requieren del estudiante un alto grado de independencia, de capacidad de decisión, de disciplina propia, y de creatividad. Todas estas son capacidades y actitudes que no se cultivan en el sistema escolar existente.

Agradezco a los organizadores de esta conferencia por brindarme la oportunidad de presentar aquí un modelo educativo “novedoso” – aunque en realidad muy antiguo -, un modelo educativo que cuenta ya con varios millones de estudiantes en países como Estados Unidos y Canadá, pero que es todavía virtualmente desconocido en América Latina. Estoy hablando de la educación en casa o “homeschooling”.

Cuando hablo de ello en mi entorno, la gente todavía me mira de una manera muy extraña, y algunos hasta sugieren que podríamos estar haciendo “daño” a nuestros hijos, al educarlos nosotros mismos. Todavía existen muchos prejuicios al respecto, y mucha gente simplemente no puede imaginarse una educación sin escuela. Pero en realidad, todos los prejuicios ya han sido refutados hace mucho tiempo, mediante los éxitos de la educación en casa, en los países donde se practica desde hace décadas. Las investigaciones demostraron que los resultados de la educación en casa son superiores a la escuela, en todos sus aspectos. (Vea por ejemplo: “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”.)

Vemos los resultados en nuestra propia familia: Mi hijo mayor de 15 años, en el año pasado concluyó exitosamente dos cursos por internet al nivel universitario, en inglés (un idioma que él empezó a aprender hace solamente tres años). Yo mismo participé en algunos MOOCs, y en uno de ellos, un curso de física, se presenta un estudiante en el foro: “Soy de la India, tengo trece años, y mis padres me educan en casa.” Está allí, estudiando un curso universitario en física. Hemos descubierto que efectivamente, nuestra forma de educar prepara mejor a los alumnos para esta forma de educación superior.

Ahora, deseo aclarar que nuestro método no es exactamente una “escuela en casa”. Algunas familias educan a sus hijos en casa, pero lo hacen con los mismos métodos como el sistema escolar, con los mismos libros de texto que cortan el conocimiento en trocitos pequeños, con el mismo currículo rígido que no les deja libertad … – Ellos también tienen resultados bastante buenos, pero todavía reproducen en sus casas muchos de los problemas del sistema escolar. Yo diría que ellos aprovechan una parte del potencial que tiene la educación en casa, pero solamente una parte.

Nosotros usamos un método donde el currículo se construye mayormente a partir de los propios intereses de los niños, y el aprendizaje sucede mayormente mediante actividades prácticas. Los ingredientes de este método son la “Fórmula Moore”, desarrollada por Raymond y Dorothy Moore; las ideas de la “desescolarización” popularizada por John Holt, y la “Escuela Activa” como la practica por ejemplo Rebeca Wild en Ecuador.
Por ejemplo, hubo una etapa cuando nuestros hijos se interesaron por la astronáutica. Entonces, como padres buscamos informaciones en internet: ¿Cómo vive un astronauta? ¿Qué requisitos hay para ser astronauta? Encontramos unos videos de astronautas flotando en su estación espacial donde no hay gravedad. Construimos un modelo del sistema solar a escala. Allí entraron los nombres de los planetas, sus medidas, el cálculo proporcional de las distancias, etc.
Así es como aprendieron nuestros hijos. Lo que expondré a continuación, se refiere a este modelo educativo, donde cada niño participa activamente en la construcción de su propio currículo individualizado.

Las universidades en EEUU. reconocen el potencial de la educación en casa.

Ya antes del auge de la educación por internet, muchas universidades estadounidenses descubrieron que los alumnos educados en casa son buenos estudiantes. Por eso, la mayoría de las universidades ya no exigen certificados de estudios. Si un estudiante fue educado en casa, es suficiente que apruebe un examen, y que presente un portafolio de trabajos realizados a lo largo de sus estudios en casa. Así dijo Jon Reider, un oficial de admisión en la Universidad de Stanford, en el año 2000: “(Los estudiantes educados en casa) pueden ofrecer ciertas aptitudes – motivación, curiosidad, la capacidad de responsabilizarse de su educación -, que las escuelas secundarias no inducen muy bien.” (1)
– Y Marlyn McGrath de la Universidad de Harvard dijo que en vez de estudiantes con buenas notas escolares, ellos prefieren estudiantes con “un historial de distinción”, con habilidades especiales: que comenzaron un negocio propio; que fundaron una organización caritativa; que caminaron a pie a lo largo de todo el continente americano desde Tierra del Fuego hasta Alasca; que saben desarmar un tractor completamente y después armarlo de nuevo; etc. Esas son las cosas que valoran las universidades de élite; ellas no valoran tanto los certificados de estudios. (2)

Motivación interna para el estudio independiente

investigan

Los niños educados en casa investigan muchas cosas por sí mismos, porque les interesa. Ellos tienen una curiosidad realmente “científica”. Así dice el investigador chileno, Dr. Carlos Calvo Muñoz:

“Observando como actúan los niños, descubrimos que usan todos los criterios de un investigador dotado, exactamente los mismos. (…) No hay niño que no sea sistemático en la observación. No hay niñita pequeña que no esté observando, que no esté generando experimentos. Si siguen haciéndolo, mañana van a ser científicos, mañana van a ser artistas. Hay que dejarlos.” (3)

Ni siquiera hay que hacer mucho para incentivar esta curiosidad científica; es innata en los niños. Lo único que hay que hacer, es no destruir esta motivación.

Por ejemplo, allí está ese niño observando hormigas en el patio. Desea descubrir de dónde vienen las hormigas, adónde van, donde viven, qué cosas transportan, de qué se alimentan. Tal vez descubre el nido de las hormigas y lo escarba un poco para ver como está organizado por dentro. En este proceso aprende un montón de ciencias naturales.
Pero si este niño está en una escuela, no le dejan hacer sus observaciones: “¡Entra al aula, es hora de clase!” Hay que estudiar “ciencia y ambiente”, hay que copiar de la pizarra un montón de palabras que el niño no entiende, hay que memorizarlo … O sea, la escuela primero apaga la motivación natural del niño; y después intenta artificialmente motivarlo para algo diferente que no le interesa. Como resultado, los niños ya no aprenden por querer saber algo. Solamente aprenden para sacar una buena nota o para evitar el castigo; el contenido ya no les interesa.

En la educación en casa, queremos mantener intacta la motivación propia del niño. Y la educación superior del futuro requiere mucho de esta motivación propia. Esta educación del futuro ya no sucede en un aula donde un profesor dice: “Ahora copien esto, ahora memoricen aquello…” La educación del futuro sucede ante una amplia oferta de informaciones y conocimientos – la mayor parte en internet -, y el estudiante tiene que traer su motivación propia para averiguar, investigar y saber.

Hacer elecciones sensatas de cursos y contenidos

Justo ante esta amplia oferta de conocimientos, el estudiante necesita escoger lo que necesita para su carrera. La educación superior del futuro ya no es un “camino único”. El sistema actual es lineal: tiene un solo currículo, un único programa de estudios, un currículo rígido. Todos tienen que hacer lo mismo, al mismo tiempo, de la misma manera. Este sistema no toma en cuenta que cada alumno es diferente y tiene necesidades diferentes.
¿Cómo queremos entonces que aprendan a hacer decisiones? – ¡si nunca tuvieron la opción de elegir!

lineal

Yo trabajo también con niños escolares, y a veces les pregunto: “¿Qué te gusta hacer?”, o “¿Sobre qué te interesaría saber más?” – Muchos niños no saben responder a estas preguntas. Una vez pregunté así a un grupo de niños que habían asistido a nuestro programa por un buen tiempo. Mi esposa estaba sentada atrás y escuchó como uno de los niños – uno de los mejores alumnos de su escuela – preguntó a voz baja a su vecino: “¿Qué tenemos que decir? ¿Cuál es la respuesta?” – Cuan triste es eso. Esos niños han perdido su personalidad, se han olvidado de que tienen intereses y opiniones, de que son únicos. Solamente tratan de adivinar cuál es la respuesta que el profesor quiere escuchar.

arbol

La educación del futuro, en cambio, es como un árbol. Hay muchas ramificaciones, muchas posibilidades y alternativas. Como al navegar por internet: Cada página tiene muchos enlaces, y estos enlaces llevan a nuevos enlaces, y constantemente tengo que decidir a cuáles quiero seguir. Y para hacer una elección sensata, tengo que saber quien soy, qué me interesa, y adónde quiero llegar.

La educación en casa ya es así desde el inicio. Proveemos un ambiente donde los niños tienen acceso a una gran diversidad de informaciones y materiales interesantes, y ellos eligen. Así se preparan para la educación del futuro.

Respetamos también la individualidad de cada niño. Si observamos el crecimiento de las plantas, vemos que no todas crecen al mismo ritmo.

Maiz

Estas plantas de maíz se sembraron todas al mismo día. Unas están altas y ya producen choclos, otras están todavía bajas y recién empiezan a florecer. Así son también los niños. Cada uno tiene su propio ritmo de desarrollo; no podemos exigirles que florezcan todos al mismo día. Hay un dicho: “Dios no hace copias, solo originales.”

Maiz2

Pero ¿qué hace el sistema escolar? – Con su currículo traza una línea y dice: “A esta edad, todos los niños tienen que aprender a leer.” ¿Y qué pasa con los niños que todavía no están en este punto en su desarrollo? – “Hay que nivelarlos.” O sea, hay que aplicar la fuerza y hay que jalar esta pobre plantita de maíz hasta que tenga el mismo tamaño como las grandes. Inténtelo con unas plantas de maíz, a ver qué pasa…

Nosotros permitimos a los niños que sean niños todavía. No queremos que algún día nos digan: “Papi, mami, ustedes nos han quitado nuestra niñez, nunca nos han permitido jugar, todo el tiempo nos hicieron estudiar no más” – no queremos que tengan que decir eso. El tiempo de ser adultos ya llegará suficientemente rápido.

Aprendizaje activo e innovador

En el sistema escolar, los alumnos tienen que asimilar pasivamente lo que el profesor les pone delante. Podemos decir que están siendo alimentados con cucharita, como bebés – y así los alumnos permanecen todo el tiempo en una etapa infantil.

bebe

La educación del futuro es más como un restaurante: hay un menú, el cliente escoge y pide. O sea, al estudiante se le toma en serio como un cliente, como una persona que tiene derecho a elegir. El estudiante, por su parte, tiene que ser activo, tiene que averiguar, investigar y buscar información; hasta tiene que crear información.

restaurante

Este mismo ambiente es lo que las familias educadoras ofrecen ya en sus casas. Ofrecen oportunidades, y cuando surge un nuevo interés de los niños, los padres tenemos que buscar información relacionada para ofrecer nuevas oportunidades. O sea, nosotros como padres somos los primeros en convertirnos en aprendedores activos. La educación en casa nos cambia a los padres también. Como padre, yo primero me vi obligado a volver a “aprender a aprender”. Y después los niños empiezan a hacer lo mismo.

Por ejemplo, encuentro a mi hijo menor de 13 años ante la computadora, estudiando un manual en inglés. Ahora, en nuestra familia, el inglés es un idioma extranjero, y mi hijo nunca había tenido clases de inglés. Pero aquí está él leyendo este manual en inglés, y me dice: “Es que quiero saber como funciona este nuevo programa que he encontrado, pero su manual viene solamente en inglés.” – “¿Y entiendes lo que lees?” – “Casi todo.” (No puedo dudarlo, porque él logró efectivamente hacer funcionar el programa.) Así que él aprendió inglés por sí mismo. Solamente me queda una duda: ¿y la pronunciación? El ve las palabras escritas, pero como el inglés tiene una pronunciación tan ilógica, ¿acaso va a entender cuando alguien le hable? – Bien, en otro día le veo otra vez en la computadora, esta vez con un videotutorial sobre diseño gráfico, también en inglés. Y el video tiene subtítulos, también en inglés. ¡Mi hijo ha encontrado el método audiovisual ideal! Puede escuchar las palabras y a la vez ver como se escriben, y todo en el contexto de un tema que le interesa. El también se comunica en inglés en foros de internet, y nunca ha tenido ni una sola clase formal. ¡Esta es la actitud que necesita un estudiante para tener éxito en la educación superior!

Como padres educadores, también tenemos que ser innovadores todo el tiempo. Tenemos que buscar constantemente nuevas informaciones, nuevas ideas, nuevos métodos. Así nuestros hijos también se convierten en innovadores. Y tenemos la libertad de hacerlo.

Podemos preguntar en este punto: ¿no se podría hacer lo mismo también en una escuela? – Yo creo que sí. Conozco unas cuantas escuelas que lo hacen. Son unas escuelas alternativas, privadas, pequeñas; la clase de escuelas que los demás miran como “medio raras”. Yo estoy dispuesto también a ayudar a escuelas que quieren ser más activas y más innovadoras. Pero una tal escuela tendrá que estar dispuesta a ir más allá del marco de sus tradiciones y reglamentos. Y tendrá que estar dispuesta a defender su libertad para hacerlo. De otro modo, nadie en el mundo les podrá ayudar a innovar.
Un gran problema del sistema escolar es que es muy reglamentado y muy uniformado. Es como un tremendo bloque de piedra uniforme, que no se deja mover. Los funcionarios controlan todo el tiempo si los profesores siguen haciendo lo mismo como siempre. ¡Así no se puede innovar! Este sistema tendrá que decidirse: ¿queremos ser reglamentados, o queremos innovar? Es que no se puede reglamentar la innovación. Por definición, innovar es salirse del marco de lo conocido.

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Las escuelas privadas tienen un poco más de libertad, y por eso unas cuantas de ellas son innovadoras. Pero están como atadas con cadenas a este gran bloque del sistema estatal, y por eso no pueden moverse muy lejos. Y muchas escuelas privadas no tienen ninguna intención de innovar, que solamente quieren ganar plata con imitar las escuelas estatales.
Pero las familias educadoras son como estas aves que tienen libertad para volar. Constantemente buscan nuevos horizontes, nuevos caminos. Tenemos que innovar todo el tiempo. Y no estamos volando todos por los mismos caminos, hay una gran diversidad en el movimiento de la educación en casa. Por eso yo creo, por lo menos en la situación actual, que este es el movimiento con las mejores posibilidades de producir innovaciones educativas.

Seguridad emocional y un ambiente de confianza para compartir

En la educación del futuro se ve que hay mucha interacción entre estudiantes, mucho aprendizaje colaborativo, retroalimentación mutua, intercambio de informaciones, evaluaciones entre pares … son oportunidades donde el estudiante tiene que ejercer su propio juicio.

Ahora, uno pensaría que eso debería darse en las escuelas también. Pero yo veo que la realidad es otra, por lo siguiente:
La enseñanza escolar – particularmente en América Latina – está muy centrada en el profesor. La única comunicación que sucede es entre el profesor y los alumnos; no hay casi nada de comunicación de los alumnos entre sí. Y especialmente la evaluación es hecha únicamente por el profesor.
También, los alumnos están en una constante competencia unos contra otros: quién es el mejor, quién saca mejores notas, quién alcanza el primer puesto y se gana una beca. Este ambiente de competencia genera el bullying, y mucha inseguridad emocional. – También los padres y los profesores, todos hablan de competitividad; no quieren la colaboración, quieren la competencia. Por eso, los alumnos que salen de este sistema no están preparados para el aprendizaje colaborativo.

En la familia no estamos en competencia. Los hermanos no están en una carrera unos contra otros. La familia es una comunidad colaborativa – por lo menos si los padres la dirigen en este sentido.
En la familia hay un ambiente de confianza, un ambiente emocionalmente seguro. Así es más fácil para los niños hacer preguntas, expresar su opinión, expresar también dudas y críticas. Hay mucho más comunicación individual. En la familia, el niño puede recibir asesoría personal e individual; eso es la forma de instrucción más eficaz, pero en la escuela es prácticamente imposible hacerlo, la interacción es casi siempre entre el profesor y los alumnos en conjunto, como grupo, pero no individual.

Por eso, muchos jóvenes educados en familia tienen una seguridad interior que les permite con más facilidad interactuar también en un ambiente online, participar en un foro de discusión o en un grupo de estudios virtual, se atreven a expresarse y hacer preguntas, eso no es ningún problema para ellos, mis hijos ya lo están haciendo.

Conclusiones y deseos

La educación en casa es entonces una preparación ideal para la educación superior del futuro. Y estoy hablando particularmente de un modelo que es flexible, que permite a los niños elegir según sus intereses y su nivel de comprensión; un modelo sin currículo rígido. Y yo veo que las familias educadoras, sobre todo en EEUU, están muy interesadas en las nuevas formas de educación virtual y libre. Ellas son probablemente el grupo más interesado en estos nuevos desarrollos.

Lo que deseamos entonces es, que se nos reconozca, también aquí en América Latina, como un modelo educativo válido, un modelo que puede existir independientemente de las escuelas, que no debe someterse a las escuelas, y que en muchos aspectos es incluso mejor que las escuelas. En EEUU, en Canadá, y en diversos otros países avanzados ya existe este reconocimiento.

Deseamos también que nuestros hijos tengan la oportunidad de certificar oficialmente sus estudios y sus conocimientos, sin que se les impongan trabas burocráticas. (Esta es una mayor inquietud del grupo peruano al que consulté previo a la conferencia.) Un buen ejemplo es Colombia, donde el ministerio de educación ha declarado oficialmente que la educación en casa es una opción válida:

“La alternativa de una educación sin escuela, no corresponde a una opción de mayorías (…); y por ello no está legislada por el MEN de manera explícita; y esto es entendible, porque las políticas públicas por su misma naturaleza, están diseñadas y tienden a ocuparse de las mayorías.
No obstante, como las leyes claramente responsabilizan de manera primaria a los padres de la educación de sus hijos, (…) la educación sin escuela puede ser una opción posible, siempre y cuando los papás garanticen al Estado que los niños están recibiendo una educación de calidad.
¿Y a través de qué mecanismos pueden llevarse a cabo estas opciones?, mediante los exámenes de validación que los niños y jóvenes pueden realizar. (…)” (4)

Aquí en el Perú, la situación legal es muy similar, también existe un reglamento acerca de la convalidación de estudios independientes; pero los funcionarios a menudo no quieren aplicar esta posibilidad, o solamente con muchas restricciones; muchos tienen todavía la idea de que los conocimientos no se pueden certificar, que solamente se pueden certificar las horas de estar sentados en clase. ¡Pero lo que importa son los conocimientos! Todavía falta mucha concientización en este sentido, los funcionarios del sistema escolar deben entender que se puede aprender también sin escuela, incluso mejor que en la escuela. En la educación superior, eso ya se está convirtiendo en una tendencia mundial. Hace falta que lo mismo se reconozca también en la educación básica.


 

Notas bibliográficas:

(1) Patrick Basham, John Merrifield y Claudia R.Hepburn, “Educación en casa: de lo extremo a lo corriente”, Instituto Fraser, Vancouver 2007

(2) John Taylor Gatto, “Weapons of Mass Instruction”, New Society Publishers, Canadá 2009

(3) German Doin y otros, “La educación prohibida”, película documental

(4) Heublyn Castro Valderrama, Subdirectora de Referentes y Evaluación de la Calidad Educativa, Ministerio de Educación Nacional de Colombia. Ponencia en el congreso “Un mundo por aprender”, Bogotá 2009-2010.

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Curso por internet acerca del aprendizaje de matemática en familia

Actualmente me encuentro ocupado con los preparativos para un curso que se ofrecerá por internet de manera gratuita, acerca de métodos activos y creativos para aprender matemática. Más informaciones acerca del contenido se encuentran en esta página.

Durante el año pasado hice diversas experiencias como estudiante de cursos por internet. Al inicio estuve un poco desconfiado: ¿Qué experiencia educativa adicional podría brindar un tal curso, si yo podría simplemente estudiar los mismos materiales completamente por mi cuenta? ¿Y cómo se podría evaluar un aprendizaje a la distancia y de manera computarizada, excepto mediante preguntas de selección múltiple (las cuales no pueden adecuadamente medir el “conocimiento” de una persona)? – De hecho existen cursos a distancia que no hacen nada más que usar la tecnología nueva para propagar el mismo modelo educativo viejo de memorización rutinaria y repetición mecánica. Pero encontré que existen también cursos innovadores, que realmente logran reproducir gran parte de la experiencia de aprendizaje que uno esperaría de una buena universidad (no de una “escolarizada” como es el caso de la mayoría de las universidades peruanas). Y esto incluso en cursos que tienen varios miles de estudiantes. En otro artículo aparte describiré algunos de los ingredientes que contribuyen a un buen curso por internet.

Así que me animé a ofrecer también un curso en línea. Al meterme en este trabajo, aprecio ahora aun más el esfuerzo de los docentes que ofrecen tales cursos, muchos de ellos aun en forma gratuita (puesto que esta forma de educación se encuentra todavía en una fase experimental). Un curso por internet – sobre todo si el número de estudiantes puede ser grande – necesita una planificación muy distinta de un curso presencial. Y en particular la producción de buenos videos instructivos requiere mucho tiempo y dedicación; pero este elemento es hoy en día casi “obligatorio” en un tal curso. Estoy entonces bien ocupado.

Un problema particular surgió en el momento de elegir una plataforma de internet donde ofrecer el curso. Había encontrado una que ofrece (casi) todas las posibilidades técnicas que yo deseaba, y que no cobra por cursos que se ofrecen de manera gratuita. Pero después de enviar mi formulario de registración, me informaron que aceptarían solamente cursos por “instituciones educativas formales”. (Este detalle no se mencionaba en ninguna parte de su página web.) Así que también entre las empresas de educación “online” – las que deberían ser la vanguardia de la innovación en la educación – existen algunas que todavía adhieren a creencias de la retaguardia. Por ejemplo la creencia de que el hecho de que una institución sea “formal” o “reconocida por el estado”, garantice la calidad de su enseñanza. Lo irónico es que los pioneros de la educación por internet en Estados Unidos (los que en su mayoría provienen de instituciones reconocidas como la Universidad de Stanford o el Massachusetts Institute of Technology), predicen que estas mismas “instituciones educativas formales” pronto se volverán obsoletas.

Estará por verse entonces si la mencionada empresa se deja convencer de que una organización para el apoyo de la educación en casa puede también proveer una enseñanza de calidad, o si tendré que optar por otra plataforma que ofrezca menos posibilidades técnicas, pero que sea verdaderamente “abierta”. Volveré a informar tan pronto como mi curso tendrá un “hogar” definitivo.

 

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¿Se puede remplazar a cada profesor por una computadora y una abuela?

Sugata Mitra es un ingeniero de software y profesor en la India. En algunos de los barrios más pobres y en pueblos alejados, él llevó a cabo un experimento educativo muy interesante. El quiso descubrir cuánto pueden aprender los niños por sí mismos, solamente teniendo acceso a una computadora con contenidos preparados. Dicho de manera simplificada, su experimento demostró que la combinación de una computadora y una abuela produce logros educativos mayores que la enseñanza por un profesor.

Sugata Mitra, “Build a School in the Cloud” (en inglés, con subtítulos en español.)

El experimento de Mitra deshace de manera eficaz el gran mito que muchos profesores asumen como base de su profesión: el mito de que el aprendizaje sea el producto de la enseñanza de un profesor. Ahora queda demostrado que una computadora y una abuela pueden producir un aprendizaje mucho mayor.

De hecho, los educadores alternativos ya saben esto desde hace mucho tiempo. Los niños son aprendedores por naturaleza, y el motor más fuerte del aprendizaje es su propia curiosidad innata. Si tienen a su disposición suficientes materiales interesantes para investigar y manipular, y la libertad de seguir los temas que a ellos mismos les interesan, entonces ellos crean la mayor parte del aprendizaje por sí mismos. Esta ha sido la experiencia de María Montessori, de John Holt, de Raymond Moore, de Rebeca Wild, y de muchos otros pioneros de modelos educativos alternativos – aun antes de que existieran las computadoras personales y la internet.

Ahora, me gusta mucho la manera como Mitra completa el cuadro con la abuela que anima a los niños a seguir adelante, y que se interesa genuinamente por las actividades de ellos – pidiendo explicaciones de parte de los niños, en vez de querer explicar a ellos “como se hace”. A diferencia de un profesor, la abuela ni siquiera necesita saber cómo usar una computadora. Lo esencial para el éxito educativo es su interés personal, sus palabras de ánimo y sus preguntas

En un punto estoy en desacuerdo con Mitra: Pienso que la abuela tiene que estar realmente allí mismo con los niños. Cuando se la sustituye por una “abuela virtual” que vive a miles de kilómetros de distancia, existe el peligro de que la tecnología desplace las relaciones humanas cercanas, especialmente entre niños y adultos, que son tan importantes para el desarrollo sano de un niño. – Por supuesto que no tiene que ser necesariamente una abuela. Aun mejor es cuando los mismos padres asumen este rol, como sucede en los modelos exitosos de educación en casa.

Me imagino que este será un tema difícil de digerir para muchos profesores, porque inmediatamente se levantarán dos fantasmas horribles: el de perder el control, y el de perder el trabajo.

Respecto al perder el control: Durante mis años como padre y educador hice una experiencia muy liberadora. No necesito mantener el control sobre el aprendizaje de mis hijos y alumnos. Para que el aprendizaje suceda, no hay necesidad de cumplir con programas y planes de enseñanza prescritos, ni es necesario que todos los niños tengan que estar al mismo tiempo en el mismo lugar, haciendo lo mismo. Al contrario, los niños pueden lograr avances espectaculares en su aprendizaje cuando se les permite que ellos mismos decidan dónde, cuándo, qué, y de qué manera quieren aprender. Esta es exactamente la gran oportunidad que nos brinda la gran cantidad de información que ahora está disponible en la internet: que ahora existe la posibilidad de un aprendizaje independiente y muy personalizado.

No quiero decir con eso que permitamos a los niños el mal comportamiento, la violencia, la deshonestidad, etc. (De hecho, esa clase de comportamiento es incentivado indirectamente por el sistema escolar.) Respecto a lo que es bueno o malo, los niños necesitan una orientación clara y aun más, nuestro ejemplo. Pero en cuanto a los temas, el nivel y la forma de su aprendizaje podemos darles mucha libertad a los niños, y veremos el éxito.

Y respecto al perder el trabajo: Es bien probable que en consecuencia de una tal revolución educativa, haya mucho menos necesidad de profesores en el futuro. Como ha demostrado Sugata Mitra, en muchos casos se puede efectivamente sustituir a un profesor por una computadora y una abuela. Y los profesores que desean ser parte de esta revolución educativa, tendrán que reinventar su trabajo de manera radical. Es que los conocimientos ya no dependen del profesor; son ahora accesibles libremente para cualquiera que tiene acceso a internet. Los profesores ya no serán los “transmisores del conocimiento”, ni serán pequeños reyes que dirigen y controlan su clase. En cambio, su trabajo consistirá en:

– Facilitar a los niños un aprendizaje en libertad, eliminando los planes de lecciones, las tareas obligatorias, y aun la asistencia obligatoria a una escuela. En su lugar, los profesores tendrán que asumir el papel de la abuela que anima a seguir adelante.

– Asesorar a los niños en sus propios proyectos de aprendizaje, y ayudarles a encontrar la información y los materiales que necesitan para ello. Conociendo los intereses y talentos de un niño, y su estilo particular de aprendizaje, un educador entendido puede ayudarle a encontrar los materiales y los métodos de estudio que se adaptan mejor a sus necesidades personales.

– Responder preguntas, ayudar en problemas, y sugerir nuevas ideas, según la demanda de los niños. Esto requerirá una gran flexibilidad, y una buena comprensión de la manera de ser de un niño.

– Crear contenidos informativos que facilitan el aprendizaje; o ayudar a los especialistas en las diversas áreas de conocimiento a crear tales contenidos. Estos contenidos y materiales estarán entonces a disposición de los niños, a manera de ofertas entre las que pueden escoger, no a manera de asignaturas obligatorias. Esto permitirá también evaluar en la práctica si los materiales son adecuados para las necesidades de los niños: Al tener libertad de elección, los niños elegirán con más frecuencia aquellos materiales que son apropiados para sus necesidades, y un mayor porcentaje alcanzará los objetivos de dichos materiales.

Todo esto requerirá una gran capacidad de innovación, originalidad y creatividad. Temo que para eso, la mayoría de los profesores son los menos preparados, porque la formación actual de profesores pone el mayor énfasis en la conformidad con el sistema tradicional, y en el cumplimiento estricto de reglamentos burocráticos. Cuando la educación se mueva en la dirección indicada por Sugata Mitra, el reto principal a los profesores consistirá en superar las limitaciones que su propia formación profesional les impuso.

Siempre hay cierto porcentaje de profesores que hacen su trabajo solamente para ganarse la vida, sin tener una verdadera vocación para ello. Pienso que ellos brindarían un gran servicio a la sociedad si se retiraran voluntariamente de sus puestos y dieran lugar a los que son educadores de verdad. Esto puede sonar duro; pero esta clase de profesores raras veces son felices en su trabajo, entonces se harían incluso un servicio a sí mismos si cambiaran de profesión. (Y entonces, incluso harían algo más productivo.)

Por el otro lado, un profesor que ejerce su trabajo por verdadera vocación, será capaz de realizar estos cambios, mayormente porque tiene un amor genuino a los niños, y por tanto estará dispuesto a explorar caminos nuevos, por el bien de ellos.

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Aprender a educar en casa es como aprender a patinar

Aprenda a relajarse

(…) Para los padres principiantes, la educación en casa es como aprender a patinar sobre hielo, después de que usted estuvo acostumbrado a solamente caminar durante quince, veinte o treinta años. Usted intenta “caminar” sobre el hielo, en vez de deslizarse. La mayoría de los padres educadores necesitan desaprender más de lo que necesitan aprender. Esto se aplica particularmente a los que son profesores de profesión, puesto que fueron entrenados a enseñar según el modelo de producción masiva. Nosotros conocemos eso – ¡nosotros los entrenábamos! Ellos saben poco acerca del mentoreo informal; y muchos tienen miedo ante la responsabilidad de educar a sus propios hijos donde no hay otros profesores alrededor con quienes podrían compartir la culpa si algo resulta mal.

Desafortunadamente, muchos empresarios oportunistas vendedores de currículos para el estudio en casa saben aun menos. Ellos causan daño con sus “paquetes” convencionales, creados según el modelo del aula escolar, que imponen técnicas del aula sobre un programa de mentoreo. Eso es como insistir en que los fabricantes del Rolls Royce usen tecnología Yugo (carros de calidad muy inferior que fueron construidos en la antigua Yugoslavia). Estos programas exigen varias horas diarias de rutina aburrida, con pocas oportunidades para exploraciones propias y para realizar ideas creativas. De esta manera, los padres y los hijos se agotan pronto. (…)

No se preocupe tanto por el nivel educativo que usted mismo tiene. Preocúpese más por su actitud hacia sus hijos. Casi todos los padres educadores exitosos dejaron atrás el trajín formal y lograron deslizarse de manera informal. Esto no significa que hayan desechado toda estructura y toda prudencia; pero que dejaron de ser pedagogos rígidos, y se convirtieron en proveedores de recursos que animan a sus hijos. Si usted tiene una educación básica decente y un corazón atento y lleno de amor, ¡usted puede ser un buen padre educador!

La mayoría de los padres educadores comienzan más o menos de la misma manera. Al inicio, usted se siente cómodo solamente en los caminos viejos, las maneras como usted mismo fue enseñado. Excepto si usted es una persona completamente inconvencional, le parecerá difícil imaginarse alguna otra manera. Usted sabe como caminar, pero no entiende como deslizarse, hasta que usted vea a alguna otra persona hacerlo, o hasta que alguien le explique como lo hizo. Mientras usted no logre soltarse de las garras de la costumbre, de la tradición y de las convenciones, usted reproducirá solamente una escuela institucional en su hogar. (…)

Un caso concreto

Esta es la historia real de Cristina, una ama de casa de Colorado que fue una de nuestras madres educadoras. Su hija Yésica tenía siete años y su hijo Jordan cinco. Después de tres años de escuela convencional, Yésica estaba bien académicamente, pero no emocionalmente. Cristina la sacó de la escuela y comenzó con “escuela en casa”. Ella esperaba una “continuidad del aprendizaje”, pero descubrió que esa no es la manera como sucede. Ella describe la media vuelta que Yésica dio en el transcurso de dos meses, y sus efectos sobre el hermanito pequeño y la familia:

“Descubrí que tengo que adaptar mis expectativas cada semana, ¡por lo menos! Yésica se opone fuertemente contra cualquier trabajo que uno le ‘asigna’. Sin embargo, trabaja por horas en proyectos que ella misma diseña. Cuando vi eso, me di cuenta de que tenía dos opciones: O me pongo dura y le permito jugar solamente después de completar su ‘trabajo escolar’, o simplemente le sigo la corriente. Puesto que la comunicación con Yésica había sido penosamente deficiente, la semana pasada decidí no imponerle nada en absoluto: No le di tareas, ni siquiera sugerencias, acerca de trabajos escolares. No le enseñé nada, y no le exigí nada. ¡Los resultados fueron asombrosos!

Durante esa semana, ella diseñó y construyó un bonito puesto de venta para dulces y lo llamó ‘El equipo del piloto’. Su padre le ayudó con la construcción, pero ella misma lo lijó y lo pintó. Lo tenía abierto por tres días, vendiendo galletas a los niños que salían de la escuela, e hizo una ganancia de ocho dólares. Fue una alegría verlo – ella había adaptado una idea de otra familia educadora que conocemos, y la llevó a cabo con energía y felicidad. El proyecto incorporó mucho de matemática, arte, carpintería, repostería, consideraciones de salud, mercadeo y ventas, planificación y organización – la lista sigue y sigue.

Además, en sus momentos libres ella escogió varias lecciones que estudió por su propia cuenta, mejoró su relación con su hermanito en un 100%, descubrió a media docena de nuevos amigos, y demuestra una confianza en sí misma como no la hemos visto en ella desde hace más de un año. En el momento en que escribo esto, ella está jugando a la escuela con Jordan y ya limpió su habitación antes de bajar. ¡El comportamiento de su hermanito está ahora mejorando también!

(…) Ahora que estoy empezando a superar mi ansiedad por el rendimiento, puedo ver al escribir esto cuánto progresó ella dentro de muy poco tiempo. Estoy muy agradecida por esta oportunidad de comenzar de nuevo con mis hijos.”

Traducido de: Raymond y Dorothy Moore, “The Sucessful Homeschool Family Handbook”, Thomas Nelson Publishers 1994

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¿Los profesores peruanos no saben del desarrollo del niño? – Una mirada desde el exterior

Durante los últimos meses tuve tres oportunidades para compartir unas ideas y experiencias con distintos profesores suizos, y para hablarles un poco de las escuelas peruanas. En los tres casos, esta fue su reacción:“¿Entonces los profesores peruanos no saben nada acerca del desarrollo del niño?”

Fueron los siguientes puntos en particular, que provocaron esta reacción:

1. El hecho de que muchos profesores peruanos (y especialmente en las escuelas que son consideradas “mejores”) prohíben a los niños jugar, y que algunos incluso creen que jugar es dañino para el desarrollo y el progreso académico de un niño.

2. El hecho de que se obliga a niños de cuatro años a aprender a leer, escribir y calcular; y que muchas escuelas primarias (especialmente las que son consideradas “mejores”) exigen que los niños ya sepan leer al entrar al primer grado.

3. El hecho de que la mayoría de los profesores (y nuevamente, especialmente en las escuelas que son consideradas “mejores”) dan a sus alumnos tareas que no pueden entender, y en cantidades exageradas; y como colmo, después castigan al alumno cuando no las puede terminar, en vez de que el profesor se esfuerce por dar tareas más adecuadas y explicarlas mejor.

Estas tres prácticas (y varias otras) revelan una profunda ignorancia en cuanto a la psicología del niño. Solo esta ignorancia puede explicar por qué en el Perú, para supuestamente “mejorar” el sistema escolar, se propone siempre reforzar exactamente estas tres prácticas erróneas: Más horas de clase (lo que significa menos tiempo de juego para los niños); contenidos más avanzados a edades cada vez más tempranas; y más tareas escolares para la casa. (Una excepción notable es la publicación “Rutas de aprendizaje” por el ministerio de educación (2013); pero por desgracia, todo lo demás en la política escolar contradice las buenas ideas que hay en esa publicación, de manera que nadie les hace caso.)

En comparación, ¿cómo maneja el sistema escolar suizo estos tres puntos?

1. Según pude entender, los profesores suizos atribuyen al juego un alto valor pedagógico. Por tanto, muchos contenidos se enseñan en forma de juegos y mediante la manipulación de materiales concretos (rompecabezas de madera, letras y palabras de diversos materiales, ábacos, etc.) En particular, el uso de las regletas Cuisenaire y de materiales Base 10 para la matemática tiene ya una tradición de por lo menos cincuenta años en Suiza. Eso es probablemente debido a la herencia del psicólogo suizo Jean Piaget, quien demostró que los niños en edad de primaria necesitan la manipulación de objetos concretos para poder razonar lógicamente.
Además, se sobreentiende que una de las actividades más importantes de los niños en su tiempo libre es jugar. Por tanto, ningún profesor suizo aconsejaría a los padres que ocupen todo el tiempo libre de sus hijos con ejercicios escolares en libros y cuadernos.

2. En el sistema escolar suizo por lo general se entiende (eso también en base a las investigaciones de Piaget) que el niño necesita primero alcanzar cierto grado de madurez mental para poder dominar con éxito las habilidades de leer, escribir y calcular; y que no tiene sentido hacer intentos artificiales para “apurar” esta maduración del cerebro. Así por ejemplo escribió Piaget:

“Sabemos que durante la primera infancia sólo los primeros números son accesibles al sujeto porque son números intuitivos que corresponden a figuras perceptibles. La serie indefinida de los números y, sobre todo, las operaciones de suma (y su inversa, la resta) y de multiplicación (con su inversión, la división) no son, en cambio, accesibles por término medio hasta después de los siete años.

En los últimos años parece que incluso el sistema escolar estatal en Suiza se está dando cuenta de que existen grandes variaciones en el desarrollo individual de los niños, y que es dañino intentar “nivelar” estas variaciones artificalmente. Por tanto, un número considerable de escuelas suizas están comenzando a abandonar el currículo rígido por grados, por lo menos en los grados inferiores, y en su lugar han introducido lo que llaman el “nivel básico” o “ciclo básico”. Éste consiste en una combinación flexible del jardín de infancia con el primer y segundo grado de primaria, y recoge también algunas ideas que María Montessori propuso ya hace casi un siglo.
Niños desde 4 ó 5 años hasta 8 años se unen en un solo grupo, pero tienen dos (o hasta tres) profesores(as), y tienen dos aulas a su disposición. Una de las aulas es ambientada como “jardín”, con materiales para trabajos manuales, rompecabezas, juegos de construcción, caja de arena, rincón de cocina, etc. – pero todavía nada de lectura, escritura o números. La otra aula es ambientada como “escuela”, con materiales y juegos (¡!) para aprender a leer, escribir y calcular. Ahora, la palabra clave es “flexible”. La transición de los niños del “jardín” a la “escuela” se maneja de una manera sumamente flexible; no hay ningún límite rígido de edad. Si un niño precoz de cuatro años y medio demuestra el interés y la capacidad de aprender a leer, nadie se lo va a impedir: este niño está libre para pasarse al aula de “escuela” y participar allí en las actividades de lectura y escritura (mientras para otras actividades puede volver al aula de “jardín”). Si por el otro lado, un niño de desarrollo lento demora hasta los ocho años antes que despierten estas capacidades en él, este niño tiene la libertad de permanecer en el “jardín” el tiempo que necesite. Así se empieza a cumplir el postulado enunciado por muchos grandes educadores, que debemos adaptar la enseñanza al nivel de comprensión del niño (individual), en vez de forzar al niño bajo una forma de enseñanza que todavía no puede comprender.

3. En cuanto a las tareas escolares en casa, los reglamentos suizos limitan la cantidad y el nivel académico de las tareas que un profesor puede dar, porque se entiende que un exceso de tareas hace daño a los niños. Así dice por ejemplo el currículo oficial del cantón de Berna:

“Las tareas en casa deben ser adecuadas según la capacidad de aprendizaje y de trabajo del alumno. Tienen que ser posibles de resolver sin la ayuda de padres u otros adultos.
(…) Las tareas deben explicarse claramente; los alumnos tienen el derecho de saber en qué contexto se deben entender las tareas.
(…) No se pueden dar tareas durante los fines de semana, los feriados y las vacaciones.
Las tareas en casa no pueden sobrepasar los siguientes límites de tiempo:
1./2. grado: 1½ horas por semana (¡!)
3./4. grado: 2 horas por semana
5./6. grado: 3 horas por semana
7.-9. grado: 4 horas por semana.”

(Nota: Esto es a base de un horario que prevé entre 23 (1er grado) a 32 (secundaria) horas de clase por semana, durante 38 semanas al año; la “hora” a 50 minutos.)

Por supuesto que el sistema suizo tampoco es perfecto. Pero por lo menos da resultados mucho mejores que el peruano – y eso es porque Suiza hace lo contrario de lo que quiere hacer el Perú para (supuestamente) “mejorar” su sistema. Esta diferencia la hace – en gran medida – el entendimiento de la psicología del niño.

 

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La geometría de los recortables de cartulina – Continuación

Formas redondas

Cilindro:

La forma redonda más sencilla (como recortable) es el cilindro. Como introducción podemos mostrar a los niños un cilindro de cartón (p.ej. un rollo de papel higiénico) y preguntarles qué figura resultará si lo cortamos a lo largo y lo estiramos hasta aplanarlo. (¡Muy pocos niños lo acertarán!) Después de que los niños dan sus respuestas, realizamos la demostración práctica.
Ahora será indispensable introducir el número π, para poder calcular el perímetro del círculo si conocemos el radio o el diámetro. Así podremos construir la base circular del cilindro, y su manto, con las medidas correctas. Como valor aproximado para π, 3,14 es suficiente para modelos de cartulina (o 22/7 si preferimos calcular con fracciones en vez de decimales). Al pegar las partes del cilindro se notará si el cálculo era correcto o no.
Además, esta es una oportunidad para practicar el uso del compás, si los niños todavía no saben usarlo.

Con formas redondas, las lengüetas para pegar tienen que separarse en partes pequeñas. Cuanto más pequeñas son las partes, más exacto será el resultado, pero más difícil para armar.

Con un cilindro como forma básica se pueden construir ollas, torres redondas, ruedas realistas para carros, etc.

cilindro-recortable-peqRecortable para un cilindro abierto por un lado.

Este puente sencillo requiere la construcción de medio cilindro:

PuenteSencillo-peqUn poco más difícil es el siguiente modelo de puente:

Puente2-peqEsta es una posibilidad de realizarlo como recortable. Las dos tiras delgadas arriba a la izquierda se pegan debajo de los arcos:

Muestra-Puente-peq

Cono entero y cono truncado:

Podemos demostrar la construcción de un cono, construyendo un sector de un círulo, cortándolo, y uniéndolo con goma por sus dos radios. El resultado es obviamente un cono. Mientras las medidas exactas del cono no importan, podemos simplemente usar un semicírculo. Pero si el cono debe tener exactamente un radio r y una altura h, ¿cómo encontramos las medidas correctas de un sector que resultará en un cono con estas medidas?
Como construcción auxiliar dibujamos el alzado del cono, o sea cómo se ve exactamente de frente. Resulta un triángulo isósceles con base 2r y altura h. El lado de este triángulo es la generatriz del cono, y su longitud es igual al radio R del sector circular que tenemos que dibujar. (En vez de construir este triángulo, podemos también calcular R con el teorema de Pitágoras.)

cono

El perímetro de la base del cono (= 2 r π) es igual al arco de nuestro sector. Con un poco de álgebra podemos demostrar que entonces, el ángulo central del sector debe ser igual a 360º · r / R.

Estos razonamientos son todavía demasiado exigentes para alumnos promedios de primaria. Cuando mis hijos estaban en esa edad, les mostré como se hace, pero ellos todavía no podían hacerlo por sí mismos. Entonces, si ellos necesitaban un cono con medidas determinadas, ellos me dieron las medidas y yo calculaba para ellos las medidas del sector circular. Con eso, ellos mismos ya podían construir el sector con transportador, regla y compás. – Para alumnos de secundaria, en cambio, es un buen ejercicio que ellos mismos calculen la construcción de algunos conos.

Para un cono truncado se puede usar exactamente el mismo método. Simplemente cortamos un cono parcial de la punta del cono entero. En la construcción del sector circular, esto corresponde a cortar un sector más pequeño con el mismo centro como el sector grande.

La combinación de un cilindro y un cono se puede usar para modelos como los siguientes: una torre redonda con techo en punta; aviones; cohetes. – Para tales modelos, puede surgir la necesidad de construir rectas tangentes a círculos, o círculos tangentes entre sí. Estas son oportunidades para aprender nuevas construcciones geométricas.

(Abajo: Torre redonda con techo en punta.)

recortable-TorreRedonda

Otras formas redondas:

Ahora, los niños podrán experimentar con otras formas redondas, p.ej. un modelo de un carro que tenga líneas redondas en su perfil. Obviamente, tendrán que saber las longitudes de los segmentos redondos para construir el techo del carro con la longitud correcta. La longitud de una curva arbitraria se puede medir colocando un hilo a lo largo de la línea, después se estira el hilo y se mide su longitud con una regla.

En cambio, otros cuerpos de revolución como esferas, cebollas, espejos parabólicos, etc. son muy difíciles. Para tales formas, es necesario aproximarlas con muchos sectores o con troncos de conos. Esto es un tema bastante avanzado y requiere construcciones muy exactas, y/o conocimientos de la geometría analítica y del cálculo infinitesimal. Vemos entonces que la construcción de tales modelos no es solamente un juego de niños; está relacionada con temas que ocupan a los arquitectos e ingenieros en sus estudios superiores.

RecortablesArmadosUnos modelos armados: El carro y la torre de los ejemplos anteriores, y un modelo un poco más complicado de un avión.

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La geometría de los recortables de cartulina

En artículos anteriores describí algunas formas como los niños pueden aprender matemática en los quehaceres cotidianos del hogar, en sus juegos, y en sus pasatiempos. Describiré ahora un proyecto que mantuvo el interés de uno de nuestros hijos durante un tiempo prolongado (más que un año) y le incentivó a aprender muchos conceptos de geometría.

Cómo nació este proyecto

Deseamos dar a nuestros hijos la oportunidad de aprender según sus propios intereses. Este proyecto puede ser interesante para niños a quienes les gusta hacer trabajos manuales con papel y cartulina, y construir diversos objetos. Este fue el caso de nuestros hijos. Entonces, como padres no hemos comenzado diciendo: “Esta sería una forma novedosa de aprender geometría, vamos a hacer eso con nuestros hijos.” Al contrario, el interés de los niños fue lo primero. Observamos que ellos pasaban horas armando modelos recortables de cartulina prediseñados: casas y carros sencillos, animalitos, y con el tiempo también construcciones más complicadas. Se pueden encontrar diversos modelos ya prediseñados en internet para descargar, desde sencillos hasta muy complicados. La “fiebre de los recortables” contagió también a algunos amigos de nuestros hijos. Pero en algún momento esos modelos prediseñados ya no eran tan interesantes para los niños; entonces el siguiente desafío fue construir sus propios modelos. Convertimos este interés en un proyecto educativo. Para construir modelos propios, es necesario aprender diversas construcciones geométricas con regla, escuadra y compás. Y esta experiencia a su vez ayuda a los niños a entender los conceptos de la geometría. Para los niños, el mejor camino de aprendizaje comienza siempre con la experiencia concreta y práctica, y de allí procede hacia las generalizaciones y los conceptos abstractos.

Otros niños pueden tener otros intereses que los motivan a aprender matemática y geometría: cocinar según recetas; orientarse con mapa y brújula; tejer; carpintería; gráficos computarizados; etc. Todas estas actividades tienen mucha relación con la matemática y pueden servir como “puerta de entrada” hacia un proyecto interesante. Encuentre algo que capte el interés de sus hijos.

Prerrequisitos para este proyecto:

Como mínimo, los niños deberían entender unos conceptos básicos de la geometría: lo que es un ángulo; lo que significa “paralelo”; y los nombres de las figuras geométricas. En el caso que no lo sepan, habría que introducir estos conceptos durante los primeros trabajos prácticos. – Además, los niños deberían tener un poco de práctica en medir y marcar segmentos rectos con una regla.

Introducción para los niños:

El trabajo más sencillo para principiantes es fabricar una caja rectangular. Como introducción, podemos conseguir unas cajas de crema dental, de filtrantes de té, de jaboncillos, medicamentos, o parecido. Abrimos una o varias cajas para ver cómo son hechas. No hay que cortarlas al abrir; hay que separar cuidadosamente las partes pegadas. Así aparece la forma original (plana) de la caja, y los niños pueden ver como esta forma resulta en una caja, doblando y pegándola. Una vez que han entendido el principio, pueden construir su propia caja con las medidas que ellos mismos eligen. Seguramente se darán cuenta de que existen diversas posibilidades de diseñar la caja: adhiriendo todas las paredes laterales al fondo, o juntando las paredes laterales entre sí; etc.

La única construcción geométrica necesaria para este modelo es el rectángulo. Además, los niños tienen que entrenar su capacidad de imaginarse el objeto tridimensional, para entender dónde tienen que colocar lengüetas para poner goma, y cómo armar el modelo final. – Como regla, es mejor diseñar demasiadas lengüetas que muy pocas. Si al armar el modelo se nota que una lengüeta no es necesaria, se puede cortarla fácilmente; pero es más trabajo aumentar una lengüeta adicional si nos damos cuenta de que falta una.

Dificultades al construir rectángulos:

Los niños tendrán que acostumbrarse a dibujar tanto las rectas como los ángulos según la medida correcta. Muchos niños medirán al inicio solamente los lados del rectángulo, pero dibujarán el ángulo recto como les parece, sin medirlo. Entonces, si miden los nuevos lados y unen sus extremos para dibujar el último lado, probablemente notarán que este último lado no tiene la longitud correcta. – Si no lo notan, hay que señalárselo. O podemos esperar hasta que estén pegando la caja, y entonces notarán que la caja sale chueca.

Los niños tienen que aprender entonces cómo construir un ángulo recto, usando la escuadra.

Proyectos para principiantes

Estas son algunas otras construcciones bastante fáciles:

Casa con techo en caballete:

casaSencilla-peqLa pared lateral de la casa es un rectángulo con un triángulo encima. Después de construir una de estas paredes, la pared opuesta debe construirse congruente a la primera. Pero para principiantes puede ser demasiado difícil, construir una figura congruente a una figura dada. Es preferible enseñarles que dibujen el triángulo superior de una de las siguientes maneras:

a) midiendo la base (= el lado superior del rectángulo) y los ángulos adyacentes, usando el transportador.

b) midiendo la base y la altura, trazando la altura desde el punto medio de la base.

casa-triangulo-ambosAlumnos un poco más avanzados pueden en este punto también aprender la construcción de un triángulo a partir de las longitudes de sus tres lados (con compás). Además se pueden tratar en este contexto las leyes de congruencia en los triángulos.

Para construir las dos partes del techo correctamente, hay que medir su lado lateral en el triángulo ya dibujado. Si los niños no se dan cuenta de eso por sí mismos, habrá que enseñárselo.

CasaSencilla-recortableAsí podría verse el recortable para construir esta casa.

Si queremos que el techo sobresalga por los lados, tenemos que construirlo como una pieza aparte y hacerlo un poco más grande que la casa:

CasaSencilla-recortable2

Otras casas:

Se pueden diseñar las variaciones más diversas de casas. Unos ejemplos:

– Una casa con techo en caballete, donde el caballete no se encuentra en el medio (o sea, una parte del techo es más larga que la otra). En este caso es importante dibujar la pared opuesta de la casa en forma reflejada.

casaSencilla-a-peg

– Una casa con dos alas en ángulo recto. Con techo plano, esta construcción es bastante fácil. Pero este tipo de casa con caballete (o sea, dos caballetes en ángulo recto) ya es bastante difícil; la mayoría de los niños no podrán construirlo sin ayuda. La solución más fácil consiste en construir primero un plano de la casa; de allí podemos medir las longitudes de los caballetes hasta su intersección. Las otras medidas dependen de las medidas de las paredes.

casa2-peq

casa2-plano

Si el caballete se encuentra en el medio, entonces podemos también demostrar que su longitud es igual al promedio de las longitudes de las dos paredes paralelas a él. (Geométricamente, es la línea media de un trapecio.) Entramos aquí al tema de las figuras semejantes, las proporciones, y teoremas relacionados.

casa2-recortableEsta es una posibilidad de construir un recortable para la casa arriba mostrada.

– Una torre con techo en forma de pirámide. Esto es más fácil si la base de la torre es un cuadrado. En este caso, el techo consiste en cuatro triángulos congruentes.

torre-piramide-peq

Un carro sencillo:

recortable-carroEste modelo sencillo consiste solamente en dos lados iguales (o sea, reflejados), y el techo de en medio. Por abajo queda abierto. Para construir un modelo de este tipo hay que comenzar con uno de los lados, y delimitarlo enteramente con líneas rectas (con excepción de las ruedas). Con principiantes se recomienda todavía no usar formas redondas. (De los participantes en nuestros programas vacacionales, solamente los alumnos más avanzados lograron construir un cilindro como su primera forma redonda, y eso recién en la doceava lección.) – Aquellos niños que todavía no saben usar un compás, usarán un objeto redondo (p.ej. una moneda) para dibujar las ruedas.
Después de terminar un lado del carro, construimos sobre su lado superior una tira recta que formará el techo del carro. Los dos lados de esta tira tienen que ser paralelos.

carro2Dividimos esta tira en rectángulos, de manera que la longitud de cada rectángulo corresponde a la longitud de uno de los segmentos del lado del carro.

carro3Finalmente construimos al lado opuesto de la tira el otro lado del carro, congruente (pero reflejado) al lado que construimos al inicio. Aquí surgirá nuevamente el problema de que muchos niños medirán solamente las longitudes de los segmentos, pero dibujarán los ángulos sin medirlos con exactitud. Es bueno primero dejarlos que lo hagan así, y después comprobar la congruencia. Hay diversas maneras de realizar esta comprobación: Uno puede medir los ángulos y/o las diagonales; o se puede terminar de armar el primer modelo, y entonces se notará que sale chueco si los dos lados no son congruentes. También se puede doblar la cartulina de tal manera que los dos lados del carro se sobreponen, y mirarla hacia una luz fuerte. Si las líneas son suficientemente nítidas, se pueden ver los dos lados uno sobre el otro, y así se puede ver fácilmente si son congruentes o no. Así los niños llegarán a entender que en los polígonos con más de tres lados no es suficiente que tengan lados iguales para que sean congruentes, sino que también los ángulos tienen que ser iguales.

Proyectos propios

Después de dominar las construcciones sencillas como las que acabamos de describir, los niños podrán inventar y construir otros modelos con líneas rectas: otras variaciones de casas; muebles como mesas, sillas, etc; cuerpos geométricos; un tren; etc. A menudo los niños tienen ideas interesantes y novedosas. Por ejemplo, una alumna fabricó un modelo de un lápiz. – Es claro que a veces necesitan ayuda para sus construcciones. Así practicarán y aprenderán nuevos conceptos geométricos.

(Continuará)


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